Amor y miedo por López Obrador:

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del viernes 30 de noviembre de 2018. Amor y miedo por López Obrador: El nudo del conflicto está bien amarrado. No podemos anticipar el desenlace. No podemos adivinar qué pasará con los mercados ni con la economía. Es más, ni siquiera podemos saber qué pasará con Paco Ignacio Taibo II… Se puede no ser un demócrata, pero conducir una nación hacia la democracia. Se puede ser populista, pero gobernante responsable y capaz de tomar decisiones que vayan contra su ideología en beneficio del país. Ya se verá qué López Obrador es el que tendremos los mexicanos. Mientras tanto, hay que otorgarle, incuestionablemente, el beneficio de la duda

Rayuela

Contra el pueblo, nada. Con el pueblo, todo. No hay mejor receta.

Sexenio de esperanza razonada

En La Jornada, el periodista Julio Hernández López, escribe que: “nada cambiará de manera mágica, automática o instantánea. Será un largo y complicado proceso, del cual ya se han tenido muestras de textura y profundidad durante el raro periodo de hiperactividad de la presidencia electa. No habrá solamente una alternancia de siglas partidistas (como lo sucedido entre los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional), pues el arribo de Andrés Manuel López Obrador constituye, además, la primera ocasión, desde el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río, en que llega al poder un político que podría inclinar la acción institucional hacia sectores populares y corregir a fondo las graves distorsiones que tanto afectan al país. Será, en ese sentido, tal vez la última oportunidad del actual sistema político y económico para ser remozado sin traumatismos graves ni explosiones […] en una jornada electoral extrañamente limpia y sin violencia, empezó la aterciopelada transición que este sábado tendrá sus momentos estelares en el Palacio Legislativo de San Lázaro, en el Palacio Nacional y en la Plaza de la Constitución. Es descomunal el trabajo de restauración que se debe realizar; ha sido acelerada la polarización social frente al nuevo poder, es variopinta la integración del gabinete presidencial y han mostrado garras y dientes los poderes tradicionales, sobre todo los del gran capital. Luego del ciclo peñista del desastre, mañana dará inicio un ciclo de esperanza razonada y razonable, en el que no todo lo prometido se podrá cumplir, pero se aspira a que sean modificados, en sentido positivo, los rasgos esenciales de la catástrofe heredada”.

¿Qué izquierda queremos?

Hernán Gómez Bruera, en El Universal, escribe que: “México inicia un ciclo progresista cuando termina el de casi toda América Latina. A partir de esta coyuntura Nexos publica en diciembre un número dedicado a examinar la experiencia de nueve países que han sido gobernados por fuerzas de izquierda en las dos últimas décadas. Aunque cada país vive su propia realidad, podemos extraer reflexiones interesantes de todas estas experiencias, con los pros y los contras de cada una. Si, por ejemplo, a nadie le gustaría ver a un presidente dirigir la larga colección de insultos que Rafael Correa le dedicó a los medios, nos haría bien un líder con su capacidad y determinación para sujetar los intereses fácticos al interés público, rescatar y potenciar la capacidad regulatoria del Estado en la economía, promover una ampliación de la inversión estatal en infraestructura, y al mismo tiempo mantener el balance macroeconómico.  Evidentemente, el gobierno obradorista debe situarse lo más lejos posible de la experiencia venezolana, su régimen crecientemente autoritario y su inviable modelo de desarrollo. Pero también debe tomar distancia de la política económica impulsada por los gobiernos de la Concertación en Chile, que acentuaron la neoliberalización del país y fueron incapaces de aprovechar la “energía democrática” post transición para hacer cambios políticos de fondo, como señala Carlos Ominami en uno de los artículos de la revista. La experiencia brasileña es una interesante referencia en política social y crecimiento del salario mínimo. Además, esa izquierda ha sido una de las más innovadoras en el mundo al promover mecanismos de democracia participativa, mucho más sofisticados que la simple celebración de consultas (desde presupuestos participativos en el nivel local hasta la celebración de conferencias nacionales para elaborar políticas públicas), de los que el obradorismo podría aprender mucho. Sin embargo, la experiencia brasileña también es una alerta y un recordatorio de la necesidad de modificar las viejas estructuras del poder, y promover reformas que permitan alterar las reglas del juego y los incentivos que perpetúan la corrupción. Los medios son un tema importante. Ominami explica cómo en varios países donde gobierna la izquierda su estructura oligopólica ha operado abiertamente en contra de las fuerzas progresistas. El golpe blando en contra de Dilma y el uso de las instituciones judiciales para perseguir políticamente a Lula fueron en gran medida promovidas por medios conservadores que particularizaron sobre la izquierda investigaciones de corrupción que involucraban a políticos de todos los partidos. Por ello, promover la pluralidad mediática y fortalecer los medios públicos debiera estar en el interés de un gobierno de izquierda. (…) Los gobiernos de izquierda en América Latina tuvieron la “suerte” de coincidir con el boom de los commodities. Algunas naciones incrementaron sus ingresos en divisas de una forma inimaginable en estos años (Bolivia lo hizo 15 veces). Esta coyuntura les otorgó un margen de maniobra sumamente amplio y permitió a varios de ellos mantenerse en el poder por periodos considerables. No hay indicios de que en México la izquierda pueda disfrutar de un margen de maniobra semejante, por lo que no podrá darse el lujo de cometer muchos errores. El obradorismo tiene, sin embargo, algo que hubieran envidiado Lula, Dilma, Bachelet o Lagos: una mayoría propia en el Legislativo que le otorga una oportunidad histórica a la izquierda en México”.

