Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del jueves 05 de julio de 2018. Bienvenido a las grandes ligas, Andrés: como nunca antes en la historia, las elecciones presidenciales de México despertaron un inusitado interés en los medios internacionales, pero de manera muy particular en los estadounidenses. Las razonas son claras, aunque superficiales… Ni alianza ni candidato. La derrota de los partidos. Pinos y avión

Rayuela

  • No hubo pánico bursátil ni estampida de capitales, tampoco desplome del peso. Los animadores de la debacle se quedaron con las ganas.
  • ¿Tiempos modernos? La foto impensable se dio ayer cuando un sonriente Claudio X. González abrazó a López Obrador.

Los riesgos de la prudencia envenenada

Jorge Zepeda Patterson escribe en El País, sobre la zalamería de las élites y la prudencia de López Obrador: “Desde el domingo en que autoridades electorales y rivales reconocieron su triunfo, Andrés Manuel López Obrador ha sido un dechado de prudencia y moderación. La noche misma de esa jornada electoral apaciguó a los poderes fácticos: no habrá expropiaciones, se respetará la autonomía del Banco de México, se mantendrá la disciplina financiera y fiscal; se reconocerán los compromisos contraidos con empresas y bancos nacionales y extranjeros; y se continuarán las negociaciones del TLC tal como se llevan. Al día siguiente conversó amigablemente con Donald Trump durante media hora y el martes tuvo una larga sesión en Palacio Nacional con Enrique Peña Nieto, que el propio líder opositor calificó de cordial y amistosa. En dos ocasiones en las últimas horas, López Obrador ha elogiado al presidente de México porque se mantuvo al margen del proceso electoral. Se ha dicho, y con razón, que el ahora presidente electo virtual es un político práctico. Ahora me pregunto si los excesos de “practicidad” podrían comprometer el potencial de cambio real de su Gobierno. No hay que perder de vista que el tsunami electoral que observamos el domingo entraña no solo un voto a favor de López Obrador sino también un voto en contra de Peña Nieto y el PRI que representa. No, la presidencia no fue neutral en las elecciones pasadas y allí están las intervenciones descaradas e ilegales de la Procuraduría General de la República (PGR) en contra de Ricardo Anaya, el otro candidato opositor; la instalación en la boleta electoral del candidato independiente Jaime Rodríguez, El Bronco, pese a que había cometido ilícitos para conseguir el registro (la decisión fue gracias a los votos de los magistrados del Trife vinculados al Ejecutivo federal); o los ingentes recursos públicos desviados para comprar el voto de manera directa o clientelar. Una cosa es no echar en cara esos delitos para llevar la fiesta de la transición en paz y otra hacer elogios innecesarios y contrarios a la verdad. (…) Pero hay razones para preocuparse. En los próximos meses habrá una cargada de las élites para acoger al nuevo presidente con los brazos abiertos, con la esperanza de mantener vigente el estado de cosas que los privilegia. (…) Solo espero que en su afán de no enemistarse con Peña Nieto y sus círculos, con los medios tradicionales, con los poderes fácticos que ahora harán fila en el besamanos, no termine diluyendo el mandato de cambio que recibió de los ciudadanos. (…) Una cosa es amnistiar en aras de no desgastarse en rencillas del pasado y otra cosa es legitimar a los responsables de los crímenes de ese pasado ominoso. (…) No se pide radicalismo o revanchismo, solo entereza moral y congruencia ideológica dentro de la prudencia. Esto apenas comienza. Será una larga batalla entre lo posible y lo necesario”.

