Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del miércoles 25 de abril de 2018. Crisis en el Partenón: La crisis que genera Osorio Chong es más profunda de lo que se aprecia en este primer plano, porque trasciende al propio exsecretario de Gobernación y se extiende más allá del Partenón peñista. La confrontación silenciosa que se vive es por la falta de acuerdo sobre el candidato presidencial, lo que deja de manifiesto que ni Peña Nieto, ni Ochoa o Nuño, negociaron con efectividad los respaldos del partido para Meade. La campaña de Meade no ha prendido y difícilmente lo hará… Su campaña es irrelevante y su presencia transparente. Candidato fallido. Por eso, la pregunta se impone: ¿Qué van a hacer con Pepe Meade? Declinar, fingir o arrebatar.

Rayuela

Y llegó al poder con el ideario de Sandino después de guerrear contra Somoza. Murieron miles. Hoy, Daniel Ortega se parece a Somoza.

Crisis en el Partenón

Raymundo Rivapalacio escribe en El Financiero sobre la crisis del grupo compacto en el PRI: “Cuando llegó a la Presidencia, Enrique Peña Nieto tenía un equipo compacto de tres pilares: el de Luis Videgaray, su secretario de Hacienda; el de Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, y el de Aurelio Nuño, jefe de la Oficina en Los Pinos. La sucesión presidencial quebró ese equipo, los distanció y los enfrentó. Hoy en día, esa brecha se ha profundizado. En las antípodas del kitchen cabinet de Peña Nieto se encuentra quien se sintió injustamente relegado de la candidatura presidencial, que se sentía con los méritos y que hoy está haciendo campaña para él, no buscando los votos para el candidato José Antonio Meade. Es la rebelión de Miguel Ángel Osorio Chong, que ha generado un conflicto en gran ebullición en los pasillos palaciegos. Osorio Chong, número dos en la lista plurinominal del PRI al Senado, es el responsable de las campañas de los candidatos a senadores. Sin embargo, el trabajo de articular la búsqueda de votos para esa cámara y la de votos para Meade, ha sido deliberadamente incumplido. En los últimos 10 días, Osorio Chong ha estado en eventos priistas con candidatos al Senado en Chihuahua, Hidalgo, Puebla y Sinaloa, donde ha hecho las arengas para que peleen por los votos, pero en ningún momento ha mencionado a Meade, ni apelado a que también trabajen para granjearle sufragios en la urna presidencial. Priistas que han estado en esas reuniones han registrado extrañados la actitud del exsecretario de Gobernación. La acción de Osorio Chong no puede decirse que haya sido resultado de una actitud producida por el berrinche por no haber sido el candidato presidencial. Tras la unción de Meade, fue lastimado innecesariamente por el equipo que se quedó con la candidatura. La primera señal abierta de la hostilidad fue la selección de su suplente en el Senado, Francisco Guzmán, incondicional de Peña Nieto, y quien sustituyó a Nuño en la Oficina de la Presidencia. La cuña, de acuerdo con un priista que entiende los mensajes del poder, equivalía al recordatorio permanente que en cualquier momento podrían quitarlo del Senado. El maltrato a Osorio Chong tocó niveles extraordinarios la semana pasada, cuando Peña Nieto admitió públicamente que la estrategia de seguridad había fallado. (…) Pero la crisis que genera Osorio Chong es más profunda de lo que se aprecia en este primer plano, porque trasciende al propio exsecretario de Gobernación y se extiende más allá del Partenón peñista. La confrontación silenciosa que se vive es por la falta de acuerdo sobre el candidato presidencial, lo que deja de manifiesto que ni Peña Nieto, ni Ochoa o Nuño, negociaron con efectividad los respaldos del partido para Meade. (…) La campaña de Meade no ha prendido y difícilmente lo hará. No tiene la fuerza ni la contundencia, o la inteligencia estratégica, para salir adelante. A Peña Nieto sólo le queda una elección de Estado, que están comenzando a hacer –referida en este espacio el lunes como “La Operación Meade”– y empapar de dinero a los electores. Pero aun así, no se ve que pueda ser suficiente. La campaña se pudrió por dentro y apesta, aunque no quieran darse cuenta. La actitud de Osorio Chong, en todo caso, sería el axioma dominante entre un buen número de priistas: sálvese el que pueda”.

