Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 30 de abril de 2018. TLC: ¿Por qué Guajardo moderó el optimismo?: “Avanza, avanza, pero no es fácil” “Estamos tratando de hacer lo mejor, pero quedan muchas cuestiones pendientes”… Ricardo Anaya se dice dispuesto a “construir” alianza con Peña para impedir que AMLO gane. Campañas: qué cambió en el 1er tercio. En busca de culpables en el PRI…

Rayuela

Cualquier parecido de la realidad cetemista con la imagen de su líder es pura casualidad…

TLC: ¿Por qué Guajardo moderó el optimismo?

Luis Miguel Gonzáles escribe por qué el sector automotriz es la manzana de la discordia para renegociar el TLCAN con Estados Unidos y Canadá: “El acuerdo para el TLC 2.0 está muy cerca y muy lejos. Estados Unidos no cede en los puntos cruciales, como son las reglas de origen para el sector automotriz y el sunset clause, esa cápsula de cianuro que pondría fin al acuerdo cada cinco años en automático. Por eso, a quién le extraña que Ildefonso Guajardo emita señales que obligan a moderar el optimismo: “Avanza, avanza, pero no es fácil”, dice. “Estamos tratando de hacer lo mejor, pero quedan muchas cuestiones pendientes”. Estados Unidos quiere que se incluya un sueldo mínimo de 15 dólares por hora en automotriz y autopartes, de acuerdo con el columnista canadiense Jeff Rubin. Esta exigencia cuenta con el apoyo de Canadá y tiene dedicatoria para México, donde los sueldos en el sector automotriz estarían en el rango de los 2 a los 5 dólares por hora. La delegación mexicana rechaza esta propuesta, entre otras cosas porque no acepta que la modernización del TLCAN se convierta en un mecanismo para que otros países intervengan en un asunto que el gobierno mexicano considera que es interno. El sector privado se opone a un alza de salarios tan radical. Otra de las exigencias de Estados Unidos tiene que ver con la obligación de incorporar a los vehículos acero y aluminio producidos en la región norteamericana. En caso de no hacerlo, se activaría el arancel de “castigo” que Donald Trump anunció y que luego dejó en suspenso, subordinado a la marcha de las negociaciones. La última milla del TLC 2.0 está cuesta arriba. Son rudas las condiciones que Estados Unidos quiere imponer en el sector automotriz y, además, el calendario no ayuda. El acuerdo entre los tres países debe estar listo en las próximas dos semanas, si de lo que se trata es evitar la contaminación con la recta final del proceso electoral en México y también conseguir que el documento sea discutido y aprobado por la actual legislatura en México. Los tiempos en Estados Unidos ponen sus propias condicionantes. El jefe del equipo negociador, Robert Lighthizer, pondrá una pausa en las negociaciones de alto nivel porque debe viajar a China la próxima semana. ¿Qué cosa hay más importante que el NAFTA?, se preguntarán ustedes. Evitar una guerra comercial con China. Las dos mayores economías del mundo se impusieron aranceles por valor de decenas de miles de millones de dólares, luego de acusaciones de Estados Unidos a China de piratería tecnológica y transferencia tecnológica forzada. Al país del Dragón viajará una nutrida delegación encabezada por Donald Trump. La ausencia de Lighthizer le quita días a un calendario que ya estaba muy apretado. Por eso, esta semana la agenda de reuniones entre los socios del TLCAN ha sido tan intensa. De cualquier modo, no ha servido para producir resultados definitivos. Por ello, la canciller y jefa de la delegación canadiense, Chrystia Freeland, canceló su participación en la cumbre de la OTAN programada para hoy viernes. Se quedará en Washington. El sector automotriz ha sido la manzana de la discordia desde el principio de las negociaciones. Genera cientos de miles de empleos bien pagados y es el mejor símbolo de la integración económica regional. Es tan importante que ninguno de los tres países quiere ni puede ceder.  El tiempo pasa, mientras se están acabando las hojas del calendario. Es un duelo al sol, ¿quién parpadeará primero?

