¿Contrapesos? ¡Con trabajos!…

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 25 de febrero 2019. El reto: algo más que una oposición fifí: El problema es que no se observa ninguna entidad con los tamaños o los méritos para convertirse en rival capaz de subirse al ring o poner a prueba al soberano. Adversarios hay, desde luego, pero están muy disminuidos políticamente o muestran una moralidad aboyada frente a la opinión pública… ¿Contrapesos? ¡Con trabajos!… Una negociación a morir: jugada maestra de Monreal…

Rayuela

“No puede con Chihuahua y ambiciona gobernar México. Mejor haría Corral en esclarecer el asesinato de nuestra compañera Miroslava Breach”.

El reto: algo más que una oposición fifí

Jorge Zepeda Patterson, escribe en SinEmbargo, lo siguiente: “Todo poder necesita un contrapoder o de lo contrario se hace absoluto. A Dios hubo que inventarle Satanás, al Rey el Parlamento, a Bill Gates de Microsoft Apple de Steve Jobs, al Real Madrid el Barcelona. El triunfo arrollador de López Obrador, sus mayorías en las Cámaras y sus astronómicos niveles de aprobación entre las masas, requieren también de contrapesos que le ofrezcan retroalimentación y contención, le exijan mejorarse a sí mismo y le hagan corregir errores o excesos. El problema es que no se observa ninguna entidad con los tamaños o los méritos para convertirse en rival capaz de subirse al ring o poner a prueba al soberano. Adversarios hay, desde luego, pero están muy disminuidos políticamente o muestran una moralidad aboyada frente a la opinión pública. Para empezar, los partidos políticos tradicionales se encuentran totalmente desdibujados. Como fuerza electoral son punto menos que membretes en el sentido de que Morena arrasaría en cualquier elección que se celebre en este momento y lo veremos muy pronto en el caso de Puebla. Desde luego esos partidos poseen todavía la mayoría de las entidades federativas, pero la real politik obliga a los gobernadores a negociar unilateralmente con el Presidente y al margen de su partido debido a la vulnerabilidad presupuestal, a la necesidad de seguridad pública federal y al hecho de que muchos de ellos bregan con congresos locales en manos de Morena. En términos de prestigio o calidad moral, la posibilidad de que PRI, PAN, PRD o PVEM lancen reivindicaciones exitosas en nombre del interés público es aún más raquítica. El rechazo del PAN a la presencia de los militares o la exigencia de más transparencia por parte del PRI es más un chiste irónico que un acto político. Toda crítica que enarbolen termina poniendo sobre la mesa lo que hicieron o dejaron de hacer cuando estuvieron en el poder e invariablemente la comparación les deja mal parados. Por razones similares muchos de los organismos autónomos carecen también del suficiente crédito moral. Algunos porque fueron penetrados ostensiblemente por intereses del sector que en teoría deberían regular, otros porque sus miembros se rodearon de groseros privilegios económicos y canonjías, algunos más simplemente porque fueron demasiado tibios frente a los terribles excesos de corrupción y abuso de la administración anterior. (…) Si Andrés Manuel López Obrador asume que habla en nombre del pueblo lo último que interesa es que la alternativa sea un puñado de actores políticos que creen hablar en nombre de la sociedad civil. Asumido así, bienvenida la multiplicación de voces, siempre y cuando cada una de ellas entienda que expresa puntos de vista parciales de una realidad que necesariamente es compleja y diversa. NOTA: tras la entrega de este texto Juan Villoro, el gobernador Enrique Alfaro y Héctor Aguilar Camín aseguraron no formar parte de este proyecto político. Quizá otros más lo hagan en las siguientes horas. Con todo, la reflexión de fondo de este artículo, asumo, sigue siendo pertinente”.

¿Contrapesos? ¡Con trabajos!