¿Qué van a hacer con Pepe Meade?

Martín Moreno en el portal SinEmbargo, escribe acerca del desastre que existe en el PRI con su candidato: “Que Ricardo Anaya mintió en el debate. Que López Obrador debió prepararse mejor. Que Margarita Zavala declamó más que debatir. Que El Bronco orina a todos porque nada tiene que perder. Eso ya lo sabemos. El primer debate ya es historia y ahora viene uno clave: el segundo (20 de mayo), ya que en el tercero (12 de junio), estará muy consolidada la intención del voto a tan sólo 19 días de la elección presidencial, y difícilmente se moverá de manera significativa. Por eso, ahora, la pregunta es: ¿Qué van a hacer en Los Pinos con su candidato fallido, José Antonio Meade, a quien sus propagandistas rebautizaron como “Pepe Meade” para hacerlo más pueblo? Meade fue el gran perdedor del debate del domingo pasado: arrancó de manera decente, pero fue perdiendo propuesta, vigor y convencimiento. Es un candidato que no emociona ni conecta. Le pesa un mundo el desprestigio de Peña Nieto, la corrupción del PRI y el hartazgo ciudadano hacia el gobierno peñista. Ni vibra ni hace vibrar. Es, en términos gastronómicos, una jícama sin sal ni limón. Meade está a una eternidad de AMLO: a… ¡30 puntos de distancia!, de acuerdo con la encuesta de REFORMA la semana pasada. (Las encuestas de este diario son, desde 2012, las más certeras y confiables). Imposible empatarlo en 65 días. Meade no ha prendido, ni prenderá. Su campaña es irrelevante y su presencia transparente. Candidato fallido. Por eso, la pregunta se impone: ¿Qué van a hacer con Pepe Meade? Declinar, fingir o arrebatar…”

La disputa por la nación, 1981

Héctor Aguilar Camín escribe en Milenio acerca de la ya larga lucha entre los dos proyectos de nación que existen en México: “Quien haya leído en su momento, 1981, el libro La disputa por la nación, escrito por Carlos Tello Macías y Rolando Cordera, sabrá lo persistente que ha sido la lucha entre dos proyectos de nación que viven en las entrañas históricas de México y que Tello y Cordera delinearon en aquel libro. Uno era el proyecto que llamaron neoliberal, que traería consigo “la perspectiva de una acelerada integración global con la sociedad norteamericana”. Su implantación requeriría un “periodo de ajuste” con “mayor marginalidad y polarización”, sin menoscabo de que, al mismo tiempo, se produjeran un mayor consumo y un crecimiento económico relativamente rápido, así como “un mayor deterioro del contenido de masas que todavía caracteriza al Estado mexicano”. El segundo proyecto, que llamaron “nacionalista”, implicaría la “reactualización del proyecto cardenista de los años treintas: un vasto programa de reformas económicas y sociales”, destinado a lograr “una efectiva integración económica nacional y una disminución sustancial de la desigualdad y la marginalidad prevalecientes”. La puesta en marcha de este segundo proyecto daría lugar a “enfrentamientos políticos y sociales que afectarían las pautas de acumulación imperantes”. Su realización parcial “podría desembocar en un reforzamiento de las formas de dominación corporativa que pesan sobre los trabajadores… y en nuevos y más vigorosos mecanismos de explotación, desigualdad y dependencia”. Naturalmente, explicaban Cordera y Tello, ninguna de las opciones existía en la realidad “en estado puro”, ni podría llevarse a la práctica de manera irrestricta, sin poner a México en “la tesitura de un cambio de régimen”. Me admira la actualidad de estas palabras en un momento histórico en que México, luego de haber dado grandes pasos en el rumbo “neoliberal”, parece dispuesto a volver al proyecto nacionalista descrito en aquel libro (México: la disputa por la nación. Perspectivas y opciones del desarrollo. Siglo XXI Editores, 1981). Poco después de impreso el libro de Cordera y Tello, a principios de los 80, con el nuevo gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988), México emprendió la vía neoliberal. Algo sobre aquel momento mañana, no por hacer arqueología, sino para hablar de nuestro presente inmediato y nuestro posible futuro”.