Ricardo Anaya se dice dispuesto a “construir” alianza con Peña para impedir que AMLO gane

Álvaro Delgado, en Proceso, escribe sobre la posición pragmática y realista de Ricardo Anaya para aliarse con el PRI y con Peña para derrotar a López Obrador: “Por primera vez en su campaña por la Presidencia de la República y ante miembros del grupo financiero Citibanamex, el candidato Ricardo Anaya manifestó de manera expresa su disposición a hablar directamente con el presidente Enrique Peña Nieto para “construir” una alianza que derrote a Andrés Manuel López Obrador. La confesión de Anaya se produjo en la reunión privada que tuvo con directivos y empleados de Citibanamex la mañana del viernes 27, y ante preguntas del locutor Leonardo Curzio, quien de manera expresa lo consultó cómo cree que transcurrirán próximamente las campañas y si podría dialogar con sus adversarios Margarita Zavala, candidata sin partido y José Antonio Meade, aspirante priista. “Yo esperaría que transcurran por la vía de la altura de miras y del patriotismo. Esta no es una elección más. En esta elección realmente está en juego el futuro del país. Y está muy claro en los números que nuestra coalición es la única que le puede ganar a Andrés Manuel López Obrador. “Entonces –añadió– yo lo que espero es que haya sensatez, que nos podamos sentar a la mesa a construir durante los próximos 65 días que restan de campaña. No me voy a ocupar de andar peleando con el PRI, me voy a ocupar de contrastar con López Obrador, que es a quien le tenemos que ganar esta elección”, dijo al ser interrumpido por los aplausos de los ejecutivos. “Y yo esperaría también que haya un mínimo de sensatez”, comenzó a decir Anaya cuando Curzio lo interrumpió. (…) Fue el equipo de campaña de Anaya quien difundió la videograbación de la reunión de éste con los directivos de Citibanamex, celebrada de manera privada el viernes”.

Campañas: qué cambió en el 1er tercio

Salvador Camarena escribe en El Financiero acerca del estatus actual de las campañas y lo que puede seguir en el equipo de cada uno de los candidatos: “El primer tercio de la campaña presidencial, que a su vez rezuma el espíritu de la mayoría de las campañas a nivel nacional, ha concluido. Qué tan diestros han resultado los candidatos para descifrar lo que ha salido de la puerta de los sustos. Los tres candidatos que estaban colgados en el cartel original se han llevado sendos revolcones. Sus contrincantes se han encargado de hacerlos quedar mal frente a los bichos que les han tocado en suerte. El primer espada, Andrés Manuel López Obrador, a ratos se ha mostrado sereno pero a últimas fechas se le ha visto descompuesto. Quizá fue que entró a la plaza demasiado confiado. Había razón para el optimismo: su condición de puntero y mítines de buena concurrencia en el norte del país, el espacio que menos se le ha entregado, hicieron pensar que la tercera era la vencida. Sin embargo, López Obrador no ha sabido templar las secas embestidas que le dieron en el debate, donde se le vio carente de recursos (hasta Cantinflas desespera con la falta de elocuencia del tabasqueño), y dado que no perdió tanto en esa cita, ahora le ha caído la de Dios; bueno, la de los dioses del dinero, que han iniciado ya una campaña en su contra disfrazada de interés por los niños. Veremos si Andrés Manuel logra evitar la cornada de quienes lo mandaron al hule en 2006. El más joven de los otros espadas, Ricardo Anaya, ha vuelto a boca de todo el mundo. Bueno, de todo el mundillo de los aficionados de hueso colorado. Su actuación en el debate ha despertado el entusiasmo de aquellos que creen que es el candidato ideal de la Peña Taurina del NO: esos que sobre todas las cosas, todas, lo único que quieren es que López Obrador NO salga a hombros: Que si hay que ver el drama de la desigualdad; no importa, siempre ha habido, siempre habrá. Que si nos ahogamos en corrupción; tampoco importa, al fin y al cabo es nuestra corrupción. Que si así es la democracia, puede ganar cualquiera; qué hacemos para que no sea así, lo que sea. Anaya ahora tendrá que demostrar que también levanta emociones en plazas de todo el país, mostrar que además de PowerPoint tiene arrastre popular. Y salir bien librado de la trampa de esas millonarias operaciones inmobiliarias que lo persiguen como solo espantan los traumas cuando uno no los aclara honestamente. (…) Cierra el cartel el diestro menos diestro en los alberos. Para ser torero, decían los cánones, hay que parecerlo, y Meade no parece candidato en una presidencial: se le ve más en reuniones de empresarios y comidas con sus amigos que en baños de pueblo. Si previo a la corrida en su cuarto de guerra siempre decían que José Antonio Meade saldría del tercer lugar “porque las campañas cuentan”, qué dirán ahora sus asesores cuando transcurrido el primer tercio de la campaña, el balance de esta es que nadie le ve ni arrojo ni carisma al chaval de Chimalistac. (…) Viene un tercio de trámite, un mes de mucho ataque, y luego el mes de la hora de la verdad. La corrida apenas comienza, pero pareciera que ya tenemos claro de qué está hecho cada candidato. No hay mucho margen para esperar que lo que siga sea una linda tarde.

