AMLO y la reafirmación del poder político sobre el económico…

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del martes 30 de octubre de 2018. AMLO: ¿Quién manda?: el Texcocazo intenta ser una toma del poder presidencial antes de tiempo, sin chivos expiatorios individualizados, pero sí con un seco golpe a la complicidad histórica entre políticos y empresarios. “Romper, para estabilizar”. AMLO y la reafirmación del poder político sobre el económico… El aeropuerto, los medios y AMLO.

Rayuela

A la máxima autoridad de la UNAM corresponde aclarar el entuerto con Inbursa. A nadie más.

AMLO: ¿Quién manda?

Julio Hernández López, en La Jornada, escribe acerca de La decisión de cancelar el proyecto aeroportuario de Texcoco ha colocado al país en una situación tensa en las cúpulas y preocupante en los indicadores financieros y económicos, como resultado del primer duelo verdadero de fuerzas que se vive después de la peculiar e incruenta elección presidencial del pasado primero de julio y de una engañosa transición de terciopelo. El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha vuelto a apostar a la alza (cuando era jefe de gobierno del Distrito Federal lo hizo, en el caso administrativo y judicial que devino en un juicio de desafuero) y ha hecho que triunfe la opción necesaria (Santa Lucía) para la consolidación de su poder político verdadero (no sólo el derivado de la importante, pero no definitoria imposición de la banda tricolor en el pecho), opción sin la cual no podría darse en términos de funcionalidad presidencial su relación con los poderes empresariales y económicos y con la élite política no obradorista (salinismo, peñismo, priísmo, panismo y similares), subsistente y peligrosa aunque pareciera (hasta ayer) agazapada. Las motivaciones y el objetivo político en el caso Texcoco-Santa Lucía ni siquiera necesitan grandes indagaciones: en dos palabras, expresadas en forma de interrogación, sintetizó Andrés Manuel López Obrador la esencia del fuerte diferendo: ¿Quién manda? Tal es el punto central del tenso litigio: el mando, el poder. Por ello, el tabasqueño se puso en modo memorioso y se desahogó al mencionar el ambiente de zozobra, de miedo, de los mercados financieros. Imagínense el Estado mexicano, democrático, de derecho al que aspiramos, supeditado a mercados financieros. Y lanzó las cuatro preguntas (4P) que sustentan su visión de lo que se ha llamado La cuarta transformación (4T): ¿Quién manda? ¿No es el pueblo? ¿No son los ciudadanos? ¿No es eso la democracia? Así pues, el Texcocazo intenta ser una toma del poder presidencial antes de tiempo (no el primero de diciembre: en realidad, ha sido un proceso desatado a partir del martes siguiente al domingo electoral de julio), sin chivos expiatorios individualizados, pero sí con un seco golpe a la complicidad histórica entre políticos y empresarios. Romper, para estabilizar, escribió el histriónico José López Portillo, entonces presidente de la República, cuando botó bajo disfraz de embajador en Australia, Nueva Zelandia y las Islas Fidji a Luis Echeverría, su antecesor que pretendía mantener cuotas de poder”.