Bienvenido a las grandes ligas, Andrés

Raymundo Rivapalacio escribe en El Financiero sobre la reacción de los principales y más influyentes periódicos norteamericanos: “Como nunca antes en la historia, las elecciones presidenciales de México despertaron un inusitado interés en los medios internacionales, pero de manera muy particular en los estadounidenses. Las razonas son claras, aunque superficiales. Andrés Manuel López Obrador es un político de izquierda cuya victoria, publicó The Washington Post, “es parte de la historia global de la emergencia de líderes populistas”. Claro, con una diferencia estratégica: México es la segunda economía más fuerte de América Latina, está entre las principales 20 economías del mundo, comparte tres mil 200 kilómetros de frontera común con Estados Unidos, y presenta un fenómeno de migración que ubica el presidente Donald Trump dentro de la seguridad nacional de su país. Lo que sucedió este domingo aquí forma parte del mapa geoestratégico norteamericano. (…) En un editorial, el Post resalta el temor: “Como muchos de los líderes populistas, incluido el presidente Trump, López Obrador promete transformar el establecimiento político actual, dice que él solo es capaz de cumplir todas sus promesas, y ataca a los medios, a los tribunales, a los grupos de la sociedad civil y a todos aquellos que puedan contrarrestar su poder personal. Como otros populistas, el próximo líder mexicano ha sido vago y ocasionalmente contradictorio sobre las políticas específicas que piensa llevar a cabo, aunque insiste que llevará a cabo una ‘transformación’ comparable a la Independencia de México. En eso, es seguro que fracase. La pregunta es qué tanto daño puede hacer al sistema democrático que lo ayudó a ganar”. A su vez, The New York Times expresó sus reservas sobre López Obrador en su editorial donde apunta que entraña un misterio en sí mismo al ser un político que desafía los estereotipos. “Puede ser un ideólogo izquierdista y un pragmático, un populista y un conservador fiscal”, añade. “Comparte la aversión izquierdista al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero ha ofrecido continuar con las actuales negociaciones”. El principal riesgo para Estados Unidos “no es si mueve a su país radicalmente a la izquierda, sino si fracasará en estar a la altura de las altas expectativas que ha creado con su promesa populista de una transformación profunda”. Los dos periódicos más influyentes en la vida pública de Estados Unidos, y la forma como están analizando a López Obrador, revela la alta preocupación de las élites a partir de los precedentes con líderes de perfiles similares a él. La prensa estadounidense tiene en la mente, como el Post lo ha desarrollado de manera amplia, a Nicolás Maduro, quien aprovechó los instrumentos de la democracia para coartar las libertades en Venezuela e ir construyendo un régimen autoritario. Otro ejemplo en su imaginario –al cual han dado mucha difusión– es Hungría, donde, en febrero, Viktor Orbán, un populista de extrema derecha, logró su cuarta reelección presidencial con una mayoría parlamentaria absoluta, gracias a la cual está convirtiendo una democracia en una autocracia. (…) Sólo la conversación que sostuvo con el presidente Donald Trump ayudó a tranquilizar a los mercados, pero el mensaje quedó claro. “El nuevo presidente –indica el diario–, tendrá que preocuparse de lo que piensan los mercados si quiere mejorar las condiciones de vida de los mexicanos”. Es decir, tendrá que aprender a medir el peso de sus palabras y las consecuencias de sus actos. O sea, bienvenido a las grandes ligas”.