En busca de culpables… en el PRI

Martha Anaya, escribe en El Heraldo de México, sobre los ánimos de encono entre priístas por el deterioro de la campaña y de la imagen de su candidato a Presidente: “Los ánimos en el equipo de José Antonio Meade no son del todo buenos. Unos están angustiados, otros frustrados, los más andan enojados y andan en busca de culpables. El punto de quiebre fueron los resultados del debate presidencial del domingo antepasado (crónicas, análisis, comentarios y por como apuntan que vienen las encuestas, el Candidato del Tricolor no logró emocionar ni posicionarse en segundo lugar). Estaban seguros de que iban a ganar y que ese momento significaría el relanzamiento de la campaña del candidato del tricolor. El propio Meade apostaba a ese enfrentamiento –de hecho, había buscado más debates desde semanas atrás-; pensaba que con su experiencia y su preparación intelectual luciría sobre los demás. No sucedió así. Sólo sus cercanos y los de su equipo sostenían aquella noche en Minería que Meade había ganado. Así se lo aseguraban al propio ex secretario de Hacienda. Pero el amanecer, los titulares de los diarios y las críticas en los medios, no tardarían en mostrar una historia muy diferente. A partir de ahí volvieron los reclamos, los enfrentamientos, distintas visiones de lo que había que hacer para salir del hoyo y permanecer en la contienda. Lo primero: Ganar el post debate. Cambiar la imagen sobre lo ocurrido en el debate y reposicionar las críticas de Meade hacia Andrés Manuel López Obrador (insistir en el tema de los departamentos y hacer ver como “mentiroso” al de Morena). Segundo: Lanzar una intensa campaña negra (de contraste, le llaman ellos) contra el tabasqueño. Tercero: Hablar con los principales grupos de poder (empresarios, grandes sindicatos, dueños de medios de comunicación, trabajadores al servicio del Estado) para pedirles su apoyo y hacerles ver el “peligro” que significa AMLO para todos ellos. Y hacia adentro, hacia las entrañas del equipo y la maquinaria partidista, los reproches y los señalamientos –incluso acusaciones de “traición”- salieron a relucir. Están en el ambiente. Buscan a quiénes culpabilizar de lo que acontece. Para quienes hoy manejan la campaña presidencial, los del PRI –“los de abajo” y los llamados “generales”- no se mueven. Sostienen que si la maquinaria está parada es porque ellos (incluyen en esa lista a Miguel Ángel Osorio Chong, Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, Mariano González Zarur, René Juárez, Carolina Viggiano) no hacen su trabajo en tierra. Evaden decir que cuando les han ido a pedir viáticos o manera de “aceitar” la maquinaria, les responden con arrogancia: “Háganle como puedan”. A lo que los interfectos responden a su vez para sus adentros “¡Pues háganle ustedes como puedan! Y en esa misma tesitura están quienes van de candidatos a todo tipo de puestos. Y como a los gobernadores, en su mayoría, no los dejaron poner a los suyos, pues ni las manos meten. Ellos también están señalados como culpables. Desde fuera –pero entre los propios priistas- la visión es exactamente al revés: ellos culpan, por un lado, al Presidente del partido, Enrique Ochoa y al equipo de inexpertos que rodea a Meade”.

