Crecer o distribuir…

¡Comparte!

Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on reddit
Share on pinterest
Share on google
Share on email
Share on whatsapp
Share on print

Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del viernes 28 de junio 2019. Crecer o distribuir… Me queda claro que López Obrador se quedará muy corto con respecto a su objetivo respecto al crecimiento. Tendrá suerte si al final del sexenio logra una tasa promedio anual equivalente a la de sus antecesores (2%).  Inversiones: te quiero y te aporreo…

Rayuela

“El sargazo es como la migración. Imparable”

Crecer o distribuir

Jorge Zepeda Patterson, El País: “Al asumir la presidencia de México, hace siete meses, Andrés Manuel López Obrador prometió un sexenio de prosperidad y a la vez de redistribución de los beneficios en provecho de los más pobres. Hoy queda claro que le resultará imposible cumplir los dos objetivos: crecer más y distribuir mejor. El aumento del PIB este año será menor al 1%, ritmo al que crece la población y en 2020 apenas superará esa tasa. Es decir, para efectos prácticos el arranque de sexenio del Gobierno de la Cuarta Transformación, estará marcado por el estancamiento. ¿Qué pasará con el segundo objetivo? ¿Podrá atemperar la profunda desigualdad económica y social? La teoría económica neoliberal ha sostenido que la única manera de salir de la pobreza es ampliando el pastel, no quitándole a unos para darle a otros. Crecer para que los beneficios alcancen a todos o, al menos, a muchos. Y en efecto, ha sido el caso de los tigres asiáticos, convertidos en potencias económicas y multiplicadores exponenciales de sus sectores medios. Pero Japón, Corea, Singapur y más tarde China, entre otros, han crecido a tasas superiores al 5% anual durante varios lustros, algunos incluso muy por encima de esa cifra. Algo absolutamente impensable en México, inmerso en la dinámica del Atlántico Norte, que apenas ronda un 2% promedio en las últimas décadas. Las sociedades tienden a expandirse de manera distorsionada. Los más ricos y en posición más privilegiada suelen quedarse con una tajada mayor de las porciones adicionales del pastel; y cuando no hay adicionales simple y sencillamente amplían su tajada con cargo a los otros. El TLC y en general la modernización del país provocó un crecimiento expansivo del norte del país y de las élites económicas, pero un aumento de la desigualdad entre regiones y sectores sociales. En teoría México ha crecido en promedio 2% anual en los últimos dos sexenios, pero de manera muy contrastante cuando se le examina detenidamente. O dicho de otra manera, hace veinte años nuestros millonarios no entraban a la lista mundial de Forbes, hoy una docena forman parte del jet set económico del planeta. Nuestros más pobres siguen comprándose con los de las regiones más atrasadas de Latinoamérica. (…) Me queda claro que López Obrador se quedará muy corto con respecto a su objetivo respecto al crecimiento. Tendrá suerte si al final del sexenio logra una tasa promedio anual equivalente a la de sus antecesores (2%). Pero me parece que su éxito o su fracaso no residirá en ello, pese al crujir de dientes de las élites. Quizá no sea un período para crecer, pero sí para mejorar la distribución y acotar la desigualdad, el despilfarro y la corrupción. Es esa vara contra la que habría que medir su desempeño”.

En Osaka, el G20 es cosa de dos: Trump y Xi

Luis Miguel González, El Economista: ¿Puede un apretón de manos de 35 billones de dólares salvar al mundo de una recesión? Esta cuestión le pone número y dimensión teatral a la cumbre de Osaka. En el papel es una reunión del G20, donde estarán los jefes de Estado de las mayores economías del mundo, exceptuando a AMLO. En la práctica, es un G2, un circo diplomático donde todos los reflectores apuntan a los líderes de las dos mayores economías del planeta. Ellos tendrán su primer encuentro, desde que estalló el conflicto comercial entre sus países. Los 35 billones representan la suma de los PIB de Estados Unidos y China. El apretón de manos entre Donald Trump y Xi Jinping puede significar un acuerdo para poner fin a la escalada de agresiones comerciales, que incluyen aranceles, vetos a empresas como Huawei y una retórica más brava y menos diplomática. ¿Qué pasaría si fracasa la bilateral, en el contexto del G20? Todo depende de cómo sea este fracaso. Son mayoría los expertos que piensan que no habrá acuerdos espectaculares en Osaka, pero algunos optimistas esperan un acercamiento de las posturas entre Pekín y Washington. Lo cierto es que las cosas están muy complicadas: El Financial Times describe el ánimo entre ambos países como tóxico y afirma que la confianza mutua ha colapsado. Un acuerdo razonable sería cualquier cosa que evite que las cosas se deterioren más. A China le gustaría que hubiera el levantamiento de las sanciones contra Huawei y una reversión de los aranceles que Estados Unidos impuso contra sus productos. ¿Qué podría ofrecer a cambio? Estados Unidos quiere que China abra más sus mercados a los productos y servicios estadounidenses; además, quiere que Pekín haga cambios sustantivos en su política industrial, entre otras cosas, exige que tome medidas que garanticen la máxima protección a las patentes y derechos relacionados con la propiedad intelectual. En suma, cada uno espera del otro, lo imposible. (…) La tensión China-EU va mucho más allá de lo comercial: es geopolítica. Los expertos en historia militar hablan de la trampa de Tucídides. Es inevitable que una potencia en ascenso choque en el campo de batalla con la potencia que domina, dice el principio que lleva el nombre del historiador griego. ¿Será? Por lo pronto, el mundo espera que de Osaka salga un acuerdo, aunque sea malo, en vez de un buen pleito”.