Ni alianza ni candidato

Leo Zuckermann escribe en Excélsior acerca de la debacle de Acción Nacional y la candidatura de Ricardo Anaya: “Ayer comentaba, en este espacio, que la debacle del PRI se debió a la corrupción. Toca hoy hablar del otro desastre electoral del domingo pasado: El de Ricardo Anaya y el Frente PAN-PRD-MC. Ciertamente, este candidato quedó en segundo lugar, por arriba del priista (Meade). Pero quedó rezagadísimo del ganador de la contienda. Obtuvo nada menos que 30.5 puntos porcentuales menos que López Obrador, una barbaridad equivalente a 13 millones 878 mil votos. Para entender el mal resultado de Anaya, comparémoslo con lo ocurrido hace seis años, cuando el PAN quedó en tercer lugar después de una pésima campaña. En la elección presidencial de 2006, la candidata panista, Josefina Vázquez Mota, obtuvo 12 millones 769 mil votos, equivalentes al 25.7% de la votación nacional. El domingo, Anaya, quien iba como candidato no sólo del PAN, sino también del PRD y MC, consiguió 10 millones 250 mil votos, equivalentes al 22.5%. Esto quiere decir que Josefina, sólo con el PAN, tuvo 3.2 puntos porcentuales o dos millones 519 mil votos más que Anaya, quien estaba apoyado por tres partidos. El domingo, Anaya sólo ganó en 13.3% de las 156 mil 823 casillas instaladas. Triunfó en una sola entidad federativa: Guanajuato. Ni siquiera ganó en Querétaro, su estado natal y donde comenzó su carrera política. Por donde se vea, un desastre. Resulta evidente, hasta tautológico, afirmar que la alianza del PAN con el PRD y MC no funcionó. Era, sin duda, una jugada arriesgada. Y, como toda apuesta de este tipo, podía haber dejado altos rendimientos, pero también grandes pérdidas. Hoy sabemos que el saldo fue negativo, sobre todo para el PAN que, en la negociación del Frente, le cedió importantes candidaturas al Senado y Cámara de Diputados al PRD y MC. De acuerdo con la última proyección de cómo quedará el Poder Legislativo, con base en los datos del PREP, el PAN va a tener 24 senadores de un total de 128, diez menos de los que tiene hoy. En cuanto a diputados federales, Acción Nacional contará con una bancada de 76 legisladores, 31 menos que la legislatura actual. El Frente no sumó. Por el contrario, restó. El PAN se diluyó ideológicamente, lo cual se reflejó en la campaña de Anaya. El candidato no propuso nada por miedo a quedar mal con algunos de sus socios. Los divergentes intereses y convicciones de los tres partidos le impidieron a Anaya tomar posturas francas sobre lo que pensaba hacer y con quién. El candidato nunca pudo posicionar un solo tema de campaña. Hasta la que parecía su principal propuesta —el Ingreso Básico Universal— terminó perdiéndose en el olvido. En suma, el Frente se convirtió en un nudo gordiano que atoró una campaña que se convirtió en un gran bostezo. (…) En suma, no funcionaron ni la alianza ni el candidato. La combinación resultó letal y produjo otra derrota histórica. No como la del PRI, pero sí de grandes proporciones”.

La derrota de los partidos

Tras la aplastante victoria de Andrés Manuel López Obrador en los comicios del pasado 1 de julio, fue evidente el nivel de hartazgo que sienten los mexicanos, el cual se vio reflejado en la baja votación para favorecer a quienes fueran las tres principales fuerzas políticas. Al respecto en Milenio, el periodista Joaquín López Dóriga, escribe que: “el resultado electoral del domingo representa la gran derrota de los partidos y confirma su crisis derivada del rechazo de la sociedad. PAN, PRI Y PRD, los hasta el domingo tres grandes, tuvieron resultados muy menores en las elecciones que los redujeron a su verdadera dimensión […] en el PAN no quedó piedra sobre piedra tras la ruptura que provocó Ricardo Anaya […] EL PRD, desde el surgimiento de Morena, en 2014, se desfondó con la corrida de militantes hacia Andrés Manuel López Obrador, que se agravó al aliarse con el PAN […] del PRI qué decir: que en la presidencial no ganó uno de los 300 distritos electorales ni una de las 32 entidades ni una de las nueve elecciones para gobernador […] estos partidos se reinventan desde sus cenizas o alguien las soplará para siempre. Y hoy no me refiero a Morena, ya lo haré, porque no fue la victoria de un partido, sino el triunfo de un hombre: Andrés Manuel López Obrador”.

