Columna de columnas nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del martes 17 de abril de 2018. …Y por primera vez en mucho tiempo, las redes no le sonríen, unánimes, a Carlos Slim. Slim, la carta pesada… La guerrilla electoral: Los jefes de las casas encuestadoras observan con sorpresa la forma cómo la preferencia electoral de Andrés Manuel López Obrador se ha ido incrementando sostenidamente

Rayuela

La buena política es como el buen boxeo: esgrima, bloqueo y nocaut. Falta saber quién ganará el combate Slim vs. AMLO.

…Y por primera vez en mucho tiempo, las redes no le sonríen, unánimes, a Carlos Slim

La periodista Ivonne Ojeda de la Torre, en el portal SinEmbargo, escribe acerca de Slim, Hank, Gerard y las empresas del socavón tienen que, en 16 contratos, tienen asignado el 77% del presupuesto del NAIM: “La defensa que el empresario Carlos Slim Helú hizo sobre la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, así como la respuesta del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador provocaron reacciones de los detractores y defensores de ambos personajes en Twitter. Políticos en campaña expresaron su opinión. Algunos influyentes en redes hicieron lo mismo: unos a favor, otros en contra, también orientados por sus propias filias y fobias hacia el candidato presidencial o hacia el empresario multimillonario. La polarización en redes sociales se manifestó desde el fin de semana ante el enfrentamiento de miembros de la CNTE y del PRI en Oaxaca, bajo los hashtag  #ViolentosComoAMLO y #MientoComoMeade, impulsados también por políticos y ciudadanos”.

Slim, la carta pesada

Julo Hernández López escribe en La Jornada sobre la defensa que el magnate Slim hizo del NAICM: “Saltó a escena el peso pesado de los empresarios: Carlos Slim Helú, el más rico de los mexicanos, alguna vez el más rico del mundo, siempre en la selecta lista de los máximos multimillonarios del orbe. Lo ha hecho para tratar de arrebatar a Andrés Manuel López Obrador, el adelantado candidato presidencial, la bandera en ascenso del rechazo a la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). No fue un golpe suave o preventivo, acaso de precisión (como dijo haber hecho el gobierno estadunidense en el reciente caso sirio): Slim defendió el proceso de toma de decisiones, ejecución e impacto social de la obra que diseñó uno de sus yernos, el arquitecto Fernando Romero (casado con Soumaya Slim Domit), junto al británico Norman Foster. Pero, además, negó legitimidad a la pretensión de candidato presidencial alguno (sin mencionar por nombre y apellido a ya sabes quién) para impugnar la polemizada obra. En todo caso, y ante una pregunta que sí mencionaba expresamente al tabasqueño, Slim Helú respondió: no tendría por qué meterse. Él es un candidato. Esta es una decisión que se tomó desde hace cinco o seis años; ahorita no veo por qué se discute, y lo único que veo es que debe analizarlo más a fondo con los efectos nacionales y en la Ciudad de México. La conferencia de prensa, en la que estuvo acompañado por otro de sus yernos, Arturo Elías Ayub (director de la Fundación Telmex, Alianzas Estratégicas de Telmex, el portal de información por Internet Uno TV y partícipe en el programa de televisión Shark Tank México), permitió al gran multimillonario rescatar al presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, del embrollo en que se metió al pactar con López Obrador una mesa de análisis técnico en la que participarían representantes de la actual administración federal, del CCE y de Morena o el lopezobradorismo, como si éste ya hubiera ganado las elecciones presidenciales. Slim, al lanzarse abiertamente a la defensa del nuevo aeropuerto y de la presunta derrama económica para beneficio social que le acompañaría, empeña su voz en un proceso de alteración de escenarios rumbo al primer debate de candidatos presidenciales, a realizarse el próximo domingo. Nadie había podido hasta ahora enfrentar con cierta viabilidad de éxito la evolución del tema del NAICM, que en estos días había alcanzado el rango de virtual prueba apabullante de la corrupción generalizada de la administración peñista y sus aliados. Slim, el gran beneficiado por la desincorporación salinista de Teléfonos de México (solía usarse la denominación de la cadena de restaurantes casuales Carlos’n Charlie’s para aludir a la supuesta asociación de aquellos Carlos en las nuevas aventuras telefónicas), se ha colocado ahora en posición de intentar la cohesión de los grupos e intereses que se sienten profundamente preocupados por la alta probabilidad de que López Obrador gane las próximas elecciones. Con su asomo al foro donde se da un fuerte golpeteo político (con el nuevo aeropuerto como inmediata pista electoral), el ingeniero Slim da banderazo de salida a los empresarios e inversionistas que hasta ahora han mantenido sus severas críticas en privado. Con la vista plenamente instalada en las urnas por venir, Slim planteó: Me preocupa y me da miedo por lo que siga, porque si ese va a ser el precedente, va a haber malas decisiones de inversión”.

