Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del martes 24 de abril de 2018. Meade, Anaya y la corrupción: Los temas de corrupción a nivel partidos concentraron 62% de la cobertura, principalmente por las acusaciones a Ricardo Anaya de lavado de dinero y a José Antonio Meade por el caso de la Sedesol… La Operación Meade. Anaya, elevación bajo reserva… El dilema que beneficia a AMLO…

Rayuela

Su misión es hacer del mundo un lugar inseguro. Está en su ADN. Trump lo está consiguiendo.

Meade, Anaya y la corrupción

Salvador Camarena escribe en El Financiero respecto de un análisis de reputación mediática, realizado por Central de Inteligencia Política, aporta una pista para entender la ventaja de López Obrador: “Ese reporte contabilizó la cobertura mediática en torno a la corrupción en el mes de febrero de 2018. En ese análisis de 95 medios (TV, Radio y Prensa) se detectaron todas las menciones de “peculado”, “corrupción”, “tráfico de influencias”, “desvío de recursos”, “lavado de dinero” y “fraude” relacionados con las palabras “funcionario”, “gobernador”, “diputado”, “alcalde”, “presidente”, “secretario”, “senador”, “empresario”, “empresa” y “contratista”. Central de Inteligencia Política contabilizó las menciones relativas a corrupción publicadas y/o emitidas esos 28 días, y le asignó un valor total de 383.9 millones de pesos. En el desglose de ese monto destacan, por su volumen, las acusaciones que intercambiaron por corrupción los candidatos Ricardo Anaya y José Antonio Meade. Ellos solitos fueron protagonistas de una cobertura que, mediante la metodología de CIP, estaría valorada en 195.9 millones de pesos. Dicho de otra manera, poco más de la mitad de todo lo se publicó sobre corrupción en febrero tuvo la cara del queretano o del exsecretario de Hacienda. “Los temas de corrupción a nivel partidos concentraron 62% de la cobertura, principalmente por las acusaciones a Ricardo Anaya de lavado de dinero y a José Antonio Meade por el caso de la Sedesol”, señala el reporte de CIP al que se tuvo acceso. En una página de ese informe, titulada El Cuadro de Honor, se expone que “en el mes de febrero, el cruce de acusaciones de corrupción entre Anaya y Meade representó el 51% de la cobertura dedicada a corrupción. 31% Anaya, y 20% Meade”. En sentido contrario, en ese mes, la consultora destaca que “ni Morena ni PRD tuvieron cobertura sobre corrupción en el mes de febrero”. (…) En el posdebate de este lunes, Meade ha insistido en señalamientos hacia el panista; en cambio, Anaya le dijo a Ciro Gómez Leyva que de ahora en adelante se lanzará prioritariamente a la caza de López Obrador. Si de verdad Anaya logra que los ataques de Meade no le distraigan, si no vuelve a dedicar semanas a explicar (es un decir) sus negocios inmobiliarios, sus posibilidades de convertirse en el retador de AMLO crecerán. Claro, eso ocurrirá sólo si los priistas sumidos en el tercer lugar, antes y después del debate, entienden que atacar a Anaya es premiar al tabasqueño. No falta mucho para ver para quién trabajan”.

