Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del viernes 20 de abril de 2018. El Mayday de Meade: La falta de autocrítica o el exceso de soberbia de algunos de los jefes de la campaña, les impide ver los ajustes que tendrían que hacerse de fondo. ¿Estará dispuesto a cortar la pierna gangrenada antes de que se le pudra el resto del cuerpo?… A peña se le fue el proceso de las manos: ¿Qué trajo de nueva cuenta a Carlos Salinas de Gortari a ocupar un espacio importante en el primer círculo de Enrique Peña Nieto? Domingo: la cacería de El Peje…

Rayuela

Siempre presente en el mapa político internacional, Cuba estrena como presidente a un cachorro de la revolución. Como sea, es un nuevo tiempo.

El Mayday de Meade

“Mayday” es una de las palabras que menos se buscan en los diccionarios. Es una derivación del francés que significa “ayúdame”, que originalmente fue la radioseñal internacional utilizada por los barcos y aviones en situaciones de emergencia para solicitar auxilio. La señal se comenzó a emplear de manera común como palabra, recuerda Wikipedia, que representaba un peligro inminente, y donde muchas veces se estaba en riesgo de perder la vida. “Mayday” es lo que se aplica hoy a la campaña del oficialista José Antonio Meade, que necesita auxilio, no sólo para ver si existe alguna posibilidad de ser competitivo en la contienda por la Presidencia, sino incluso para evitar, de mantenerse la tendencia en la mayoría de las encuestas, hundirse en el tercer lugar. Mantener la Presidencia no es lo único en peligro. Está en riesgo obtener bancadas sólidas en el Senado y el Congreso, y evitar, en el colapso que se anuncia, el fin del PRI como hoy lo conocemos. Existe una desconexión entre lo que se piensa en el equipo de Meade y lo que se cree en otros lados, incluso en Los Pinos, donde de acuerdo con personas que han escuchado al presidente Enrique Peña Nieto, está preocupado por el rumbo de la campaña. Dentro de la campaña, ha trascendido de sus cuartos de guerra, hay un problema de desorganización, con muchos generales y muchas voces que opinan y hacen, ante la ausencia de un liderazgo firme en la jefatura de campaña de Aurelio Nuño. El jefe de todos no es respetado por muchos. Su apoyo, el presidente del PRI, Enrique Ochoa, es un fusible quemado que ha desaparecido de la arena pública, empujado por la ignominia de la opinión pública y el desprecio de los priistas. Una vez más, hay que reiterarlo, esta visión no es compartida por quienes están en la campaña. La falta de autocrítica, o el exceso de soberbia de algunos de los jefes de la campaña, absortos en el proceso endogámico de la toma de decisiones, les impide ver los ajustes que tendrían que hacerse de fondo. La solución, sin embargo, está a la vista, pero es altamente dolorosa, para el equipo y para el propio Peña Nieto: cambiar a los jefes de la campaña. Esta decisión no está en las manos de Meade, sino en las de Peña Nieto. ¿Estará dispuesto a cortar la pierna gangrenada antes de que se le pudra el resto del cuerpo? (…) Es cierto que el descrédito del PRI jala hacia abajo a Meade en las preferencias electorales, pero hay una verdad política: sin el PRI, no tiene mayor posibilidad el candidato de nada; con el PRI, al menos, puede hacer el intento. También es cierto que, aun con esta revolución interna, Meade no tiene un horizonte promisorio en estos momentos, sino más bien ominoso. Sin embargo, si las cosas están mal, pueden ponerse peor”.