AMLO y la reafirmación del poder político sobre el económico

Leo Zuckermann, en Excélsior, escribe que: “López Obrador justificó ayer su decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco bajo el argumento de que nunca más el poder económico dominará al poder político en México. No es la primera ocasión que lo dice. Me parece una idea interesante que, bien ejecutada, podría tener consecuencias positivas para la economía o, como ha pasado en otras latitudes, podría terminar en un simple cambio de cuates con el mismo o peor sistema donde se empalman los intereses económicos y políticos. Doy el ejemplo de Rusia. Después de la caída de la Unión Soviética, vino un rápido y descuidado proceso de transición de una economía comunista a una capitalista. Se privatizaron las principales empresas del Estado a un grupo de amigos de los gobernantes, quienes pronto se convirtieron en una oligarquía dominante. Hasta que llegó Vladimir Putin a la Presidencia: un apparátchik de la vieja nomenklatura convencido en restablecer el poder del Estado, lo cual implicaba subordinar los intereses económicos al aparato estatal. En 2003, Putin arrestó al empresario ruso más rico, Mijaíl Jodorkovski, dueño de la petrolera Yukos. Las acciones de esta compañía se desplomaron y la mayoría de sus activos pasaron, a precio de ganga, a RosNeft, petrolera propiedad del Estado. Todos entendieron el mensaje de Putin: había un nuevo sheriff dispuesto a ejercer el poder estatal. Putin procedió a estatizar de nuevo la economía. El sector público pasó de representar el 35% del Producto Interno Bruto en 2005 al 70% en 2015. Hoy, las principales empresas del Estado y del sector privado son administradas por amigos del Presidente, quien es el dueño y señor de una plutocracia con enormes fortunas escondidas en Occidente. Naturalmente, este sistema no ha servido para incrementar el bienestar de la población. La economía rusa, todavía muy dependiente de las materias primas, lleva estancada varios años. Mientras tanto, el poder político de Putin ha crecido al punto de haberse convertido en un nuevo zar. Vayamos ahora al caso de México. Después de las crisis de los ochenta y noventa, aquí también se dio un proceso de liberalización de la economía. Muchas empresas públicas se privatizaron y desregularon. Muchos de los beneficiados fueron empresarios amigos del gobierno. Se creó, así, nuestro propio sistema de capitalismo de cuates, algo que siempre criticamos los liberales. No era posible que hubiera un sector abierto de la economía, el vinculado con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y otro cerrado lleno de monopolios y oligopolios en sectores clave de la economía doméstica. Lo que necesitábamos, y así lo demandábamos, era liberalizar más la economía nacional. Las reformas estructurales de este sexenio tuvieron ese propósito. La de telecomunicaciones, por ejemplo, efectivamente creó un mercado más competitivo afectando al empresario más rico del país (Carlos Slim). En México sigue habiendo capitalismo de cuates: cada gobierno ha tenido y favorecido a sus empresarios amigos. En este sentido, tiene razón Andrés Manuel López Obrador de que el Estado no puede subordinarse a los intereses de una oligarquía empresarial. (…) ¿De verdad habrá una nueva reconfiguración de la clase patronal mexicana con auténticos empresarios que hagan buenos negocios por competir eficazmente en el mercado o persistirá el capitalismo de cuates controlado ahora por los amigos de AMLO? Ésa es la pregunta”.