La Operación Meade

Raymundo Rivapalacio escribe en El Financiero sobre la campaña sucia contra el puntero: “Formalmente, La Operación, como la llaman algunos en los cuartos de guerra de José Antonio Meade, comenzó la semana pasada. Inició informalmente en el portal Pejeleaks, que de acuerdo con personas altamente informadas, no tiene vínculos orgánicos entre sus financieros y promotores con el equipo del candidato presidencial, que publicó las presuntas ligas de los familiares del puntero en las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, con el narcotráfico. A partir de ahí, mientras el sector privado rompía los puentes con él, señalándolo de intolerante al diálogo, revelaciones en la prensa sobre otros vínculos de personas cercanas a él con el crimen organizado y un realineamiento en los liderazgos políticos, fueron estableciendo los nuevos términos de la batalla electoral. La Operación, si era importante la semana pasada, se volvió crucial una vez pasado el primer debate presidencial este domingo, donde las diferentes mediciones sobre el comportamiento de los candidatos –aquellas que no son manipuladas por el PRI–, arrumbaron a Meade a un lejano tercer lugar, y quizás fuera de competencia. El candidato de la coalición frentista, Ricardo Anaya, con quien disputaba el segundo lugar en preferencia electoral, fue calificado unánimemente como el ganador, mientras que el puntero López Obrador probablemente mantendrá la tendencia y una cómoda ventaja sobre sus adversarios. La operación de pinzas, por tanto, dejó de ser una acción estratégica para convertirse en una de sobrevivencia. Pejeleaks.org es financiado por varios importantes empresarios que, de acuerdo con la información que ha trascendido sobre sus orígenes, no apoyan a Meade, sino al candidato frentista Ricardo Anaya. (…) Miembros del equipo de campaña de Meade e integrantes de sus cuartos de guerra, dijeron que se está trabajando para que otros gobernadores, legisladores y funcionarios electos a nivel local del PAN y del PRD, abandonen a Anaya y se sumen al priista. Este realineamiento y las condiciones políticas que se están creando, buscan la construcción del voto útil a favor de Meade. Hasta este momento, el voto estratégico de 2006 y 2012 es inexistente porque Anaya cometió el error táctico de denunciar la corrupción como un tema de partido (el PRI), y no personalizó sus acusaciones. Al incurrir en generalizaciones, convirtió al partido en su enemigo y produjo que el voto que no vaya a ser por él, opte por López Obrador como su segunda opción. Tras el debate presidencial se registró un sentimiento de desánimo en las áreas de decisión de la campaña presidencial, al estar perdiendo oportunidades por no deslindarse del presidente Enrique Peña Nieto, que como se apreció en el debate, es el ancla que lo tiene en el fondo del mar. Cada vez más, este rompimiento pactado es precondición para que funcione La Operación, porque si no se alinean todas las fuerzas contra López Obrador detrás de Meade, consideran, todo habrá sido inútil y su candidatura terminará en testimonial. Pero aquí existe otro problema: Peña Nieto no es dúctil a pactar la ruptura para salvar la Presidencia. O sea, La Operación Meade se encuentra en un dilema hasta ahora insalvable”.

