Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del sábado 21 de abril de 2018. Expectativas para el primer debate: 1) Todos contra AMLO; 2) El Bronco específicamente a la caza de AMLO; 3) Combinaciones de ataque entre los demás candidatos: Anaya vs Meade; Margarita vs Anaya; 4) AMLO tratando de no engancharse, repeler los ataques y marcar agenda. ¿Todavía puede perder López Obrador? ¿Cambiarán las preferencias? Es tal el resentimiento en contra del estado actual de cosas y tales los desfiguros que se hacen para denostar al tabasqueño, que el votante ha terminado por convencerse de que López Obrador es la única alternativa para pensar en un México distinto.

Rayuela

Incapaces de lograr una reconciliación, sólo piensan en la venganza.

Expectativas para el primer debate

Alejandro Moreno, en El Financiero lanza la pregunta: ¿Qué debemos esperar del primer debate presidencial este domingo 22 de abril?: “las encuestas van a guiar buena parte de la dinámica del debate. (…) Me refiero más bien al valor estratégico y discursivo que los sondeos ofrecen a los candidatos y sus campañas para enfrentar este primer debate. Identificar quién es el puntero y actuar acorde; calcular los costos de engancharse, o no, con otros contendientes, según su posición en las encuestas, y calcular los beneficios de tocar ciertos temas de cierta forma, dirigiéndose específicamente a algunos subgrupos de votantes. Los ejercicios demoscópicos recientes muestran a AMLO como puntero. La encuesta de Reforma, del miércoles pasado, lo ubica con 22 puntos de ventaja, una distancia considerable. Detrás de él se ubican Ricardo Anaya y José Antonio Meade, cuyo apoyo combinado (44 por ciento) es menor a lo que tiene AMLO (48 por ciento), según el estudio. Y combinando un apoyo de 8.0 por ciento aparecen las candidaturas independientes de Margarita Zavala y El Bronco. Con base en estas posiciones, que puntos más o puntos menos corroboran la mayoría de los estudios de opinión, delineo mi primera expectativa: todos irán contra el puntero. La campaña de López Obrador ha tenido la peculiaridad de fijar buena parte de la agenda en la discusión nacional. Lo que propone o critica AMLO se vuelve tema. (…) Ante el embate de todos contra AMLO, veremos no solamente su capacidad de serenarse y de responder a sus críticos, sino también la calidad del teflón que trae el morenista en estas elecciones. López Obrador tiene su mayor fuerza entre el electorado joven, por lo cual creo que buena parte de las críticas al puntero podrían centrarse en temas a los que son sensibles los millennials. Pero también, temas sensibles a los electores del norte del país, que están virando inusualmente a la izquierda. Una segunda expectativa es que también habrá combinaciones de ataque entre los demás candidatos. Los lógicamente esperables son ataques de Zavala a Anaya, esperando jalar votos panistas, o los que irán de un lado a otro entre Anaya y Meade, quienes han disputado férreamente ese segundo lugar que los pueda catapultar a una final en la que movilicen el voto útil. En los debates también hemos visto autoataques inadvertidos, como el de Labastida en 2000: “me dijo chaparro, mariquita…”. Quizás el candidato pensó que apelaría a la compasión de los votantes, pero fue un autogol. Hay material para ello en este proceso y veremos si algunos caen en la tentación de utilizar el recurso: Anaya, victimizándose por el tema lavado de dinero; Zavala, haciendo lo propio por su salida del PAN, o El Bronco, señalando los enormes obstáculos a los candidatos independientes. Mi tercera expectativa tiene que ver con El Bronco. Para algunos llega desacreditado al debate por el tema de las firmas y el Tribunal, pero es un político que puede dar la sorpresa porque habla directo, claro y con palabras resonantes, esas que suelen quedar en la memoria de los debates más que muchas otras. Basta recordar a Fox con sus víboras y tepocatas del 2000. El Bronco tiene todo que ganar y nada que perder, y eso le da mucha más libertad para experimentar. A los otros candidatos los espero más cautos. Mi cuarta expectativa es que los ataques a AMLO no serán suficientes si otros quieren salir airosos del debate. La diferenciación también está en la sustancia, en la propuesta, y aquí hay espacio para todos, pero en especial para Anaya y Meade, cuyos discursos seguramente enfatizarán las propuestas. En esto el riesgo es sonar demasiado técnico, como Hillary en 2016, o como Al Gore en 2000. Los tecnicismos brillan entre expertos, pero difícilmente jalan entre el electorado. Mi última expectativa es la más breve: espero que sea un buen debate. Ya veremos qué dicen las encuestas.