En nuevos spots, Anaya y Meade enfocan baterías contra AMLO; lo comparan con Hugo Chávez

En Proceso, el equipo de redacción, analiza la nueva estrategia de ataque contra López Obrador por parte del PRI y del PAN: “Los partidos que apoyan a Ricardo Anaya (PAN, PRD y MC) y José Antonio Meade (PRI, PVEM y Panal), segundo y tercer lugar en las encuestas, presentaron al Instituto Nacional Electoral (INE) nuevos spots en los que atacan al candidato puntero, Andrés Manuel López Obrador. Los promocionales que se transmitirán esta semana fueron subidos a la página de internet “pautas.ine.mx”. En un primer spot del Partido Acción Nacional (RVO1038-18) se compara al candidato de la coalición Juntos Haremos Historia con el fallecido expresidente de Venezuela Hugo Chávez, quien se dijo dispuesto a la revocación del mandato cada dos años, igual que el tabasqueño lo ha planteado en campaña. “La consulta fue un fraude, se quedó 14 años en la Presidencia y destruyó todo un país. Hay que conocer la historia para no repetirla”, destaca la pauta. El spot del Partido Revolucionario Institucional (RVO1022-18) muestra imágenes de López Obrador en un mitin donde alude a la cancelación de la reforma educativa, y resalta actos violentos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) contra la ciudadanía y maestros que están a favor de dicha reforma. “Elige: miedo o Meade”, cierra el promocional. En el tercer spot de Movimiento Ciudadano (RVO1010-18), con el título: “El mismo discurso”, se muestran imágenes de una casa donde se escucha el audio de un disco rayado con la voz de López Obrador que repite la frase “la mafia del poder”. “Doce años han pasado y el discurso de ya sabes quién sigue siendo el mismo. México necesita nuevas ideas”, puntualiza la pauta”.

Saldos del debate

Posteriores al debate presidencial han habido infinidad de debates sobre lo que se vio y escuchó de los candidatos presidenciales. En Milenio, Joaquín López Dóriga, escribe que: “del debate del domingo entre los candidatos presidenciales hay varios saldos. En primer lugar, el reposicionamiento de Ricardo Anaya tras semanas de ser rehén del tema inmobiliario y las acusaciones de lavado de dinero, a pesar de que José Antonio Meade lo equiparó con el modus operandi del ex Gobernador de Quintana Roo Roberto Borge, preso y sujeto a proceso. Luego el caso de Andrés Manuel López Obrador en ese escenario que le altera. Lo suyo es la plaza con su amplia feligresía que le apoya, respalda y celebra todo. No le gusta eso de compartir espacio con opositores, ya electorales, ya intelectuales, como lo dejó ver con su actitud: llegó sin saludar a nadie, ni a candidatos ni conductores, y así se fue antes que nadie, sin despedirse. […]. Del lenguaje físico ya hablarán los especialistas, pero no estaba cómodo y mandó el mensaje de enojo. Punto culminante fue cuando Meade lo señaló como propietario de tres departamentos, luego fueron dos, a lo que replicó que si los encontraba se los regalaba, lo que el ciudadano del Partido Revolucionario Institucional documentó el lunes por la tarde y que de nuevo López Obrador negó diciendo que se los había donado o heredado a sus hijos, mitad para ellos, mitad para mí, lo que siendo cierto, no consta en el Registro Público de la Propiedad. En el caso de Meade, sí, fue el que más propuestas hizo, pero no conmovió, como él mismo acepta diciendo que lo suyo es ser el candidato más honesto y preparado, con más y mejores propuestas de gobierno, lo que en un debate no impacta. Margarita Zavala, le decía ayer, quedó a deber, y Jaime Rodríguez en su personaje de El Bronco. No obstante, no veo a López Obrador perdiendo un solo voto de sus seguidores duros, pero no lo veo tan claro en el caso de indecisos, ya saldrán las mediciones. En fin, que este debate podría ser lo que faltaba para que Anaya se acerque a López Obrador y Meade tome decisiones de equipo y campaña. No levantar podría llevar a otra decisión haciendo realidad el dicho de López Obrador: todos como uno solo, contra mí. Igual se le concede”.