Anaya, elevación bajo reserva

La derivación más inmediatamente observable del primer debate entre candidatos presidenciales ha sido la habilitación del panista Ricardo Anaya Cortés (RAC) como presunto ganador y, en esa secuencia, como principal tirador electoral en contra del delantero Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Con un discurso estructurado, buena oratoria y una bien estudiada capacidad para atacar a los adversarios en sus puntos débiles (en específico al tabasqueño, pero también a José Antonio Meade Kuribreña), Anaya Cortés parecería haber llegado al punto de constituirse inequívocamente en el verdadero y único retador real y viable de AMLO. Varios medios de comunicación y mesas de analistas políticos comenzaron a tallar ayer la figura en madera queretana de quien habría de encarnar unitariamente la rebelión (hasta ahora silenciosa, o cuando menos, poco eficaz) de los antipejistas. La planicie discursiva del abanderado priísta, José Antonio Meade, y su recurrencia al método de la ecuanimidad y la ortodoxia (la complicidad, dicen sus adversarios), estarían condenándolo a un tercer lugar en riesgo de bajar aún más, según los emocionados cálculos de los anayistas o, para abrir más el abanico, de los frentistas. Sin embargo, en la política, y más en la mexicana, no todo lo que brilla es oro, de la misma manera que no todo lo que no brilla y debería estar bajo investigación judicial (como es el caso del neoleonés apodado El Bronco) puede ser desechado: el súbito fulgor hechizo de Anaya Cortés como primer actor posdebate debe ser visto con reservas, sin perder de vista el amplio y sorprendente catálogo de marrullerías que aún pueden ser usadas para intentar la resurrección del pentasecretario de Estado, ahora identificado con un emblema tridorito. Anaya, tan brioso como mentiroso (ayer mismo se confirmaron como falsas algunas de las aseveraciones que a sangre fría soltó el panista durante el debate), mantiene en la mirilla política no sólo a Meade y al sistema priísta, sino al actual jefe máximo del PRI y de la candidatura de José Antonio, el viajero pero no distante EPN. Con toda claridad te pregunto, ¿tu jefe, Enrique Peña Nieto, ha gobernado con honestidad?, planteó este domingo Anaya a Meade, sin que este se animara a esbozar una respuesta al respecto. Ayer mismo, el mencionado Meade insistió en que el expediente judicial del terreno en una zona industrial de Querétaro debe tener como consecuencia la inhabilitación moral, política y jurídica de Anaya. Hasta ahora, la procuraduría federal de justicia no ha señalado formalmente al panista como partícipe de ese entramado con evidencias de lavado de dinero. Al contrario, la PGR ha recibido la propiedad a discusión como una especie de desagravio, y ha dejado fuera de la acción penal a un chofer utilizado como prestanombres para crear y manejar la empresa involucrada en el caso Anaya (se dice que esos pasos de distensión provienen de gestiones de avenimiento realizadas por personajes de alto poder que buscan que Meade y Anaya terminen en una sola candidatura antipejista). Planteado de otra manera: el encono entre Peña/Meade y Anaya continúa y la guillotina del expediente judicial queretano está siempre dispuesta a caer más allá de los expiatorios límites hasta ahora tocados. La adhesión, aparentemente contra todo sentido lógico, del gobernador michoacano Silvano Aureoles a Meade, y el coqueteo para que otros mandatarios estatales, perredistas y panistas, hagan lo mismo, sugiere que algo en las alturas del poder se cocina y se ofrece para seguir todos a la mesa del mismo banquete. A fin de cuentas, a Anaya se le está dejando fuera de las sanciones judiciales por el caso de la nave industrial queretana y eso, más la intocabilidad de sus familiares directos y políticos, podría ser la moneda final de ajustes, que permitiera una sola candidatura de facto, contra López Obrador, pero no necesariamente contra el hoy aparentemente tan triunfador Anaya.

El dilema que beneficia a AMLO

Leo Zuckermann en Excélsior argumenta que, para ganar, deben unirse todos contra López Obrador: El debate presidencial del domingo se dividió en dos tiempos. En la primera parte —aproximadamente una hora— todos los candidatos atacaron sin misericordia a López Obrador. Era previsible, tomando en cuenta la gran ventaja con la que el morenista había llegado al debate. AMLO, en lugar de contraatacar, se mantuvo en silencio o repitió sus múltiples clichés que ha desarrollado a lo largo de tres campañas presidenciales. Su lenguaje corporal era, sin embargo, elocuentísimo: Se veía incómodo, molesto e irritado. Los ataques, sin duda, estaban funcionando. En eso, increíblemente, Anaya y Meade decidieron cambiar sus baterías para atacarse entre ellos. En ese preciso momento, la cámara tomó a López Obrador quien, por primera ocasión, sonreía. Pues claro: Si algo hemos aprendido de esta campaña es que, mientras el panista y el priista se enfrenten, el morenista gana. De esta forma, durante la segunda parte del debate —otra hora aproximadamente—, López Obrador pudo respirar y recomponerse. Conclusión: Salió golpeado, pero no noqueado. Nada mal para el puntero en las encuestas. Para mí, lo importante del debate fue cómo se administraron los ataques en los dos tiempos arriba descritos. Fue la estampa perfecta de lo que hemos observado durante esta campaña. El “PRIAN”, dividido en tres fuerzas (además de Anaya y Meade, Margarita Zavala), peleándose entre ellos y fortaleciendo, en todo este proceso, a López Obrador. Si en lugar de eso se dedicaran, como lo hicieron la primera hora del debate, a atacar al puntero en las encuestas, alguno de los tres tendría la posibilidad de subir, alcanzar y hasta rebasar a AMLO. Pero, mientras continúen peleándose, como en la segunda hora, ninguno podrá disputarle en serio la elección al tabasqueño. Yo lo tengo muy claro: O el “PRIAN” se pone de acuerdo para no atacarse entre ellos o esta elección ya la ganó López Obrador”.