Pinos y avión

A lo largo de su campaña, López Obrador insistió en que no vivirá en los pinos ni utilizará los servicios del Estado Mayor Presidencial; sin embargo, lo más recomendable sería continuar usando la infraestructura existente; al respecto, En el Reforma, el analista y periodista Sergio Sarmiento, escribe que: “no es importante dónde viva el Presidente, tampoco qué avión usa, pero en política los temas de forma se hacen fondo. Ayer el presidente Enrique Peña Nieto se reunió con el ganador virtual de la elección, Andrés Manuel López Obrador, pero no en Los Pinos, donde tradicionalmente se han llevado a cabo estas reuniones, sino en Palacio Nacional. La ubicación es producto de la insistencia de López Obrador en campaña de que él no vivirá ni despachará en Los Pinos, sino en Palacio Nacional […] Pero Los Pinos no son un ejemplo de abuso o dispendio. […] es un lugar particularmente lujoso. La parte dedicada a residencia es relativamente pequeña. El resto son oficinas con instalaciones de seguridad, comunicaciones y salas de reuniones adecuadas para el gobernante de un país. Palacio Nacional no tiene estas instalaciones. Acondicionarlo para este propósito bien puede costar una gran cantidad de dinero y dañar un edificio que es patrimonio histórico y cultural de nuestro país. Es el mismo caso del avión presidencial […] Hay un tema adicional de seguridad. López Obrador sostiene que no necesita protección porque el pueblo lo protege. Ese desplante puede ser aceptable en un candidato, pero la seguridad del Presidente es un tema de seguridad nacional”.

Las mujeres de AMLO

El gabinete paritario de AMLO ha llamado la atención tras su triunfo en la elección del pasado Domingo, la presencia de mujeres en el gabinete presidencial del tabasqueño será determinante no sólo por cuestiones de género, sino por las credenciales que respaldan a las involucradas, por ello en el Excélsior, la periodista Yuriria Sierra, escribe que: […]. Andrés Manuel López Obrador reveló el equipo que lo acompañaría, en caso de ganar la Presidencia, prometió eso: un equipo paritario, dio nombres y apellidos. Y, tras la elección del domingo y su reunión de ayer con Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional, también anunció que en el equipo de transición habrá mujeres, como parte del equipo enfocado en la política interna: Tatiana Clouthier y Olga Sánchez Cordero. ¿Qué podemos decir de Tatiana? Es una rockstar. Durante los meses de campaña fue la encargada de matizar el mensaje del candidato, que no pocas veces se mostró difuso. La coordinadora de campaña supo hablar no sólo frente a los medios, sino también al ciudadano de a pie […]. Tatiana se convirtió en una figura vital en la que fue la campaña que llevó al candidato a la victoria […]. Y, junto a ella, otra mujer inteligentísima. Olga Sánchez Cordero, la ministra en retiro es reconocida por ser una defensora de la causa progresista y opositora de la estrategia que, hasta la fecha, sigue operando en el combate al narcotráfico y el crimen organizado […]. Y no sólo ellas. Luisa María Alcalde, de 30 años, se apuntala como una mujer líder que, de no cambiar los planes, será la próxima secretaria del Trabajo. En ella recaerá la promesa de incrementar el salario mínimo […]. Alejandra Frausto despachará en la Secretaría de Cultura, una funcionaria de primer nivel que está muy lejos de necesitar credenciales para este cargo, pues lo ha trabajado en gobiernos locales y conoce las necesidades de este sector, que ha estado en último lugar de las prioridades gubernamentales. María Luisa Albores estará en la Sedesol. Josefa González Ortiz, en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales; Graciela Márquez Colín, en Economía; Norma Rocío Nahle García, en la Secretaría de Energía; Irma Eréndira Sandoval, en la Función Pública. Un gabinete paritario que responde a ese femsplaning que lanzó la campaña de Andrés Manuel López Obrador. Un documento que engloba su visión de su gobierno frente a la problemática de género. Y es que cómo entender esto sin darle a las mujeres su lugar en la representatividad. Es un primer paso, no hay nada resuelto, pero, de inicio, es una manera distinta de dar importancia a una agenda de género que pocas veces es escuchada. Esperemos. Ésta es otra de las promesas y las expectativas que deben cubrirse en los próximos seis años”.