¿Todos corruptos?

El día de hoy en el Reforma, el analista y periodista Sergio Sarmiento, escribe sobre los tres principales candidatos presidenciales, que se dedican a acusarse entre sí sin tener pruebas sólidas: “no hay nada más fácil, ni al parecer políticamente eficaz, que acusar de corrupto a un rival. Por eso el Palacio de Minería se convirtió este 22 de abril en un cuadrilátero de lodo antes que en una plataforma de debate de propuestas de gobierno. Si escuchamos a nuestros políticos nos quedaremos con la idea que no sólo los políticos, sino incluso los candidatos, son extraordinariamente corruptos. Andrés Manuel López Obrador nos recuerda constantemente que ‘los de la mafia del poder no se cansan de robar’. Ricardo Anaya ha prometido sacar al ‘Partido Revolucionario Institucional corrupto’ de Los Pinos. José Antonio Meade afirma que López Obrador mintió en su 3de3 al no declarar tres apartamentos y que Anaya se enriqueció indebidamente al vender una nave industrial. A Meade lo acusan de haberse hecho de la vista gorda ante actos de corrupción. ¿Tenemos la generación más corrupta de candidatos presidenciales en la historia? No lo creo. […]. No hay ningún indicio de que los apartamentos de López Obrador, bastante modestos, por cierto, hayan sido adquiridos de forma ilegal. ¿Debieron haber sido incluidos en la declaración 3de3 del candidato, en la que señaló que no era dueño de ninguna propiedad? […], parece razonable haberlos omitido de una declaración que tenía el propósito político de mostrar a López Obrador como un hombre sin propiedades. ¿Participó Anaya en una operación de lavado de dinero? No parece. Él compró, desarrolló y vendió una nave industrial con una utilidad modesta. El comprador parece haber usado recursos de origen oscuro para la adquisición, por lo que recurrió a su chofer como prestanombres, pero eso sería en todo caso responsabilidad del comprador y no del vendedor. ¿Fue Meade omiso en revisar actos de corrupción cuando fue secretario de Desarrollo Social o de Hacienda? No hay indicios. De hecho, las investigaciones de la Secretaría de Hacienda bajo su mando permitieron probar irregularidades cometidas por gobernadores hoy bajo proceso. Parece que tenemos una camada bastante limpia de candidatos. Entonces, ¿por qué hemos visto tantas acusaciones? […]. El problema es que las acusaciones falsas, como cualquier otra mentira, envenenan el ambiente, hacen difícil lograr los acuerdos políticos que permiten gobernar y crean la percepción de que la corrupción es más generalizada de lo que realmente es. Lo ideal sería tener una campaña sin estas falsas acusaciones que se concentrara en ofrecer políticas públicas que permitan resolver los temas de fondo. Incluso la corrupción, que no es un problema cultural, se reduce con instituciones bien diseñadas, como el Sistema Nacional Anticorrupción. Infortunadamente, las propuestas de políticas públicas aburren a la gente. Siempre es más rentable acusar a los rivales de corruptos, aunque no haya pruebas”.

