El capital político-social de Jorge Salum

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Por: Diego Rentería

Ni siquiera las casas encuestadoras, que quisieron reivindicarse no vendiéndose a los políticos y haciendo públicas sus mediciones, previeron el tamaño del golpe que estaba por asestarse desde las entrañas ciudadanas a favor de Andrés Manuel López Obrador y de todo aquel que portara la marca MORENA.

La sacudida propinada al PRI y al PAN, aunque esperada, fue devastadora: el Revolucionario Institucional se tuvo que conformar con ser tercera fuerza política, y el panismo, con ser segunda, aunque muy distante de la primera fuerza política, en manos de AMLO.

Diputados federales, senadores, gobernadores, diputados locales, todo, absolutamente todo, fue devorado por el voto de castigo, el voto de esperanza, o como lo quieran llamar, en todo tuvo mayoría MORENA, sus candidatos –la mayoría de ellos– no hicieron campaña, y no lo necesitaron, el arrastre AMLO fue más que suficiente.

En Durango la historia no fue distinta, 11 de 15 diputaciones locales, por poner un ejemplo.

Sin embargo, en las diputaciones federales, en las que también afectó el “fenómeno AMLO”, hubo un panista que pudo competirle de tú a tú al voto masivo que pidió Obrador y que la ciudadanía le concedió.

La diferencia entre Salum del Palacio y Patricia Ortega fue de apenas 226 votos a favor del panista, pero, detrás de esa corta distancia se encuentra un capital político-social que “no tiene ni Obama”, como dijera “ya saben quien”.

Una trayectoria construida a través de los varios años de ser oposición en Durango, sobreviviendo a derrotas en las urnas y las pugnas internas del PAN en donde algunos militantes piden rostros nuevos, le han valido a Jorge Salum convertirse en diputado federal en una coyuntura en la que nadie –salvo algunas excepciones– pudo competirle a MORENA.

El panista no sólo puede presumir el haber ganado, sino que además, lo hizo sin que le rondaran, como a sus compañeros de partido y de la alianza electorera, los rumores de entrega de despensas o compra del voto.

Ahora, Jorge Salum debería asumir al interior del PAN el liderazgo que hace falta en el partido y que hasta ahora nadie ha podido ejercer, es eso, o ver cómo el blanquiazul se desmorona luego de dos efímeros años de una victoria ilusa en la que los grupos al interior se han ocupado más por el beneficio económico en el que se traducen los puestos en Gobierno que por el fortalecimiento del partido y la generación o consolidación de cuadros competitivos.

 

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