La guerrilla electoral

Raymundo Rivapalacio escribe en El Financiero acerca de la razón fundamental tras los positivos de #AMLO: Los jefes de las casas encuestadoras observan con sorpresa la forma cómo la preferencia electoral de Andrés Manuel López Obrador se ha ido incrementando sostenidamente. En 2006 votó por él poco más del 35% del electorado, y en 2012 lo hizo el 31.57% de los mexicanos. Es decir, el techo histórico de López Obrador se encontraba en alrededor de una tercera parte de los votantes, mientras que entre el 65 y el 70% votaban contra él. Las recientes mediciones prueban que ese techo se rompió. Si tomamos como referencia la última elección presidencial, el candidato de Morena tiene en estos momentos el 42.7% de preferencia de voto, de acuerdo con el agregador de encuestas oraculus.mx, tras un brinco de casi cinco puntos desde febrero. Si eso se traduce a votos, significaría aproximadamente que cinco millones de mexicanos, que no votaron por él hace seis años, lo quieren hacer el 1 de julio. López Obrador considera que esos votos son por su persuasión y convencimiento de los mexicanos de que su proyecto de nación es el único correcto, y que serán sufragios incondicionales para él. Los números no parecen darle la razón. Hasta febrero pasado, se había mantenido muy estable en las preferencias de voto, como se apreció en la encuesta de El Financiero, que también registraba una disminución importante en sus negativos, que ha sido una tendencia coincidente con el incremento en los negativos de la gestión presidencial. El brinco que dio a partir de febrero, podría argumentarse, tiene una correlación con la creciente opinión negativa de José Antonio Meade, el candidato oficial (40%), que entre más lo conocen más rendimientos decrecientes tiene, y la mala imagen que han dado las acusaciones de corrupción al candidato frentista, Ricardo Anaya. Se puede argumentar que el despegue radical del morenista está asociado con una creciente decepción de sus adversarios, no por el convencimiento en sus ideas, lo que permite establecer como hipótesis de trabajo que el techo lo rompió un tsunami que cada vez se hace más grande y más poderoso de votantes, que lo que quieren es no sólo un cambio de partido en el gobierno, sino un cambio de régimen, donde el PRI y el PAN son echados a la misma bolsa de desprecio. Si la hipótesis se prueba en las elecciones, lo que comprobará es lo que un viejo y experimentado político priista llama “la inevitabilidad” de la victoria de López Obrador, que es el único que verdaderamente representa ese cambio de régimen. (…) Hoy en día parece que ese cambio de régimen es el destino manifiesto que reflejan las encuestas. Sin embargo, nada estará escrito hasta la noche del 1 de julio. Muchas cosas pueden pasar, como que el etnocentrismo de López Obrador, que se ha venido expresando públicamente en las últimas semanas y que ha chocado en planteamientos con lo que explican sus asesores, lo lleve al extremo donde lo sonoro de sus dichos sea finalmente escuchado por todos, y que sus adversarios entiendan que la lucha no es contra él, en el fondo, sino contra un sistema que representan y que finalmente colmó a millones, dispuestos hoy a liquidarlos en las urnas”.