Candidatos y violencia

La violencia es un tema central en la preocupación de la sociedad en México. En el Excélsior, Pascal Beltrán del Río, escribe que: “el debate del domingo pasado puso de manifiesto que ninguno de los cinco candidatos a la Presidencia tiene un plan claro y específico para acabar con la inseguridad que padece el país. […]. Si alguna oportunidad existe de revertir el actual incumplimiento del deber de los gobernantes de garantizar que los gobernados puedan vivir en paz es, sin duda, el actual proceso electoral. […]. Es momento de poner un alto a los diagnósticos sin sustento, los lugares comunes y las salidas falsas que caracterizan el lenguaje de los políticos cuando se refieren al tema de la inseguridad. Ellos buscan votos y, por eso, prometerán cualquier cosa. […]. Una repetición de los actuales esquemas de seguridad es una insensatez por los pésimos resultados obtenidos. Qué bueno que se ha detenido a la gran mayoría de los líderes criminales denominados ‘objetivos prioritarios’, pero ¿de qué le ha servido a la ciudadanía para mejorar sus niveles de seguridad? ¿Eso ha impedido que los habitantes más pobres de este país sean asaltados continuamente en el transporte público? ¿Se ha reducido el número de homicidios y de personas desaparecidas? […]. Por eso, cuando un candidato […] propone aplicar mecanismos de seguridad que resulten familiares, hay que dudar. También cuando ofrecen cambios en la materia que no son suficientemente precisos, que no contemplan medidas concretas e instrumentos de medición de resultados. Y, sobre todo, cuando son simples ocurrencias sin sustento alguno. Cambiar por cambiar no es tampoco una solución. Insisto, quienes hacen promesas en estos tiempos dirán cualquier cosa a cambio del voto. ¿Cuál es el sustento de que ofreciendo amnistía a los criminales […] vendrá una mejoría? […]. ¿Lo que se espera de un candidato es que, una vez elegido, organice una ‘consulta’ para decidir qué hacer ante la inseguridad? ¿No está obligado, más bien, a decir qué propone para que los ciudadanos sepan cuál es la idea por la que están votando? Quizá usted se dio cuenta de que la parte del debate de candidatos presidenciales más comentada en las redes sociales fue la propuesta de Jaime Rodríguez El Bronco de que a los funcionarios corruptos hay que cortarles la mano. Muchas personas entendieron que la propuesta era para lidiar con todo tipo de delincuentes […], pero el entusiasmo y la chacota con la que fueron recibidas sus palabras da cuenta, para mí, de la desesperación en la que ha caído mucha gente respecto de la violencia criminal. […]. En suma, el debate nos ha dejado ver que quienes buscan convertirse en el próximo Presidente de la República no tienen la menor idea de qué hacer para evitar más casos como el de Tonalá. Lo que toca a los ciudadanos es exigirles mayor rigor en el diagnóstico y las propuestas de solución. Para ello, las organizaciones de la sociedad civil que han estudiado por años el fenómeno criminal pueden proveer una buena guía. […]”.

