Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 07 de mayo de 2018. Maquiavelo y la campaña: Todo innovador tiene como enemigos a cuantos el viejo orden beneficia y como tibios defensores a aquellos a los que las nuevas leyes beneficiarían… ¿Por qué el sistema no pudo contra AMLO?: Los candidatos del PRI y del PAN en lugar de hacer campaña a su favor hacen campaña en contra de López Obrador. En el debate acribillaron al tabasqueño pero poco pudieron hacer para convencernos de que tengan algo que ofrecer por sí mismos, salvo aprenderse una retahíla de descalificaciones en contra del líder de las encuestas.

Rayuela

Es necesario, por el bien de la nación, que las aguas políticas se aquieten para dar paso a una contienda más limpia y propositiva.

Maquiavelo y la campaña

Samuel Aguilar Solís, escribe en El Financiero acerca de la actualidad de las enseñanzas de Nicolás Maquiavelo: “Han pasado varios siglos y la mecánica para hacerse del poder o permanecer en él sigue siendo en esencia la misma que el Secretario Florentino desentrañó. Y es que Maquiavelo nunca escribió que “el fin justifica los medios”, consigna que sus detractores han tratado de mantener para vulgarizar que El Príncipe es solo un manual para dar consejos para hacerse del poder y hacerse tiranos, y con ello minimizar y hasta tratar de vulgarizar la obra política del hombre de acción y pensador político más importante del Renacimiento. El mérito histórico de Maquiavelo fue haber separado la moral de la política, hacer una ruptura con el pensamiento medieval y separarse del humanismo de la época y convertir a ésta en ciencia de los hombres. Sin duda en esta campaña los grandes temas son la corrupción y la impunidad, y es el hartazgo y la rabia social lo que va definiendo la dinámica de la campaña, pues como bien decía Maquiavelo, “… es tanta la ambición de los grandes que si no es abatida por varias vías y procedimientos pronto conduce a una ciudad (país) a las ruinas”. Hay candidatos que representan justo la continuidad del modelo económico y las consecuencias sociales y antropológicas que de él han derivado y olvidan que “los hombres alaban siempre con razón los tiempos antiguos y critican los presentes” y ofrecen mejorar ahora sí, pero “se puede recordar a todos los poderosos que nunca las antiguas injurias puedan borrarlas por los nuevos beneficios, sobre todo si el beneficio recibido es mejor de lo que fue la injuria”, y así lo han ido expresando los grupos de la sociedad civil víctimas de las desapariciones, los asesinatos, los secuestros o las violaciones de los derechos humanos, los desempleados, los que la pobreza los alcanza, frente a candidatos que de manera simplona ofrecen acabar con la pobreza desde el día en que se nace, “(…) y quien crea que los nuevos beneficios hacen olvidar a grandes hombres las viejas ofensas se equivoca”. Se habla de que lo que está en disputa es la visión que se tiene sobre el desarrollo y se debe de tener en cuenta en sus consecuencias políticas que “… todo innovador tiene como enemigos a cuantos el viejo orden beneficia y como tibios defensores a aquellos a los que las nuevas leyes beneficiarían”. Casi a diario nos amanecemos con encuestas que son a la vez instrumentos de propaganda, pero se aclara que no son predicciones, ya que como señalaba Maquiavelo “(…) la naturaleza de los pueblos es voluble y es fácil convencerles de algo pero difícil mantenerlos convencidos”.

¿Por qué el sistema no pudo contra AMLO?