PND: legalidad contra realidad

Julio Astillero, La Jornada: “Está sobre la mesa otro de esos debates que tienen como punto de referencia el apego a una legalidad muy poco cumplida en el pasado. Voces empresariales y de oposición partidista a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador se han manifestado en contra del texto y los alcances del Plan Nacional de Desarrollo que ayer fue aprobado en la Cámara de Diputados. Consideran que es un documento superficial, demagógico, que no cuenta con una verdadera visión estratégica. El choque de posiciones forma parte de una realidad política vigente: el presidente de México tiene un poder político tan amplio que, en términos reales, va haciendo lo que cree necesario ante el cuadro de desastre que heredó, bajo la consideración, ya expresada en ocasiones anteriores, de que la justicia está por encima de las leyes. Es decir, en la realidad verdadera de nuestro país, el mencionado Plan Nacional de Desarrollo, que debe regir a lo largo del sexenio andresino, forma parte del conjunto de normas que no fueron respetadas en sexenios anteriores, sino constante e impunemente violadas y, ante eso, lo que es llamado la Cuarta Transformación no asigna mayores cuotas de cuidado o precisión a documentos que, siendo muy importantes en la letra constitucional, guías obligatorias de acción para los gobernantes si estos hicieran caso de las leyes, han sido desdeñados o francamente violentados por los ocupantes de Los Pinos. En ese sentido, y en un escenario generalizado de acomodos y reacomodos profundos, de recortes presupuestales y replanteamientos operativos trascendentes, el aferramiento a denunciar la fofez de un Plan Nacional de Desarrollo es solamente un episodio más de la oposición de élite al obradorismo en busca de una bandera política redituable. Estando el horno como está, una guerrita por los bollos conceptuales”.

Los que se van y los que se quedan

Enrique Quintana, El Financiero: “¡Ya se está yendo todo México! En los restaurantes de Las Lomas, Bosques, Santa Fe, Pedregal, esta es una afirmación que se escucha con frecuencia, aludiendo a la cantidad de personas que quieren cambiar su residencia, a Estados Unidos o a Europa, principalmente. La frase es una caricatura. Sí, hay quienes han decidido vender su casa, su participación en empresas, y con la liquidez obtenida, buscar ubicación y negocios en lugares como Miami, San Antonio, Houston, San Diego, entre otras opciones. Los que quieren irse suman algunos miles (para algunos eso es “todo México”), pero son muchos millones de dólares, si sumamos sus activos. No se trata de los más grandes ni de los más importantes empresarios, por cierto. Pero sería una ceguera ignorar que sí hay un grupo que se está moviendo. Algunos se van simplemente por el miedo al cambio. No saben qué nos pueda deparar la 4T y mejor se alejan. Otros, se van porque les cambiaron toda la lógica de los negocios. Ya no están los amigos, los contactos, los cómplices. Adiós. Otros por la inseguridad. Ya no la toleran ni la soportan. Otros, más racionales, más bien anticipan una crisis pronto. Y prefieren perder rendimientos a estar aquí, cuando –suponen– reventarán las finanzas. Si fueran migrantes centroamericanos, entre todos no harían ni una caravana. En contraste, ni la inversión extranjera directa está cayendo, ni tampoco el monto de recursos de foráneos invertido en el mercado de dinero. Es decir, los extranjeros siguen aquí. Es muy socorrida la explicación de que las inversiones en mercado de dinero se mantienen por el alto rendimiento ofrecido. Pero, es cierta. (…) Paradójicamente, en este contexto, más inversión foránea no necesariamente es una buena noticia. Estamos en la encrucijada. Pero no se entiende bien. Quizás por eso, AMLO le dio luz verde a Bartlett para generar la peor señal económica desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco, al cuestionar los contratos con los constructores de gasoductos. Vaya, AMLO estuvo dispuesto a dinamitar la imagen de México como un país amigo de los migrantes, con tal de que no nos pongan aranceles… pero ahora permite una medida que nos puede mandar al fondo en materia de confianza en la seguridad jurídica en México. Que alguien le diga que esto también puede causar una crisis financiera. En el México de la 4T, pareciera que lidiaremos permanentemente con esas contradicciones”.