A peña se le fue el proceso de las manos

Martha Anaya en El Heraldo de México, se hace la pregunta: ¿Qué trajo de nueva cuenta a Carlos Salinas de Gortari a ocupar un espacio importante en el primer círculo de Enrique Peña Nieto, luego de que había sido alejado de éste?: “En opinión de algunos priistas, “la soledad” del Presidente: -No sólo porque es éste su último año de Gobierno y los colaboradores –¡hasta los supuestos amigos!- se alejan en busca de un nuevo puerto, sino porque ya se le salió el proceso (sucesorio) de las manos. Se pregunta cómo sale de ésta… “Necesita consejo de alguien como Salinas”, apuntan viejos lobos de mar, conocedores del sistema y de lo que acontece en el ocaso de los mandatarios en nuestro país. Salinas, por su parte, vuelve a vibrar. La política es lo suyo. Todos los días llama gente a verlo. Su figura se alza –o al menos eso aparenta- frente a la de Luis Videgaray. Juega el juego del poder. Es él, el ex Presidente de la República (1988-1994), quien hoy se ocupa, junto con Diego Fernández de Cevallos, de rehacer los puentes entre Peña y Ricardo Anaya. Y es él –junto con amigos cercanos como Francisco Rojas-, quien también mueve los hilos con importantes empresarios para enfrentar al líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Pero no sólo eso, hay quienes aseguran que Carlos Salinas quiere tomar las riendas del PRI para tener el partido como cabeza de playa en caso de que José Antonio Meade pierda la elección. (…) NO HAY DINERO PARA HACER CAMPAÑA.- Los priistas de tierra no se mueven. No andan con las manos vacías. No tienen “ni una despensa” para ofrecer a su gente. Se acercan al equipo de su candidato para que les “bajen” dinero y puedan moverse en sus tierras, y la respuesta que reciben, según refieres, es: “¡Háganle como puedan!…” Ellos dan la media vuelta y musitan para sus adentro: “Pues háganle ustedes como puedan…” El caso es que no se ve movimiento en los PRI locales como ocurría antaño, los famosos “generales” padecen también la “sequía” además de la desconfianza de los gobernadores, y la famosa maquinaria no se ha echado a andar (los números en las encuestas revelan su pasividad). ¿Por qué no se ha “aceitado” la maquinaria priista? Según voces de sus propios militantes, hay dos posibilidades: -Porque no le tienen confianza a la estructura del PRI y entonces no sueltan un solo peso para que comience el movimiento; -O porque no saben cómo hacerlo. El hecho es que a dos meses y medio de la elección, la maquinaria del PRI está parada”.

Domingo: la cacería de El Peje

El día del debate, parece que será dedicado a atacar a Andrés Manuel López Obrador gracias a su condición de puntero en las preferencias de voto en la mayoría de las encuestas. En La Jornada, el periodista Julio Hernández López, escribe que: “más que un debate, será un momento de definición. Este domingo, cuatro candidatos presidenciales de variopinta suerte tratarán de propiciar tropiezos del hasta ahora muy adelantado Andrés Manuel López Obrador […] con la esperanza de crear las condiciones que permitan el armado de una campaña mediática y política de feroz desacreditación del aspirante tabasqueño, cuya enorme ventaja en intención de voto […] no permite medias tintas a sus adversarios, para quienes el reloj político corre en contra. Hasta ahora, los opositores a Andrés Manuel López Obrador no han encontrado el punto de despegue para una campaña unificada de ataque contra el adversario que les causa pesadillas, desvelos, preocupación y miedo. […]. La aparición declarativa de Carlos Slim ha sido hasta ahora el intento más serio de dar cohesión a la corriente que desea frenar a como dé lugar a López Obrador. […]. El debate de este domingo podría suministrar el parque adecuado para soltar metralla política contra el máximo jefe de Morena. Al dúo original de persecutores, Meade y Anaya, el tribunal electoral federal agregó a un par de condenados a la derrota electoral que, sin embargo, pueden prestar especiales servicios de provocación. Margarita Zavala y, en especial Jaime Rodríguez Calderón, obtuvieron candidaturas enlodadas por el conjunto de trampas que practicaron en la recolección de firmas de apoyo a sus postulaciones presidenciales. No tienen probabilidades de triunfo, con intenciones de voto reducidas a un dígito, pero podrán aportar dosis de enredo y desaseo para complicar el camino de Andrés Manuel López Obrador. Para José Antonio Meade no parece haber mucho tiempo político disponible más allá del citado debate. Está anclado en un tercer lugar, con riesgo de ir más a la baja, lastrado por el Partido Revolucionario Institucional y por Enrique Peña Nieto, de cuyas pésimas calificaciones sociales no ha podido deshacerse el tecnócrata, sino todo lo contrario. […]. A Ricardo Anaya, significativamente, lo ha dejado en paz el gobierno que le detonó el escándalo de la nave industrial queretana y los indicios de lavado de dinero. Su distanciamiento de Los Pinos se manifestó en el curso de la elección del Estado de México […] y se agravó con la develación en Chihuahua de la triangulación delictiva de recursos federales para campañas priístas, denuncia a cargo del gobernador Javier Corral, antes opositor y ahora aliado de Anaya, a quien los priístas reprochan el haber apoyado las posturas de Corral. […]”.