AMLO, Anaya y los secuestros

Durante el debate presidencial se tocó el tema de la seguridad en la Ciudad de México, antes Distrito Federal, durante la administración de Andrés Manuel López Obrador. En El Universal, el columnista Alejandro Hope, escribe que: “el domingo, los secuestros fueron tema de debate. No todos los secuestros. No los de hoy, sino los de hace quince años. No los de todo el país, sino los de una sola entidad federativa: lo que a principios de siglo se llamaba Distrito Federal y hoy se llama Ciudad de México. Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia y jefe de Gobierno del DF entre 2000 y 2005, afirmó lo siguiente durante el debate presidencial: ‘Cuando fui jefe de Gobierno, se redujo el delito de secuestro en 38 por ciento’. Por su parte, Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente, hizo la siguiente acusación: ‘Es falso que cuando fue jefe de Gobierno estuviera bien la seguridad, por cada 100 casos en el país, los secuestros crecieron 88 por ciento’. Los dos datos son a la vez ciertos (más o menos) e irrelevantes […]. Déjenme empezar con el dato de López Obrador: entre 2000 y 2005, según información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el número de secuestros denunciados en el Distrito Federal pasó de 141 a 103. […]. Anaya alega que, aunque disminuyeron los secuestros denunciados en la capital del país entre 2000 y 2005, aumentó la participación del Distrito Federal en el total nacional. En ese periodo, el total nacional de secuestros denunciados pasó de 591 a 278. En consecuencia, la participación del Distrito Federal creció del 23.9 por ciento en 2000 a 37.1 por ciento en 2005. Es decir, hubo un incremento en la participación (menos que el 88 por ciento, pero incremento). Es una manera un tanto extraña de ver la información, pero concedamos que el número no es falso. Falso no, pero ridículo sí. Y lo mismo vale para la cifra de López Obrador. ¿Por qué? Porque la inmensa mayoría de los secuestros no se denuncia. Según la más reciente Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública (Envipe), se registraron aproximadamente 65 mil secuestros en todo el país. Se denunciaron mil 131. […]. Ese dato es nacional y se refiere a 2016. No sabemos con precisión si lo mismo sucedía en el DF a inicios del siglo […]. Pero es al menos probable que la cifra negra rondase en niveles similares: la desconfianza en las autoridades y las barreras a la denuncia no empezaron en este sexenio. Hay un problema adicional. El número de secuestros estimados en la Envipe y el número de secuestros denunciados no necesariamente se mueve en la misma dirección de un año al otro. En consecuencia, es imposible saber si la caída en el número de secuestros denunciados debe interpretarse como una caída en el número de secuestros o una disminución en el número de denuncias. […]. Conclusión: no sabemos si los secuestros subieron o bajaron en el DF entre 2000 y 2005. No lo sabe López Obrador y no lo sabe Anaya. […]. Bueno, ¿y qué? ¿Qué más da si se presumen los logros propios o se atacan los del rival usando números que no dicen nada? Pues mucho: cada vez que un político presume sobre la disminución de delitos denunciados o ataca a un adversario por el aumento de la denuncia, alguien en alguna agencia del Ministerio Público lo va a leer como instrucción para disuadir la denuncia, para impedir que el Estado sepa lo que debe saber, todo para que el jefe quede bien. Lo he dicho antes y lo digo de nuevo hoy: queremos más denuncias, no menos”.

Llegó la guerra

Algo que Miguel Ángel Mancera había negado cada que se le preguntaba fue desmentido por los candidatos a gobernar la Ciudad de México, todos coincidieron en que sí existe la presencia de los cárteles de la droga en la ciudad. En el Reforma, Sergio Aguayo, escribe que: “terminó la negación y hacer como si no pasara nada. Quienes aspiran a gobernar la capital reconocieron durante su debate la presencia del crimen organizado. […]. En el evento realizado en las instalaciones del Canal 11, el miércoles 18 de abril, los siete candidatos hicieron muchas propuestas para enfrentar a las bandas criminales que se disputan la plaza. Claudia Sheinbaum fue la única en dar una explicación sobre las causas del deterioro. En su lectura, los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard frenaron la delincuencia, porque controlaban el mando único y se aseguraban de que hubiera coordinación y coherencia entre las dependencias del gobierno. Miguel Ángel Mancera relajó los controles cuando decretó que no había crimen organizado en la capital. […]. Su propuesta es regresar a los métodos que ya funcionaron. Anunció que con ella reiniciarán las reuniones mañaneras y el control centralizado del aparato de seguridad. […]. Por lo articulado del planteamiento, considero que Claudia Sheinbaum ganó la parte del debate relacionada con la inseguridad y, si se observan las encuestas, muy probablemente gobernará la capital. Entonces, enfrentará obstáculos ausentes en su diagnóstico. El primero es la magnitud del riesgo. Es evidente que bajo el gobierno de Mancera creció la presencia de las bandas criminales, pero ignoramos su tamaño y poderío. ¿Cuáles son sus bases económicas, sociales y territoriales? ¿Cuántos sicarios tienen y cuál es el armamento de que disponen? ¿Qué tanto han infiltrado a las policías y a la Procuraduría capitalina? […]. Viene luego la relación con los dos estados vecinos. Cuauhtémoc Blanco es nominalmente de Morena. Si gana en Morelos, ¿preservará el Mando Único o lo disolverá facilitando así el trasiego de drogas, sicarios y armas hacia y desde la capital? El Estado de México es el mayor contribuyente a la Zona Metropolitana de la Ciudad de México; tiene 59 municipios conurbados con la capital. Salvo Ciudad Nezahualcóyotl, en el resto hay gobiernos débiles y delincuencia fuerte. ¿Colaborará Toluca en la guerra o se dedicará a conservar los restos del peñanietismo? […]. Finalmente queda la interacción entre gobierno y sociedad. En una guerra que lleva doce años, Tijuana, Monterrey, Ciudad Juárez y Neza, entre otras ciudades, han demostrado que la fórmula para contener a la delincuencia es el trabajo coordinado y cotidiano entre gobierno y sociedad organizada y exigente. ¿Tomará esa lección quien venza en los comicios de la capital? […]. Lo positivo del debate fue que los siete enterraron la irresponsable negación de Miguel Ángel Mancera. Se viene una guerra que iré reseñando con crónicas analíticas”.