El aeropuerto, los medios y AMLO

Gabriel Sosa Plata escribe en SinEmbargo acerca de la coyuntura actual en medio de la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la prensa fifí: “A raíz de lo ocurrido con la construcción del nuevo aeropuerto ¿también terminó la “luna de miel” entre el Presidente electo y algunos de los medios de comunicación más influyentes? Por lo visto, leído y escuchado, sí. Y qué bueno que así sea. A un Estado democrático no le hace bien tener medios sometidos o serviciales con el poder político, como ha ocurrido durante décadas, ni un poder político sometido al poder de los medios, como ocurrió durante los sexenios de la alternancia. El cambio político que estamos viviendo también comienza a generar una nueva relación entre el Gobierno federal y el presidencialismo con los medios de comunicación. Es un cambio inédito, que pudo haberse materializado durante los gobiernos panistas, pero no se hizo lo suficiente para lograrlo porque tocaba acuerdos o intereses en común. Recuérdese que Vicente Fox y Felipe Calderón claudicaron en su objetivo de modificar la ley en la materia para promover mayor competencia, pluralismo e inclusión en la radio y la televisión, así como en la necesidad de establecer nuevas reglas democráticas en su trato con los medios impresos. Es más, en su haber están una mayor concentración en los mercados, la ley Televisa, el regalo del refrendo de las concesiones de televisión hasta el año 2021, las cabezas de los periodistas José Gutiérrez Vivó y Carmen Aristegui, entre otras “perlas”. La presidencia de Enrique Peña Nieto fue, en contra de todos los pronósticos, más innovadora en la transformación que han tenido los sectores de radio, televisión y telecomunicaciones. La mayoría de los aciertos de la reforma constitucional y de la legislación secundaria fueron posibles por los acuerdos derivados del Pacto por México, pero también por la voluntad del Presidente y de su partido. Luego se arrepintieron de algunas decisiones, pero es innegable que sí hay un antes y un después en la regulación del sector, en particular por la creación del órgano regulador autónomo, el reconocimiento de los medios comunitarios, el nuevo régimen de concesiones, el establecimiento de tribunales especializados y otras medidas de política pública. La reforma estructural en telecomunicaciones alteró las reglas del juego, aunque varios de los vicios de la relación entre lo más rancio del presidencialismo del PRI y buena parte de los medios, persistieron durante el peñismo. Fue un sexenio de censura directa o indirecta a periodistas, de espionaje, de autocensura, de medios comprados o sometidos a través de la publicidad gubernamental, de complicidad con la corrupción en el Gobierno federal y los gobiernos estatales. Y, claro, de impunidad por los asesinatos y agresiones a periodistas y medios de comunicación. (…) Habrá que entrar al detalle para saber cómo los medios han llevado a cabo la cobertura periodística sobre la consulta, qué tan equilibrados o plurales han sido, pero me da la impresión que han dominado las voces de rechazo por la opción de Santa Lucía, en entrevistas, al igual que en las intervenciones de los analistas. En su discurso ha prevalecido una buena dosis de fatalidad, de alerta, de escenarios catastróficos, que contrasta paradójicamente con el sentido de la votación del fin de semana. A las críticas, López Obrador ha respondido sin mesura, sin cuidar demasiado las formas. Y en ese afán de calificar (“muy bien portaditos”) y descalificar (“prensa fifí”) mencionó la semana pasada con nombre y apellido al periodista Carlos Loret de Mola, de Televisa. Ardió Troya. No recuerdo un encontronazo de esa naturaleza entre un Presidente electo y un comunicador, pero fue un valioso elemento para cuestionar, una vez más, las declaraciones de López Obrador en torno de los medios y para ensalzar -para mí en demasía- la imagen del periodista, que ha dicho que no callará ante “ya saben quién”. (…) ¿Y los empresarios? Son otros actores fundamentales. Sus declaraciones catastrofistas por cancelar el proyecto de Texcoco dan pie a la incertidumbre, al miedo y ponen nerviosos a quienes toman las decisiones en los mercados financieros. A mi parecer también han actuado con irresponsabilidad y han alentado la polarización. No todo puede achacársele a AMLO. La diferencia, es que en los medios han tenido un eco enorme. Sus dichos son avalados por conductores, periodistas y analistas económicos, en noticiarios y las redes sociales. (…) En algunos casos es mayor la estridencia por una razón lógica, pero inaceptable: algunos de los empresarios afectados por la decisión del Presidente electo son también dueños de medios de comunicación y son a la vez grandes anunciantes de esos y otros medios. Y aquí nos topamos con otro desafío: los medios podrían ya no ser cómplices ni estar sometidos al poder político por la nueva regulación en publicidad gubernamental y el rediseño en la función de las oficinas de comunicación social en el Gobierno, pero ¿lo podrán hacer con el gran capital? (…) Cuando la amistad o los intereses económicos se mezclan con el periodismo, también se ocasiona un daño irreparable en los derechos de expresión e información. Pierde la sociedad, las audiencias, los lectores y la democracia. El Gobierno de AMLO tendrá también que convivir con algunos de esos medios, creados o comprados para la defensa de esos intereses. A su vez, el gremio periodístico y los actores que defienden la libertad de expresión y el derecho a la información, deben esforzarse más para fortalecer los mecanismos autorregulatorios, el respeto a los derechos de las audiencias y marcar distancia con aquellos poderes fácticos, de una manera similar a como lo están haciendo con López Obrador y su grupo político”.