Escote y debate

En los recientes debates, desgraciadamente la atención se la ha llevado un escote y no las propuestas o ideas presentadas por los candidatos. En el Reforma, el analista y periodista Sergio Sarmiento, escribe que: “es triste, pero cuando la gente recuerda los debates de candidatos presidenciales de nuestro país casi inevitablemente menciona a ‘la edecán’. Se refieren a la breve presentación en el debate del 6 de mayo de 2012 de Julia Orayen, una atractiva mujer que llevó a los candidatos las papeletas del sorteo del orden de participación y que iba enfundada en un ajustado vestido blanco de amplio escote. Orayen declaró después que nadie le dijo cómo vestirse. La noche del debate, sin embargo, se cubrió con un abrigo o una gabardina mientras esperaba su turno para quitárselo en el último momento, ya para salir al escenario, cuando nadie podía detenerla. […]. La nota fue la edecán y no las posiciones de los candidatos. El daño ha sido duradero. Muchos comentarios en redes sociales sobre el debate del próximo 22 de abril se refieren todavía a la edecán. Es una lástima porque los debates son importantes. En el de 1994 Diego Fernández de Cevallos sorprendió por su enérgica oratoria y se convirtió en una real amenaza para el priista Ernesto Zedillo. […]. En 2006 Andrés Manuel López Obrador, quien empezó el año con 10 puntos de ventaja, llegó todavía tres puntos adelante al primer debate, pero decidió saltárselo; después estaba ya un punto abajo […]. En 2012 los debates ayudaron a bajar la intención del voto de Enrique Peña Nieto, aunque no borraron su ventaja, e hicieron que López Obrador rebasara a Josefina Vázquez Mota para ocupar el segundo lugar. Este año tendremos tres debates en lugar de dos. El primero se realizará el próximo domingo con un formato nuevo, más dinámico y televisivo que en el pasado, aunque no hay formato perfecto. La idea es generar una discusión animada y, sobre todo, esclarecedora de las posiciones de los candidatos. […]. López Obrador llega al debate en un cómodo primer lugar en las encuestas. Esto lo volverá foco de ataques y cuestionamientos. Es natural, les ocurre a todos los punteros. Andrés Manuel no es un buen polemista; habla despacio y meditado, pero tiene un lenguaje llano que alcanza a la gente del pueblo. La mayor parte de los votantes ya decidió su voto. Sin embargo, los debates pueden definir a los indecisos, lo cual es crucial en una elección. Algunos son persuadidos por los argumentos, muchos más por quién les cae mejor. […]. Mucho dependerá, por supuesto, del tan odiado rating. Un debate sin público se vuelve irrelevante; también un debate que no gana un candidato sino un escote”.

Remontar o una decisión inédita

El día del primer debate presidencial de este proceso electoral se acerca, por ello es importante recordar los que se han desarrollado en otros procesos en México. En Milenio, el periodista Joaquín López Dóriga, escribe que: “pasado mañana será el octavo debate presidencial organizado por la autoridad electoral en la historia democrática de México, siendo el referente obligado el de 1994, por ser el primero. La expectación entonces, digo yo, equivalía, guardadas todas las proporciones, personajes, tiempos y antecedentes democráticos, a la que se vivió en la víspera del referente de todos los debates presidenciales televisados en la historia política del mundo, el de Richard Nixon-John F. Kennedy, el 26 de septiembre de 1960 […]. En México, el referente de los debates, le decía, fue aquel del 12 de mayo de 1994, donde el panista Diego Fernández de Cevallos lo ganó dos veces a Ernesto Zedillo y a Cuauhtémoc Cárdenas en la mesa y en el estacionamiento con los reporteros. De los debates de 2000 solo se recuerda cuando Francisco Labastida le dijo a Vicente Fox que le había dicho mariquita y Labestida. De 2006 quedó que Andrés Manuel López Obrador no asistió al primero, lo que tuvo su costo. De los de 2012 poco se recuerda. Ahora, este domingo va a ser la primera vez que López Obrador, que es su cuarto debate en tres campañas presidenciales, llega con esa ventaja en las encuestas; el candidato del Partido Revolucionario Institucional, José Antonio Meade, no es del partido; el Partido Acción Nacional va con el Partido de la Revolución Democrática, vía Ricardo Anaya, y se presentan los independientes: Margarita Zavala y Jaime Rodríguez. Hay un interés como nunca por este debate en el que también por primera vez se estrenan periodistas como moderadores activos mientras que los aspirantes buscarán que Anaya, que es bueno para este esgrima, avance a costa de Andrés Manuel y José Antonio Meade suba a costa de los dos. El tiempo corre, los plazos se cierran, quedan 68 días de campaña, y si esto no remonta podríamos estar en la antesala de ver algo inédito en la historia democrática del país. Una cesión”.