Jorge Zepeda Patterson, escribe en SinEmbargo acerca de la vieja campaña del miedo contra López Obrador y de la falta de sustancia de los contendientes para marcar la agenda: “¿qué hicimos mal?, ¿por qué no está funcionando la estrategia para impedir que López Obrador llegue a Los Pinos? A poco más de 50 días el 48% de la intención de voto efectiva le da al líder de Morena una ventaja con amplio margen sobre el 40% del sufragio que necesita para llegar a Los Pinos. ¿Por qué no funcionó en 2018 lo que sí operó en 2006 y 2012? Las respuestas son varias. De entrada es cierto que la cúpula en el poder lo tenía más difícil para 2018. Estaba claro que el hartazgo ante la corrupción y la inseguridad pública habían alcanzado cotas mucho más altas que en elecciones anteriores. El desprestigio de los gobiernos del PRI y el PAN liquidó el beneficio de la duda que algunos votantes todavía le dieron en 2006 al blanquiazul y en 2012 al regreso de un PRI supuestamente con la cara lavada. Hoy muchos de estos votantes, desencantados con la incapacidad de los últimos gobiernos para detener la inseguridad pública y la corrupción (entre otras cosas), han perdido la esperanza en estas viejas marcas, sin importar el candidato que postulan. Y para colmo tampoco es que los candidatos compensen el desprestigio de las camisetas que portan. José Antonio Meade puede ser la menos mala de las opciones que tenía Peña Nieto, pero eso no lo convierte en un candidato bueno. Su falta de carisma y, ahora sabemos, su falta de valor, lo hacen una opción que no entusiasma ni a los propios priistas. Si al menos se hubiera atrevido a hacer una especie de deslinde con respecto a los errores de su ex jefe, quizá habría captado la atención de algunos indecisos. Pero presentarse como el fiel continuador de una administración que es reprobada por el 80% de la población parecería la fórmula perfecta para el fracaso. Ricardo Anaya pudo haber jugado a ser el Emmanuel Macron, surgido de la nada a los ojos del hombre de la calle. Pero simple y sencillamente carece de la sustancia para encarnar el símbolo de la modernidad y el cambio en el que quiso convertírsele. Por un momento se confundió su edad (39 años) y su locuacidad articulada con el proyecto de modernidad que permitiría al país salir de los problemas en los que está estancado. El problema es que Anaya no ha propuesto nada sustancial o en todo caso nada que esté fuera de los paradigmas de las administraciones anteriores. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con López Obrador sobre la necesidad de sacar a las secretarías de Estado a diferentes ciudades del país, con la amnistía a delincuentes bajo determinadas circunstancias o con darle un vuelco a las reformas. Pero nadie puede negar que se trata de un golpe al avispero del actual orden de cosas. No hay nada novedoso en Ricardo Anaya, el supuesto paladín del cambio, salvo llamarlo así, portador del cambio. No se trata del líder de una fracción del PAN que tomó al partido por asalto para transformarlo y que ahora se lanza al cambio del país. Tomó el control del PAN con argucias de pasillo y sus consejeros son personajes conspicuos del pasado (Diego Fernández, Santiago Creel, Jorge Castañeda, entre otros). La única propuesta radical de Anaya, la idea de un ingreso universal para todos los mexicanos, la hizo en diciembre del año pasado y no ha vuelto a hablar de ello. Regresemos a la pregunta inicial, ¿por qué perdió la cúpula la batalla contra AMLO? No es de extrañar que al carecer de partidos con arrastre y al no tener candidatos populares, la élite tuvo que apostar al último de los recursos: el miedo. (…) Hoy los candidatos del PRI y del PAN en lugar de hacer campaña a su favor hacen campaña en contra de López Obrador. En el debate acribillaron al tabasqueño pero poco pudieron hacer para convencernos de que tengan algo que ofrecer por sí mismos, salvo aprenderse una retahíla de descalificaciones en contra del líder de las encuestas. La invocación al miedo funciona con la mitad del electorado que abomina a López Obrador y, en efecto, está cada vez más espantado. Pero a la otra mitad simplemente le confirma que hay una maquinación decidida a hacer cualquier cosa con tal de impedir que llegue a Palacio”.