Esto trama Poncio Pilatos

Raymundo Rivapalacio escribe en El Financiero acerca de la decisión de López Obrador y la reacción de los mercados y los inversionistas: “El escenario en la casa de transición del Presidente electo no podría haber sido más explícito. Andrés Manuel López Obrador escoltado a su izquierda por el futuro secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, y a su derecha por su próximo jefe de Oficina, Alfonso Romo, y por su amigo y asesor, José María Riobóo. Romo, que dio garantías al sector privado y los inversionistas de que la obra del nuevo aeropuerto en Texcoco se mantendría, convertido en rehén de la realidad política de la Cuarta Transformación. Riobóo, quien convenció a López Obrador que Texcoco no era el camino sino una nueva terminal en Santa Lucía y subordinó a sus deseos a Jiménez Espriú, era el gran ganador. Si no pudo ganar una licitación en Texcoco, nadie haría negocio en ese lugar. Romo fue perdedor, pero el que más sufrirá la derrota en el mediano plazo fue quien no estuvo siquiera invitado a la fiesta: Carlos Urzúa, próximo secretario de Hacienda. Urzúa había analizado el modelo de negocios y el financiamiento de la obra en Texcoco y le había explicado al Presidente electo que sería un buen negocio para el próximo gobierno. Parecía haberlo convencido, pero fue una ilusión. Romo pensaba lo mismo, y comprometió su palabra con quienes veían con preocupación la cancelación del proyecto. El resultado de la consulta de Morena para validar lo que López Obrador había prometido en la campaña, cancelar esa obra “faraónica”, rubricó su derrota ante el sector duro –o interesado, como en el caso de Riobóo– del equipo del Presidente electo, y envió un mensaje a los inversionistas: los próximos funcionarios más amigables a inversionistas y empresarios, carecen de poder real sobre López Obrador. Que ni siquiera hubiera invitado a Urzúa al anuncio de su postura sobre la consulta, tratándose de un tema profundamente financiero, confirmó el poco respeto que tiene de su carta hacendaria. (…) El problema para Urzúa, sobre todo, será convencer a los inversionistas de que el asambleísmo para decidir políticas públicas de gran envergadura, como lo hizo López Obrador, no debe inquietarlos. El nerviosismo registrado en el mercado de divisas, aunque más efímero que duradero porque no hay depreciación por un problema estructural de la macroeconomía, refleja sin embargo la manera cómo reaccionan los mercados ante la percepción de las señales que no les gustan. (…) No lo dice UBS, pero en las analogías no escritas se encuentra lo que sucedió con Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, donde utilizando los recursos de la democracia, subrepticiamente la trastocaron, como también sucedió con Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua. La interpretación que hicieron los suizos por la forma como organizó la consulta y avaló con ella su promesa de campaña, fortaleció los temores detonados por el cambio de ley en Tabasco para que pueda hacer obras públicas sin necesidad de licitarlas, y la iniciativa para acabar con los órganos autónomos reguladores creados por la reforma energética, como el principio de un régimen autoritario”.

La preocupación: gobierno a mano alzada

Enrique Quintana, en El Financiero escribe sobre No hay ninguna diferencia sustantiva entre la consulta que permitió a AMLO respaldar su decisión de cancelar el proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco (NAIM) y las ‘asambleas’ que realizaba en las que consultaba a los asistentes y tomaba decisiones. El domingo 30 de julio de 2006 se realizó una de las más célebres. Los contingentes concentrados en el Zócalo votaron a favor de realizar un plantón en esa plaza, así como en Paseo de la Reforma, para protestar por el presunto fraude electoral. Igual que en aquella ocasión, en la que AMLO ya tenía la decisión tomada y buscó legitimidad con la aprobación de los asistentes, así, todo indica que desde hace tiempo había optado por la cancelación del proyecto de Texcoco y buscó cómo legitimar la decisión. La preocupación que ayer golpeó a los mercados financieros, los que perdieron, como no había ocurrido desde el triunfo de Trump, no es la cancelación del aeropuerto en sí misma. Sí, se trata de un proyecto importante, pero que por sí solo no mueve la economía del país. Lo que preocupa más a inversionistas y empresarios es el método de legitimar decisiones. López Obrador podrá decir que la decisión fue del pueblo y no de él. Punto. Por eso, la IP anunció que no se quedará con los brazos cruzados. Que si el millón de personas representa apenas poco más del 1 por ciento de quienes tenían derecho a votar, es algo irrelevante. Que si la consulta careció de rigor y controles, no importa. Así como tampoco importó hace 12 años que sólo algunas decenas de miles alzaran la mano para validar el plantón. Un presidente que toma decisiones por sí mismo y se hace responsable de ellas, es alguien con quien se puede discutir porque el criterio de las decisiones es la racionalidad. Un primer mandatario que responsabiliza de las decisiones al pueblo, es alguien que no va a incorporar la racionalidad en sus determinaciones, pues él es exclusivamente ‘instrumento del pueblo’, que es bueno y sabio. ¿Qué decisiones pueden tomarse, investido por el poder del pueblo? Las que sean. Siempre van a tener la garantía de que ese ente denominado “el pueblo”, las respalde. Las democracias electorales como la que se ha tratado de construir en México en los últimos 40 años más o menos, cambian el concepto de pueblo por el de electorado y sustentan las decisiones en los procesos de votación, universal, directa y secreta. Lo que preocupa a los empresarios e inversionistas es que la Cuarta Transformación en realidad sea la de la democracia electoral para convertirla en una democracia participativa, de asamblea y consulta popular como la que vimos. Bajo ese sistema, un caudillo o un líder político carismático, que ha logrado concentrar el enojo de la población con la corrupción y la inseguridad, puede tomar decisiones que concentren el poder en su mano con la legitimidad que da el presunto respaldo del pueblo. Eso implica desmontar gradualmente la estructura institucional que se ha diseñado en las últimas décadas en México. Por eso, tiene razón AMLO, no es un cambio de gobierno sino de régimen. Más allá de la preocupación de fondo, el efecto económico que ayer se produjo implicó que las empresas mexicanas cuyas acciones se derrumbaron, perdieron un valor de mercado de 17 mil 500 millones de dólares aproximadamente, es decir, casi tres veces el monto de los bonos internacionales colocados para financiar el NAIM”.

