Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del jueves 23 de agosto de 2018. No te preocupes, Javidú: La PGR de Peña Nieto a cargo de Alberto Elías Beltrán, un personaje más manipulable que sus antecesores (Jesús Murillo Karam, Arely Gómez y Raúl Cervantes)… Comiendo sapos: alguien llame a un gastroenterólogo, porque Alberto Elías Beltrán ha tenido que comerse unos sapos espantosos. La estafa de la Maestra. Fue Meade el que “no funcionó”…

Rayuela

Fantástico el baile y el gozo de esos jóvenes adultos mayores. Como dicen los ticos: ¡Pura vida!

Comiendo sapos

En el diario Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, asegura que: “alguien llame a un gastroenterólogo, porque Alberto Elías Beltrán ha tenido que comerse unos sapos espantosos… ¡y poniendo buena cara! Las piruetas que está dando el titular de la Procuraduría General de la República para explicar por qué le abrieron la puerta de la cárcel a Javier Duarte serían de risa, si no evidenciaran que la justicia en México está para llorar. Ahora resulta que la Procuraduría ¡nunca tuvo pruebas! de que el ex gobernador de Veracruz incurrió en el delito de delincuencia organizada al desviar 438 millones de pesos a través de empresas fantasma. No, pues, explíquenle eso a los priistas, desde Manlio Fabio Beltrones hasta José Antonio Meade, que en mucho le deben la derrota al santo Duarte. Pero, bueno, en realidad la culpa no es de Elías Beltrán, sino de su obediencia a un sistema en el que el procurador no es autónomo, es un empleado del Presidente y permite que la política mangonee a la justicia. Y lo peor es que el próximo sexenio corre el riesgo de ser igual”.

La estafa de la Maestra

Jorge Zepeda Patterson, escribe en El País, acerca de los besos del diablo que recibe López Obrador: “Los astros siguen alineados a favor de Andrés Manuel López Obrador. Con un par de días de separación la líder del magisterio Elba Esther Gordillo salió de la cárcel y Donald Trump llamó al presidente electo “un perfecto caballero”. En ambos casos se trata de buenas noticias y se suman a la extraordinaria racha de circunstancias que han pavimentado el camino del tabasqueño a la presidencia. La primera, la excarcelación de Gordillo, porque tarde o temprano habría sucedido y qué mejor que pasara durante la Administración de Peña Nieto. La Maestra es un personaje estigmatizado por la mayoría de los mexicanos, epítome del enriquecimiento, de la corrupción y del corporativismo sindical. La acusación de la PGR en contra de ella fue motivada por la venganza política e instrumentada desde la presidencia; el caso fue montado obedeciendo más a la espectacularidad que a la consistencia jurídica. En 2013, para lograr una aprehensión fulminante, las autoridades la acusaron de delitos mucho más severos de lo que podían sustentar. La declaración de Trump en la que dice preferir al caballero que viene por encima del presidente capitalista que se va, es música para los oídos de López Obrador. Ciertamente es más de forma que de fondo, pero en política y en mercados la apariencia es fondo. De entrada, el peso se fortaleció con respecto al dólar al tenor de las palabras del estadounidense. Cuán lejanos aquellos días durante la campaña cuando se temía que un triunfo del candidato de la oposición desencadenara un tobogán de inestabilidad, entre otras cosas, por el supuesto boicot de Washington y Wall Street a un gobierno de izquierda. Pero las buenas noticias siempre entrañan su descomposición. Ambas tienen la potencialidad de convertirse en un beso del diablo. Gordillo y López Obrador coinciden en oponerse a la infortunada reforma educativa de Peña Nieto, y ambos harán lo necesario para terminar por defenestrarla. Eso los convierte en aliados (implícitos o explícitos, pero aliados). La Maestra, todo indica, recuperará el poder del sindicato y podría ser de una enorme ayuda para propiciar la reforma que López Obrador necesita. En otras circunstancias sería un recurso político invaluable. Pero no es el caso de Elba Esther. No solo porque es impresentable públicamente sino porque es incapaz de mantenerse a la sombra; su protagonismo estridente y autoritario, las ganas de reivindicarse, la convierten en un aliado incómodo por decir lo menos. Mucho me temo que su presencia (por no hablar del regreso del exilio del polémico Napoleón Gómez, líder de los mineros) provocarán que la Cuarta Transformación prometida por Andrés Manuel no pase por el vetusto y corrupto edificio del corporativismo sindical. Por su parte, los gestos amorosos de Trump pueden convertirse en misiles en materia de días. (…) Pero ese capítulo apenas comienza. Coincidirán (al menos) dos años en el poder y ambos lo ejercen de manera voluntariosa. Son personajes tan impredecibles que podemos estar seguros que sus relaciones serán una montaña rusa. Solo queda abrocharnos los cinturones”.