Culto a la personalidad

En el Excélsior, su director, el periodista Pascal Beltrán del Río, critica la actitud de sumisión del gobernador de Nayarit ante la inminente victoria de Andrés Manuel en las urnas, la cual califica de poco pertinente y anticuada, y comenta que: “el abrumador triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y Morena es una oportunidad para dejar atrás los privilegios que han caracterizado a la clase política y establecer una nueva relación entre gobernantes y gobernados. Para otros, es una ocasión para reeditar el culto a la personalidad que caracterizaba al sistema político creado por los ganadores de la Revolución Mexicana. Al hojear los periódicos, la mañana de ayer, me encontré un desplegado a página completa, publicado en al menos tres diarios editados en la Ciudad de México, en el que el gobernador de Nayarit, el frentista Antonio Echevarría, saluda la victoria de López Obrador en las urnas y hace votos porque ‘venga un nuevo tiempo para México, uno que dé aliento a los sueños de todas y de todos’ […]. Publicar desplegados en los periódicos –¿los pagó usted, gobernador Echevarría, o los cargó al erario?– es un ejercicio de relaciones públicas rancio […]. Lo increíble es que esto lo haga un gobernador surgido de la oposición […], que supuestamente tendría que guardar cierto decoro al dirigirse al virtual Presidente electo, que acaba de derrotar en las urnas al candidato de su partido […]. Si lo que el gobernador nayarita quería transmitir era su disposición para trabajar con el próximo gobierno de la República, bastaba una llamada telefónica […]. Ayer le decía que el arrollador triunfo de la coalición Juntos Haremos Historia me hizo recordar los tiempos en que el PRI era un partidazo que dominaba la política nacional de Tijuana a Chetumal. Eso, y el estilo centralizado del mando ejercido por López Obrador, ha despertado temores de que pudiéramos estar en los umbrales de una dictadura, cosa que explícitamente rechazó el virtual Presidente electo en su discurso de la victoria pronunciado la madrugada del lunes en el Zócalo. La coalición ganadora tendrá suficientes diputados, senadores y alcaldes como para necesitar que los gobernadores de la futura oposición –que serán mayoría– se plieguen por anticipado. Que no se entiendan las líneas anteriores como una sugerencia de que los gobernadores se enfrenten al gobierno que tomará posesión el 1 de diciembre. Nada de eso. Es deseable que haya coordinación entre el Presidente y los mandatarios estatales. Sin embargo, el reverso de la medalla también es pernicioso: la sumisión, que huele a tiempos idos”.

Concordia en Palacio

La reunión entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador no sólo generó una enorme expectativa, sino que también envió un mensaje de unidad y concordia al exterior, lo que podría resultar enormemente benéfico para la transición de gobierno. Al respecto, en La Jornada, el periodista Julio Hernández López, escribe que: “el tabasqueño y el mexiquense en un ejercicio de máxima distensión política en lo inmediato, al enviar a los mercados y los inversionistas un mensaje de tranquilidad para sus intereses, e incluso, en un lance de máximo acompasamiento con las políticas del saliente Enrique Peña Nieto, de adhesión a temas críticos como la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Sonrientes y bien entendidos los dos personajes en una presentación pública que tuvo como marco de referencia una reunión de hora y media en la que se habló, además del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, del nuevo aeropuerto de Ciudad de México, de la reforma energética y sus contratos, del presupuesto de egresos a presentar para 2019 y del futuro arranque de los trabajos de un equipo de transición. El encuentro, que se dio antes de que el tribunal electoral federal haya validado la elección y haya declarado a determinado candidato como presidente electo, transcurrió conforme al nuevo signo de la política mexicana en tiempos de López Obrador: amor y paz […] Andrés Manuel López Obrador avanzó de manera notable en la captura amable (tal vez sería más propio usar el vocablo cesión) de una porción del ejercicio presidencial que Peña Nieto tiene abandonado o subejercido, sumido el mexiquense en preocupantes tramos de evaporación de responsabilidades. Ayer, en Palacio Nacional, hubo un político en ejercicio y con poder, y un acompañante amable y decorativo. Sin embargo, el protocolario Peña Nieto también tuvo importantes beneficios”.