Las preocupaciones con Andrés

Raymundo Rivapalacio escribe en El Financiero acerca del Andrés Manuel al que muchos temen: “Andrés Manuel López Obrador, como se apuntó en este espacio el viernes pasado, mostró una cara moderada y un perfil socialdemócrata alejado de la imagen beligerante y radical que se ha construido en torno a él, durante la entrevista a siete manos en el programa Tercer Grado, el jueves por la noche. Por tiempo y formato se quedaron en la mesa preguntas, réplicas y contrarréplicas –que son los recursos en donde se obtiene la información de mayor calidad–, que habrían permitido un mayor conocimiento de lo que piensa y siente el candidato. López Obrador respondió todo, muchas veces a su manera, y consumía minutos-aire con su larga experiencia cuatro por cuatro. Quedaron de esa forma aspectos importantes sin aclararse, y surgieron momentos en donde no hubo coyuntura para que profundizara. Como botones de muestra: *No hubo mayor tiempo para discutir la propuesta de amnistía, aunque se trazaron paralelismos con la Ley del Punto Final en 1986 en Argentina, con la cual el presidente Raúl Alfonsín dejó sin efecto los delitos de desaparición forzada cometidos por la dictadura, a fin de facilitar el retorno de la democracia. Esa Ley, como la amnistía a movimientos armados, ayudan a la reinserción social y a restablecer el tejido social. Una amnistía por delitos de narcotráfico es totalmente diferente en su naturaleza: la amnistía a quienes participaron en luchas políticas y sociales ayudó a su reinserción, ayudó en procesos democráticos; cancelar condenas a narcotraficantes, cuya actividad es un negocio con fines de lucro, no combate al narcotráfico ni resuelve el problema de la inseguridad. Al contrario, otorga carta de impunidad a los cárteles de la droga. *Cuando se le preguntó sobre el choque de proyectos de nación para saber cómo gobernaría a quienes votaron contra el suyo, dijo que hay un punto donde encuentran vasos comunicantes: la lucha contra la corrupción. López Obrador elaboró sobre el fenómeno de la corrupción, sin que se pudiera saber por qué quiere fincar los dos proyectos de nación en el ámbito de lo moral, cuando se trata de dos modelos económicos claramente opuestos. El Estado de Bienestar que plantea retoma el modelo de desarrollo iniciado en el segundo lustro de los 50, y termina en 1971 cuando, ante un déficit en la balanza comercial, el presidente Richard Nixon abandonó el patrón oro, sustento de los acuerdos de la posguerra en Bretton Woods, y convirtió al dólar en una moneda fiduciaria. López Obrador desea para México regresar medio siglo a aquel modelo económico, que choca contra lo que plantean los demás candidatos, que es una economía de libre mercado, que es lo dominante en el mundo actual. (…) Ciertamente faltan todavía muchos puntos que tiene que aclarar López Obrador sobre qué piensa y cómo piensa el nuevo país que quiere llevar a una “cuarta transformación”, que no tiene nombre. Le ayuda que a quienes quieren votar por él, estas precisiones no importan, y por lo mismo no le exigen nada. Pero a muchos más les interesaría que respondiera las dudas y eliminara las preocupaciones de qué esperar si gana la Presidencia.

Meade, el último intento

Como era de esperarse, tras la destitución de Enrique Ochoa Reza como dirigente nacional del PRI, su suplente ya plateo un giro a la campaña del candidato presidencia, pues la elección se acerca y este continúa en el tercer lugar de las encuestas de preferencia electoral pues en El Universal, su columna de trascendidos Bajo Reserva, asegura que: “lo que consideran el último intento de relanzar la campaña presidencial, el nuevo dirigente nacional del PRI, René<Juárez Cisneros, convenció a la base priísta: gobernadores, organizaciones y sectores, consejeros políticos, para brindar el apoyo a José Antonio Meade. Así que ayer regresaron los logotipos del Partido Revolucionario Institucional y las prendas de color rojo que se habían guardado en el clóset. La idea es dar un giro total a la campaña, esta vez de la mano del tricolor, y buscar un repunte, porque dicen que si no retoman el rumbo… entonces no hay más qué hacer”.

La solución: “priistas comprobados”

Sobre este cambio de estrategia en Milenio, su columna de trascendidos Trascendió, asegura que: “en el Partido Revolucionario Institucional aseguran que para remontar en la carrera por la Presidencia, el equipo de campaña de José Antonio Meade debe voltear a ver a su militancia. Ponen como ejemplo el Estado de México, donde todos los aspirantes a diputados locales, presidentes municipales y regidores son ‘priistas comprobados’. Dicen que ello es resultado del trabajo político del gobernador Alfredo del Mazo, que pese a las presiones ha privilegiado la labor de la militancia sobre la inclusión de aliados que no cuentan con los votos que prometen…”.

Que hay PRI para rato… ¿Será?

En tanto en el Excélsior, su columna de trascendidos, Frentes Políticos, asegura que: “debut impecable tuvo René Juárez en su primer gran evento como nuevo líder nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Muy suelto se observó al exgobernador guerrerense, quien en la sede del partido, en Insurgentes, accedió a tomarse selfies con líderes de los comités seccionales y militantes que acudieron al cierre de filas con José Antonio Meade. Tan contento andaba René Juárez que, una vez terminado el mitin, se dispuso a batir el tambor con una batucada de jóvenes priistas. Dicen que están más fuertes, más unidos y más victoriosos que nunca. Que hay PRI para rato. ¿Será? Todo esto ante un risueño José Antonio Meade. Todo suma, incluido este líder musical del Revolucionario Institucional.”