¿Qué sigue? Politólogos: Meade y Anaya deben analizar, ya, con qué se quedarán en “el día después”

Shaila Rosagel en el portal SinEmbargo, escribe sobra la opinión de especialistas sobre la contienda por la presidencia de México: “Analistas, observadores y medios extranjeros coincidieron en que la distancia de Andrés Manuel López Obrador como puntero es mucha y el efecto del primer debate no modificará gran cosa. A la carrera por la Presidencia le restan 69 días y a los competidores les queda muy poco tiempo para tratar de alcanzar a quien lleva la delantera. Frente a la posibilidad de que López Obrador gane, sus contendientes deben cambiar su estrategia y tratar de ver más a futuro. Buscar un equilibrio en el Congreso de la Unión, o poner presión en las nueve gubernaturas en juego. El caso más urgente es el de Meade, quien en el debate presidencial confirmó que no tiene la fuerza para remontar del tercero al segundo lugar. Ahora, dicen los analistas, le urge implementar un plan que salve al PRI y a sus aliados de una debacle a nivel nacional”.

Los ganadores

Lejos de la crítica a los candidatos presidenciales, en el Excélsior, la periodista Yuriria Sierra, habló acerca del formato de debate el cual parecía ya necesario en nuestros tiempos y por ello escribe que: “hubo tres claros ganadores del primer debate presidencial […]. El primer ganador, sin duda, fue el formato. Ya no más monólogos soporíferos […]. El debate del domingo fue un gran primer ejercicio para refrescar esta dinámica, tan necesaria y útil en cualquier democracia. Tan utilizada ya en otros países. Y es que, finalmente, un debate no es una oportunidad para demostrar habilidades de memorización, sino el chance idóneo para exprimir el talento para el diálogo, y eso sólo ocurre con las posibilidades que da el azar de una discusión. El formato de éste, el primer debate de 2018, fue el primer ganador. De la mano de esto, el humor, el ingenio mexicano fue otro de los que se alzó, nuevamente, victorioso […]. Los famosos memes, invadieron, como ya es costumbre, las redes sociales. Y, sí, el humor nos ayuda a dimensionar mejor muchos de los aspectos de nuestra vida diaria. ¿Qué sería de nosotros sin nuestra capacidad de resiliencia que se manifiesta a través de la risa (y tanta risa)? […]. La noche del domingo, felizmente, el humor también ganó. Y finalmente, mis colegas: Denise Maerker, Azucena Uresti y Sergio Sarmiento realizaron un trabajo magnífico como moderadores. Agudos, incisivos, críticos. Preguntas puntuales. Mantuvieron el control del encuentro. Cuestionaron a los cinco candidatos por igual. Hicieron que, a través de sus interrogantes, los cinco desnudaran sus cualidades y carencias. Y qué no es un debate sino para observar más de cerca a quienes están acostumbrados a mítines hechos a modo. Mis colegas, también ganadores el encuentro del domingo”.

Ecos del debate

El debate mostró algunas caras de los candidatos que ya eran conocidas, y otras más que fue interesante que quedaran, al respecto en Milenio, el periodista, novelista e historiador Héctor Aguilar Camín, escribe que: “las evaluaciones del primer debate presidencial sugieren el triunfo de Ricardo Anaya y la persistencia de la ventaja de López Obrador. Fueron los dos ganadores del debate. Anaya porque ganó credibilidad como el contendiente de la elección. López Obrador porque salió del trance sin grandes pérdidas, aunque con visibles vulnerabilidades […]. Durante el debate, por primera vez, los adversarios de López Obrador concentraron en él sus baterías y dieron en el blanco varias veces. Le hicieron preguntas directas que no pudo contestar, le recordaron contradicciones políticas que no pudo explicar, lo abrumaron con la discusión sobre su propuesta de amnistía y corrigieron con cifras sus certezas sobre el éxito de su gestión como jefe de Gobierno de la ciudad. López Obrador mantuvo su decisión de no engancharse, pero perdió, por largos momentos del debate, la sonrisa y el humor […]. Creo que fue la noche de la exhibición y la autoconciencia de las vulnerabilidades de López Obrador, el fin de su condición de candidato teflón, blindado contra todo, al que todo se le resbala […]. Meade y Anaya se trenzaron en el intercambio más feroz de la jornada a propósito de sus respectivas honestidades. Durante ese intercambio hubo en el rostro de López Obrador la primera sonrisa, abierta, genuina, convincente de la noche. Creo que los adversarios de López Obrador encontraron ayer caminos para combatirlo. Creo que López Obrador entendió que es vulnerable y que Anaya tomó definitivamente la posición de segundo en discordia”.