El anunciado fracaso del Frente

La amalgama PAN-PRD pintaba mal desde el primer momento, aunque la idea de formar un “frente democrático” era seductora, sin embargo, unir a dos fuerzas políticas de ideologías contrarias era un proyecto destinado al fracaso, así lo considera en el Excélsior, el periodista especializado en temas parlamentarios, Francisco Garfías, quien escribe que: “el aplastante triunfo de AMLO y el tsunami que arrasó al PRI opacaron una tercera consecuencia derivada del poder que mostraron los ciudadanos en las urnas el pasado domingo: el fracaso de la coalición Por México al Frente. Su candidato presidencial, Ricardo Anaya, perdió por 30 puntos de diferencia frente a AMLO. Sólo ganó en Guanajuato. Todos los demás estados fueron para El Peje. El PAN sacó su peor resultado en 40 años. Al PRD le fue peor: está al borde de la extinción […]. De las nueve gubernaturas que disputó, el Frente se quedó con tres. Retuvo Guanajuato y, en principio, Puebla. El PAN ganó Yucatán, pero perdió Veracruz. Allí no le fue tan mal […]. Ricardo Anaya salpicó el democrático gesto de reconocer que las tendencias no le favorecían al insinuar, en el mismo mensaje, que el uso faccioso de la PGR para golpear su campaña lastimó su candidatura […]. La verdad es que Ricardo fue un mal candidato. No respondió a las expectativas. Eliminó a Margarita de la contienda por la candidatura del PAN por la vía de la exclusión. Canjeó la democracia interna que caracterizaba al PAN por acuerdos cupulares con el PRD y el MC. Lo alejó de su identidad y sus principios a cambio del apoyo de contrarios ideológicamente”.

No es López Obrador, sino la envestidura

El virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, se ha empeñado en prescindir de la seguridad que le proporciona el Estado Mayor Presidencial; sin embargo, después de vivir uno de los procesos electorales más violentos, más de uno de pone nervioso al ver al tabasqueño solo con la “protección” que le brinda el pueblo. En Milenio, el periodista Carlos Marín, escribe que: “quizá porque a Benito Juárez lo cuidó un grupito de militares (a Maximiliano un Gabinete Personal de Su Alteza), Andrés Manuel López Obrador necea con prescindir del Estado Mayor Presidencial. Refleja un problema conceptual: suponer que es tan igual como los igualados que gobernará y que no debe cuidarse las espaldas porque, ha repetido, ‘el que nada debe nada teme’. Parece ver al EMP como un ejército de guaruras. Lo cierto es que se trata de un cuerpo técnico militar que vela por la seguridad personal del Presidente, su familia y su gabinete, pero también que aporta datos medulares de inteligencia y los insumos clave para la preservación del Estado. No es un servicio al individuo que encabeza las instituciones nacionales. Como jefe de Gobierno, AMLO tuvo el apoyo logístico de las gacelas que comandó Polimnia Romana. Por dos o tres mil pesos hay dispuestos a matar y es copiosa la cifra de servidores públicos y políticos asesinados. Que como aspirante jugara a que “el pueblo me cuida” pudiera entenderse, pero como Presidente de la República esa vacilada entrañaría una descomunal irresponsabilidad”.