Al servicio de su majestad

Sobre el escritorio de Janine Otálora, la presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, está un tema candente y que demostrará de qué está hecha. Se trata de la impugnación que hizo el PRI a principios de abril de la candidatura del canadiense Napoleón Gómez Urrutia a una senaduría plurinominal de Morena, que fue avalada por el Instituto Nacional Electoral el 30 de marzo, al considerar que al presentar un certificado de nacionalidad mexicana por nacimiento, emitido por la Secretaría de Relaciones Exteriores, renunció a “toda sumisión, obediencia y fidelidad a cualquier Estado extranjero”. Una vez más, todo indica que el INE se volvió a equivocar. Gómez Urrutia se fugó de México hace casi tres lustros, tras haber sido acusado de un fraude de 55 millones de dólares en perjuicio de 10 mil mineros, en 2005, y adquirió la ciudadanía canadiense en agosto de 2013, respaldado por los sindicatos minero de Canadá y de la industria del acero de Estados Unidos. No pudo negociar con los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto su regreso a México, y vio la puerta de Andrés Manuel López Obrador como su retorno triunfante. López Obrador lo colocó en la lista plurinominal de Morena al Senado, pese a no conocerlo. Al explicar su respaldo, reveló que el líder del Partido Laborista del Reino Unido, Jeremy Corbyn, se lo había solicitado. El argumento de Corbyn es el mismo que han esgrimido los sindicatos norteamericanos y los ingleses, que son un fuerte soporte electoral de los laboristas: Napito, como se le conoce, es un perseguido político. El Senado sería el vehículo para regresar a su país, y para brincar el obstáculo que le impedía ser candidato por tener una ciudadanía ajena a la mexicana, hizo los trámites para comprobar que tenía la mexicana. (…) salvo que Napito tenga un documento del gobierno canadiense en el que cancela su nacionalidad, sigue siendo canadiense y súbdito de la Reina de Inglaterra, al ser Canadá miembro de la Mancomunidad Británica, donde Isabel II es la jefa de Estado. La aparente inconstitucionalidad del INE la explican los artículos 17 y 18 de la Ley de Nacionalidad, donde se exige la renuncia vía certificado de nacionalidad a los mexicanos a los que otro Estado atribuye diversa nacionalidad. (…) Napito fue protegido en Vancouver por los sindicatos norteamericanos. Los mineros canadienses tienen fuertes intereses en México, donde figuran las empresas canadienses entre las más importantes del sector, mientras que a los estadounidenses les ofreció contratos colectivos de la industria automotriz. Gómez Urrutia ha criticado a quien esto escribe por diversos artículos sobre su persona, pero esta información nunca la ha desmentido. Tampoco ha probado con documentos canadienses que sus lealtades están con México y no al servicio de su majestad.

Laura Bozzo y Raúl Araiza para presidentes

Jorge Zepeda Patterson, escribe en sin embargo acerca de la banalidad y poca sustancia de los debates: “No estoy seguro de que los pueblos tengan a los gobernantes que se merecen, como dice el refrán, pero no tengo duda de que la miseria de debates que padecemos es prohijada por todos nosotros. Se ha querido convertir al circo, maroma y teatro que vimos el domingo pasado en el criterio para definir de una vez por todas quién será el mejor (o el menos malo) de los presidentes. Durante siete días en la batalla post debate se ha hecho la micro exegesis de cada inflexión, gesto, pausa o palabra de los candidatos durante su tasajeada comparecencia, como si en estas señales fuésemos a encontrar la clave que los dioses ofrecen a los mexicanos para distinguir al elegido. Que si Meade dijo lo correcto pero sonó insípido y falto de emoción, que si Margarita lucía sobre actuada y gesticulaba como azafata dando instrucciones sobre salidas de emergencia, que si López Obrador parecía enojado y carecía de brillo para responder a los ataques, que si Anaya había hecho la tarea y memorizó bien sus diálogos. El problema no es ese, sino que a partir de esos señalamientos quieran convencernos de que esa puesta en escena es el casting definitivo para dilucidar quién desempeñará mejor el papel de presidente de México. En suma, para saber por quién votar. Me preocupa porque, más allá del circo, los debates son un recurso mediático que refleja de manera muy fragmentada y distorsionada quiénes son los candidatos y su verdadera capacidad para convertirse en malos o buenos mandatarios. Y digo fragmentada porque no importa cuán ingeniosa sea la frase que Meade pueda soltar sobre corrupción, eso no borra quién es Meade y el régimen que representa; el despliegue de recursos oficiales, legales e ilegales, que observamos en torno a su campaña no habrán de borrarse simplemente porque a sus asesores se les ocurra una buena idea y el candidato la pronuncie de manera impecable (que tampoco fue el caso). O el hecho de que Anaya sea convertido en el paladín del cambio sin importar que sigamos todavía esperando alguna idea novedosa de su parte; basta con que sea joven y actúe como expositor de Ted Talks para que asumamos que será el presidente del cambio moderno, aunque su partido venga de gobernar doce años y sus asesores (Santiago Creel, Jorge Castañeda, Diego Fernández) sean miembros conspicuos del viejo status quo. Pero la visión que arrojan los debates no solo es fragmentada en el sentido de que sean leídos como evidencia de la capacidad de los expositores para ser estadistas. Peor aún, además de una visión fragmentada, el debate arroja perspectivas distorsionadas o, incluso, falsas. (…) podemos suponer que los dos debates que nos faltan difícilmente habrán de mejorar, porque los cuartos de guerra de campañas habrán confirmado que las tribunas premian artificios y banalidades. Puedo imaginarme a los asesores de los candidatos pensando ataques aún más arteros e ingeniosos, frases redondas y golpeadoras sin que importe la sustancia o la veracidad. Asistimos al primer debate con curiosidad, al segundo acudiremos por morbo; de no cambiar las cosas al tercero iremos por masoquistas”.