Amlove y Amscare: Amor y miedo por López Obrador

Luis Miguel González, escribe en El Economista que: “Son dos sentimientos. Amor y miedo. Amlove y Amscare, los llama un reporte que Citigroup liberó esta semana. La cancelación del aeropuerto, las consultas, la caída brutal de la Bolsa mexicana y del peso son una oportunidad para que los analistas, los inversionistas y la sociedad revelen sus esperanzas y temores hacia el presidente tabasqueño que lleva cinco meses en la caja de bateo. Amlove es la etiqueta que agrupa a los optimistas. Ellos creen que en el próximo sexenio predominará el pragmatismo de AMLO, pero también las fortalezas de México frente a sus debilidades. A Amscare le falta una I al principio y una d al final para decir: I am scared, literalmente: Yo estoy asustado. En este bloque, se encuentran los que piensan que todo lo ocurrido desde la consulta aeroportuaria es el aviso de la debacle que viene. Es el temor frente a lo que ha anunciado AMLO y la forma en que está operando su maquinaria. Quien dice Amscare está en mood fatalista. Piensa que no habrá contrapesos contra los excesos y errores. Es muy pronto para decidir quién tiene razón. Lo que hemos visto son apenas los créditos de la película que viene. Hay gestos que anuncian el estilo personal de gobernar: controlador y desconfiado; conocedor de la lógica política pero indiferente de los mecanismos que mueven a los mercados. Apóstol de una versión de la austeridad que produce titulares pero está peleada con la eficiencia. Perderá tiempo en aeropuertos y dejará ir talento humano por establecer un tabulador que es un insulto a la lógica del mercado laboral. Optimismo vs pesimismo. El próximo presidente se mantiene sólido en las encuestas de popularidad, pero prende alertas en los mercados. El índice de confianza de los consumidores registra niveles máximos de dos décadas, mientras que el índice de volatilidad de se encuentra en una situación que recuerda el momento en el que Donald Trump nos tiró el tablero a fines del 2016. ¿Optimismo o pesimismo? Lo que hemos visto no basta para poder contar el final de la película. Hay muchos spoilers que se empeñan en decir lo que va a pasar, pero el final está abierto. Hace seis años, eran legión los que pensaban que el PRI había llegado para gobernar un mínimo de 12 años. Los pronósticos son absurdos en una época VUCA, caracterizada por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad. ¿Doctor Jekyll o Mister Hyde? En el equipo del próximo presidente hay una batalla entre radicales y moderados. En su cabeza, se alternan episodios de confrontación y reconciliación. País de un solo hombre, decían del México de Santa Anna, en el siglo XIX. ¿País de un solo hombre, en el 2018? The Economist se aventura a decir que AMLO será el presidente más poderoso de las últimas tres décadas. Tuvo 53% de los votos y tendrá mayoría en las dos cámaras, pero no tendrá un poder parecido al que tuvo Carlos Salinas, entre otras cosas porque México ha cambiado mucho y, además, López Obrador no tiene un equipo de técnicos comparable a los que tuvo Salinas, para imponer una línea de mando. (…) Amlove o Amscare. El nudo del conflicto está bien amarrado. No podemos anticipar el desenlace. No podemos adivinar qué pasará con los mercados ni con la economía. Es más, ni siquiera podemos saber qué pasará con Paco Ignacio Taibo II”.