No sé

Salvador Camarena desde su columna en El Financiero, apela al buen juicio de los ciudadanos ante tanta opinión desinformada y tendenciosa entre los medios de comunicación: “No sé. A mí me gustaría que por una vez, o alguna vez, una rueda de prensa de alguien del gobierno –digamos de un secretario de Comunicaciones y Transportes que no tenga fama de infame– fuera tan esperada y debatida como la que dio ayer un empresario, así sea un empresario pesado que habla cada venida de Obispo. No sé. A mí me gustaría que los analistas económicos de los medios no aplaudieran –ningún periodista, pero sobre todo no ellos– lo que dice ese empresario como si de irle a un equipo de fut la cosa fuera. ¡Bien, Charly, lo pusiste en su lugar con esa barrida en el área grande! Me gustaría que esos colegas desmenuzaran, ponderaran, criticaran, explicaran o corrigieran lo expuesto, pero no que lo festejaran. No sé, por una vez un poco de recato, de pudor, chicos. No sé. Sería deseable que antes de reaccionar y/o comentar sobre esa rueda de prensa ocurrida este lunes, el candidato aludido por el empresario durante dos horas esperara a oír completo, o a revisar un buen resumen de cuanto fue dicho por el magnate, y solamente entonces procediera a emitir su respuesta. Pero que sobre todo, si no le dan los tiempos o las ganas, sería tan bueno que ese candidato evitara esas salidas facilonas, sospechosistas y choteadas de que si el empresario salió a hablar es porque lo envió Peña o el Chupacabras o la mafia de esto y del otro. No sé. Me habría gustado tanto que el sábado pasado, el candidato oficial y el puntero hubieran condenado, ambos y sin ambages, el choque entre miembros de la CNTE y miembros del PRI, ocurrido ese día en Puerto Escondido, Oaxaca. Y que ambos hubieran demandado al gobierno que deslindara responsabilidades. Que no hubieran, uno y otro candidato, buscado rentabilizar la violencia para su causa. Nada de que el violento es el Peje, nada de que ternurita te va a ganar Margarita. No sé, que ambos le cerraran la puerta a los violentos, sobre todo porque una semana sí, y la otra también, vemos asesinatos de políticos. No sé. Sería tan bueno que alguien que se presenta como decente no le pidiera a Antorcha Campesina que lo haga suyo y frenara al otro. No sé. Sería tan bueno tener expresidentes que cuidaran la investidura que alguna vez ostentaron, que no hicieran de sí mismos la caricatura de un bully medio payaso. Que hablaran, sí, pero dueños de la serenidad de quien sabe bien lo mucho que cuesta cambiar tanta cosa que debería transformarse en el país. Voces que sumaran, que no dividieran. No sé. Qué tranquilizador sería que un candidato con posibilidades de ser presidente entendiera que la sociedad civil ayuda a gobernar, y que no pocas veces esa ayuda ocurre a pesar de grupos de esa misma sociedad civil. Y qué requetebueno sería no escuchar al presidente de la casa blanca y de Pegasus declarar en el Museo Memoria y Tolerancia que su gobierno respeta la libertad de prensa y a las organizaciones de la sociedad civil. No sé, sería buenísimo que al menos la burla perdonaran. No sé. Qué padre sería una campaña sin Nuño diciendo estamos empatados con AMLO, sin AMLO diciendo vamos a ganar por 10 millones de votos; una campaña sin El Trampas, perdón, sin El Bronco, una con Margarita, pero sin Felipe, una de Anaya cuando se decida a irrumpir de una vez por todas en la campaña. O no sé, quizá es mucho pedir de quienes ya sabíamos que poco iban a dar. No sé”.

Anaya a la caza

La elección se acerca y Anaya se mantiene en el segundo lugar de las encuestas, sin embargo para alcanzar a AMLO requiere sacar de la jugada a José Antonio Meade y convertirse en una segunda opción para los priistas. Al respecto en El Universal, Bajo Reserva, asegura que: “el Frente por México, PAN-PRD-MC, que abandera a Ricardo Anaya como candidato a la Presidencia de la República, nos dicen, ha trazado una ruta para tratar de conseguir más votos. Nos detallan que la estrategia consiste en que luego del primer debate programado para el próximo domingo, don Ricardo buscará ubicarse como la segunda opción para los priístas. El plan, nos dicen, sería echado a andar en caso de que el aspirante priísta, José Antonio Meade, no tuviera un buen desempeño en el debate. La estrategia, comentan, fue cocinada en las filas del PRD. Sin embargo, para que tuviera alguna viabilidad tendrían que pasar tres cosas: primero que Anaya ganara el debate. Segundo, que Meade perdiera el debate. Y tercero, que los priístas a los que Anaya no se ha cansado de insultar y de acusar de ineptos y corruptos decidan entregarle su voto”.

¿Y las conferencias mañaneras?