Peña le dice a Ciro que no fue su baja popularidad, que fue Meade el que “no funcionó”

En la redacción del portal SinEmbargo, se muestran fragmentos de las entrevistas de Peña Nieto como parte de su último informe de gobierno: “El Presidente Enrique Peña Nieto anda de gira de medios. Denise Maerker difundió el martes por la noche una entrevista en la que dijo que su gran error fue “no haber explicado con suficiencia los errores o señalamientos que hubo en distintos temas. ‘Casa blanca’, por ejemplo”. En la noche del miércoles le ha dicho a Ciro Gómez Leyva que no fueron sus bajos índices de aprobación sino el candidato, José Antonio Meade, el que “no funcionó”.

No te preocupes, Javidú

Julio Hernández López escribe en La Jornada sobre Javier Duarte y la PGR: “Enrique Peña Nieto ha ido creando de manera sistemática, inequívoca y eficaz, las condiciones procesales para que el ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, pueda gozar de un proceso judicial de calado menor al que debería corresponderle y, ahora, ya en el tramo final de una administración federal que tuvo muchos puntos de complicidad con la de Duarte, se encamine sonriente a la posibilidad de una liberación condicional y a una sentencia benigna, equiparable a la impunidad. Aun cuando el tamaño de la monstruosidad criminal desarrollada en Veracruz por Duarte de Ochoa exigiría acciones firmes y bien fundamentadas por parte de la Procuraduría General de la República (es decir, de Peña Nieto, el verdadero instructor de lo que han hecho los procuradores de utilería que ha ido poniendo en esa oficina), lo cierto es que la PGR ha montado un lamentable espectáculo de pifias e incapacidad programadas para beneficiar al amigo Javier, apodado Javidú (en el fondo: una repetición del esquema de perdones desde el poder visto cuando Peña Nieto dijo a Rosario Robles, en abril de 2013, que no se preocupara por acusaciones fundadas de manejo faccioso de recursos públicos, justamente en el contexto veracruzano). En ese escenario de complicidades mutuamente complacidas, ayer la PGR anunció, con desparpajo insólito, su decisión de no sustentar la acusación original y principal contra Duarte de Ochoa, la de delincuencia organizada, y pedir su reclasificación por el concepto más generoso de asociación delictuosa. La Procuraduría General de Peña Nieto (PGPena), a cargo de Alberto Elías Beltrán, un personaje más manipulable que sus antecesores (Jesús Murillo Karam, Arely Gómez y Raúl Cervantes), hizo saber que no puede fundamentar las acusaciones más importantes, definitorias, contra el citado ex mandatario priísta. La reclasificación planteada por la PGPena implica varias posibilidades de enorme beneficio para Duarte de Ochoa: la sanción sería menor, podría darse una liberación condicional adelantada, en cuestión de semanas, y, como terrible coronación a mediano plazo, todo el proceso podría venirse abajo, a causa de múltiples errores sembrados, equivocaciones intencionales, desarticulaciones del flanco acusador y el manoseo a conciencia del expediente de extradición que establece que el extraditado sólo puede ser juzgado por los delitos por los cuales fue acusado formalmente por el gobierno peticionario, ni uno más”.

