Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del martes 01 de mayo de 2018. Aceptabilidad de la derrota: A los demócratas se les conoce por su capacidad para aceptar la derrota… ¿A qué está dispuesto el grupo gobernante para impedir la victoria de Andrés Manuel López Obrador?… ‘Mit’ y Anaya, esos populistas de clóset: El populismo tiene formas y matices: ni son todos los que están en el Sensacional de populistas ni son todos los que están en el imaginario colectivo.

Rayuela

A algunos dizque dirigentes sindicales les importa un cacahuate el precepto de ‘‘sufragio efectivo, no relección’’.

Aceptabilidad de la derrota

Jesús Silva-Herzog Márquez, en Reforma, escribe acerca de los ánimos dictatoriales pero de quienes se resisten a aceptar la derrota: “A los demócratas se les conoce por su capacidad para aceptar la derrota. Hemos escuchado la expresión hasta el cansancio. En los últimos años se ha repetido una y otra vez. Si la democracia es incertidumbre, se puede ganar y se puede perder. Competir es arriesgarse y admitir que el desenlace puede sernos desfavorable. Participar en el juego electoral es aventurarse en un territorio comprometido. Si vale recordar aquella frase es porque vuelve a estar en entredicho el compromiso de los jugadores. ¿A qué está dispuesto el grupo gobernante para impedir la victoria de Andrés Manuel López Obrador? Quedan ya menos de dos meses de campaña. El 27 de junio los candidatos terminarán sus actividades públicas y empezará el periodo de «reflexión». Es cierto que nos faltan semanas cruciales y un par debates pero el panorama es bastante claro para quien quiera abrir los ojos. El candidato que comenzó como puntero no ha descendido, sus adversarios han sido incapaces de construir una plataforma alternativa. Sus gestos muestran más desesperación que estrategia. Quien lleva ventaja parece dueño de las circunstancias. No puede negarse que hay emoción pública tras él, entusiasmo, esperanza. Si bien se maneja con torpeza en algunos ambientes, domina la conversación pública, se ha convertido en el gran imán de las ambiciones, entiende el clima del momento. No veo el camino de la derrota de López Obrador. Si el debate de la semana pasada habrá pintado para algo habrá sido para definir con mayor claridad el segundo lugar. Poco más. El primer sitio sigue reservado para el tabasqueño. Por supuesto, debemos ser cautos cuando intentamos prever. Si algo se ha repetido en todos los rincones del mundo en los últimos años es la sorpresa. La autoridad de las encuestas ha quedado en entredicho, el juicio de los «expertos» es rebatido una y otra vez por los hechos. El futuro no está escrito pero es importante prepararnos para lo que muy probablemente pasará. En la incredulidad de algunos grupos de poder se muestra más que un deseo, su indisposición a aceptar lo probable. Se trata de un reflejo antidemocrático, un impulso para evitar -¿a toda costa?- un resultado temido. Porque vivimos la agonía de un arreglo político y económico, se percibe la tentación autoritaria de preservarlo. Es algo más que un deseo, algo más que la ilusión de controlar el proceso electoral. La exploración de la vía autoritaria ha empezado. El uso de la Procuraduría General de la República, las resoluciones del Tribunal Electoral son signos en verdad ominosos. Jugar con el proceso electoral es arriesgar el incendio del país. (…) ¿Qué permisos se piensan otorgar Anaya y los suyos para remontar la desventaja? (…) Usar niños para el entretenimiento de los mayores es un atentado a su dignidad. Usarlos como munición en la guerra política es inadmisible. México se abre a la mayor incertidumbre de su historia reciente. ¿Será demasiado pedir a los nerviosos que respeten la ley?”