Julio Hernández López, en La Jornada escribe que: “Los opositores a las políticas del presidente Andrés Manuel López Obrador han batallado de manera hasta escandalosa en la búsqueda de banderas, organización y doctrina con las cuales enfrentarlo. Su más reciente lance se desmoronó en lo sustancial, cuando ni siquiera había sido anunciado formalmente. Apenas filtrado lo concerniente a un presunto frente procurador de contrapesos al lopezobradorismo, se deslindaron algunas de sus supuestas figuras principales, como el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, los escritores Juan Villoro y Héctor Aguilar Camín y el dirigente de la confederación patronal del país, Gustavo de Hoyos Walther. Hay un malabarismo conceptual que pretende disfrazar de cuasi académica proclividad por los contrapesos lo que en realidad es la muy pragmática y, desde luego, legítima y legal búsqueda de formas de organización política contra un poder constituido. Las mazas, bolos y pelotas que se utilizan en el espectácu-lo político-circense para tratar de mostrar al respetable público algo distinto de lo que realmente se busca, ha entrampado a quienes de alguna forma han quedado reducidos a una especie de involuntaria reinstalación del anayismo fallido que se estrelló el pasado primero de julio, ese que buscó la Presidencia de la República con un panista con acta de nacimiento de Querétaro que ha quedado como el más profundo derrotado de esa fecha electoral y política. Se habla, líneas atrás, de involuntaria reinstalación del anayismo porque, en realidad varios de quienes ahora han firmado algo que podría ser considerado como FA1 (frente anti uno, pues se denominan como un bloque que haga frente a un proyecto político que se define por una sola voz y una sola visión) fueron impulsores del anayismo porque no les quedaba de otra y no porque fueran firmes apoyadores de Ricardo Anaya, el único político virtualmente proscrito, hasta ahora, del escenario nacional. Luego que se desmarcaron el gobernador, los escritores y el patrón antes mencionados, la única figura fuerte del FA1 es el gobernador panista de Chihuahua, Javier Corral Jurado, quien apoyó a Anaya en 2018 a pesar de fuertes diferendos anteriores y, sobre todo, como una forma de fortalecer su propia figura claramente enfilada hacia el futuro (Corral Jurado busca la manera de ser candidato presidencial en 2024, aunque fuera por Acción Nacional). Otro firmante del FA1 es Agustín Basave, ex diputado y ex presidente del Partido de la Revolución Democrática, que ahora despacha como representante en Ciudad de México del gobierno de Corral. También está Gustavo Madero, peleado feamente con Anaya (aunque lo apoyó en 2018 por la necesidad política antes citada), a quien Corral había rescatado del desierto luego que Anaya le volteó la cara al mencionado Madero”.

Fetiches de un diagnóstico errado

Gibrán Ramírez, en Milenio, escribe que: “Si de reproducir clichés y fetichizar diseños institucionales se trata, hay pocos como los del colectivo por los contrapesos que acaban de anunciarse. Renunciaron a pensar y discutir los problemas del país, y creyendo que se trata solo de repetir lo mismo —el diagnóstico y propuesta fracasados—, pero más juntos y más fuerte, se arremolinan para recitar a coro y a voz en cuello: ¡federalismo, autonomía, estado de derecho!, ¡federalismo, autonomía, estado de derecho! Lo dicen como para conjurar la actual fuerza de la política y el incómodo expediente de que un bloque pueda decirse representante de la soberanía popular con credibilidad. ¡Era todo tan cómodo cuando estaban las cosas fragmentadas en tres partidos con poca credibilidad y cuando gente que no representaba a nadie —como la mayoría de los firmantes del manifiesto por los contrapesos— podía ganar a río revuelto, con aura de Grandes Ciudadanos! Más que otra cosa, parece que buscan pretextos para defender al viejo régimen sin decirlo, porque no es sexy para nadie escuchar que “lo de antes estaba bien, pero habría que hacerlo menos feo”. En realidad, la mayor parte de esa sociedad civil hoy opositora fue parte de la oposición negociada del régimen que termina —cuando no su defensora partidista. Una sociedad civil que, para ser admitida como interlocutor legítimo, tuvo que compartir una buena parte de las premisas del grupo en el poder. Aquella, por ejemplo, de que todo lo inherente al presidencialismo era autoritario y corrupto; la de que el federalismo subsidiado era una solución institucional necesaria ante la aparente concentración centralista y la de que “técnico” o “autónomo” era igual a bueno, y político igual a malo. El diagnóstico era errado, porque se partía de que el viejo Estado era, en realidad, un Estado fuerte. Puede ser contraintuitivo, pero cada vez parece más claro que no era el Estado lo fuerte, sino las élites políticas. Son cosas bien distintas. La lógica estatal es institucional y derivada de las leyes, con la fuerza como razón última. Bien, esta se torcía y la ley se utilizaba como instrumento de negociación y, más que nada, priorizando la funcionalidad de los órdenes informales, de los arreglos de hecho donde todo mundo tenía capacidad de violar algunas leyes sin ser castigado. Esto incluía, desde luego, a las élites políticas que sí utilizaban su poder e influencia para allegarse de beneficios. Con el diagnóstico errado, se pensó que debía debilitarse al Estado. Que su presupuesto estuviera etiquetado y mediado, gastado en algunos ámbitos por ONG, aunque eso costara dinero; que los cuadros políticos decidieran sobre la menor cantidad de cosas posibles, dejando la decisión a los expertos en órganos autónomos; y que el poder centralista, supuestamente omnipotente, se dispersara subsidiando a los estados de la República en lo que estos desarrollaban sus propias capacidades. Vimos florecer, entonces, el federalismo de los gobernadores ricos y corruptos que no hicieron nada para desarrollar capacidades institucionales en sus entidades; los órganos constitucionales autónomos que crecían como hongos (la mitad ingresó a la constitución con Peña Nieto), y la sociedad civil que ya no podía llamarse ONG, porque era bastante subsidiada por el dinero federal o sus exenciones fiscales. Ese diseño, fracasado en lo general, es aquel con el que siguen deslumbrados los abajo firmantes. No revisan nada en sus supuestos, pues tienen ciega fe en que hubo un problema de “implementación”. Con esa pereza mental para volver sobre sus pasos, no puede augurárseles un buen futuro. Es una lástima”.