Nada es para siempre

Quien sea que gane las elecciones presidenciales va a tener que disfrutar ese día porque al siguiente, las cosas van a ser difíciles durante los siguientes 6 años que dure su periodo en la presidencia. En El Universal, Alejandro Hope, escribe que: “el miércoles me permití dar un humilde consejo dirigido a quien sea que gane la contienda electoral en julio: disfrute el día de su victoria. No volverá a tener un día de esos durante los siguientes seis años. Por definición, solo uno o una gana. Todos los demás perderán en ese domingo de elecciones. […]. Piensen en algunos ejemplos internacionales. En 1972, Richard Nixon fue reelecto Presidente de Estados Unidos con 61 por ciento de la votación nacional, el porcentaje más elevado alcanzado por candidato alguno en la historia de ese país. Veinte meses después renunciaría a su cargo, envuelto en el escándalo de Watergate. […]. Piensen en ejemplos nacionales: el Partido Revolucionario Institucional estaba en la lona en 2006, dividido desde el Comité Ejecutivo Nacional hasta el más humilde seccional, con un candidato presidencial que apenas había llegado al 22 por ciento del voto nacional. Para 2007, imponía condiciones en el Congreso y seis años después, retomó el poder. Y entonces, al momento del triunfo electoral de Enrique Peña Nieto, muchos predijeron que se abría una nueva era de dominio priísta. Más aún cuando a la victoria le siguió la aplanadora llamada Pacto por México y la oposición […] pareció casi fenecer. Pero, un lustro después, aquí estamos, con el Partido Revolucionario Institucional al borde del colapso, casi condenado a dejar Los Pinos después de solo un sexenio de restauración. Las cosas van a cambiar, pues. Es inevitable. En lo que cambian, hay muchas cosas por hacer, muchas leyes por modificar, muchas instituciones por transformar, muchos procesos por vigilar. Los que pierdan podrán tal vez encontrar espacios de colaboración con los ganadores sin que eso implique rendición o renuncia. […]. Tal vez algunos puedan adquirir el gusto de andar a la intemperie, de hacer política con poco dinero, poca estructura, poco aparato. Tal vez otros decidan crear algo nuevo: nuevas organizaciones, nuevos partidos. O no: tal vez opten por la vida privada, por construir empresas o escribir libros o hacer un intento loco de probar la vocación perdida en la adolescencia. Habrá momentos, por supuesto, en los que se cansen, se frustren, se sientan como conductor ciego agarrando el Periférico en sentido contrario. Y en esos instantes, ojalá recuerden que todo acaba y todo cambia. Ninguna victoria es permanente, ninguna derrota es para siempre”.