Prometer y gobernar

Javier Aparicio, escribe en Excélsior, sobre las expectativas creadas en campaña y la realidad a la hora de gobernar: “Durante las campañas, los candidatos pueden darse el lujo de hacer promesas utópicas. De hecho, parte del debate de toda campaña consiste en que candidaturas rivales contrasten propuestas y que el electorado dilucide cuáles son más interesantes, viables o atractivas. Es muy difícil que haya un consenso puesto que lo atractivo para unos puede parecer indeseable para otros. Incluso cuando un gobernante consigue una mayoría absoluta de votos, esto no necesariamente implica que todos y cada uno de quienes le apoyaron en las urnas están de acuerdo con todas y cada una de sus propuestas de campaña. Gobernar es otra cosa. Una vez en el poder, el desempeño de cualquier gobierno difícilmente logrará cumplir todo lo que prometió o, si se quiere, difícilmente logrará cumplir lo que cada votante esperaba a la hora de votar. Por ello, casi de manera inexorable, gobernar desgasta a los mandatarios y decepciona a las y los ciudadanos. Una evidencia de este fenómeno es la llamada “luna de miel” en la que, durante algunos meses, los gobernantes gozan de una mayor aprobación o popularidad que incluso cuando estaban en campaña. La “luna de miel” termina cuando los gobernantes comienzan a tomar decisiones, impulsar ciertas políticas públicas y no otras, apoyar ciertas reformas y no otras. Conforme los gobiernos en turno asumen más y más la responsabilidad de las decisiones difíciles, la oposición puede ir reorganizándose o reagrupándose. Hoy, muchos de los problemas del país pueden achacarse al gobierno saliente. En algún momento de 2019 o 2020, muchos de los problemas del país se irán atribuyendo al nuevo gobierno. (…) Otros dilemas tienen que ver con la administración pública y la reorientación del gasto público. ¿Vale la pena impulsar un programa de austeridad tal que pueda paralizar o entorpecer el gobierno? ¿Se intentará combatir la corrupción o simplemente transferir recursos de unos rubros a otros? ¿Los nuevos programas sociales estarán libres de corrupción? ¿Se ampliará el gasto social sin fomentar el clientelismo que se prometió combatir en campaña? ¿Se impulsarán las políticas públicas que más convengan al país en general o las que ayuden a consolidar una nueva fuerza política? No se puede todo”.

Andrés, despide a tu amigo

Raymundo Rivapalacio escribe en El Financiero sobre el Director de Pemex designado por AMLO para el próximo gobierno: “Si Andrés Manuel López Obrador pretende un gobierno exitoso, tiene que cortarse un brazo llamado Octavio Romero Oropeza, designado como futuro director de Pemex. Ahí ha sido colocado no por conocer el sector ni ser un financiero competente, sino por ser de toda su confianza. Fue uno de los tres tabasqueños que se mudaron con él a la Ciudad de México en los 90, para iniciar la escalada a la Presidencia oficial mayor del gobierno capitalino que encabezó, y administró en la sombra los recursos de la campaña presidencial donde enfrentó a Felipe Calderón. Romero Oropeza es objetivamente insostenible, a menos que López Obrador sea un inconsciente y liquide la gallina de los huevos de oro del gobierno mexicano. Pemex es la empresa petrolera más grande de América Latina y una de las más grandes del mundo. Es, junto con Saudi Aramco, el rey de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, la segunda empresa paraestatal más importante del mundo. Un deficiente manejo en la primera parte del gobierno de Enrique Peña Nieto la dejó en una situación muy precaria, con 15 millones de dólares en caja a la salida del exdirector Emilio Lozoya, y una deuda de 100 mil millones de pesos en todo el mundo, que produjo una calificación negativa de las agencias internacionales, que costó mucho trabajo revertir. Romero Oropeza es uno de los dos tabasqueños que viajaron con él a la Ciudad de México, que formarán parte de su gobierno. El martes nombró al segundo, Alejandro Esquer, como secretario particular del Presidente. Esquer juega en el lado seguro de López Obrador, protegiendo a su amigo y jefe por muchos años en ese cargo, donde la confianza y la discreción son herramientas centrales del cargo. Tampoco hará daño a la nación ni a los mexicanos, porque las decisiones que tome no afectarán al conjunto de la sociedad. En el caso de Romero Oropeza, cualquier cosa que haga mal, costará millones de dólares. Si lo hace peor, arrastrará al infierno al gobierno lopezobradorista”.

¿Qué hará AMLO con Elba Esther?