La disputa por la nación, 2010

Héctor Aguilar Camín escribe en Milenio sobre los logros alcanzados desde la transición política adoptada en 1982 y que no han dado los resultados esperados: “En 2010, Rolando Cordera y Carlos Tello Macías hicieron un balance de los logros y las carencias de la vía “neoliberal” adoptada, según ellos, en 1982 por sobre la vía “nacionalista” (La nueva disputa por la nación, Nexos, enero 2010 https://bit.ly/2Fp18WM). La transformación económica de aquellos años, escribieron, había sido notable en su apertura al mercado. También lo había sido la transformación política, en el cauce de la democracia representativa. Pero en ninguno de esos campos podían leerse los grandes logros prometidos por aquella vía. La política económica no había traído “los resultados que de ella se esperaban: ni en términos de crecimiento económico, ni de empleo formal, ni de bienestar de la población”. Esto, a pesar de que México se convirtió en “un gran exportador de manufacturas, atrajo montos considerables de inversión extranjera, se volvió uno de los tres principales socios comerciales de Estados Unidos y apareció en la escena comercial mundial como un nuevo y atractivo país”. La reforma política, por su parte, propició la “alternancia pacífica en la Presidencia de la República, que se combinó con una notable estabilidad financiera, un tipo de cambio bajo control, una inflación a la baja y un crecimiento económico que por primera vez, en casi 20 años, llegó a una tasa superior a 6% anual”. El crecimiento se esfumó pronto, sin embargo, para mantenerse toda la década en cifras bajas, con una crisis profunda en 2008, que acentuó los síntomas de falta de cohesión en “una estructura social desgarrada”. Al final, escribieron Cordera y Tello, “lo que se impuso fue el estancamiento político y conceptual en el Estado, que se ahondó cuando el presidente resolvió que la pluralidad desplegada en el Congreso era la responsable de la trabazón en que se encontraba la República”. Aquella trabazón, recordaban, “fue en parte superada mediante una creciente transmisión de fondos federales a los estados, bajo la forma de mayor gasto corriente y con cargo a los excedentes petroleros”. Se logró así “una nueva pax panista, pero con métodos similares y más dispendiosos que los usados por el presidencialismo autoritario priista.” La corrupción rampante de los últimos años, añado yo, tiene en aquella decisión de aceitar la democracia con dinero quizá el más pernicioso de sus mecanismos”.

Candidatos y templetes universitarios

El acercamiento de AMLO con jóvenes universitarios ha llamado la atención, sobre todo luego de que hace unos días tuviera lugar el movimiento #UniversitariosConAMLO. En Milenio, Carlos Marín, escribe que: “en el arranque de abril se anunció que Andrés Manuel López Obrador dialogaría con estudiantes del Instituto Tecnológico de Monterrey, lo que ocurrió el viernes 27 ante casi dos mil alumnos que atestaron el auditorio, muchos de los cuales lo vitorearon y despidieron coreando ‘¡presidente/ presidente/ presidente…!’. Gran éxito de campaña porque la audiencia no solo es joven sino representativa de estratos económicos medios, medios altos y altísimos, en un país donde la cuarta parte de la población (30.6 millones) tiene de 15 a 29 años, una tercera parte de la cual (10.1 millones) asiste a la escuela y solo 17 por ciento del total accede a la educación superior. Lo anterior viene a cuento porque los otros candidatos a la Presidencia de la República no buscan recintos universitarios. Sorprende que José Antonio Meade no haya pisado otros foros excepto, también, el Tec, quizá por no correr el riesgo de Peña Nieto en la Ibero hace seis años y que ni siquiera con los estudiantes de su alma mater, el Instituto Tecnológico Autónomo de México, haya dialogado…”.