Ciencia y tecnología

Alejandro Moreno, El Financiero: “En el sistema de valores de las sociedades va incluida la manera de ver a la ciencia y la tecnología, así como las expectativas y los temores puestas en ellas. En algunos círculos sociales puede ser muy común pensar que los avances científicos y tecnológicos son deseables, pero, ya entrado el siglo XXI, también se expresan otras visiones: sospechas hacia la ciencia y frustraciones ante a la tecnología. Por un lado, asombran avances como la inteligencia artificial; pero, por otro, las narrativas anticientíficas fluyen con una rapidez y articulación también impresionantes. ¿Cuál es la actitud que muestran los mexicanos, en lo general, hacia la ciencia y la tecnología? Como en muchos temas de interés, la Encuesta Mundial de Valores realizada en México en 2018, registra las actitudes y creencias de los mexicanos también en este tema. Por ejemplo, el 61 por ciento de los mexicanos, la mayoría, está de acuerdo con que “La ciencia y la tecnología están haciendo que nuestras vidas sean más sanas, más fáciles y más cómodas”; pero una nutrida población que representa el 19 por ciento está en desacuerdo. Los jóvenes tienden a estar más de acuerdo con esto que los mayores, así como también los mexicanos que tienen estudios universitarios apoyan más esta creencia que los que tienen estudios medios o básicos. La visión de que la ciencia y la tecnología traen beneficios la comparte el México más joven y más escolarizado”.

2018: el tsunami artificial

Jorge G. Castañeda: “En el número de julio, la revista Nexos publica un notable ensayo de Jorge Buendía y Javier Márquez, titulado ¿2018: Por qué el tsunami? Los dos expertos le dan sustento estadístico y demoscópico a las tesis que muchos hemos sostenido con mera argumentación o intuición desde febrero de 2018. Su conclusión es lapidaria: AMLO probablemente hubiera ganado en cualquier caso, pero la embestida del gobierno contra Anaya distorsionó las cifras de manera significativa. Voy a citar ampliamente el estudio, intercalando algunos comentarios y concluyendo con otros. Según los autores y la ley, el proceso electoral se dividió en tres partes: “El primer periodo… incluye parte de la llamada “precampaña” (14 de diciembre 2017 a 11 de febrero 2018). El segundo, incluye el tiempo de la llamada “intercampaña” (12 de febrero al 29 de marzo) y el tercero la llamada propiamente “campaña presidencial” (que inicia formalmente el 30 de marzo y termina el día de la elección, el 1 de julio)… Las cifras del cambio son como sigue: al empezar febrero de 2018, AMLO tenía una ventaja de 9 puntos sobre Anaya (41% vs. 32%). Al terminar marzo, la ventaja de AMLO ya era del doble: 18 puntos (46% vs. 28%). El salto en las tendencias está asociado a la acusación por lavado de dinero que difundió la Procuraduría de la República en esos días… La acusación recibió una gran cobertura mediática. El análisis realizado por Central de Inteligencia Política, y publicado en El Financiero (6 marzo 2018), encontró que durante febrero de 2018 las noticias sobre Anaya fueron mayoritariamente negativas (56%). Sólo un tercio de las noticias sobre él fueron positivas… La acusación contra Anaya se dio en el llamado periodo de “intercampaña”, durante el cual están prohibidos los actos proselitistas, así como spots con la imagen de los candidatos. Ello pudo haber magnificado el impacto electoral de la denuncia. El episodio de la acusación probablemente tuvo un efecto de largo plazo porque afectó un atributo fundamental para muchos ciudadanos: la honestidad”. La boleta real quedó así: tres candidatos corruptos –Peña Nieto, Meade y Anaya– y un candidato honesto. Existe la confusión en la mente de muchas personas de buena fe sobre la secuencia de los hechos. Piensan que primero vino la amenaza formulada por Anaya de encarcelar a Peña Nieto y después el revire del mismo contra Barreiro, Anaya, su suegro, etc., y la acusación de lavado de dinero. Nada más falso. La PGR reconoce en público la apertura de una investigación sobre Anaya el 21 de febrero; la conferencia de prensa del par de títeres del gobierno acusando a Anaya se celebra el 20 de febrero; y la respuesta de Anaya, cuando acudió a la PGR a entregar un escrito al respecto, fue el 3 de marzo. (…) Concluyen Buendía y Márquez: “Siempre es complicado argumentar en forma contrafactual, pero incluso si la denuncia contra Anaya no hubiera existido, AMLO probablemente se hubiera llevado la victoria”.