La verdadera cacería del Peje

La posibilidad de un fraude electoral es una posibilidad que los mexicanos ven sumamente posible ante la popularidad de Andrés Manuel López Obrador. Dados los niveles de corrupción del país, los ciudadanos ya asumen que es probable de este cáncer alcance al proceso electoral, por ello en El Universal, el periodista Salvador García Soto, escribe que: “en un país como México […] las elecciones no siempre las gana el candidato que más apoyo tiene de los electores, sino el que logra meter […] más votos a su favor a las urnas. La confianza y certidumbre en nuestros comicios son valores relativamente nuevos y, si bien hemos avanzado en la organización de las elecciones por órganos autónomos y la participación directa de los ciudadanos en la realización del proceso, aún persisten prácticas y acciones de las estructuras políticas que son tan reales, como nocivas e influyentes en los resultados de las elecciones; el ‘fraude generalizado’ del pasado, ha dado paso a selectivas y sofisticadas formas de ‘operación electoral’ sobre todo el día de los comicios. La lucha por el poder que vivimos en México hoy está marcada y atravesada por una interrogante que recorre el país […] ‘¿Crees que vayan a dejar llegar (o ganar) a López Obrador?’, es la pregunta que muchos formulan con legítima y razonable duda por las experiencias del pasado reciente. La compleja dinámica electoral, con toda su polarización, apasionamiento y encono, se centra hoy en la premisa de ‘cazar’, políticamente hablando, al candidato puntero en las encuestas desde hace más de un año y al que sus contrincantes no han podido no sólo alcanzar, sino lograr que baje en intenciones del voto, aún con campañas, ataques, cuestionamientos y hasta estrategias de ‘miedo’ al perfil intolerante o autoritario que le cuestionan […]. Un intento de frenar al candidato de Morena mediante una operación en las urnas no puede descartarse […]. Para que una operación así funcione se requieren dos factores: primero que el candidato al que se le quiera ganar no tenga representantes de casillas en todos los puntos de votación, o en su defecto cooptarlos el día de la jornada, y segundo que la diferencia entre el puntero y el segundo lugar sea máximo de entre 5 y 8 puntos […]. Esos datos los tienen contabilizados y analizados en la campaña de López Obrador […]. Morena orgánicamente no tiene estructura para vigilar con representantes todas las casillas. En las 3 elecciones que ha participado en 2015, 2016 y 2018 su promedio de cobertura de casillas es del 65 por ciento. Ese es el riesgo mayor que hoy ven los estrategas de Morena y esa, dicen, es ‘la verdadera cacería del Peje’ ¿Será que por esa vía sí lo cazan?”.