El beneficio de la duda

Raymundo Rivapalacio en El Financiero escribe que: “La transición de gobierno entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador fue tan larga en términos de horas, intensidad y acciones que provocaron turbulencias políticas y financieras que, como bromeó en algún momento el presidente electo, el 1 de diciembre no tomaría posesión sino rendiría un informe de todo lo que hizo durante este tiempo. Muchas de sus decisiones políticas tuvieron impacto en la confianza interna y externa sobre lo que será su gobierno, y antepusieron obstáculos a su deseo de transformación del país. El monto de recursos que se estimaba tendría tras ganar la elección quedó reducido ante la incertidumbre que generó, que frenó inversiones y aceleró la salida de capitales. Mucho temor generó por todos lados, menos en sus bases electorales sólidas e incondicionales a él bajo cualquier circunstancia. El López Obrador que despertaba miedos en 2006 y en 2012 y pareció desaparecer en 2018, regresó ante la sorpresa de unos, la decepción de otros y el desasosiego de quienes pensaban que el político que siempre ha sido congruente, sería incongruente. ¿Por qué un pensamiento tan arraigado por décadas que siempre tuvo como meta la conquista del poder tendría que cambiarlo cuando lo alcanzara? No hay ninguna razón objetiva que dé sustento a esa idea que ha sido causa, por cierto, del desencanto de algunos que nunca lo habían visto como opción, pero votaron por él. López Obrador es lo que siempre fue y a nadie quiso engañar. ¿De qué se sorprenden tantos? (…) Los populistas llegaron para quedarse, cuando menos por un tiempo. Es un fenómeno viejo que se ha convertido en una realidad política que está montada en la ola de su mejor momento histórico, al ir ganando el poder a través de lo que rechazan por definición sus ideas y sus acciones: la democracia. En la actualidad, argumentan Levitsky y Ziblatt, el retroceso democrático empieza en las urnas. Los políticos tratan a sus adversarios como sus enemigos, intimidan a la prensa libre y amenazan con impugnar resultados electorales. También buscan debilitar las defensas institucionales de la democracia, incluidos los tribunales, para minar los contrapesos. (…) Durante el periodo de la transición quedó encasillado en esa categoría de análisis, y el presidente López Obrador podrá caber en la descripción de populista, pero no se puede hacer un juicio concluyente a priori. Se puede no ser un demócrata, pero conducir una nación hacia la democracia. Se puede ser populista, pero gobernante responsable y capaz de tomar decisiones que vayan contra su ideología en beneficio del país. Ya se verá qué López Obrador es el que tendremos los mexicanos. Mientras tanto, hay que otorgarle, incuestionablemente, el beneficio de la duda”.