En El Universal, Salvador García Soto, reflexiona acerca de cómo deberá actuar el próximo Presidente, Andrés Manuel López Obrador, respecto a la liberación de la ex lideresa sindical Elba Esther Gordillo: “con Elba Esther Gordillo libre, lista para reclamar que le devuelvan la presidencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación con el fallo judicial que la exonera de los delitos que la acusaron, la ‘cuarta transformación’ de Andrés Manuel López Obrador tendrá un primer obstáculo para demostrar su credibilidad de que habrá un cambio real de régimen como el que proclama el presidente electo. Porque si Gordillo vuelve a asumir el control del sindicato […] se estará preservando uno de los principales lastres del antiguo régimen priista en el gobierno lopezobradorista: el viejo sindicalismo charril y corporativista que, mientras sirva al gobierno y al presidente en turno, puede ser tolerado con todo y líderes sempiternos y con enormes fortunas familiares. Ningún ingenuo puede pensar que lo que ocurrió el pasado lunes fue mera coincidencia. En total concordancia y con apenas diferencia de horas hablaban primero Elba Esther proclamando su inocencia y declarándose ‘perseguida política’ y luego el presidente electo diciendo en Palacio Nacional que respetaría ‘los derechos’ de la Maestra y que no sería ni perseguida ni empleada de su gobierno […] Políticamente puede entenderse que el candidato López Obrador tenga un ‘compromiso’ con Elba Esther por la alianza electoral que ambos hicieron y el apoyo que los grupos de maestros gordillistas le dieron en su campaña y en la operación electoral del 1 de julio pasado. Pero moralmente, el presidente López Obrador tendrá que evaluar qué hará o qué le permitirá hacer a Gordillo Morales porque devolverle el control del sindicato de maestros equivaldría a torcer su compromiso de una transformación del país […] Si Gordillo vuelve en el sexenio próximo a tener el mismo poder y el mismo control que tuvo […] en la educación pública del país, entonces no todo habrá cambiado y después de eso Carlos Romero Deschamps, Víctor Flores, Carlos Aceves del Olmo, Víctor Fuentes y demás charros millonarios y herederos de Fidel Velázquez, podrán sentirse del todo tranquilos de que la ‘Cuarta Transformación’ no va a desmantelar al viejo sindicalismo, por lo que no los alcanzará a ellos ni a sus cotos sindicales ni a sus inmensas fortunas”.

¿Hasta exonerar a Echeverría?

En el Excélsior, la periodista Yuriria Sierra, habla acerca de cómo la Procuraduría General de la República ha quedado mal parada durante este sexenio debido a los fracasos sufridos en casos emblemáticos: “Javier Duarte está con un pie en Londres. O al menos eso asegura Miguel Ángel Yunes. El gobierno veracruzano afirma que si aquél obtiene su libertad, no dudará en irse del país y correr, claro, al encuentro con su esposa, Karime Macías, quien a pesar del santo y seña de su paradero, ahí sigue, dándose vida de realeza. Por eso señalan que el riesgo de fuga es enorme. Y no es que necesitemos de esta perspicacia. Javidu lleva la delantera en su proceso legal. Las autoridades reconfiguraron una de las acusaciones contra el exgobernador porque no tuvieron elementos para sostener el delito de delincuencia organizada […] La Procuraduría General de la República se anota así un golpe más en menos de un mes. Y es que apenas este lunes de regreso a clases estuvo marcado por el también regreso de Elba Esther Gordillo. La causa que el actual sexenio se anotó en 2013, y que era presumida como la bandera de la lucha anticorrupción, quedó más bien como el trapo roído de un expediente armado con las extremidades inferiores. Con los pies, pues. Maquiaelba está de vuelta y con sed de venganza […] Quedan alrededor de cien días de esta administración. No sabemos qué otro caso se les pueda caer. En una de ésas, termina el sexenio con la exoneración de Luis Echeverría. Igual y habría quien también lo recibiría con aplausos y alegría”.