¿Quién ordenó matar a Javier Valdez?

Los asesinatos de periodistas dedicados a la investigación y relaciones del narcotráfico con el poder gubernamental generalmente quedan impunes y en el olvido precisamente por lo delicado e incómodo de sus investigaciones. En La Jornada, Julio Hernández López, escribe que: “como en el caso de Regina Martínez, la corresponsal de Proceso y, años atrás, de La Jornada, a quien asesinaron en abril de 2012 en Xalapa, la capital del estado desgobernado entonces por el reprobable Javier Duarte de Ochoa, en 2017 se enviaron dos mensajes de muerte cumplida al periodismo irreprochablemente crítico, que daba ejemplo entre un gremio dolido por la corrupción y la represión: primero fue Miroslava Breach Velducea y, menos de dos meses después, Javier Valdez Cárdenas. Las ejecuciones de los dos corresponsales de La Jornada tuvieron como inequívoco marco de referencia la cobertura constante y honesta de hechos relacionados con el crimen organizado, lo cual en México suele irritar a las élites de poder político y económico y no solamente a los capos y sus tropas, que casi por sistema sostienen relaciones de complicidad e incluso de predominio sobre las instituciones públicas y los personajes que las encabezan. En Chihuahua, la ejecución de Breach tuvo como antecedente la publicación de los nexos entre grupos criminales que pretendían imponer determinadas candidaturas para controlar cargos de un municipio. La valentía irreductible de Miroslava careció, como sucede a otros de sus colegas en todo el país, de la protección del gobierno estatal, éste encabezado por el panista Javier Corral Jurado e incluso, ya ante la ejecución consumada, ha carecido de una indagación gubernamental a la altura de la valentía de Breach, dedicado ese mandatario norteño más a librar batallas efectistas contra el gobierno federal priísta, en el entorno de una guerra política y electoral entre el grupo del candidato presidencial Ricardo Anaya […] y el grupo de Los Pinos, con Enrique Peña Nieto como suministrador a capricho de fondos federales y, también, de contingentes militares y policiacos para tratar de contener la desbordada violencia criminal en Chihuahua. Otra ejecución, la del bato Javier Valdez, se produjo en una calle de Culiacán, en las inmediaciones de Ríodoce, la publicación local a la que entregó su mejor esfuerzo profesional, dirigida por Ismael Bojórquez. Las más recientes publicaciones del corresponsal de La Jornada versaban sobre los conflictos […] entre los aspirantes a asumir una especie de herencia intestada del negocio dominante de la entidad: los hijos del principal copropietario histórico, para entonces extraditado a Estados Unidos, y el grupo de una de las partes que habían concurrido al manejo del cártel desde décadas recientes, luego que el famoso personaje emblemático se había fugado de una cárcel jalisciense. […]”.