‘Mit’ y Anaya, esos populistas de clóset

Jairo Calixto Albarrán, en Milenio, escribe acerca de las enormes contradicciones de Meade y Anaya en la campaña: “Según los más recientes estudios del Instituto Federal de Telecomunicaciones que evalúan a la niñez mexicana, es gracias a la reforma educativa que tan bien estructuró el Nuño Artillero que el programa de televisión al que más acuden nuestros niños y niñas es, ni más ni menos, que La rosa de Guadalupe. Este es un factor importante, pero también hay otros elementos para entender este fenómeno que parece de circo. ¿Por qué los niños ven La rosa de Guadalupe? Quizá porque a la chamaquiza le divierte el espíritu de ese gran programa, factótum de la cursilería. Más ahora porque al parecer se le han dedicado varios capítulos a la trukulenta historia del populismo salvaje. Un verdadero espectáculo de la histeria colectiva y el vodevil kitsch. Bueno, las criaturas se deben de reír más que con Bob Esponja y lo deben preferir a ser atormentados por ese spot de Mexicanos Primero, donde unos niños salen imitando a los candidatos presidenciales como si fueran Juanito Farías, Lucerito y Lorenzo Antonio en Juguemos a cantar. Y es que el populismo tiene formas y matices: ni son todos los que están en el Sensacional de populistas ni son todos los que están en el imaginario colectivo. El problema es que hay populistas de clóset como el dotor Mit que heredó desde su supuesta independencia al priismo más folclórico y casposo hasta el regocijo mayúsculo cuando se dejó exorcizar por las tribus de Antorcha Campesina, donde lo único que faltó fue que lo treparan sobre el Guerrero Chimali de Chimalhuacán para que fuera como el Voltron de las reformas estruchtureichons. El populismo no es la vida, es tan solo vanidad. Por otro lado, el caso de Ricky Ricón es el más admirable. Supuestamente ajeno a ese tipo de espíritu pupulista, Anaya es el más populista de todos los competidores electorales, sobre todo porque es capaz de cualquier cosa con tal de lograr su sacrosanto objetivo: aguantarse el asco de reunirse con los chuchos perredistas, envolverse en la bandera del Sol Azteca y soportar a Dante Delgado. Incluso ha llegado al extremo de declarar que si no fuera candidato, votaría por Margarita Zavala. El momento más alto del populismo de clóset lo protagoniza Little Richard al aparecer en un acto de campaña junto con Yunes Jr trepado sobre los hombros de un pobre compatriota que creyó que el candidato no pesaba nada, sin contar con las densidades plomíferas de su sangre. Eso sin olvidar que, con tal de ganarle al Peje, estaría dispuesto a negociar con Peña Nieto, aunque no aclaró si antes de meterlo a la cárcel como prometió. Como quiera que sea, también cabe pensar que los niños ven La rosa de Guadalupe porque prefieren quedarse en casa y no formar parte de la cifra de casi seis mil chamacos asesinados o desaparecidos en los gobiernos de Calderón y el licenciado Peña. ¿Qué, nadie piensa en los niños?”

Anaya plantea posible alianza con EPN por “voto útil” (aunque hoy se desdijo), y saca chispas

En la redacción del portal SinEmbargo se escribe respecto al guiño de Ricardo Anaya de ir con Meade contra López Obrador: “Apenas el 5 de marzo, el candidato de la coalición “Por México al Frente” aseguró que de ganar la Presidencia metería a la cárcel a Peña. “Por supuesto que sí. Ya estuvo bueno de que haya intocables en nuestro país, aquí el que la haya hecho la tendrá que pagar, y esto incluye al Presidente de la República, Enrique Peña Nieto”, dijo. La revista Proceso dio a conocer ayer que, ante miembros del grupo financiero Citibanamex, Anaya manifestó “de manera expresa su disposición a hablar directamente con el Presidente Enrique Peña Nieto para ‘construir’ una alianza que derrote a López Obrador”. Y hoy dijo, ante reporteros que lo cuestionaron por lo que dijo en Citibanamex: “Bajo ninguna circunstancia estaría yo dispuesto a realizar un pacto de orden cupular, no creo en ello y estoy absolutamente en contra del pacto de impunidad”.

El diseño del NAIM, de Foster y el yerno de Slim, iba a costar 1,841 mdp. Ya no. Ya está 46.18% más caro

Daniela Barragán, de la Unidad de Datos del portal SinEmbargo escribe sobre el costo del diseño del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México: “El 4 de septiembre de 2014 en Los Pinos hubo fiesta. Estaban ahí el Presidente Enrique Peña Nieto, sus miembros del gabinete más cercanos y los arquitectos Norman Foster y Fernando Romero. Ese día se anunció que ellos serían los encargados del diseño arquitectónico del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM). Comité Honorario de Expertos eligió la propuesta de Foster y Romero y les otorgó un contrato por Adjudicación Directa por mil 841 millones 753 mil 116 pesos. Cuatro meses después, la Secretaría de Hacienda decretó un recorte presupuestal que obligó a cancelar varias obras de infraestructura. De eso no supo nada el NAIM, ya que con una especie de blindaje al asegurar que se contaba con “la capacidad financiera”, el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México le aprobó dos aumentos al costo del proyecto: el primero, el 8 de marzo de 2016, y el segundo, el 2 de marzo de 2017”.