La física del delirio

La decisión del Presidente electo Andrés Manuel López Obrador de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAIM) en Texcoco, para trasladar la obra a Santa Lucía, sigue causando polémica. Las principales críticas al proyecto del tabasqueño aseguran que implica enormes pérdidas económicas, desconfianza en la inversión extranjera y falta de sustento en la viabilidad del proyecto. Ante ello en Milenio, el periodista Carlos Marín, escribe que: “contra las opiniones de la institución de estudios aéreos en que se basan las aerolíneas y el gobierno estadunidenses para vuelos nacionales e internacionales, de las compañías y pilotos que viajan a México, de los mejores ingenieros mexicanos y del sentido común, se impuso el criterio de quien ayer acompañó al Presidente electo: José María Riobóo, autor de la máxima ‘Los aviones no pueden chocar, y no pueden chocar porque automáticamente se repelen…’. Algo por completo ajeno a la descocada física riobóotica debió haber causado la colisión de un F-5 ¡con tres! Lockheed T-33 en el desfile militar de 1995… más todos los que registra la historia de la aviación mundial. Lo que sea que venga con el próximo gobierno provoca escalofrío, para empezar que se dinamiten las miles de toneladas del tercio de varilla y concreto ya colados en el aeropuerto que aborta. En 1954, el filósofo húngaro Georg Luckács se preguntó por qué los marxistas no previeron el surgimiento del nazifascismo. Analizó el tema, despejó la incógnita, le dedicó un libro y lo tituló El asalto a la razón…”.