Final con más sombras que luces

Falta sólo un día para que llegue a su fin el mandato de Enrique Peña Nieto como Presidente de México, un sexenio lleno de irregularidades, casos de corrupción y violencia; el priista se va de Los Pinos dejando atrás un legado lleno de controversias e irregularidades. En Milenio, el periodista Joaquín López Dóriga, escribe que: “esta medianoche termina el sexenio del presidente Enrique Peña con más sombras que luces. Un gobierno que inició deslumbrante con el Pacto Por México, que asombró al país y al mundo: el primer gran acuerdo político de la democracia entre el gobierno y la oposición desde el que construiría el mayor paquete de reformas estructurales jamás visto, que se fue gastando conforme avanzaba la aprobación de dichas reformas y que se agotó con la fiscal y la energética, cuando Peña Nieto había logrado su proyecto reformista en el que, sí, perdió capital político, pero es para eso, para usarlo. Después del segundo año, vino el alejamiento de la oposición, reclamos, reproches, traiciones y divisiones, pero ya había reformas. También se presentaron los dos hechos que cambiaron el positivo por el negativo y marcaron su gestión: la casa blanca y los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala en la complicidad del crimen organizado, el poder local de gobierno y las policías municipales. El gobierno de Peña Nieto se vio rebasado y no supo responder ni a uno ni a otro, al tiempo que se acercaban los tiempos electorales y operaba para mantener al Partido Revolucionario Institucional en Los Pinos. Pero tampoco pudo construir un candidato fuerte y competitivo […] El 1 de julio no solo perdió las elecciones ante el mayor número de votos jamás obtenido por un candidato, 30 millones, 53 por ciento del total, si no que su partido se fue a una distante tercera fuerza con una mínima representación legislativa y sin ganar una sola de las nueve gubernaturas en juego, dejando todo el escenario a su sucesor, apostando por una transición de terciopelo en la que poco a poco se fue diluyendo. El tiempo juzgará su gobierno y el legado de sus reformas. Estoy seguro de que él nunca quiso, nunca pensó terminar así. Y yo tampoco”.

Sombra de Iguala

En el Reforma, el analista y periodista Sergio Sarmiento, escribe que: “los hechos que tuvieron lugar en Iguala la noche del 26 al 27 de septiembre dejaron marcado al gobierno de Enrique Peña Nieto. La recomendación 15VG/2018 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, un texto de dos mil 178 páginas disponible en la página de internet de la institución, nos deja una especie de colofón provisional e invita al nuevo gobierno a continuar las investigaciones y a evitar la impunidad […] La recomendación podrá ser cuestionada en muchos de sus elementos, pero ofrece un intento sistemático por examinar toda la información disponible desde un punto de vista crítico, pero desapasionado. El documento es muy extenso. Tiene información sobre muchos detalles del caso, pero no resuelve todas las dudas. Por eso la Comisión Nacional de los Derechos Humanos plantea que deben continuar las investigaciones. La idea que surge de esta compilación de información sugiere que, más que una gran conspiración del Estado mexicano para matar a los normalistas de Ayotzinapa, tenemos un Estado débil y corrupto, infiltrado por el crimen organizado. Las autoridades municipales de Iguala, Cocula y Huitzuco estaban coludidas con el crimen, mientras que las federales al parecer fueron omisas. Los crímenes de la noche del 26 al 27 de septiembre recalcan una vez más el costo enorme que ha pagado México por la guerra contra las drogas, la cual no solo no estamos ganando sino que ha corrompido hasta los cimientos al Estado mexicano”.

Adiós, partidocracia

En el Excélsior, su director, el periodista Pascal Beltrán del Río, escribe que: “hoy, 30 de noviembre, se acaba un sexenio, el décimo cuarto en forma consecutiva que concluye completo. Pero más que eso, termina una época: la de la partidocracia […] Los modos de ejercer el poder se empataron, igual que las mañas. El viejo sistema de partido de Estado había muerto y la partidocracia reinaba. Los políticos adheridos al nuevo modelo adoptaron una consigna: no denunciar los malos manejos de otros miembros del club para, a su vez, no ser exhibidos por éstos. En sus primeros años, la partidocracia tuvo el acierto de crear instituciones autónomas, pero fueron rápidamente copadas por los insaciables miembros del club. Como no había quien revisara cabalmente las cuentas, la corrupción se desató. Los que incurrieron de forma más descarada en ella fueron los poderosos gobernadores… hasta que fue imposible taparla. Así terminó la partidocracia, herida de muerte por su propia ambición. En unas horas empieza una nueva etapa. El 1 de julio pasado, el electorado entregó la mayoría del poder a un solo partido, uno que aparece como nuevo, aunque se haya beneficiado de las reglas de la partidocracia sobre el financiamiento público de sus actividades. Su líder tuvo el acierto de salirse a tiempo del club y denunciarlo desde fuera. Mañana será Presidente”.