Antes del debate: Anaya

En su análisis de los candidatos presidenciales previo al debate del domingo, en el Excélsior, la periodista Yuriria Sierra: “‘¿quién es Ricardo Anaya? Para nosotros los electores, que muy poco sabemos de él, es una pregunta que necesita una respuesta […] a la brevedad…’, escribí hace casi cuatro meses. En aquel entonces no había datos que agregar a la biografía del panista, sólo su ascendente carrera política a velocidad récord y las dudas que surgieron sobre su patrimonio a partir de varias revelaciones periodísticas sobre presunto lavado de dinero. […]. Es un buen orador, sí. Jesús Silva Herzog comparó su arranque de campaña con una presentación a la Steve Jobs, porque Anaya se desenvuelve seguro en el escenario. Sabe qué decir, cómo moverse. Sin embargo, el domingo no se parará frente a un público ni asistirá a un evento hecho a su medida, donde se calcula incluso el minuto en que deben sonar los aplausos. El debate lo obliga a tener listas, ahora sí, las respuestas para las preguntas que se hacen alrededor de su figura. Durante las semanas que lleva en campaña ha sabido cómo esquivar los cuestionamientos. Al igual que López Obrador, ha optado por conceder muy pocas entrevistas. […]. Sería una estrategia equivocada y peligrosa para su campaña responder con evasivas a las preguntas que le harán sus contendientes. Su lugar en las encuestas tendrá que cuidarlo con respuestas, no sólo porque posiblemente hasta el puntero, Andrés Manuel López Obrador, pueda lanzarse contra él, sino porque José Antonio Meade es su más cercano competidor, pero también […] Margarita Zavala irá preparada como nadie […] para evidenciarlo y ponerlo contra la pared. Anaya ha aprovechado su condición de ser el más joven de los candidatos. En sus spots apuesta por el sueño de un México en donde la tecnología juega un papel importantísimo. Pantallas táctiles, iPads, gráficos en 3D. Anaya ha buscado conectar con ese México. Y no podemos culparlo por intentarlo […], pero sí podemos subrayar que ésta es apenas una parte de toda una estructura social, en la que buena parte de la población no tiene acceso permanente a estos servicios. ¿Qué mensaje llevará a los grupos más vulnerables? ¿Cómo planea hablarles si en el debate, ya lo dijo el Instituto Nacional Electoral, no podrán hacer uso ni de su iPad? […]. Tal vez se siente confiado dado el promedio de las encuestas, pero la gran incógnita es saber hasta qué punto dejará que sus electores lo conozcan; que deje ver lo que hay mucho más allá de los videos que él mismo sube a sus redes sociales, en los que se ve más como un personaje creado en un ‘cuarto de guerra’ y un laboratorio de imagen, que como un líder nato que conecta naturalmente con los electores. ¿Qué responderá cuando aparezcan las preguntas de su patrimonio y su estilo de vida? Por más que se ha empeñado, no ha logrado disipar las dudas sobre la nave industrial y sobre su familia en Atlanta. ¿Qué dirá cuando Zavala lo responsabilice de la ruptura de Acción Nacional? […] ¿Quién es Ricardo Anaya? ¿Lo podremos responder el día del debate o veremos una especie de spot en vivo? ¿O dejará que sean sus oponentes quienes nos lo “presenten”? Para él y su campaña sería catastrófico que les deje esta labor a sus oponentes. Mañana les toca a Margarita y a El Bronco”.

El amigo inglés de Andrés Manuel

Andrés Manuel López Obrador ha sabido moverse dentro de la política nacional, tanto así que está compitiendo por tercera vez por la presidencia, y lo sorprendente, es que también en el ámbito internacional ha comenzado a relacionarse con personas relevantes. En el Excélsior, Jorge Fernández Menéndez, escribe que: “Jeremy Corbyn es el líder del partido laborista inglés. Es un personaje extraño en el mundo de la socialdemocracia europea. Es un poco populista, un poco alternativo, ha estado muy involucrado en la lucha de los mineros ingleses desde la época de Margaret Thatcher y también en la solidaridad con diversas luchas de América Latina. […]. La derechización de la política inglesa le creó un espacio en el que terminó ganando el liderazgo del partido y de la oposición legislativa y lo tiene a un paso, de seguir las cosas así, de ser el próximo primer ministro de Gran Bretaña. Una suerte de Emmanuel Macron, pero volcado mucho más hacia la izquierda. Hace poco menos de dos años, un empresario mexicano, Alfonso Romo, en visita por Londres, pidió una cita con el recién nombrado líder del partido Laborista. Le quería hablar de su candidato para las elecciones del 2018, Andrés Manuel López Obrador. Corbyn no sabía ni de Romo ni de López Obrador, pero conocía, […], a un personaje que vivía en Vancouver, en Canadá. Era Napoleón Gómez Urrutia, que le recomendó a Corbyn que recibiera a Romo y se encontrara lo más rápidamente posible con López Obrador. […]. Corbyn y López Obrador se hicieron amigos. Corbyn invitó al ahora candidato de Morena al Parlamento británico, a Westminster. […]. A los pocos meses, Corbyn y su esposa Laura visitaron México. Su anfitrión fue López Obrador. […]. Pero en realidad nadie, ni en México ni mucho menos en Gran Bretaña, tomaron en cuenta esa relación hasta que, llegados a este 2018, Corbyn está a punto de convertirse en primer ministro británico y López Obrador tiene muchas posibilidades de ser presidente de México. No es un tema menor o una simple anécdota de páginas sociales. La de Corbyn es quizás la primera y más importante relación que tiene López Obrador con alguno de los líderes del mundo desarrollado. Corbyn y Andrés Manuel tienen casi la misma edad, Jeremy es más liberal y un Andrés más conservador, pero la verdad es que se parecen: son un poco ultras en algunos temas, un poco o un mucho nacionalistas; los dos son simpatizantes de la Cuba de Castro y no reniegan de Hugo Chávez, y tampoco le hacen ascos a la política populista. […]. Imaginemos por un momento un mundo donde Donald Trump es presidente de Estados Unidos, Corbyn primer ministro de Gran Bretaña y López Obrador presidente de México. Sería un mundo con fuertes presiones proteccionistas y con discursos nacionalistas enfrentados a una realidad: una globalización, donde los tres países tienen intereses comunes indudables. […]. Lo importante en todo esto es que López Obrador, un hombre con pocas relaciones o interlocutores internacionales, ha encontrado en el líder laborista inglés al personaje que necesitaba, incluso salvando la barrera del idioma, para entrar, si llega a la Presidencia, al mundo de la diplomacia internacional sin intermediarios. Es un dato y una relación para tomar muy en cuenta”.