Una negociación a morir

Raymundo Riva Palacio, en El Financiero: “La forma como se procesó la reforma constitucional que crea la Guardia Nacional en el Senado, dibujó la dinámica de un Estado. El Presidente manda una reforma controversial, que enmiendan en el Congreso, por lo que pide que se corrija en el Senado para mantener su propuesta de militarizar la seguridad pública, y después exige que o le dan atribuciones a los militares para dirigir las tareas policiacas, o denunciará las razones ocultas de los legisladores. Los senadores rechazan sus amagos y aprueban una ley contraria a sus deseos. Pero el Presidente no denuncia nada, sino que felicita al Senado por el gran trabajo que hicieron. Todos se congratulan. (…)  Los militares no quedaron nada satisfechos con la reforma constitucional, como tampoco quedó el presidente. Pero contrario a lo que muchos pensaron –incluido quien esto escribe–, el consenso interno y externo que tuvo la oposición para oponerse al proyecto de López Obrador les dio la fuerza para no doblarse y mandar una señal al gobierno: pese a ser una fuerza minoritaria, hay momentos donde, si se mantienen unidos, pueden frenar la colonización nacional de la cuarta transformación”.

La jugada maestra de Monreal

Eduardo Guerrero Gutiérrez, en El Financiero escribe lo siguiente: “Ricardo Monreal buscó quedarse con la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. No lo logró. El aparador más vistoso de la política mexicana fue para Claudia Sheinbaum. Sin embargo, la semana pasada el senador zacatecano demostró que no piensa quedarse con los brazos cruzados. Monreal supo ver una oportunidad dorada en el rechazo –enérgico y casi unívoco– del círculo rojo a la “militarización”. Los partidos de oposición, los mismos que en su momento impulsaron la Ley de Seguridad Interior, convenientemente habían hecho suyo ese rechazo. Monreal logró encontrarle la cuadratura al círculo y conciliar con todos una nueva versión de la iniciativa de reforma constitucional. En una primera lectura esta versión parece muy distinta a la iniciativa original. Formalmente se establece que el mando de la Guardia Nacional será civil. Pero en una lectura más detenida resulta claro que lo aprobado por el Senado deja las manos libres al Presidente para armar su estrategia de seguridad junto con las Fuerzas Armadas. Monreal calculó bien. Por un lado, quedó como el gran constructor de acuerdos en la Cámara alta y como una figura con relativa independencia. Por el otro lado, Monreal evitó una confrontación directa con López Obrador. El viernes, antes de la hora de la comida, Monreal anunciaba en su cuenta de Twitter que el Presidente le había expresado su beneplácito por la aprobación de la Guardia Nacional. Es comprensible que el Presidente haya dado su visto bueno. Rechazar un acuerdo de todas las fuerzas políticas, que en teoría recoge las preocupaciones de muchas víctimas, le hubiera salido caro. La 4T exige celeridad, y el tema de la Guardia Nacional pudo haberse empantanado en el Congreso por largo tiempo en una discusión estéril. En cambio, el Presidente no pierde gran cosa con las modificaciones que acordaron los senadores. Tal vez no consiguió la reforma constitucional que buscaba originalmente. Sin embargo, hay un artículo transitorio que le deja un plazo de cinco años, prácticamente el sexenio completo, para hacer uso de las Fuerzas Armadas como mejor le convenga. Por si fuera poco, es muy probable que también termine por imponerse su visión de una Guardia Nacional reclutada, entrenada y dirigida desde la Sedena. (…) La astuta jugada de Monreal, sumada al planteamiento