Funcionario del INE… en cena de Ríos Piter

Hace meses, al inicio de las precampañas presidenciales, Jorge Castañeda formaba parte del grupo de apoyo de Armando Ríos Piter y hoy son rivales. Al respecto, en El Universal, el periodista Carlos Loret de Mola, escribe que: “vaya paradoja. Hace unos meses, Jorge Castañeda impulsaba la candidatura presidencial de Armando Ríos Piter. Organizó una cena para presentarlo con algunas personalidades que forman opinión pública. […]. Sorprendió a varios de los asistentes que uno de los convidados a la cena era nada menos que Patricio Ballados, alto funcionario del Instituto Nacional Electoral. Ballados Villagómez es director ejecutivo de Prerrogativas y Partidos Políticos del Instituto Nacional Electoral. Llamó mucho la atención su participación en una cena que era claramente un acto de campaña de un aspirante presidencial. […]. Qué vueltas da la vida. Unos meses después, Jorge Castañeda es el coordinador de la campaña de Ricardo Anaya a Los Pinos. Armando Ríos Piter, después de ser exhibido por el Instituto Nacional Electoral como delincuente electoral, fue recibido gloriosamente por la campaña de José Antonio Meade. Y a Patricio Ballados han tenido que salir a defenderlo los consejeros del Instituto Nacional Electoral porque lo ha vilipendiado públicamente… ¡Ríos Piter!.. ¡el político a cuya cena de campaña asistió! Ríos Piter culpa de sus desgracias al Instituto Nacional Electoral en general, pero notablemente a Ballados en particular, al grado que presentó una denuncia en su contra. […]. Fue de tal tamaño el presunto delito electoral del Jaguar que, a diferencia del Bronco, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo dejó solo, no ordenó al Instituto Nacional Electoral reinstalarlo en la boleta y simplemente instruyó que le dieran unas audiencias: El Jaguar sólo se presentó a una, y a medias. Casi confesión de parte. Eso sí, se dedicó a insultar al Instituto en declaraciones públicas… y rapidito consiguió chamba en la campaña de Meade (volvió al Partido Revolucionario Institucional, después de trabajar para el Partido Acción Nacional, el propio Partido Revolucionario Institucional, el Partido de la Revolución Democrática, y coquetear con Movimiento Ciudadano y Morena)”.

Otra odiosa verdad histórica

Después de ser conocidos los resultados de las investigaciones de la desaparición de tres jóvenes estudiantes en Jalisco, la familia, amigos y sociedad civil se niegan a creer en la realidad presentada por las autoridades, quizá por lo doloroso del asunto o bien, para desacreditar todo el esfuerzo que se hace desde el gobierno para entregar resultados, y de este tema, hoy en Milenio, el periodista Carlos Marín, escribe que: “otra vez un crimen múltiple, el de los jóvenes asesinados en Jalisco, sacude lo más profundo del sentir social. Y como suele suceder hasta cuando las autoridades aciertan, la verdad histórica no cuenta. En este caso pareciera no importar la trama que parte de un infortunio: la tía de uno de ellos, detenida a principios de mes por lenocinio, prestó su finca para un cortometraje de terror. Es la suegra de Carlos Enrique Sánchez Martínez, El Cholo, a quien los de Jalisco Nueva Generación buscan porque lidera un grupo rival (descubierto en estos días): Nueva Plaza. La descalificación que se hace a la fiscalía del estado invalida el testimonio de Janet, la amiga de los muchachos que logró escapar cuando los sicarios levantaron a los tres. Tampoco se quiere creer la confesión del rapero exaltador de la violencia y que participó inclusive en la disolución de los cuerpos en ácido clorhídrico. La relación familiar y el set-madriguera de criminales pusieron a los jóvenes bajo lo que el comisionado Renato Sales, a propósito de la creciente violencia en el país, llamó ayer la ‘tormenta perfecta…’”.

@loscabareteros

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