Problemas en Presidencia

De gira por Alemania, el Presidente Peña ofrecerá una cena de gala a la canciller alemana, Ángela Merkel y aunque todo parecería bajo control, algunos de los gobernadores que estaban contemplados para asistir, fueron “desinvitados” al evento. En Reforma, en Templo Mayor, asegura que: “como si le hicieran falta frentes de batalla, alguien ya metió en problemas al Presidente Enrique Peña Nieto con once gobernadores de todos los colores. Resulta que en estos días se lleva a cabo la importante feria industrial Hannover Messe y el mandatario viajará a Alemania, ya que nuestro país es por primera vez el invitado especial del encuentro y, de hecho, participan 110 empresas nacionales. La agenda de Peña incluye ofrecerle el domingo una cena de gala a la canciller alemana, Ángela Merkel, en la imponente Galería Herrenhausen. Pero, ¿qué creen? Que alguien en Presidencia desinvitó a los gobernadores que andarán por allá y que también financiaron y participan en el Pabellón México. Entre los once gobernadores que fueron desairados están los priistas Alejandro Murat, Alejandro Moreno y Omar Fayad; y los panistas Miguel Márquez, Martín Orozco y José Antonio Gali. Como si el horno estuviera para andar quemando puentes”.

Tiempo de reconciliación

Es sabido que dentro del Partido Acción Nacional había una ruptura entre Gustavo Madero y Ricardo Anaya, después de que el candidato presidencial no brindara su apoyo a Madero para que fuera el líder de su partido en  la Cámara de Diputados, pero por el momento ese pleito quedó de lado y durante su estancia en Chihuahua, Ricardo Anaya estuvo junto con Gustavo Madero, tratando de dar quizá un mensaje de unidad ante la proximidad de las elecciones, y en Milenio, su columna de trascendidos Trascendió, asegura que: “que la visita a Chihuahua de Ricardo Anaya, aspirante presidencial de la coalición Por México al Frente, no solo sirvió para pedir el voto, sino para reconciliarse con su mentor Gustavo Madero, quien lo acusó de traidor por no apoyarlo para que encabezara la bancada panista en San Lázaro. Las rencillas quedaron en el pasado luego de que ambos se elogiaran y fundieran en un abrazo, pero hubo más. En todos los eventos que encabezó el candidato siempre se mantuvo el anfitrión a su derecha. Ya empezó a pegar el llamado al voto útil, al menos dentro del Partido Acción Nacional”.

Desbandada

Una nueva desbandada del Partido Revolucionario Institucional se acaba de dar en Morelos. En el Excélsior, su columna de trascendidos, Frentes Políticos, asegura que: “cuando un proyecto te llama la atención más que el de tu propio partido, la química política surte efecto. Esto sucedió en el Partido Revolucionario Institucional de Cuautla, pues, encabezados por Ricardo Arizmendi, ex candidato a la presidencia municipal por el tricolor, más de 50 líderes regionales renunciaron para incorporarse al proyecto de Rodrigo Gayosso, aspirante del Partido de la Revolución Democrática a la gubernatura de Morelos. La noticia cimbró las estructuras del priismo, pues Arizmendi aseveró que se iban al ‘proyecto ganador llamado Rodrigo Gayosso, ya que el Partido Revolucionario Institucional se viene desmembrando’. Como bienvenida, Gayosso le dijo: ‘Lo importante no es de dónde venimos, sino hacia dónde vamos’. Un hombre debe estar preocupado. Se apellida Ochoa Reza. ¿O le da igual?”.

http://www.excelsior.com.mx/opinion/frentes-politicos/frentes-politicos/1233682

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