La cara de El Peje decía más que sus palabras

El desempeño de los candidatos fue un punto importante a evaluar, pues pese a no influir en la preferencia electoral, sí nos habla sobre su estrategia de campaña. Por ello en el Excélsior, el periodista especializado en temas parlamentarios, Francisco Garfías, escribe que: “sólo un despistado o un fanático podrían concluir que el primer debate entre candidatos presidenciales va a modificar significativamente las encuestas. AMLO no se va a caer por esa estrategia de administrar la ventaja que lo llevó a no dar respuestas a preguntas incómodas de sus adversarios y a mostrarse sobrado ante las cámaras. Pero este debate, mucho más entretenido que los anteriores, puede ser el principio de algo que aún no alcanzamos a ver. Poco se ha hablado del lenguaje corporal López Obrador […]. Todo el tiempo el hombre pareció desconectado, desinteresado cuando los otros candidatos no hablaban de él. Fue captado continuamente con la cabeza agachada y la mirada en el piso […]. Es cierto, cómo se quejó de que ‘le echaron montón’. Debió suponerlo y prepararse para ello […]. Ricardo Anaya demostró que es el niño aplicado. Se preparó a fondo. Se desempeñó con soltura […]. Pero hay algo imperdonable. Algo que no se puede pasar por alto. Engañó, otra vez, para evadir las explicaciones que le pidió Denise Maerker […] sobre su patrimonio y la famosa nave industrial en Querétaro. José Antonio Meade dejó ir la oportunidad de acortar distancias con El Peje. Y es que nomás no logra conectar con la gente ni emocionarla. Su lenguaje no es de alguien que le habla al votante. Desbarató, eso sí, la propuesta de AMLO de que se van a ahorrar 500 mil millones de pesos con la eliminación de la corrupción y gastos suntuarios en el gobierno y que con eso se va a financiar el desarrollo […]. Le dio un gancho a Anaya donde más le duele: lo comparó con Roberto Borge y los cargos de lavado de dinero que enfrenta. Le dio derechazos a López Obrador: nepotismo en Morena y la existencia de tres departamentos a su nombre en el Registro Público de la Propiedad […]. Coincido en que El Bronco sorprendió. Es mediático. El anuncio de que mandará una iniciativa al Congreso para que al que robe se le moche la mano llamó tanto la atención, como la edecán en el debate de hace seis años”.

Traición del perredista Silvano Aureoles

Por su parte en el diario Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, asegura que: “pese al buen desempeño que tuvo Ricardo Anaya en el debate, su equipo de campaña no se confía. Saben que esto le puede servir para relanzar su candidatura, pero que eso no basta. De ahí que siguen apretando tuercas, especialmente al interior de la coalición PAN-PRD-MC. Naaada bien les cayó la traición del perredista Silvano Aureoles, quien confirmó lo que se sospechaba: que está apoyando a José Antonio Meade y no a su propio partido. Eso más los acercamientos entre el PRI y el queretano Francisco Domínguez, hicieron que la dirigencia nacional panista llamara a sus gobernadores a cerrar filas en torno a Anaya. Eso explica el repentino espaldarazo que, por redes sociales, le dieron el propio Domínguez, Martín Orozco, de Aguascalientes; Antonio Echevarría, de Nayarit, y Francisco García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas. Ahora falta ver si alguno de los mandatarios perredistas se suma a la cargada frentista”.