Contra la corrupción

En el Reforma, Sergio Sarmiento, habla acerca del combate a la corrupción que tanto ha prometido el Presidente electo Andrés Manuel López Obrador, y de cómo no es suficiente con que él mismo ponga el ejemplo: “el triunfo de Andrés Manuel López Obrador se debe en buena medida al hartazgo de la población mexicana ante un gobierno que percibe como corrupto y dispendioso. La creciente popularidad del mandatario electo es producto también de que algunas de las medidas que ha anunciado, como la reducción de sueldos de funcionarios públicos o la eliminación de las pensiones de los ex presidentes, son vistas por muchos ciudadanos como pasos en la dirección correcta. López Obrador ha logrado mantener una reputación de honestidad personal a pesar de todas las acusaciones que se le han hecho […] La honestidad personal, sin embargo, no es garantía de que se pueda reducir la corrupción y mucho menos de eliminarla completamente como ha prometido López Obrador. El Presidente electo no ha presentado propuestas concretas de políticas públicas que puedan ayudar a disminuir la corrupción. Su propuesta fundamental es que su irreprochable honestidad personal es suficiente […] Sí, es verdad, la conducta del Presidente puede influir, pero la experiencia, no solo en México sino en el mundo, sugiere que las regulaciones y la complejidad burocrática, así como la falta de transparencia en contrataciones y pagos, son factores mucho más importantes que la honestidad personal del gobernante. Un mandatario no puede estar al tanto de todo […] Tener un Presidente honesto que sirva de ejemplo es siempre positivo, pero no hay razones para pensar que eso basta para acabar con la corrupción”.

Nuestro amor por la cárcel

En Milenio, Carlos Puig, escribe acerca de dos polémicas resoluciones que han puesto en entredicho la capacidad de la justicia mexicana para crear un caso sólido: “vivo en un país que ha confundido la prisión con la justicia. Elba Esther Gordillo no fue culpable de lo que la acusaron. Pasó cinco años en prisión (la de verdad, hospitalaria y domiciliaria). Cinco años de a gratis. A la opinión pública le pareció poco. Nadie se indignó porque una persona inocente, eso dijo la justicia, pasara cinco años encerrada. Ayer, la Procuraduría General de la República decidió, según la evidencia disponible, quitar una acusación a Javier Duarte, la de delincuencia organizada, y mantener otras, lo cual, en otra circunstancia, podría significar que Javier Duarte continuara su proceso en libertad. Con él no sucederá, entre otras cosas, porque él ya huyó una vez, lo cual le quita el derecho a cualquier medida cautelar. La indignación es enorme porque tal vez hubiera podido no estar en las rejas. El Presidente electo ha prometido que una de sus primeras iniciativas de ley será hacer graves delitos como corrupción y fraude electoral; es decir, para que los acusados cumplan prisión preventiva mientras están en proceso. Gobernadores y fiscales estatales se la han pasado justificando su ineficacia frente a la violencia e inseguridad porque, según ellos, ya no metemos a suficiente gente a la cárcel”.

El guiño de AMLO a Trump que desatoró el TLC

En El Universal, Carlos Loret de Mola, escribe acerca de cómo la legitimidad ganada en las urnas por Andrés Manuel López Obrador fue un gran impulso para que su equipo lograra destrabar las negociaciones del TLCAN: “todo mundo sabe que la entrada del equipo de López Obrador a la renegociación del Tratado de Libre Comercio la sacó del estancamiento y le dio un acelerón. Se atribuyó eso fundamentalmente a la legitimidad de la victoria electoral del futuro presidente de México y la popularidad que lo respalda. Sin embargo, hay algunos temas de fondo que motivaron a la administración de Donald Trump a reactivar las mesas de negociación. Señales que recibieron del círculo cercano al presidente electo en el sentido de que su posición era más flexible frente a algunos de los temas que habían sido tabú para el equipo comandado por los secretarios Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo. Concretamente, la Cláusula Ocaso (Sunset Clause, propuesta por Estados Unidos para obligar a renegociar el Tratado cada cinco años). En los contactos directos que han tenido funcionarios del gobierno entrante con la administración Trump, según me dicen fuentes del régimen entrante, han dejado ver que a ellos no les parece tan grave la Cláusula Ocaso, porque de todas maneras Estados Unidos tiene la facultad de salirse del Tratado de Libre Comercio avisando unos meses antes. Consideran que si los vecinos quieren tronar el Tratado, no hace falta esperar cinco años a que se active la cláusula ocaso, basta anunciarlo y esperar unos meses o incluso argumentar razones de seguridad nacional y punto. El otro asunto central que ya quedó destrabado fue que el gobierno saliente y la iniciativa privada mexicana buscaron “blindar” la reforma energética a través de la renegociación del TLC […] La impresión que queda en los negociadores mexicanos es que el Tratado de Libre Comercio está al 95 por ciento acordado. Sabremos muy rápidamente qué pasa con el cinco por ciento restante”.