AMLO, Taibo II: (varias) expropiaciones

Julio Hernández López, escribe en La Jornada, sobre las recientes declaraciones de Paco Ignacio Taibo II en las que habla de expropiar: “El episodio más reciente de ese zigzagueo ha tenido como protagonista al escritor y activista Paco Ignacio Taibo II, quien cuenta con un cargo en la directiva nacional del partido Morena pero tiene una voz política propia, ajena a un sometimiento acrítico a encuadres partidistas. El creador literario del detective Héctor Belascoarán Shayne habló siete meses atrás, durante una presentación de su libro Patria (homónimo del escrito por el español Fernando Aramburu, referido este a las roturas sociales derivadas del conflicto político en el País Vasco), respecto de la nada forzada hipótesis de una presión política y económica extrema por parte de los dueños del gran capital en México para evitar, amenazando con llevarse sus empresas a otros países, que el presidente López Obrador (siempre en esta hipótesis) avanzara en la ruta que él pretendiera trazar. A la campaña en curso de desesperada descalificación mediática de López Obrador cayeron muy bien las palabras de Taibo II quien, en ese mismo ejercicio de imaginación política, planteó que al mismo tiempo que los grandes empresarios estuvieran presionando al tabasqueño en una reunión privada, en las calles deberían estar millones de mexicanos presionando al presidente de la República para que siguiera adelante, con un mensaje político claro: si te quieren chantajear Andrés, exprópialos, chinguen su madre, exprópialos. La invocación del verbo expropiar ha sido utilizada de inmediato para alimentar la hoguera del miedo social inductor del voto conservador (el que representan Meade y Anaya). No lo dijo AMLO, pero sí uno de los directivos de su partido; no es el peligro para México de 2006 pero sí el fantasma expropiador del castrismo y el chavismo. Estos malabarismos bajo pauta propagandística no quedan en el mero terreno inmediato de lo electoral. Buscan, sobre todo, arrinconar y comprometer al candidato hasta ahora delantero, para que renuncie expresamente a facultades jurídicas y políticas que son legítimas y que han construido a esta nación: la expropiación como recurso final del Poder Ejecutivo federal ante las maniobras ilegales de poderes económicos y políticos, como fue el caso histórico de la expropiación petrolera cardenista que le dio sustento a un proyecto de nación. Durante décadas, México tuvo riqueza (entre corrupción de políticos y líderes sindicales) gracias al petróleo expropiado. Ejemplo contrario, las desexpropiaciones realizadas del salinismo a la fecha, con el remate de las propiedades públicas para beneficio de élites económicas y camarillas políticas (lo más reciente, el gran negocio de cúpulas con la riqueza energética bajo reformas peñistas). Pero, tal como lo plantea Taibo II y por encima del repliegue de AMLO en función de sus explicables cálculos electorales, la eventual llegada al poder del candidato de Morena requerirá de la organización y la acción sociales, en demanda del cumplimiento de las expectativas de cambio generadas. De poco habrá de servir un presidente de la República que llegue con gran apoyo popular en urnas pero deba ejercer el cargo bajo condicionamiento de los poderes fácticos, condenado a doblegarse ante las amenazas y chantajes de éstos y a sobrellevar con pragmatismo una realidad que no deba modificar. Expropiar o no expropiar no es la clave, sino presión social o esperanza inmóvil”.

Serán capaces, ¿de qué?