#NoAlPeriodismoSicario

Julio Hernández López, escribe en La Jornada acerca de la nueva etapa periodística que inicia televisa y del caso de Ricardo Alemán: “Luego de una noche, de jueves a viernes, de extraña condescendencia hacia Andrés Manuel López Obrador por parte de la mayoría de quienes integran la nueva etapa del programa televisivo denominado Tercer Grado, en una temperada sesión de preguntas y respuestas (casi amable, en comparación de otras), que a algunos pareció significar una especie de allanamiento de Televisa ante la alta viabilidad electoral del tabasqueño, este sábado se condensó de manera apabullante el rechazo a una persistente forma de ejercicio de opinión, en medios tradicionales y en redes sociales, mediante una etiqueta de Twitter que ganó primer lugar en las tendencias nacionales y llegó al tercer sitio mundial: #NoAlPeriodismoSicario. La comparecencia de López Obrador ante los siete integrantes de la reconformada plantilla de Tercer Grado había generado natural morbo político, pues en anterior sesión (2012), con la misma marca del ramal entrevistador analítico y entrevistador de Televisa, la rispidez había sido un tono distintivo. Además, el candidato presidencial de Morena había sostenido el 21 de marzo del presente año una muy comentada entrevista colectiva en el canal de televisión de Milenio, con Héctor Aguilar Camín, Jesús Silva-Herzog Márquez, Juan Pablo Becerra Acosta, Carlos Puig y Azucena Uresti (luego moderadora en el primer debate oficial de candidatos, en el Instituto Nacional Electoral) como rigurosos interrogadores, y el director editorial del citado diario, Carlos Marín, como el más enjundioso, término éste que los seguidores de López Obrador prefirieron canjear por otros más sonoros y descalificadores (una celada contra AMLO, llegaron a considerar tal entrevista que hasta ahora, inexplicadamente, no ha tenido continuidad con otros candidatos presidenciales). La imagen más descriptiva de ese encuentro fue la del propio Marín, en actitudes que gráficamente parecieron de enojo ante los dardos inquisitorios fallidos que había soltado. La noche en que Televisa pareció volver a colocarse como soldado del poder (en este caso, de quien parece encaminado a alcanzar el poder este uno de julio), también tuvo su etiqueta descriptiva: #TelevisaApapachaAAMLO. Contra lo que se supondría, conforme a los antecedentes, la mayoría de los entrevistadores de Tercer Grado se manejaron con un razonable rigor en sus preguntas, pero sin contrapuntear ostentosamente al declarante ni tratar de sacarlo de un confort informativo que consumió buena parte del tiempo. Denise Maerker, Joaquín López Dóriga y Carlos Loret de Mola, quienes, junto con el moderador, Leopoldo Gómez, formaron parte de la primera etapa de Tercer Grado, así como los nuevos participantes, Leo Zuckermann y Raymundo Rivapalacio (ambos, con programas en Foro Tv, de la propia Televisa) y René Delgado (del diario Reforma, opinante semanal en el matutino televisivo de Loret de Mola), podrían estar instaurando en la principal empresa de televisión abierta del país una etapa de sereno ejercicio periodístico, en busca de mostrar el talante del invitado, más que de los propios entrevistadores”.

El autor olvidado

Héctor Aguilar Camín, escribe en Milenio sobre la entrevista a López Obrador en “Tercer Grado”: “En su entrevista con los periodistas de Tercer grado, López Obrador tuvo su “momento Peña Nieto” en materia de no recordar al autor que citaba. Lo citaba en defensa de su convicción de que la voluntad política del Presidente es fundamental para cambiar las cosas. López Obrador dijo esto en beneficio de su idea de que el ejemplo del Presidente es clave y empezó a buscar en su memoria el nombre del autor. No podía dar con él, aunque se trataba de un autor importante, sugirió, un intelectual. Los periodistas que lo entrevistaban empezaron a tirarle nombres para llenar el vacío, pero ninguno cayó en la casilla que no recordaba el entrevistado. Recordaba solo el libro donde se había publicado el ensayo. La entrevista siguió sin que se enmendara el olvido. Horas después, uno de los informados y buenos asesores de López Obrador, Gerardo Esquivel, puso en un tuit la información correcta: El autor que había dicho que la voluntad política del gobernante es fundamental para combatir la corrupción era Carlos Elizondo Mayer-Sierra. El ensayo aludido de Elizondo se titula “El Estado incompetente” y puede encontrarse en el volumen colectivo ¿Y ahora qué? México ante el 2018 (Random House/Debate, p. 131), que incluye diagnósticos para otros muchos temas: ilegalidad, inseguridad, crecimiento económico, desigualdad, pobreza, estado de derecho, estado de bienestar y la posición de México en el mundo. Aclaro que, en la propuesta de Elizondo para combatir la corrupción, es tan importante la voluntad del gobernante como el entramado institucional. El “Estado competente” dice Elizondo, es “el que está compuesto por un conjunto de instituciones capaces de lograr gobernabilidad con un mínimo de represión y propiciar el crecimiento económico”. “Se requiere construir Estados competentes”, añade, y recuerda: “La derecha, en particular las élites económicas, no ha querido pagarlos (con sus impuestos). La izquierda de América Latina quiere Estados más grandes… que se apropian de crecientes recursos económicos haciéndose, en el camino, más incompetentes”. El Estado en que piensa Carlos Elizondo y para el que se requiere voluntad política de parte del gobernante, no es exactamente el Estado en que piensa López Obrador. Mañana, algo más sobre el ensayo de Elizondo, que conviene leer y pensar”.

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