¿Gobernar con edictos y masas movilizadas?

Otra de las acciones necesarias para AMLO es fijar posturas respecto a ciertos temas y no dejar lugar a las especulaciones, sobre todo cuando se trata de palabras expresadas por miembros de su partido o equipo de campaña: En Excélsior, Pascal Beltrán del Río, escribe que: “el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador y sus simpatizantes se han quejado de que PRI y PAN han desatado una campaña de miedo en su contra. Tienen razón. Uno puede pensar lo que quiera al respecto, que dicha campaña es abusiva o legítima, pero es un hecho que existe. […]. En el movimiento que encabeza el tabasqueño hay de todo: Muy al estilo del peronismo, en él se encuentra todo el espectro ideológico, de la extrema derecha a la extrema izquierda, desde el PES, que promueve en sus spots los valores familiares y tiene una fuerte presencia de pastores evangélicos, hasta el PT, que comulga con la despenalización del aborto y con el régimen de Corea del Norte […]. Entre esas dos aguas navega López Obrador. Muchas veces trata de no colocarse en ninguno de esos extremos. En ocasiones viaja hacia uno de ellos y de vuelta el mismo día. Su indefinición genera incertidumbre, como puede verse en el deslizamiento del peso y la salida de capitales que ya registran algunos bancos de inversión […]. Si quiere neutralizarlas, López Obrador tendría que lanzar un fuerte mentís a lo que expresa Paco Ignacio Taibo en un video que comenzó a circular el viernes en redes sociales […]. Dice Taibo: ‘La pregunta es grave. Tenemos que planteárnoslo, compañeros. Imagínense que ganamos… Tendríamos el Congreso en contra. Porque vamos a estar en minoría, eso obviamente. Con mucha suerte estaremos en el 35 por ciento del voto. Con eso, Congreso en minoría, seguro. La mayoría de los gobernadores, priistas y panistas. O, peor aún, perredistas como Graco. ¡Puta madre, qué pinche asco! Las fuerzas fácticas, Slim, los dueños del gran dinero, todos ellos apretando el cuello. Para construir país a partir de una situación como esa, sólo te queda la vía cardenista: Gobernar con el edicto presidencial y la movilización social’. Que un miembro destacado de Morena lance públicamente la amenaza de que el eventual gobierno de AMLO expropiaría para no dejarse ‘chantajear’ es una cosa, pero decir que no respetará al Congreso y la división de poderes es otra mucho más grave y eso también sirve de combustible para campañas de miedo y por eso debe ser debidamente aclarado. Debe decir si su ruta será la democracia representativa o, como dice Taibo, la de movilizar a ‘dos o tres millones en la calle’ para que le exijan ‘exprópialos, Andrés. Chingue su madre…’. La manera de desarticular las campañas de miedo es admitir que, efectivamente, hay mexicanos que, por expresiones trasnochadas y revanchistas como la de Taibo y otras, le temen al triunfo de AMLO. La ambigüedad en temas tan delicados daña su candidatura. Si López Obrador quiere gobernar el México plural y diverso del siglo XXI, debe deslindarse de quienes lo quieren impulsar en reversa […]. No tomar distancia de ese radicalismo, sin duda, solidificará el núcleo duro de sesentayocheros simpatizantes de AMLO, pero de seguro lo apartará de sectores de clase media en los que la campaña del miedo tiene mucha incidencia, sectores que él necesita para ganar”.

 

El Frente en vilo por fallo del Tribunal

Por su parte en El Universal, su columna de trascendidos Bajo Reserva, asegura que: “nos cuentan que esta semana será de definiciones en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con dos casos que tiene en vilo al frente conformado por el PAN-PRD-MC. Se trata del caso de Mirelle Montes en contra de Miguel Ángel Mancera y Damián Zepeda como candidatos al Senado por el PAN. Montes impugnó la lista al Senado bajo el argumento de que no llevaron a cabo el procedimiento estatutario y de que le falsificaron la firma y la metieron en el lugar 15 de la lista, nos explican. Nos detallan que uno de los operadores que ha tomado el caso para tratar de salvar ese barco, es Santiago Creel quien negocia en el TEPJF desde hace días”.

@loscabareteros

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