“El talento debe ser recompensado”

En Excélsior, Francisco Garfías, escribe que: “en estos días de austeridad republicana me he acordado mucho de las palabras del fallecido presidente francés François Mitterrand, socialista probado que ya está en los libros de historia: ‘El talento debe ser recompensado’. No podría estar más de acuerdo, aunque sé que admitirlo es políticamente incorrecto. La moda en esta época de la cuarta transformación son los ingresos modestos. Morena propondrá que la dieta mensual neta de los senadores sea de 90 mil pesos, en lugar de los 300 mil que hoy llegan a ganar, según Juan Zepeda, legislador electo del Partido de la Revolución Democrática […] Es cierto que los abusos y excesos deben ser eliminados. En el Senado abundan. En San Lázaro también. Han sido documentados ampliamente por los reporteros de la fuente […] Pero no hay que irse al extremo de tener que vivir al día para presumir dignidad. En las cámaras se necesita a los mejores, los más preparados, los que pueden darnos las leyes y reformas que levanten a este país. Pero una dieta tan baja es desmotivante. Los que pueden dar más no se interesarían en un escaño o una curul. Buscarían irse a la iniciativa privada. Suena mal, pero es así.

Hora cero para el retorno de Napito

En Milenio, Trascendió, asegura que: “es cuestión de horas el regreso de Napoleón Gómez Urrutia a México, tras 12 años de exilio en Canadá, para ocupar su escaño en el Senado, y tan pronto se instale la nueva legislatura, adelantan, el líder minero se convertirá en el presidente de la Comisión del Trabajo. Morena tiene los votos para lograrlo, así que será extraño que no lo consigan”.

Violencia: lo posible, lo imposible, lo imprudente

Héctor Aguilar Camín, en Milenio, escribe acerca de la estrategia de seguridad que está planteando Alfonso Durazo: “Los compromisos del responsable de seguridad del gobierno electo, Alfonso Durazo, cambiaron muy pronto. En declaraciones a Azucena Uresti, en MILENIO, y luego a El País, Durazo dijo que en tres años se reducirían los homicidios a tasas parecidas a las de los países de la OCDE. Es decir, que habría una baja de 23 homicidios por cada 100 mil habitantes a 4 homicidios por cada 100 mil. Una reducción de 85 por ciento en tres años. Alejandro Hope, experto en la materia, comentó en su columna de El universal que lograr esa meta era algo “tan probable como la existencia de los aluxes”. Cero. A la semana siguiente Durazo corrigió su meta en un tuit que decía: “Textualmente: la estrategia de seguridad tendrá como meta reducir entre 30 y 50% los homicidios en los primeros tres años del gobierno de AMLO, y que en 6 años otros indicadores de violencia se ubiquen en niveles similares a los de los países con los que compartimos espacio multilateral”. Una reducción de 30 por ciento de los homicidios, respondió Hope, no suena tan descabellada pues ya sucedió una vez, entre 2011 y 2014, antes de que la matachina subiera de nuevo. La reducción de 50 por ciento, en cambio, sería más difícil. “Significaría”, escribió Hope, “tener aproximadamente 17 mil 500 homicidios en 2021, equivalentes a una tasa de homicidios de 13 por cada 100 mil habitantes. De 1931 a la fecha no ha habido una disminución de esa magnitud en un periodo tan corto” (https://bit.ly/2MzLwHp). Hope cuestiona que sea una buena idea para el gobierno federal medir su éxito en seguridad con las cifras de homicidios. Por una razón: el homicidio es un delito del fuero común, es responsabilidad de los gobiernos estatales, no del federal. Concluye Hope: “Una administración federal que usa los homicidios como indicador principal de desempeño se vuelve rehén de las circunstancias. Y si no me creen, pregúntenlo a Miguel Ángel Osorio Chong. Entre 2013 y 2015 no se cansó de presumir la reducción de asesinatos. Hasta que la curva cambió de tendencia y cada homicidio adicional le empezó a pesar como una losa”. (Ibid.) El proyecto de seguridad de la Cuarta Transformación no tiene todavía precisión ni realismo”.

@loscabareteros

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