¿Todavía puede perder López Obrador?

Jorge Zepeda Patterson escribe en El País, que cuantos más esfuerzos hace el sistema para satanizar al lobo, más parece crecer la simpatía por el lobo: “Hay más rabia que susto en México, dice la académica Soledad Loaeza, y las encuestas le dan la razón. El más reciente de los sondeos serios (diario Reforma) otorga al líder de la oposición, Andrés Manuel López Obrador, el 48% de la intención de voto con 22 puntos por arriba de su más cercano competidor y 30 puntos por encima del candidato del partido en el poder. A 10 semanas de la elección, en cualquier otro país tal ventaja se consideraría decisiva y haría de los comicios un simple trámite. Pero no en México, en donde los políticos están convencidos de que la virgen de Guadalupe es priista; o más importante que eso, ¡los ministros del tribunal electoral que calificará las elecciones son priistas! Para el que tiene fe en sus dioses, como es el caso de Los Pinos, el milagro está a la vuelta de la esquina. El resto de los mortales solo podemos hacernos la pregunta: ¿De veras? ¿Es posible que López Obrador pueda perder esa ventaja? Parecería imposible. La radio, la televisión y buena parte de la prensa, beneficiarios de los ingentes presupuestos de publicidad oficial, han martillado al votante durante meses sobre los males que la llegada de López Obrador provocaría al país. Pero entre más esfuerzos hace el sistema para satanizar al lobo más parece crecer la simpatía por el lobo. Es tal el resentimiento en contra del estado actual de cosas y tales los desfiguros que se hacen para denostar al tabasqueño, que el votante ha terminado por convencerse de que López Obrador es la única alternativa para pensar en un México distinto. En efecto, la gente tiene más rabia que miedo. Está claro que tras 12 años de campañas negativas en su contra ya no hay cadáver, real o inventando, que pueda afectar de manera sensible la opinión sobre Andrés Manuel. Ciertamente el 48% de la intención de voto no es mayoría. Con esta lógica se ha jugado con la idea de que la alianza de los principales rivales sería capaz de vencer al líder. El llamado voto útil entre PRI y PAN. Pero incluso esta tesis sale mal parada ante la realidad. En este momento la intención de voto de López Obrador supera a la de Ricardo Anaya y José Antonio Meade sumados. Peor aún, cuando se pregunta a los seguidores de estos dos últimos cuál sería su segunda opción en caso de que su candidato no esté en condiciones de ganar, buena parte de ellos optan por el propio Andrés Manuel. Descartadas las opciones depositadas en el voto útil o en las campañas negativas cabría preguntarse qué otro factor podría revertir lo que parece inexorable. Uno serían los debates entre los contendientes (el primero de los cuales tendrá lugar este domingo). En teoría, un papel desastroso por parte del líder de la izquierda, a quien se le considera un débil polemista, podría marcar el principio de su caída. Parecería una esperanza peregrina. No solo porque está demostrado que los debates impactan apenas ligeramente en la intención del voto; se trata además de un encuentro entre cinco contendientes y tres moderadores; demasiado fragmentado para provocar un cambio radical en la imagen de cualquiera de ellos. Lo cual nos deja frente a las últimas dos opciones, ambas impronunciables: el fraude electoral y la eliminación jurídica o física del contendiente. Hasta ahora se ha dicho que López Obrador tendría que vencer por un margen de al menos 5% para evitar la tentación de un triunfo de las autoridades mediante la manipulación poselectoral. Una ventaja cercana a los 10 obligaría a poco menos que un golpe de Estado de parte de los priistas, algo que se antoja insalvable, aun para ellos. La eliminación por vía jurídica ya se intentó en 2006 cuando el presidente Vicente Fox buscó el desafuero de López Obrador para sacarlo de la boleta electoral. No es una opción descartable y los últimos fallos del tribunal electoral o de la Procuraduría dejan en claro que los ministros, o en su caso los diputados o funcionarios, cuentan con la disciplina priista y la falta de escrúpulos necesaria para sacarla adelante. ¿Estaría dispuesta la presidencia a incendiar el país para imponer esta opción extrema? Y desde luego está la solución final, de la que solo se habla en charlas de sobremesa de los restaurantes del barrio alto. Pero antes de pagar la cuenta al final de esas tertulias, los comensales tendrían que preguntarse sobre las consecuencias de una solución final: ¿adónde se iría esa rabia que hoy supera al susto?