Mucho cuidado con la letra y tono

En Milenio, el periodista Carlos Marín, escribe que: “en el más dichoso día de su vida, el nuevo Presidente de México tendrá mañana dos momentos para hablar a la nación: en el recinto San Lázaro ante el Congreso General y un titipuchal de invitados, y desde el balcón central de Palacio Nacional para miles de ilusionados hijos de vecino que atiborrarán la Plaza de la Constitución. Dará en ambas palestras el banderazo a su empeño por llevar al país a su ‘cuarta transformación’ con la arenga ‘juntos haremos historia’, para que su gestión trascienda tanto como la Independencia, la Reforma y la Revolución. Un mismo mensaje para públicos distintos, con énfasis en la penalización de la corrupción y la aplicación de raras estrategias para la pacificación, atendiendo mucho más las causas generadoras de violencia, promoviendo la reconciliación y el perdón, que aplicando políticas punitivas, revanchistas o vengadoras. ‘Punto final’ al pasado y los mejores afanes en construir un futuro distinto al que, según él, determinó ‘el neoliberalismo’ desde la década de los 80 […] La piedra angular de su encomiable proyecto hace necesario que López Obrador contenga sus naturales ansias de confrontación y deje de aludir a quienes piensan diferente como ‘corruptos’ o ‘reaccionarios’. Por más que hable distinto a sus audiencias para decir lo mismo, lo mejor es que deje en el Siglo XIX la ya muy polvorienta frase de ‘liberales contra conservadores’. Paz, armonía, república del amor se contraponen al lenguaje rijoso en que suele caer y que sus incondicionales catapultan hasta dimensiones abominables […] Ojalá que estos días de reclusión en su casa de Tabasco le hayan permitido escribir lo que dirá, cuidando cada palabra, frase, oración y párrafo para que ni una sílaba le haga parecer un pendenciero. Crucemos los dedos para que no le distraigan de la elaboración de sus discursos el poema que le compuso Silvio Rodríguez o las charlas con su paisano remoto y presidente de la comunidad de Cantabria (en cuyo municipio de Ampuero nació el abuelo materno de López Obrador). En abono de la confianza nacional y del mundo, las descarapeladas económicas provocadas por él y los suyos en los meses previos a su asunción al Poder de los Poderes no admiten ya improvisaciones, y menos de las que confrontan y dividen a los mexicanos”.

“Sastrería El Congreso”

En el Excélsior, el periodista especializado en temas parlamentarios, Francisco Garfías, escribe que: “no hubo modo de que la senadora de Morena, Malú Mícher, respondiera a la pregunta si va a votar la llamada ‘Ley Taibo’ para que el ‘camarada’ Paco Ignacio II sea el director del Fondo de Cultura Económica, en caso de que se presente al pleno. Repetía como estribillo que el nombramiento ‘es decisión del Presidente’. Hablaba como si no estuviera enterada de que eliminar de la Ley de Entidades Paraestatales el requisito de ser mexicano por nacimiento, para que Taibo, nacido en España, pueda ser director del FCE, tiene que pasar por el Congreso. Mícher, eso sí, se aventó un choro mareador sobre el lenguaje ‘misógino y machista’ de Paco Ignacio. ‘No lo vamos a permitir’, aseveró la legisladora. El dictamen que modifica la citada ley se iba a debatir y aprobar ayer en el pleno del Senado, pero fue retirado del orden del día, a solicitud de las comisiones, después de la vulgaridad con la que el escritor se jactó de que iba a ser director del Fondo de Cultura Económica, por edicto o por Ley. La ruidosa legisladora —tiene fama— se aferraba a repetir que primero Taibo tiene que disculparse y luego ‘veremos qué va a pasar…”. […] El fondo del tema no es la leperada o las fanfarronadas de Taibo en el sentido de que AMLO lo hará director del Fondo sí o sí. Eso queda para la anécdota. Lo grave es la forma en que los morenos se conducen. En lo que va de la Legislatura, la mayoría presidencial ha demostrado que está dispuesta a acomodar la ley a la voluntad de AMLO, utilizando su mayoría. Es lo mismo que otrora le criticaban al PRIAN y que dio origen a la palabra “mayoritear…”. Lo iban a hacer con el “camarada” Taibo; lo hicieron con Rosalinda López para que llegue al SAT. Son trajes a la medida para que la ley se ajuste a los nombramientos del todavía Presidente electo. “El Congreso ya es una sastrería”, nos dijo atinadamente Xóchitl Gálvez, senadora del PAN. La también exdelegada en Miguel Hidalgo se refirió a la expresión “se las metimos doblada, camaradas”, empleada por Taibo en la FIL y muy comentada en redes sociales. “Hay soberbia, prepotencia, machismo, misoginia en sus palabras. Parece dispuesto a fornicar a las y los senadores que no estemos de acuerdo. Es un violador en potencia”, nos dijo. Y lo repitió después en rueda de prensa. Xóchitl, por cierto, lleva mechones de pelo pintados de azul. “No es por el PAN. Es por el Cruz Azul”, aclaró. El “camarada” Paco Ignacio Taibo II no se disculpó. Lamentó en Twitter haber utilizado una frase “desafortunada y vulgar”.