Ilegalidad y resistencia

Héctor Aguilar Camín, Milenio: “Para nadie es una sorpresa que la ilegalidad crece en el país. Lo mismo en las estadísticas de homicidio que en la incertidumbre de los tratos económicos. El Presidente de México está colaborando al fenómeno. La legalidad está lejos de ser una especialidad presidencial mexicana. Por el contrario, incumplir las leyes según las necesidades políticas o económicas de la hora fue su marca de fábrica. No habíamos tenido, sin embargo, dentro de los años de la joven democracia mexicana un presidente que fuera él mismo origen de tantas conductas ilegales o impugnables legalmente. El síntoma menos desalentador de este panorama, es que la ilegalidad venida del gobierno, según el recuento hecho por María Amparo Casar y José Antonio Polo resumido ayer en esta columna, no se da sobre un terreno civil inerte, donde nadie opone resistencia (https://www.nexos.com.mx/?p=43039). Por hablar de las ilegalidades mayores, las que violan la Constitución, Casar y Polo comparan el número de controversias constitucionales presentadas en los primeros seis meses de gobierno de Enrique Peña Nieto y en los primeros seis de Andrés Manuel López Obrador. Las cifras son: menos de 50 controversias con Peña Nieto y más de 150 con López Obrador. Un aumento de 259 por ciento. Directamente presentadas contra decisiones del Ejecutivo, en los seis meses del gobierno de López Obrador, se han registrado siete acciones de inconstitucionalidad, 34 controversias constitucionales y más de 5 mil amparos. No es un mal síntoma de la salud jurídica que queda en nuestra maltrecha cultura política el hecho de que un salto sin precedentes en la conducta ilegal de la autoridad, como la de este gobierno, esté produciendo un salto equivalente en querellas jurídicas de instituciones y ciudadanos contra la ilegalidad. Dice un amigo jurista que los ciudadanos no se apropian en los hechos, en su vida diaria, de los derechos que tienen concedidos en sus mal conocidas leyes. Vale decir: no litigan sus derechos, no los defienden en los tribunales. Estamos en un momento visible con derechos defendidos en los tribunales frente a los derechos violentados por la autoridad”.

Inversiones: te quiero y te aporreo

La ruta que ha emprendido el gobierno federal en el terreno económico y, sobre todo, energético es difícil de entender. Apenas ayer, el presidente López Obrador se reunió con un grupo de los principales acreedores de Pemex para darle la luz verde a un plan de refinanciamiento de la deuda de la empresa petrolera de ocho mil millones de dólares. No se conocieron a detalle los términos del acuerdo, firmado con 20 bancos nacionales e internacionales, pero el mandatario subrayó que es una demostración de la confianza que tiene el sector financiero con Pemex y el gobierno federal. Quizás es así, quizás lo que sucede es que todos, acreedores y deudores, son conscientes de que una empresa que debe más de 120 mil millones de dólares es muy grande para caer sin que todos paguen consecuencias difíciles de asumir. Pero no deja de ser loable que el gobierno federal asuma este tipo de compromisos y renegociaciones. Por eso mismo es tan desconcertante todo lo demás que se decide en estos mismos ámbitos. Las controversias que ha iniciado la CFE con IEnova y la canadiense TC Energía, por una parte, y con las empresas de Carlos Slim, por la otra, por los gasoductos construidos por ellas resulta irracional si lo que se quiere es buscar la confianza de los inversionistas. El ducto submarino que une Texas con Tuxpan es vital para proveer de gas natural a buena parte del sureste del país, el mismo que está sufriendo apagones porque no hay energía suficiente como para garantizar el abasto de esa región, vital para la economía nacional: no entiendo cómo se puede decir que el sargazo no es un problema grave (hoy representantes de 13 naciones del continente están reunidas en Cancún tratando de encontrar una solución global para ese tema), pero mucho menos se puede entender que esa región, turística por excelencia, sufra de desabasto eléctrico. Y el mismo depende en buena medida del acceso al gas natural. Protestó el gobierno canadiense, a través de su embajador, y la empresa IEnova (que jamás ha sido acusada de malos manejos) perdió en dos días 14 mil millones de pesos. No sé quién puede imaginarse, como se dijo en la mañanera del jueves, que ello no ocasionará ningún problema a la hora de aprobar el T-MEC en el Congreso canadiense, como si romper contratos internacionales no fuera algo trascendente. (…) El costo económico de esta decisión, de esa pérdida de conectividad, será enorme, sobre todo en términos de inversiones. Es difícil de entender. El gobierno federal asegura en todas las instancias que está interesado en la inversión privada, nacional y extranjera, pero, al mismo tiempo, parece tomar todas las medidas posibles para cerrarle los cauces que ella necesita. Porque te quiero, te aporreo”.