del secretario Durazo, confirman que el acalorado debate sobre la militarización de la seguridad pública fue sumamente superficial. La dicotomía entre lo civil y lo militar parece tajante en la Constitución. Sin embargo, en los hechos la división inevitablemente se desdibuja. Por lo mismo, será fácil darle la vuelta al espíritu de lo aprobado la semana pasada en el Senado. (…) De esta forma, parece que se acerca a su fin la primera gran batalla legislativa del sexenio. El senador Monreal es el único verdadero ganador. Al final del día, la reforma aprobada es poco más que una garantía constitucional de que el Ejército podrá seguir en las calles por cinco años más (algo que igual hubiera pasado, con o sin reforma). Más allá de lo que diga la Constitución, el Presidente tendrá la Guardia Nacional que quiere, sólo si le destina los recursos y el talento necesarios. Está por verse si esta Guardia Nacional tendrá las dimensiones y el alcance planteado, y si será algo en realidad distinto, como nos aseguró el secretario Durazo (quien enfatizó que el despliegue de los guardias será permanente en cada una de las 266 regiones, en lugar del constante movimiento de elementos, según la necesidad del momento, que hasta ahora ha caracterizado a los operativos conjuntos)”.

La Guardia Nacional, ¿ganamos?

Jorge G. Castañeda, escribe en El Financiero, lo siguiente: “Está muy de moda festejar el gran triunfo de la sociedad civil y de la oposición en el Senado por el rechazo al mando militar de la Guardia Nacional. Se celebra el hecho como la primera derrota de López Obrador, y en la medida en que él sí deseaba una Guardia militarizada, y aparentemente no lo logró, así parece. Pero no estaría tan seguro. Veo tres motivos de escepticismo. El primero es de naturaleza política. Como sugirió una colega y amiga este fin de semana, un “NO” seco y concluyente de la oposición en el Senado habría revestido mayor simbolismo que la votación unánime de “SÍ”. Entre los iniciados no cabe duda que AMLO y Morena cedieron, o perdieron: no hay, en la Constitución, Guardia Nacional bajo mando militar. Pero una votación lisa y llana, donde Morena y sus aliados votaban a favor de su tesis, y la oposición unida a favor de la suya, y el oficialismo perdía, tal vez hubiera encerrado mayor significado. Una segunda duda abarca la verosimilitud de la decisión del Senado, y esta semana, de la Cámara de Diputados. Subsisten varias incógnitas. Algunas involucran disposiciones propias de la legislación secundaria. ¿Dónde se radicará el presupuesto de la Guardia Nacional? ¿En la SSP o en Sedena? El comandante, o jefe, ¿será militar, en retiro o en activo, como lo insinuó AMLO, o civil, como lo entiende la oposición? Los transitorios, y en particular el quinto ¿acaso no son lo esencial de lo que buscaban el Presidente y el Ejército? En el fondo, la aprobación de la Guardia Nacional ¿no significa una ratificación de la estrategia de Calderón y de Peña Nieto de combate al narcotráfico y al crimen organizado? Los senadores tal vez aceptaron una cortina de humo al final procedimental –con qué instrumentos se combate al narco– para dar un visto bueno tácito a lo sustantivo: perseverar en la guerra contra el narco, la misma que empezó en diciembre de 2006. (…) No se entiende entonces para qué cambiarle de nombre, de uniforme, de estatuto constitucional, si en el fondo es lo mismo. La Guardia, al conformarse y crecer, lo hará con la PF, la Sedena y Semar: igual que antes. Les pagarán mejor, los formarán mejor, los equiparán mejor, enhorabuena. Le pregunto a mi amigo Gertz (desde hace treinta años): ¿No es lo mismo?”.