Alistan el Zócalo

En Milenio, su columna de trascendidos Trascendió, asegura que: “la Secretaría de la Defensa Nacional tuvo que poner orden en las ideas dispersas que el equipo de transición mantenía para el acto de Andrés Manuel López Obrador programado en el Zócalo capitalino en su primer día como Presidente, quien no podrá realizar recorridos a pie en ningún trayecto ni viajar en automóvil descapotable, como se llegó a sugerir para que lo viera la gente: irá en su Jetta blanco como vehículo oficial y la única persona que podrá acompañarlo será su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller. Además, el tabasqueño cambió de opinión y no hablará desde el balcón de Palacio Nacional, pues prefiere estar más cerca de la gente, así que anoche tuvieron que acudir al Zócalo para hacer cambios de últimos momento al escenario principal”.

Triste legado de Peña

En el diario Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, asegura que: “hoy, hoy, hoy, llega a su fin el gobierno que hubiera pasado a la historia por concretar importantes reformas estructurales… de no haber sido porque -según dicen- Enrique Peña Nieto prefirió salvar el pellejo, que salvar el legado. En aras de pactar una transición de terciopelo con su sucesor, quien pasó de acusarlo de corrupto a agradecerle públicamente, Peña rindió la plaza mucho antes de las elecciones del primero de julio. Y después de la derrota, según las quejas dentro de su propio equipo, el Presidente decidió no defender proyectos y reformas icónicas de su gobierno, como el aeropuerto en Texcoco o la reforma educativa. Así, el político que logró devolverle la Presidencia al Partido Revolucionario Institucional se despide del poder reprobado por una generación de mexicanos que, en lugar de recordarlo por sus reformas, identificarán a su gobierno y a su partido con la corrupción y la impunidad. Vaya saldo”.

Se acabó

En el Excélsior, su columna de trascendidos, Frentes Políticos, asegura que: “mañana, los secretarios de la Sedena y la Marina entregarán el mando a los nuevos titulares. Al primer minuto del 1º de diciembre se realizarán las ceremonias oficiales de entrega de mando de tropas, personal y equipos, en las sedes de las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina-Armada de México. El general Salvador Cienfuegos Zepeda entregará el mando de la Sedena a su sucesor, el general Luis Crescencio Sandoval González. En tanto, el almirante Vidal Francisco Soberón Sanz hará lo mismo con su sucesor, el almirante José Rafael Ojeda Durán. Lo más importante es que junto con su comandante supremo, Enrique Peña Nieto, ceden una nación en paz. Esa calma social es el tesoro más preciado de México. Que así se conserve”.

López Obrador no estará en el balcón de Palacio

En El Universal, su columna de trascendidos Bajo Reserva, asegura que: “de última hora, nos informan, el equipo del presidente electo Andrés Manuel López Obrador decidió hacer algunos cambios en la agenda del primero de diciembre, después de la toma de posesión en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Nos comentan que muy posiblemente el mensaje que tenía previsto dar en el balcón del Palacio Nacional ahora lo realizará en un escenario que se monta en la plancha del Zócalo. También, nos aseguran, hay cambios en las rutas que tomará don Andrés Manuel desde la Cámara de Diputados a Palacio Nacional, por motivos de seguridad que ha determinado el Ejército mexicano. Lo importante, nos hacen ver, es que la celebración del futuro Presidente con la población sigue firme y con mucho entusiasmo entre los integrantes del futuro gabinete presidencial”.

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