El futuro del PRI: entre Morena y el Verde

Leo Zuckermann, Excélsior: “Si no mal recuerdo, fue Soledad Loaeza la que algún día nos dijo que era pésima la comparación del PRI con un dinosaurio porque, a final de cuentas, estos réptiles sí se extinguieron, mientras que el PRI había demostrado, en su muy larga historia como partido, una inigualable capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias políticas del país. Inspirado en esta idea, después de las elecciones presidenciales de 2000, cuando el otrora partido hegemónico perdió el poder a nivel federal, escribí un artículo titulado Un PRI darwinista. Argumentaba que, contra lo que pensaban muchos de que, ahora sí, el priismo se extinguiría cual dinosaurio, el tricolor seguiría vivito y coleando. Durante el foxismo, el PRI se refugió en los estados donde tenía una gran presencia política. Desde lo local, conservó su voto duro. Los gobernadores priistas se convirtieron en los líderes partidistas y principales operadores electorales. Le sacaron mucho dinero al gobierno federal, lo cual les dio holgura para mantener una base electoral amplia. Más aún, se tomaron muy en serio la competencia electoral seleccionando candidatos carismáticos y con arrastre popular. Rápidamente se adaptaron a las nuevas condiciones democráticas del país. El animal darwinista no sólo no se desfondó, sino que, además, paró su hemorragia electoral y volvió a ganar elecciones. En 2003, se llevaron las elecciones federales intermedias. Tenían todo para regresar en 2006, pero se equivocaron de candidato. El PRI se dividió y obtuvo el peor resultado electoral de su historia hasta ese entonces. Se fue a un lejano tercer lugar. Sin embargo, Darwin se instaló de nuevo en Insurgentes Norte. Otra vez desde los estados consolidaron su presencia política y la acrecentaron. Volvieron a ganar las elecciones federales intermedias de 2009. Aprovecharon las divisiones en el PRD y el desgaste de los dos sexenios panistas. Ahora contaban, además, con un candidato natural a la Presidencia que los unía: el gobernador del estado más poblado de la República, Enrique Peña Nieto, carismático y con grandes recursos económicos. El animal darwinista recuperó la Presidencia en 2012. “Un nuevo PRI”, presumían, que “había aprendido de sus errores”. En los estados había gobernadores jóvenes que prometían cambiarle el rostro al partido: Javier Duarte, César Duarte, Roberto Sandoval, Roberto Borge, los hermanos Moreira, Rodrigo Medina y Miguel Alonso. (…) Hoy el PRI está, de nuevo, en la lona debatiendo qué hacer en el futuro. ¿Será que ahora sí se extinguirá como un dinosaurio? (…) El PRI, sin embargo, permanecerá como partido. Se volverá una especie de franquicia política para hacer negocios desde el poder orbitando, siempre, alrededor de la fuerza gobernante. Se convertirá en una especie de Partido Verde. Vaya paradoja: el PRI, que inventó a los famosos “partidos paraestatales”, terminará siendo uno de ellos, hoy apoyando a Morena, mañana a otro que gane. Un animal chiquitito, una rémora adherida al partido gobernante, vivita y coleando porque, gracias a su gen darwinista, evitará su total extinción”.

@loscabareteros

¡Comparte!

Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on reddit
Share on pinterest
Share on google
Share on email
Share on whatsapp
Share on print