Respecto a las estrategias de campaña de Anaya, hay una que podría modificarse, pues en Milenio, su columna de trascendidos Trascendió, asegura que: “ante el bajo impacto y desgaste físico del candidato, el equipo de Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, analiza la posibilidad de modificar las conferencias mañaneras. Una propuesta era suspenderlas, pero como el panista se comprometió a encabezarlas desde el inicio de campaña, se descartó la posibilidad; no obstante, quizá haya cambio de horario, aunque ya saben que lloverán las críticas”.

AMLO y Trump

En tanto en el diario Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, asegura que: “las comparaciones son odiosas, especialmente cuando son reales, pero Andrés Manuel López Obrador está siguiendo, y con mucho éxito, los pasos de Donald Trump. El magnate basó su campaña en desmontar el legado de Barack Obama, y el tabasqueño está haciendo de esta elección un referéndum sobre el gobierno de Enrique Peña. Así, acabar con el Nuevo Aeropuerto Internacional de México se ha convertido en el ‘build that wall’ de AMLO. No es un asunto de razones, sino de consignas. No es de proyecto, sino de revancha. Bajo esa perspectiva, echar abajo la reforma educativa equivale al ‘repeal and replace Obamacare’; revocar la reforma energética es tan increíble como salir del acuerdo contra el cambio climático de París; fijar precios de garantía en el campo sería como salirse del TPP; y, claro, acabar con la mafia del poder es lo mismo que ‘drain the swamp’. Eso explica que no se esté discutiendo el futuro de México, sino qué hacer con el legado de este gobierno”.

AMLO y Napito

Andrés Manuel López Obrador ha recibido fuertes críticas luego de la postulación de Napoleón Gómez Urrutia como candidato al Senado. En El Universal, Salvador García Soto, escribe que hace unas semanas AMLO aseguró “ante empresarios que lo cuestionaron sobre su relación con Napoleón Gómez Urrutia: ‘No lo conozco, no lo he visto. Lo tengo como Senador porque ha sido víctima, según nuestro punto de vista, de persecución’, no mentía. Los dos personajes nunca se han encontrado físicamente, aunque según testimonios sí han hablado telefónicamente; pero fueron otros dos personajes, una mujer de los medios de comunicación en México y el líder del Partido Laborista de Inglaterra, Jeremy Corbyn, los que le sugirieron al candidato presidencial de Morena la postulación del ex dirigente del sindicato minero radicado en Canadá. Entre la periodista mexicana […] y el principal líder de la oposición británica convencieron a López Obrador de que una candidatura a Gómez Urrutia, le ganaría apoyos políticos de la red mundial de sindicatos que respalda al ex dirigente minero […]. La relación con el líder de la oposición británica nació durante la visita de López Obrador a Londres en septiembre de 2017. A partir de contactos previos de Alfonso Romo, fue invitado por Corbyn al Parlamento del Reino Unido. La ideología socialdemócrata del dirigente que devolvió al Partido Laborista a la izquierda nacionalista y que propone renacionalizar servicios privatizados por gobiernos de Gran Bretaña, universidad gratuita y revisión de contratos precarios, entre otros temas que le ganan popularidad entre los británicos, hizo que los dos políticos se entendieran, además de que Corbyn habla un perfecto español, pues está casado con la mexicana Laura Álvarez, 20 años menor que él y con quien se casó en 2013, luego de que el político ayudara a encontrar a una sobrina de Laura que había sido secuestrada por su padre inglés. Fue tal la coincidencia ideológica, política y hasta generacional —68 el británico y 64 el tabasqueño— que Corbyn le devolvió la visita a López Obrador el fin de año de 2017 cuando estuvo invitado en su rancho ‘La Chingada’, en Palenque, y recorrieron juntos Tabasco. En esas reuniones se armó la candidatura de Napoleón Gómez Urrutia, que se anunciaría en febrero de 2018, con todos sus apoyos internacionales y al mismo tiempo se selló una alianza entre Morena y el influyente Partido Laborista. Por eso y porque forma parte de un plan para reformar la minería en México, a partir de impuestos a las grandes compañías mexicanas y extranjeras que explotan minerales, López Obrador ha defendido, sin conocer personalmente, a Gómez Urrutia […]. Así que, el Napito tiene muchos malquerientes, sobre todo los que se verían afectados con su regreso al país y a una posición de poder en el Congreso; pero también tiene poderosos e influyentes ‘padrinos’ que lo cobijaron y lo impulsaron desde el sindicalismo internacional, los mismos que hoy están detrás de la frase de López Obrador. ‘No lo conozco, no lo he visto… pero va a ser Senador’”.