El debate quita sueño al Presidente

Pese a su gira, el Presidente Enrique Peña Nieto no se perdió el debate, pues en El Universal, su columna de trascendidos Bajo Reserva, asegura que: “el primer debate presidencial le quitó el sueño al Presidente Enrique Peña Nieto. Pero no se confunda, nos dicen que por el cambio de horario el mandatario, quien realizaba una gira de trabajo por Europa, apenas durmió un par de horas. En el primer círculo presidencial nos comentan que el Presidente se levantó a las 2:30 de la mañana, tras concluir sus actividades poco después de las 23:30 del domingo, y que el debate lo siguió en su habitación por internet sólo acompañado por su esposa Angélica Rivera, el canciller Luis Videgaray, su secretario privado Jorge Corona, su coordinador de asesores Carlos Pérez-Verdía y el jefe del Estado Mayor Presidencial. Nos comentan que Peña Nieto estuvo muy atento, que hubo risas con algunas intervenciones de El Bronco y seriedad ante intervenciones y ataques de Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya contra José Antonio Meade. ¿A quién vería ganar el Presidente el debate?”.

¿Inalcanzable?

La contienda presidencial avanza y AMLO continúa a la cabeza de las encuestas, por lo que en el Excélsior, su columna de trascendidos, Frentes Políticos, asegura que: sus contrincantes no han podido mover a Andrés Manuel López Obrador de las preferencias electorales. En el tema de los tres departamentos que dijeron posee, AMLO respondió a José Antonio Meade que si existían a su nombre, se los regalaba. Después afirmó que pertenecen a sus hijos. El académico John Ackerman aseveró: ‘Este debate no presentó ninguna sorpresa. La existencia de unos departamentos que ya han sido aclarados e incluso desmentidos por The Wall Street Journal, y no hay nada ahí. Andrés Manuel es lo que es y se presenta con honestidad’. Lo intentan todo y no lo bajan. Es un acorazado. ¿Qué sigue?”.

Infracciones en el pejemóvil…

Lo que sí alcanzó al tabasqueño, fueron las multas de tránsito, pues en Milenio, su columna de trascendidos Trascendió, asegura que: “el debate dejó para todo, incluso para sacar las infracciones de tránsito que tiene el automóvil en el que se traslada Andrés Manuel López Obrador por Ciudad de México. El equipo del candidato asegura que las tres multas por circular a exceso de velocidad y por carriles donde no debía fueron pagadas oportunamente y lo atribuyen a una ‘ya burda guerra sucia’ contra el puntero en las encuestas. Hay que recordar que igual suerte corrió la aspirante de Morena en la capital, Claudia Sheinbaum, cuyo auto para los recorridos diarios acumulaba más de cinco infracciones cuando se le colocó el inmovilizador hace unos meses”.

Odebrecht no suelta la sopa

El caso la red de sobornos que la empresa brasileña Odebrecht ofreció a funcionarios de diversos países continúa dando de qué hablar en México, sobre todo ahora que se acercan las elecciones, pues una de las principales acusaciones contra ex funcionarios mexicanos es la de haber recibido dinero de Odebrecht para financiar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto. Al respecto en Milenio, el periodista Carlos Marín, escribe que: “a finales del año pasado el ex Director en México de la empresa Odebrecht Luis Alberto de Meneses Weyll declaró ante las autoridades judiciales de Brasil que sobornó a Emilio Lozoya con cuatro millones de dólares para que facilitara contratos de Pemex. El dinero, dijo, fue para la campaña de Enrique Peña Nieto en 2012. Por esas fechas, sin embargo, Lozoya era uno más del equipo electoral del entonces candidato y difícilmente pudo saber […] que sería nombrado Director general de Pemex. Los cohechos de Odebrecht suman alrededor de 450 millones de dólares y constituyen el mayor caso de moches a funcionarios de 11 países en América Latina. A la Secretaría de la Función Pública le bastó la pésima fama de esa empresa para imponerle sanciones administrativas que la firma considera ‘injustas’. Pero ayer la SFP reveló que Odebrecht ¡se negó a confesar ante las autoridades mexicanas los sobornos que hizo aquí!, y no ha presentado los ‘elementos de prueba que permitieran acreditar su confesión o colaboración…’”.

@loscabareteros

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