Aeropuerto, el tiro en el pie

La decisión de AMLO parece no tener sentido para muchas personas, sobre todo debido a que no existe un proyecto concreto que respalde la propuesta de Santa Lucía, que más que un proyecto es una idea. Así lo considera en el Excélsior, el periodista Jorge Fernández Menéndez, escribe que: “a no sé con quién ha hablado o qué ha pensado López Obrador en las últimas semanas para decidir echar por la borda el trabajo realizado durante los tres primeros meses después de su elección […]. Y la cereza de ese pastel ha sido la decisión respecto al nuevo aeropuerto. Nadie con seriedad puede pensar que esa decisión fue tomada en forma autónoma por ‘el pueblo’. La consulta fue amañada, convocada por su partido, por funcionarios quienes también habían decidido qué querían, no tuvo el menor control ni legalidad […]. Ni modo, el pueblo habló. Pero también lo hicieron los mercados que quitaron calificaciones de inversión, tiraron el peso, pronosticaron aumentos de las tasas de interés, aceptaron que habrá demandas nacionales e internacionales y sembraron la desconfianza en un campo que se había trabajado desde meses atrás para que la seguridad en la estabilidad que brindaría el nuevo gobierno se hiciera conciencia en la población y los inversionistas. Santa Lucía no tiene viabilidad como solución aeroportuaria y eso lo han dicho todos los actores especializados en el mundo de la aviación […]. El próximo secretario de Comunicaciones y Transporte, Javier Jiménez Espriú reconoció que se perderán, sin posibilidad de retorno, 40 mil millones de pesos al cancelar Texcoco […]. No tiene sentido. Andrés Manuel López Obrador ganó con una mayoría que le dio respaldo legislativo como para poder asumir una nueva etapa de desarrollo del país, prácticamente, sin riesgos […]. Hay involucrados en esa obra de infraestructura recursos por casi 200 empresas nacionales y muchos de los principales consorcios extranjeros del sector, pero también ahí están los recursos de distintas Afores, sobre todo Inbursa, y de inversionistas pequeños y medianos que pusieron sus ahorros en la Fibra E. El desafío de López Obrador es garantizar la seguridad, luchar contra la pobreza y la corrupción. Para eso lo votaron millones de mexicanos. Y para todo eso se necesitan recursos, participación y un gran acuerdo de todos los sectores productivos del país. Santa Lucía sigue siendo hasta el día de hoy una idea. No hay un proyecto, ni siquiera una visita de campo con estudios estructurales […]. Sinceramente, no lo entiendo. Y creo que buena parte de quienes apoyan y colaboran con el Presidente electo tampoco lo entienden. Pero resulta que no están dispuestos a contradecirlo, quizá, porque él no escucha las críticas y las consideras productos de enemigos e incluso de golpistas”.

De cómo Santa Lucía difícilmente existirá

Los costos de esta decisión de AMLO serán diversos, pues también en Milenio, el periodista Carlos Puig, escribe que: “nadie podrá decir que no cumplió lo que desde hace años dijo. Andrés Manuel López Obrador dijo hace años no al NAIM de Texcoco, lo repitió más de una vez en campaña y al final, como para aflojar su relación con algunos empresarios prometió una consulta […]. Insisto, un referendo sobre Texcoco organizado por el partido que no quería Texcoco; y pues adiós, no más el aeropuerto de Texcoco. Vendrán algunos costos por la decisión, los visibles, los mercados, el peso; algunos menos visibles que tendrán que ver con la relación que se había construido con grupos empresariales; otros que seguro no le gustaron, como que ayer dijo que habrá consulta para el Tren Maya […]. Habrá beneficios políticos, como el reforzamiento de la lealtad de su base de electores semanas antes de la toma de posesión, una especie de renovación de empoderamiento que tal vez en algo se había perdido en esta larguísima transición. Pero tal vez el mayor costo es que difícilmente existirá Santa Lucía. Y eso importa porque el proyecto de no a Texcoco siempre tuvo a lado la narrativa de Santa Lucía. Será el primer proyecto de infraestructura que, creo, no existirá. Un estudio, el más serio, sobre la viabilidad de Santa Lucía dice claramente que es imposible; otro dice que no ven cómo pero que hay que hacer más estudios, y otro, con información de Riobóo, y una página de internet dice que tal vez sí, pero que no se tome ninguna decisión con ese estudio y se hagan otros […]. Y luego, hay que esperar a que los habitantes que rodean Santa Lucía hagan su propio movimiento… Y en fin. Será por eso por lo que, a la mitad del camino de esta transición, se resucitó Toluca que, recordemos, llegó a tener cuatro millones de pasajeros al año. No estaría mal, por cierto, acercarle el interurbano, ya de perdis. Esos pasajeros más una terminal más en el Benito Juárez hacen que el asunto aguante unos años más, el sexenio por lo menos. Ya que vengan otros a arreglar el verdadero problema”.