Esta elección se ha caracterizado por la falta de claridad, los candidatos parecen llevar la contienda moviéndose en diferentes direcciones sin dejar claro algunas de sus declaraciones. En Excélsior, Yuriria Sierra, escribe que: “todo es confusión. Al interior y fuera de las campañas no hay claridad. Si López Obrador dice que se acaba el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, aparecen sus voceros para decir que no, que se van a revisar los contratos, nada más. Y si AMLO afirma que de ganar, echarán abajo la Reforma Educativa, de nuevo aclaran que no, sólo van a revisarla para darle un sentido menos ‘laboral’ […]. Esto no sólo sucede en la campaña del candidato de Juntos haremos historia. Ricardo Anaya afirma en una reunión que está dispuesto ‘a construir con quienes haya que construir para ganar esta elección…”’ eso incluye al gobierno federal y al candidato del PRI. Después, al igual que en la campaña de AMLO, su coordinador de campaña, Jorge G. Castañeda, aparece para decir que no, que no es un llamado ni una intención de alianza, sino que es un guiño a los votantes de otras fuerzas […]. En la campaña de José Antonio Meade la confusión se vive de otra manera. El candidato habló del voto útil y dijo que éste debería ser para una candidatura con honestidad. O sea, para él, pero sin decirlo así. Ayer por la mañana, Meade escribió en Twitter que Andrés Manuel López Obrador debería dejar de fijarse en él, porque el tercer strike le está por llegar. Pero, ¿qué no es José Antonio Meade el que dirige todas sus declaraciones al candidato de Morena? […] Afuera de las candidaturas, la confusión también se hace presente, y de muchas formas. Una serie de televisión que nadie sabe por dónde será transmitida […]. O que si la Niña Bien, el Chavo Chaka (sic) y las San Petrinas […]. O la aparición de pejeleaks.org, un portal cuya intención es publicar información comprometedora sobre AMLO, pero que no tiene autores confesos […]. El fin de semana, aparecieron botargas de Hugo Chávez en el evento de Cuitláhuac García, en Veracruz. Nadie sabe de dónde salieron, pero algunos acusan a Miguel Ángel Yunes […]. Faltan dos meses del proceso electoral. Los candidatos pasan de una cosa a otra. El puntero, según el promedio de encuestas, no da detalles de sus propuestas. El resto no ofrecen nada distinto a lo que ya se haya escuchado en procesos anteriores […]. ¿Qué tanta densidad le darán esta bruma que no da claridad a la campaña?”.

A ver quién gana

La confusión no sólo está presente en las candidaturas presidenciales, sino también en el senado, pues en el Excélsior, su columna de trascendidos, Frentes Políticos, asegura que: “a llamada Ley Meade, que proponía acabar con el fuero a todos los niveles, quedó estancada. Se acabó la legislatura y Emilio Gamboa, coordinador de senadores del PRI, afirmó que ‘para julio o agosto’ se volverá a retomar. O sea, que van a esperar hasta saber quién gana la elección. Todo indica que a los priistas no les importó acabar con el fuero. Ni modo, se cayó la soñada eliminación del fuero y los priistas boicotearon a su candidato. ¿Hasta cuándo se pondrán de acuerdo el PRI y el equipo de campaña de Meade para marchar por la misma senda? ¿Hasta cuándo entenderá el PRI que se encuentra en campaña electoral?”

La respuesta que cada quien quiere oír

El proceso electoral es el tema en boga en el país, sin embargo es no significa precisamente tenga que ver con un proceso de análisis o debate, sino con la polarización. En Milenio, Joaquín López Dóriga, quien escribe que: “desde hace tiempo he registrado que no hay otro tema que la sucesión presidencial […]. En México solo hay un tema […] ¿quién va a ganar las elecciones? […]. No sirve de nada hablar de los tiempos, de los debates, menos de las plataformas, propuestas o posibilidades de los candidatos, solo buscan la confirmación del que traen en mente, ya sea López Obrador, Anaya o Meade, donde no hay espacio para el razonamiento, pues lo que quieren es confirmar su proyección, espacio en el que para los lopezobradoristas solo quieren que se les confirme a López Obrador, a los anayistas, a Anaya y a los seguidores del candidato del PRI, a José Antonio Meade, ya para no mencionar que los márgaros, como les llama Juan Ignacio Zavala, solo quieren la respuesta de su hermana Margarita y a los de Jaime Rodríguez, que son los menos, los del Gobernador con licencia de Nuevo León. Hemos llegado a un punto de crispación, donde no cabe el razonamiento, sino la descalificación, el estás con mi candidato o estás contra él y contra mí. Y así nos la vamos a llevar los dos próximos meses, las elecciones son en 60 días, en los que el común denominador será, como es, el enfrentamiento, no las razones”.