Campaña de “El Bronco”

En medio de la polémica, Jaime Rodríguez “El Bronco” se ha integrado a las campañas presidenciales, en una contienda en la que tiene escasas posibilidades de ganar. En Milenio, Joaquín López Dóriga, quien escribe que: “el caso de Jaime Rodríguez en singular. Priista por 33 años se presentó como candidato independiente al gobierno de Nuevo León, apoyado por los hombres del dinero de Monterrey, y arrasó en las elecciones de 2015 logrando más votos que todos los que sumaron los candidatos del PAN y del PRI. La ilusión surgió, pero no se volvió a presentar en ningún otro estado. Desde un principio apunté que buscaría una candidatura presidencial, lo que siempre negó, hasta que lo confirmó y empezó su campaña en noviembre del año pasado, con la búsqueda de las firmas, una precampaña a la que siguió la negativa del INE de darle registro porque del total de 2 millones 34 mil 403 firmas, solo 849 mil 937 eran auténticas y un millón 184 mil 466 falsas […]. Hay que apuntar que ni siquiera logró las 866 mil 536 firmas necesarias. Legales sumó 849 mil 937. Pero él siguió su precampaña enfrentándose y descalificando al INE y luego con los recursos que presentó ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que finalmente y en un fallo imprevisto, dividido, por cuatro a tres ordenó al INE que lo registrara como candidato presidencial en la decisión más controvertida de ese tribunal cuya Presidenta, Janine Otálora, votó en contra con otros dos magistrados, pero no les alcanzó. En este correr de los tiempos, plazos y recursos, Jaime Rodríguez siguió su campaña que inició, formalmente, el lunes de la semana pasada. Obviamente, no va a ganar. Podría, sí, quitar algunos votos a cualquiera, ha dicho que va sobre Andrés Manuel López Obrador, pero su presencia en la boleta presidencial será irrelevante, aunque no en los debates. Pero lo que me queda claro al final del día es que la campaña de Jaime Rodríguez no es por la Presidencia de la República, sino por el gobierno de Nuevo León, que piensa retomar la noche del mismo 1 de julio”.

Segunda Democracia

A lo largo del tiempo, la vida política del país ha sufrido cambios y con ellos se ha modificado nuestra democracia. Al respecto en Milenio, Héctor Aguilar Camín, escribe que: “el tiempo se ha llevado el diseño fundador de la democracia mexicana. El sistema de partidos ha cambiado radicalmente. Donde antes había un partido mayoritario llamado PRI, emerge hoy un nuevo partido mayoritario llamado Morena.  Donde antes había un referente de partidos de ‘derecha’ (el PAN), y ‘de izquierda’ (el PRD o Movimiento Ciudadano), aparece hoy un proyecto de coalición de partidos de centro izquierda: el Frente […]. La temperatura emocional y la credibilidad de la Primera Democracia también han cambiado mucho. La democracia inaugurada en el año 2000 concentraba las esperanzas de la nación, excesivas sin duda, pero indudables como eje del ambiente público. La democracia del año 2018 es el lugar del enojo, la insatisfacción y la desesperanza, al punto de que la aceptación de la democracia en México es la más baja del continente americano. La credibilidad institucional ha sufrido una mengua semejante. El árbitro electoral mexicano de las elecciones del año 2000 fue ejemplo en el mundo y certidumbre y orgullo dentro de México. Las autoridades electorales de hoy parecen enfrentadas, en un pleito de jurisdicciones legales y burocráticas indigno de su historia, y con decisiones que valen tanto como pegarse un tiro en el pie de la credibilidad, como la más reciente del TEPJF, que pasó por alto las trampas probadas del candidato independiente Jaime Rodríguez, y le regaló la candidatura. Ni esperanza ni credibilidad hay en las instituciones que dieron a raudales ambas cosas en el inicio de la Primera Democracia mexicana. No hay tampoco la ciudadanía confiada y dispuesta de entonces, sino una ciudadanía escarmentada, en muchos sentidos ciega por el enojo de verse burlada. No sabemos cómo será la democracia que viene. Sabemos que no será como la que acaba de pasar ante nuestro ojos”.

@loscabareteros

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