A prueba y error

En El Financiero, escribe Antonio Navalón, lo siguiente: “Y llegó el día en que el presidente López Obrador tomó el plan que tenía para Pemex y salió no a cazar, pero sí a anunciar la buena nueva de que, en contra de lo que se cree, es posible tener un producto nacional digno y honrado que además defienda los intereses nacionales. Con independencia de qué es lo que él entiende, qué quiere entender o bajo las condiciones en las que están los de fuera. Para un político que ha vivido una larga marcha como el presidente López Obrador, hay un principio que resulta difícil de asimilar y este es sobre dónde radica el poder. La gran pregunta para él es, ¿quién manda? La respuesta dentro del país es clara, usted manda. Pero es necesario tener en cuenta que la correcta defensa de los intereses de México exige que lo que haga y cómo lo haga sea entendido, aceptado, comprado y sea una parte de la estabilización de su acción política ante ese monstruo de mil cabezas llamado mercado. No perderé mucho tiempo en tratar de preguntar a dónde lleva tanto neoliberal fifí y los culpables de que estemos como estamos desde el punto de vista moral y según su interpretación desde una perspectiva económica. Los hechos están ahí y como decía Lenin, son tozudos. Estamos ante las mejores intenciones sobre terminar el robo, defender y restaurar parte de la riqueza nacional tan simbólica como lo es el oro negro. El problema es que no tenemos dinero ni mercado ni posibilidad de poder realizar eso solos ni mucho menos va a ser posible hacerlo –y aquí aparece el peligro de la contaminación– con el resto de la estructura del país. Esto no podrá realizarse sin el apoyo de ese ser sin cara, sin alma, tan anómalo, pero tan real llamado mercado. (…) Una cosa es perseguir los crímenes y condenarlos, de ahí mi discrepancia con la denuncia del crimen sin anunciar el castigo. Otra cosa muy diferente es crear un sistema en el que todos nos demos cuenta de que en cualquier momento podemos ser reos”.

Los 4 tiradores para el PRI

Bajo Reserva, El Universal: “Cuatro podrían ser los aspirantes a presidir el PRI. Nos dicen que a los tres nombres que se han venido mencionando se podría sumar en los próximos días el del exgobernador de Durango y exsenador Ismael Hernández Deras. Don Ismael, actual presidente de la Confederación Nacional Campesina (CNC), se suma al exrector de la UNAM José Narro; a la exgobernadora de Yucatán Ivonne Ortega y al gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, en la lista de quienes los priistas consideran podrían conducir los destinos del tricolor en la era de la 4T”.

Convocatoria del PRI desde el sur…

Trascendió en Milenio: “En el PRI consideran que su próximo dirigente nacional, cuya convocatoria está próxima a salir, surgirá del sureste del país, ya que los dos punteros en las encuestas internas son el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, y la ex de Yucatán, Ivonne Ortega, seguidos del ex titular de Salud José Narro y del ex secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong. El oaxaqueño Ulises Ruiz, dicen al interior del tricolor, está muy lejos, como lo estuvo de su pueblo cuando gobernó el estado de Oaxaca. ¡Zas!”.

Viraje

Frentes políticos, Excélsior: “Una vez comprobado que el sindicalismo en México, esa necesidad de protección laboral, se convirtió en la mina de oro de ciertos líderes, es momento de cambiar. Ante trabajadores agrupados en la CTM, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, afirmó que sindicatos y gobierno transitan un camino que lleva a lograr el objetivo común de un México justo, próspero e igualitario. “Lo ha dicho nuestro Presidente y lo cito: ya no va a haber dirigentes sindicales apoyados por el gobierno, no va a haber sindicatos del gobierno ni sindicatos apoyados por las autoridades, se terminan los sindicatos de Estado. Los sindicatos van a tener independencia y libertad”. Tiemblen.