Bullying

En tanto en el diario Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, asegura que: ”en pleno Día del Niño hizo berrinche Jaime “El Bronco” Rodríguez. Su pataleta se debió a que fue el único de la y los candidatos presidenciales que no fue invitado a la firma de los nueve compromisos por la niñez. ¿Y por qué lo dejaron fuera? Pues simple y sencillamente porque a los organizadores del Foro les pareció que ni venía al caso convocar a alguien que propone violar los derechos humanos con salvajadas como la de mocharle las manos a la gente. Y seguramente también pesó en su ánimo aquello que dijo de que a las niñas gordas nadie las quiere. Tras ser excluido, ‘El Bronco’ montó en cólera e improvisó una rueda de prensa para exponer todo lo que, según él, hizo por los niños de Nuevo León. Pero no paró ahí, pues también aprovechó para presentarse como ¡víctima de bullying! Y es que, según el candidato independiente, no lo quieren por su forma de hablar. ¡Qué tal!”

Declinaciones

Desde el inicio de las campañas presidenciales, Andrés Manuel López Obrador se ha mantenido a la cabeza de las encuestas de preferencia electoral. Al respecto, en Excélsior, Pascal Beltrán del Río, escribe que: “por lo que se ha hablado dela pregunta surgió durante la participación del Presidente consejero del INE, Lorenzo Córdova, en la reunión plenaria de consejeros de Citibanamex, el viernes pasado. Qué pasaría, […] si alguno de los candidatos presidenciales renunciara a su postulación para apoyar a otro. Córdova respondió que, de acuerdo con la ley, si la declinación ocurría 30 días antes de la elección, el partido o coalición afectado tendría derecho de sustituir al candidato renunciante […] caducado el plazo que se otorga a los partidos para cambiar libremente de candidato […], éstos sólo podrán sustituirlos ‘por causas de fallecimiento, inhabilitación, incapacidad o renuncia’. En caso de renuncia, agrega, los partidos ‘no podrán sustituirlos cuando la renuncia se presente dentro de los 30 días anteriores al de la elección’. La fecha límite a la que se refiere la ley sería, en el caso del actual proceso, el 1 de junio, es decir, dentro de exactamente un mes. Pasado ese plazo, el partido o coalición al que le renunciara el candidato se quedaría sin posibilidad de hacer una sustitución […]. El próximo domingo arranca de forma protocolaria el proceso de impresión de las boletas que se usarán en los comicios federales del próximo 1 de junio. Las boletas tienen que estar listas 15 días antes […]. A raíz del primer debate entre los candidatos presidenciales, se ha hablado de la posibilidad de que quienes ocupan el sitio dos y tres en las preferencias electorales […] contemplen la posibilidad de que alguno renuncie y apoye al otro para juntar fuerzas a fin de derrotar al puntero de los sondeos, Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, dicha posibilidad no cuenta con el apoyo público por parte de esos dos candidatos, Ricardo Anaya y José Antonio Meade. Ellos y los partidos que los postulan han dicho enfáticamente que no estarían dispuestos a dar tal paso […]. Anaya dijo que no estaba a favor de ‘acuerdos cupulares de ese tipo’. Por su parte, Meade señaló el viernes pasado que él estaba ‘para ganar, no para declinar’. Eso, además de que, suponiendo que alguno declinara, la sustitución formal de uno por el otro no procedería, pues ambos están postulados por una coalición, no son candidatos comunes de los partidos […]. Como me dijo un consejero electoral que pidió no ser citado, dicha medida sería, en todo caso, ‘una declinación política sin efectos legales, un simple llamado a ejercer el voto útil’”.

¿Qué hará el #TeamCuauh con la violencia en Morelos?

De cara a la elección, los candidatos deben tener en cuenta los problemas que los ciudadanos esperan que resuelvan en caso de ganar la elección. En Milenio, Carlos Puig, escribe que: “el domingo iniciaron las campañas locales que definirán nueve gobernadores, y miles de presidencias municipales y congresos locales a lo largo y ancho del país. Cuauhtémoc Blanco arrancó a las 11 de la mañana arropado por los partidos de la coalición Juntos Haremos Historia, aunque el logotipo del Partido Encuentro Social siempre aparece más grande en su propaganda. Yo soy #TeamCuauh es su slogan. Desde hace muchos años Morelos vive en alerta por la seguridad. Su vecindad con Guerrero lo ha convertido en refugio de líderes de la delincuencia organizada que han traído, con ellos, la violencia. Desde el inicio de su gobierno, Graco Ramírez apostó por un modelo de mando único estatal que Cuauhtémoc y sus asesores combatieron con todo. Es cierto: las ambiciones y obsesiones de Graco y su hijastro […] no ayudaron a solventar un conflicto que no ayudó a que las cosas funcionaran como se debía, pero las cifras que da el secretariado ejecutivo dicen que, a pesar de lo que ha sucedido en el país en los últimos dos años, las cifras de homicidio o secuestro están hasta 20 por ciento por debajo de donde estaban en 2012. Blanco ya ha dicho en estos meses que de llegar a la gubernatura echaría abajo el mando único y regresaría las policías a los presidentes municipales. ¿Cómo? ¿Por qué? Quién sabe. Pero él es el Cuau y todo indica que será Gobernador. Quienes lo postularon se tendrán que hacer cargo. Y quien sea que gane la elección presidencial tendrá un nuevo dolor de cabeza”.