El recuento de los daños

Es evidente el daño al interior del partido causado por el movimiento de López Obrador. Ante esta situación nada alentadora, el Partido Revolucionario Institucional ya prepara una cumbre en su sede nacional, aunque se rumora que no terminará con muy buenos resultados. Al respecto en el diario Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, asegura que: “hoy habrá reunión cumbre en la sede nacional del PRI y más que una comida de camaradas, seguramente aquello parecerá un velorio. Favor de no mandar coronas. Convocados por el presidente del partido, René Juárez, acudirán los actuales gobernadores tricolores, los coordinadores tanto de diputados como de senadores y una decena de integrantes del Comité Ejecutivo Nacional priista. Es claro que tras la aplastante derrota sufrida el domingo, las cosas en el PRI no se van a resolver en una sentada (y quién sabe si, en realidad, puedan resolverse nunca). Pero como la vida sigue, Juárez intentará recoger los pedacitos de lo que queda del partidazo. Dicen que uno de los temas a tratar será la designación de los próximos coordinadores parlamentarios, que tendrán a su cargo las bancadas más raquíticas que jamás haya tenido el PRI”.

La transición

El comercio internacional debe ser un tema de importancia para el nuevo gobierno que encabezará AMLO, pues su triunfo en la elección se da en medio de la renegociación del TLCAN, por lo que en el Excélsior, su columna de trascendidos, Frentes Políticos, asegura que: “lo primordial en la transición es que el país no sufra sacudidas de ningún tipo. Y eso, al menos en el sector económico, se va garantizando. Los destellos de confiabilidad que ha dado Andrés Manuel López Obrador en los dos días posteriores a su virtual triunfo para la Presidencia de México hablan de un futuro sólido. Dijo en su discurso que respetará la autonomía del Banco de México y ayer informó que los equipos negociadores del Tratado de Libre Comercio para América del Norte seguirán, porque ‘me han dicho que lo están haciendo bien’. El espaldarazo a Luis Videgaray, el canciller, bien ganado. La decisión brinda confianza al sector financiero. Gran señal”.

Vivir sin oposición, la otra victoria de AMLO

Carlos Puig, escribe en Milenio sobre los reproches y navajas que ya aparecen dentro del PRI y del PAN: “Ayer, por ejemplo, un grupo de priistas encabezados por Ulises Ruiz —sí, no se rían— lanzó un comunicado firmado por varios priistas en el que advierten: “El presidente Peña y sus funcionarios de primer nivel en el Gobierno, principalmente quienes han estado encargados del combate a la inseguridad, a la pobreza y quienes cometieron actos de corrupción o quienes se debieron dedicar a erradicarla, son responsables en gran medida del resultado electoral. Exigimos que así lo asuman para que no pretendan influir en la reconstrucción del partido, entienda que no tienen cabida en la reconstrucción del PRI. Ocúpense mejor de entregar ordenadamente el gobierno y las dependencias y las entidades que están a su cargo”. Me dirán algunos de ustedes que es Ulises Ruiz y que no hay demasiados nombres que importen en la larga lista. Puede ser. Pero anticipa lo que viene y sobre todo apunta algo cierto: el PRI está, para efectos reales, descabezado, con pocos diputados y senadores, con gobernadores que vieron a sus territorios votar por otro partido porque están enojados con el de ellos. No soy tan ingenuo como para escribir el obituario del tricolor, pero la crisis y la reorganización tardarán un tiempo y ya veremos si logran superar la peor actuación de su historia o se quedarán ahí. Tengo claro que no son los liderazgos tipo Ulises Ruiz los que los sacarán del abismo. Y qué decir del PAN, también con la peor actuación y bancada de su historia. ¿Quién será su líder en el Senado? ¿Mancera, Juan Zepeda? El único que salió bien librado es el PAN de Guanajuato. ¿Irá el gobernador Márquez por el partido? ¿Con quién? ¿Por cuál partido? Los resultados, como hice cuentas ayer, le han dado una mayoría inédita a la coalición que gobernará. Las minorías están vapuleadas. Se han autodestruido. En 2000, López Obrador tomó la decisión desde Ciudad de México, frente a la ilusión de Fox, de convertirse en un líder opositor. Él mismo y Marcelo Ebrard hicieron lo mismo después de 2006 y López Obrador lo continuó después de 2012. Hoy, ¿quién es el líder de la oposición? Es difícil encontrarlo. Y eso nunca es buena noticia para la democracia.

@loscabareteros

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