Grandes desafíos de Pemex

Soraya Pérez, en El Economista: “Durante las últimas semanas, Petróleos Mexicanos (Pemex) ha tenido que enfrentarse a grandes desafíos, desde peores perspectivas en su nota crediticia hasta su incapacidad de cotizar en la Bolsa Mexicana de Valores. Sin duda, el plan del gobierno federal entorno al rumbo de la empresa no está generando confianza en los inversionistas, algo que innegablemente podría poner en riesgo una parte importante de los ingresos del país y la reactivación económica de estados petroleros, como Tabasco”.

Una política para frenar la caída

Enrique Quintana, en El Financiero escribe lo siguiente: “El día de hoy, el Inegi habrá de confirmar lo que ya se ha anticipado en diversas ocasiones: el último trimestre del año pasado fue de una marcada desaceleración de la actividad económica. Las cifras oportunas respecto al crecimiento del PIB al cuarto trimestre de 2018 indican una elevación de sólo 0.3 por ciento frente al trimestre anterior (con datos desestacionalizados) y de 1.9 por ciento respecto a un año atrás. Si empleáramos la metodología norteamericana, de usar la variación trimestral, elevándola a escala anual, registraríamos apenas un crecimiento de 1.2 por ciento en el PIB en el cuarto trimestre. En la discusión de la Junta de Gobierno del Banco de México, cuya minuta conocimos esta semana, hay consenso en la tendencia a la desaceleración del crecimiento, y uno de los subgobernadores incluso advirtió respecto a una caída del PIB en el primer trimestre del año. La desaceleración se ha acentuado por lo que es, de facto, una política fiscal procíclica, es decir, hace más profunda la caída del ritmo de actividad económica al bajar el gasto público, que tuvo una caída de 25 por ciento en términos reales en diciembre para el gasto programable y de 16 por ciento en el gasto neto total. Los economistas saben que la política fiscal puede servir para amortiguar las fluctuaciones de la economía. Puede haber un empuje cuando la economía cae o crece muy poco, si se incrementa el gasto público o se reduce la carga impositiva, o puede haber una moderación del crecimiento si se reduce el gasto o aumentan los impuestos. Pero, reducir el gasto precisamente cuando la economía va para abajo, puede agravar la caída de la economía. (…) El gobierno de AMLO tiene un respaldo sin precedentes. Pese a ello, no puede darse el lujo de arrancar el sexenio con una caída económica grave, que, además, es evitable si se toman las medidas adecuadas. Ojalá el gobierno escuche”.

Clariant se blinda en PEP

Darío Celis, en El Financiero: “Son múltiples contratos los que Pemex Exploración y Producción (PEP) entregó el sexenio pasado bajo esquemas irregulares y que hoy ponen en riesgo los objetivos de la empresa petrolera. Uno de tantos es el servicio integral por barril crudo deshidratado a través de productos químicos para la producción en aguas someras, que incluye el tratamiento en la Terminal Marítima Dos Bocas”.

La recesión que viene

Luis Enrique Mercado, en Excélsior: “Una de las metas de Andrés Manuel López Obrador es que la economía mexicana crezca un promedio de 4% anual, no sólo esa meta no se cumplirá, sino que lo más probable es que caigamos en una recesión. El susto que el Presidente de la República ha metido de los inversionistas desde el NAIM y hacia delante, las semanas de escasez de gasolina, la toma de las vías en Michoacán y la viralización de las huelgas en Tamaulipas son razones suficientes para que la economía evolucione hacia la contracción”.

Conacyt cierra la llave

Carlos Fernández- Vega, en La Jornada: “Desangrado por el propio gobierno federal (concretamente los encabezados por Fox, Calderón y Peña Nieto), el presupuesto del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) por fin será utilizado para bien de la nación y no para beneficiar a las grandes empresas amigas del régimen, las cuales, dicho sea de paso, reportan abultadísimas utilidades”.

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