El tirano incómodo

Luego de que Marcelo Ebrard diera a conocer que Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela, confirmó su asistencia a la toma de protesta de AMLO, los ciudadanos no han dejado de manifestar su descontento con la invitación sal mandatario, incluso han pedido que esta le sea retirada en solidaridad con el pueblo venezolano.  Por ello en el Excélsior, su director, el periodista Pascal Beltrán del Río, escribe que: “a cortesía que el próximo gobierno extendió al Presidente venezolano Nicolás Maduro para asistir a la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador está galvanizando a la endeble y difuminada oposición que dejaron las elecciones del pasado 1 de julio. En apenas tres días, una petición lanzada por la panista Mariana Gómez del Campo en la plataforma change.org para repudiar la visita de Maduro había generado más de 43 mil firmas de apoyo […]. El Presidente electo ya ha dado cuenta que le gusta tomar en cuenta la opinión de la gente y tiene en muy alta estima a las ‘benditas redes sociales’. Sería extraño, pues, que se hiciera de oídos sordos respecto de la forma en que los mexicanos se han manifestado en dichas redes desde el pasado fin de semana –con el hashtag #MaduroNoEresBienvenido– para repudiar la visita a México del mandatario venezolano, quien se ha convertido en un paria en el vecindario latinoamericano por las constantes violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas de seguridad regulares e irregulares del régimen […]. Ayer preguntaba en este espacio qué podía ganar el nuevo gobierno asociándose con un régimen que no sólo ha violado todas las reglas de la democracia para mantenerse en el poder […], sino que reprime violentamente a lo que queda de la oposición. No me queda claro […]. El razonamiento para invitar a Maduro a la toma de posesión es que el nuevo gobierno de México quiere buenas relaciones con todas las naciones. Pero aquí hablamos de un país cuyo gobierno tiene una ‘impronta criminal’, por citar al secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro. Si la opinión de la gente realmente importa, Maduro debiera ser desinvitado. Entre otras cosas, para que su presencia no se convierta en el foco de la toma de posesión”.

Por simple protocolo

Por su parte en el diario Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, asegura que: “quienes saben de cuestiones diplomáticas dicen que invitar a Nicolás Maduro a la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador no es por gusto sino por simple protocolo, dado que México y Venezuela mantienen relaciones. Lo que sí dependerá del próximo Presidente es decidir qué clase de recibimiento le dará al impugnadísimo mandatario venezolano: ¿lo recibirá el propio tabasqueño o mandará a un funcionario menor a darle la bienvenida? En ambos casos, el mensaje es claro y contundente. A ver qué decide AMLO… ¿o también lo va a someter a consulta?”

Incluyentes

En el mismo tono, en el Excélsior, su columna de trascendidos, Frentes Políticos, asegura que: “mucho alboroto se ha producido en redes sociales por la confirmación de la visita del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a la toma de posesión del 1 de diciembre. Llama la atención la manera de cuestionar y oponerse a todo de los mexicanos. Estancados en sentimientos que nacen en el hígado no avanzaremos a ninguna parte. Piden que no venga. Qué caso tiene. Es evidente que nadie quiere perderse el evento del año. Marcelo Ebrard, próximo titular de la SRE, recordó que, en su momento, los ex presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón invitaron a Venezuela a sus respectivas tomas de posesión. ‘Nuestro país es respetuoso de los gobiernos del mundo y no excluirá a nadie que tenga representación diplomática en México’, precisó. Confirmados 15 jefes de Estado. La foto va a estar buena. Bienvenidos todos”.

Silencio del caso Norberto Rivera

Por otra parte en El Universal, su columna de trascendidos Bajo Reserva, asegura que: “al parecer no hay mucho misterio en el silencio que ha guardado el Arzobispado de México y en la cancelación de una reunión con periodistas en la Catedral Metropolitana para hablar del ataque en la casa del cardenal Norberto Rivera Carrera. Nos cuentan que la suspensión el domingo de la conversación con los representantes de los medios de comunicación se debió a que el arzobispo primado de México, el cardenal Carlos Aguiar Retes, todavía no regresa del Vaticano. Como le contamos en este espacio, la Arquidiócesis convocó la noche del sábado con carácter de urgente para después suspender la rueda de prensa, sin más explicaciones. Entonces, nos dicen, habrá que esperar el retorno de Aguiar Retes para tener información y la posición del arzobispado.

Seguridad social LGBT

En tanto en Milenio, su columna de trascendidos Trascendió, asegura que: “en el Senado se prevé que en las próximas horas salga el primer dictamen importante de la legislatura y no precisamente el relativo a los derechos que se reconocerán en la sesión de hoy a la comunidad lésbico-gay en materia de seguridad social. En la oposición dicen que quizá se destrabe finalmente el tema de la Fiscalía General, aunque en la bancada que encabeza Ricardo Monreal se lo toman con más calma, a cuatro semanas del cambio de sexenio”.

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