¿Cambiarán las preferencias?

Los debates en México no despiertan mucho interés a pesar de que en ellos es donde se pueden marcar diferencias o cambiar preferencias. En El Universal, Leonardo Curzio, escribe que: “hace unos meses escribía que parecía mentira que la democracia mexicana siguiera suspirando por las glorias de los 90. Comentaba que algo está mal cuando permanece aquello de que el mejor debate entre candidatos presidenciales fue el que protagonizaron Zedillo, Cárdenas y Fernández de Cevallos. […]. Una diferencia fundamental es que […] los candidatos de oposición poco aparecían en tv y radio, y si lo hacían era para tundirlos. Todo estaba por descubrir para el ciudadano poco politizado en ese primer ejercicio de deliberación pública y, por supuesto, movió el tablero de una forma hoy inimaginable. La imagen mítica del ingeniero sufrió un duro revés y Diego Fernández, hasta entonces desconocido para el gran público, ponía contra las cuerdas a un taciturno candidato oficial. Hoy tal cosa no puede ocurrir porque el candidato opositor ha aparecido con más frecuencia en tv que el abanderado del Partido Revolucionario Institucional y es el más conocido de todos. […]. Hoy, el único que tiene algo importante que ganar es El Bronco, quien buscará espectacularidad y posicionarse como alternativa. Pero de los candidatos de las coaliciones y Margarita espero más bien que reafirmen su posición ante sus bases y, en todo caso, fortalezcan su imagen de paladín anti-AMLO, que será lo que todos buscarán, vista la ventaja con la que llega al debate. […]. La segunda diferencia es que la innovación de los 90 se estancó en términos de formato. No hemos tenido debates atractivos e interesantes. A mi juicio, no se han alineado los incentivos para que ocurra, empezando por un contexto de exigencia a candidatos y terminando porque nadie se atrevía a arriesgar salvo que estuviese muy descolgado en las encuestas. […]. Con poca voluntad de los políticos no hay forma de que caminen los debates. Han puesto todas las reglas posibles para acartonarlos y limitarlos. Los que hemos conducido alguno sabemos que los partidos están más preocupados por los tiros de cámara y por garantizar que no habrá ninguna sorpresa para su abanderado, que en prepararlo para un brillante desempeño. Esta vez parece que hemos logrado garantizar que los candidatos tengan alguna presión de los conductores para que no eludan las preguntas. El trabajo de la Comisión de Debates del INE es francamente prometedor. […]. En resumen, el debate del domingo no cambiará demasiado las preferencias electorales, pero puede establecer un antes y un después en el formato de este tipo de ejercicios”.

Antes del debate: Margarita y El Bronco

A un día del primer debate presidencial, hay dos candidatos que se ofrecen a los votantes como independientes que llegaron a la boleta con trampas en la recolección de firmas: En el Excélsior, Yuriria Sierra, escribe que: “dos independientes por primera vez en una contienda por la Presidencia de la República. Dos por primera vez en un debate. […]. Pero, ¿cómo llegan los dos candidatos que no caminan bajo el abrazo de un partido? Margarita se ha preparado para este encuentro desde 2015, cuando hizo oficial que buscaría la candidatura que, aunque finalmente no se dio como parte de Acción Nacional, logró superar, digo, cubrir los requisitos estipulados. Zavala fue construyendo una candidatura que sí, ya está en marcha, pero que numéricamente no ha resultado tan rentable como lo esperaríamos o como lo anunció al renunciar al Partido Acción Nacional. […]. Margarita tiene el enorme mérito de haber renunciado a su militancia de toda la vida, recorrido todo el país en busca de firmas para finalmente lograr la candidatura independiente, según lo que dice el Instituto Nacional Electoral, pero continúa promoviendo el proyecto que tenía planeado bajo la bandera de Acción Nacional. Hasta los colores de su logo son los institucionales de su ex partido. Sigue operando en la lógica y modo panista, la mayoría de sus colaboradores vienen de ahí. […]. Jaime Rodríguez Calderón tiene el panorama todavía más complicado: su presencia en la boleta es sumamente cuestionada. A partir de esto, ¿cómo podrá validar su llegada a la boleta? […]. Rodríguez Calderón debe tener en cuenta que si habla de una candidatura presidencial, no puede armar su campaña como lo hizo cuando se lanzó por la gubernatura de Nuevo León. México no puede verse a través de las redes sociales. No puede limitar su interacción a los espacios que ofrece el internet, tampoco puede apostarlo todo a su personalidad ‘políticamente incorrecta’. ¿Qué va a ofrecer El Bronco si no tiene aún una plataforma construida, lo que evidencia su falta de conocimientos en política pública? ¿Cómo va a enfrentarse con cuatro candidatos que tienen todo trazado? Si sólo responde con ‘ocurrencias’ corre el riesgo de no ser tomado ni lejanamente como un candidato serio. […]. Ambos deben llegar al debate sabiendo que los candidatos abrazados por los partidos pueden darles un manazo sobre la mesa y simplemente soplar. Pero el único que tendría incentivos es, posiblemente, el único que no lo hará”.