Ganó la corrupción

En El Universal, su columna de trascendidos Bajo Reserva, asegura que: “bajo cualquier argumento que se quiera esgrimir, la Cámara de Diputados y el Senado de la República pasarán a la historia como la Legislatura que frenó la lucha anticorrupción. Se ha terminado su periodo y no fueron capaces de designar a un Fiscal Anticorrupción, a los magistrados especializados en esa materia y mucho menos a acabar con el fuero para los funcionarios públicos. Dirán que no hubo acuerdos, que no hubo consensos, que se atravesó el proceso electoral, pero ninguno de todos esos argumentos le sirven al ciudadano común que sufre de actos de corrupción desde las ventanillas de trámites hasta los millonarios desvíos de gobernadores o funcionarios municipales, estatales y federales. Nos hacen ver que hoy en el país ganó la corrupción y que quien quiera que sea el próximo Presidente de México: Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade, Jaime Rodríguez o Margarita Zavala, tendrán que iniciar su gestión sin las armas necesarias para luchar contra la corrupción que todos ellos han dicho quieren combatir”.

La disputa por la nación, 2012

Héctor Aguilar Camín escribe en Milenio acerca del Pacto por México en la Presidencia d Peña Nieto: “Al final de su ensayo sobre el estado que guardaba la “disputa por la nación” en 2010, Rolando Cordera y Carlos Tello Macías plantearon que lo que el país necesitaba no eran más reformas en el rumbo neoliberal. Lo que hacía falta era “reformar las reformas”, “nacionalizar la globalización”, poner la desigualdad y la pobreza como ejes rectores de las decisiones públicas y emprender una “reforma social del Estado”. Pero lo que siguió no fue eso. Inesperadamente para todos, el gobierno priista de Enrique Peña Nieto encontró el mecanismo para darle al camino “neoliberal” sus más ambiciosos cambios desde el TLC de América del Norte. Peña Nieto negoció con las fuerzas de oposición, en el llamado Pacto por México, la aprobación de reformas que habían quedado pendientes y nadie había podido implantar. La más notoria de ellas: abrir el petróleo y la electricidad a la inversión privada, nacional y extranjera: desmontar el monopolio energético del gobierno federal. La siguiente, abrir a la competencia el sector de telecomunicaciones. Otra: una reforma de competencia económica para castigar las prácticas monopólicas y la colusión de competidores. Luego, una reforma educativa que rompió el poder de las fuerzas sindicales sobre la gestión escolar y estableció reglas de mérito y evaluación para el ingreso y la promoción de los maestros. También una de flexibilización laboral, una de regulación financiera y una de recaudación fiscal que tomó varios puntos del PIB del bolsillo de los contribuyentes y marcó el inicio de la caída en la popularidad del gobierno, que no hizo sino agravarse desde entonces (mediados de 2014). En mi opinión, no es la resistencia a las reformas lo que explica el desprestigio del presidente Peña Nieto, sino las altas cotas de inseguridad y corrupción alcanzadas durante su gobierno, índices respectivos de ineficacia y de inmoralidad pública. La pérdida en estos ámbitos ha sido casi total. Se llevó en su cauda el crédito que hubieran podido tener por sí mismas las reformas y abrió el espacio para que la vieja “disputa por la nación” se instalara de nuevo, ahora entre la vía “cardenista”, asumida por el viejo rival de las reformas “neoliberales”, Andrés Manuel López Obrador, puntero en la contienda, y sus rivales, Ricardo Anaya y José Antonio Meade”.

@loscabareteros

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