El triunfo

En un ejercicio en donde se imagina a Andrés Manuel López Obrador, hoy en Reforma, el escritor Jorge Volpi, escribe sobre los futuros escenarios en donde se tendría que desenvolver el candidato de Morena para tratar de convencer de sumarse a su proyecto a quienes no lo apoyan. Escribe que: “imaginemos que no estamos en abril, sino en julio o agosto. Imaginemos que las condiciones de la contienda electoral no han variado, o no lo suficiente. Imaginemos que la encuesta publicada por este diario hace unos días no se equivoca y sus tendencias se mantienen. Imaginemos que ninguna de las estrategias del Partido Revolucionario Institucional o del Frente tienen éxito. Imaginemos que el debate de este domingo apenas tiene efectos sobre los votantes. Imaginemos, pues, que López Obrador gana la elección. Y, una vez allí, calibremos las razones de su victoria y evaluemos su posible desempeño. […]. Desde nuestra atropellada transición a la democracia, Partido Acción Nacional y Partido Revolucionario Institucional se han sucedido en el poder: entre el 2000 y el 2012, los ciudadanos le concedieron al principal partido de oposición y, entre 2012 y 2018, otra vez al antiguo partido oficial, la oportunidad de gobernarnos. ¿Y qué ocurrió? Ambos partidos lanzaron a México hacia uno de los periodos más oscuros de su historia: cientos de comunidades deshechas, un país moralmente desquebrajado, incontables violaciones a los derechos humanos y una corrupción que mancha a toda la clase política. […]. Esta sola razón debería bastar para que los ciudadanos le entregasen el poder a cualquiera que no fuese el Partido Revolucionario Institucional o el Partido Acción Nacional. Esto es, quizás, lo que no acaban de paladear los detractores de López Obrador: a la mayoría le resulta difícil imaginar que el país pueda ser gobernado de peor manera que hasta ahora. […]. A estas alturas, ya pocos se creen que Andrés Manuel López Obrador vaya a convertirnos en otra Venezuela: nada en su trayectoria lo acerca a Chávez, Maduro o Correa y, de hecho, ya no defiende casi ninguna posición de izquierda. Para este tercer intento, el caudillo ha limado sus aristas […], se ha reconciliado con viejos rivales, ha sumado a sus huestes a los prófugos de los demás partidos y ha construido una alianza tan variopinta que recuerda, en efecto, al Partido Revolucionario Institucional de los cincuenta que hoy ve con honda nostalgia […]. Sus peligros son otros. El primero, su carácter dogmático y su talante de redentor: esa creencia de que su mera integridad personal bastará para acabar con la corrupción, perdonando graciosamente a quien se le ocurre, en vez de decantarse por una Fiscalía Anticorrupción -o como quisiera llamarle- en verdad independiente, con capacidades para investigar y perseguir los delitos. Más grave es su pasión por la democracia plebiscitaria: la posibilidad de consultar cada una de sus decisiones con el pueblo, incluyendo los derechos civiles: una postura propia no de un izquierdista, sino de un ultraconservador. Y aún más grave: no entender que, si México está destruido por la violencia, es porque nuestra política contra las drogas ha sido profundamente errada y porque carecemos de un sistema de justicia confiable y eficaz. López Obrador tendría que entender desde ahora que, si resulta elegido, será para emprender una estrategia radicalmente distinta de la de sus predecesores, la cual debe comenzar con la legalización urgente de la mariguana, un tema que parece aterrarle tanto como el matrimonio igualitario o el aborto, y por la construcción de un sistema de justicia sólido e independiente, otro tema que apenas aborda en sus discursos. […]”.

Jaguar tricolor

Después de pelear por aparecer en la boleta electoral como candidato independiente, Armando Ríos Piter, decidió unirse a la campaña de José Antonio Meade. En Milenio, su columna de trascendidos Trascendió, asegura que: “que después de difundir toda la semana, siempre en privado, que se iba con José Antonio Meade tras su fracaso como aspirante a candidato independiente, al final anoche Armando Ríos Piter se animó a ventilar su conversión de forma pública en un encuentro con el abanderado del Partido Revolucionario Institucional en la taquería La Lechuza. Por supuesto, más tardaron Meade en dar a conocer la invitación y ‘El Jaguar’ en aceptarla que los troles de las redes sociales en apuntar que vaya lógica la del Partido Revolucionario Institucional, pues aspira a ganar más adeptos haciéndose de los servicios de alguien que hizo trampa en la recolección de firmas, de acuerdo con la revisión del Instituto Nacional Electoral”.

Cambio de estrategia

Con tal de subir un poco en las encuestas, se comenta que Ricardo Anaya va a cambiar su estrategia de campaña, enfatizando que es el púnico capaz de derrotar a AMLO: “En Reforma, Templo Mayor, asegura que: “aunque no sonó la alerta sísmica, vaya que se sacudió el cuartel general de Ricardo Anaya tras la más reciente encuesta presidencial. Cuentan que el candidato dio un manazo en la mesa y ordenó hacer ajustes drásticos en la campaña. Y que, en lugar de deprimirse, los estrategas lo tomaron con buen ánimo, de ahí que la tirada es posicionar la idea de que sólo el panista puede derrotar a ‘ya saben quién’. Por lo pronto, se dice que Santiago Creel tomará un papel de mucho mayor protagonismo en la coordinación de la campaña anayista. Y también se supo que está analizando cancelar las conferencias mañaneras de Anaya, pues no han logrado el objetivo de marcar la agenda electoral del día… y nomás traen desmañanado al candidato”.

Slim “fast”

Las declaraciones del empresario Carlos Slim respecto al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, defendiendo su realización, ha tenido repercusiones en Andrés Manuel López Obrador. En Milenio, Hugo García Michel, escribe que: “no sé qué tanto pueda influir en las preferencias electorales. Nada quizá por el momento. Sin embargo, cuán sorpresiva fue la conferencia de prensa a la que convocó Carlos Slim para establecer su posición ante la controversia suscitada por la construcción del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Muchos pensábamos que en el fondo, discretamente, Slim seguía siendo un aliado de Andrés Manuel López Obrador, como lo fue cuando el tabasqueño era Jefe de Gobierno del ex Distrito Federal. Pero qué equivocados estábamos. Las fuertes críticas del más poderoso hombre de empresa de México y una de las personas más ricas del planeta a la loca idea de clausurar las obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de México y levantar el nuevo puerto aéreo en la base militar de Santa Lucía resultaron inusitadas y la inmediata y visceral respuesta de López, al afirmar que Carlos Salinas y el presidente Peña Nieto habían enviado al ingeniero Slim en plan de mandadero, demostró que el rompimiento entre Andrés Manuel López Obrador y el empresario es un hecho […]. ¿Qué consecuencias tendrá esto en el futuro inmediato, en vísperas del primer debate entre los candidatos a la Presidencia y a poco más de dos meses de la jornada electoral? No lo sabemos. Dicen que las encuestas aún no lo reflejan […] y que Andrés Manuel sigue viento en popa hacia Palacio Nacional. Yo no estaría tan seguro. El hecho real es que varios de los poderes fácticos de este país e incluso de más allá de nuestras fronteras muestran cada vez una mayor aprehensión hacia la candidatura de López Obrador, un temor que va creciendo. ¿Cómo interpretamos eso? ¿Cómo lo leemos? No se trata de caer en alarmismos, pero hay intereses económicos, sociales y políticos que se sienten abiertamente amenazados por las cotidianas y muchas veces soberbias declaraciones de quien ya se siente presidente de México. Y así lo ven también muchos de sus seguidores. […]. Lo cierto es que todavía quedan cosas por vivir”.

@loscabareteros

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