En busca del crecimiento perdido

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del martes 17 de septiembre 2019. Para México, ingresos adicionales de 7.7 millones de dólares diarios… En busca del crecimiento perdido. El Gobierno del cambio corre el riesgo de ser rebasado por la izquierda y las perspectivas que eso entraña no son saludables. Paradójicamente cuando eso sucede las sociedades terminan en un callejón con dos salidas opuestas: la radicalización (en nuestro caso, inviable porque somos un país demasiado interdependiente) o el Gobierno autoritario y militarizado que estabiliza por la fuerza…

 

Rayuela

“En el semáforo ambiental se prendió la luz roja. No hay más tiempo. Es hora de tomar el toro por los cuernos”.

 

Para México, ingresos adicionales de 7.7 millones de dólares diarios

Luis Miguel González, El Economista: “El ataque a las instalaciones de Aramco traerá ingresos adicionales de 7.7 millones de dólares diarios para México, suponiendo que la mezcla mexicana registre un incremento de 14%, parecido al que tuvieron el Brent y el WTI el fin de semana. ¿De dónde sale esta cifra? En lo que va de 2019, México ha exportado en promedio 1´139,255 barriles por día. Cada dólar que se mueve el precio internacional significa una variación de 1.1 millones de dólares por día en los ingresos petroleros para nuestro país. La semana pasada, el petróleo generaba un poco más de 63 millones de dólares diarios de ingresos. Con los precios del mercado alterado, estos ingresos serán superiores a los 70 millones de dólares. ¿Cuánto tiempo durarán estos ingresos adicionales? Tanto como dure el nerviosismo de los operadores de los mercados que entraron en shock al confirmar la vulnerabilidad del principal proveedor del mercado mundial de petróleo. El alza de precio no tiene que ver con riesgo de desabasto, porque Estados Unidos anunció la venta de parte de sus reservas estratégicas y Arabia Saudita tiene grandes depósitos de petróleo ubicados cerca de sus clientes principales, en Europa y Asia. No habrá calma en las próximas semanas. Saudi Aramco tardará algunas semanas en reparar los daños en sus dos instalaciones, pero existe el riesgo de otro ataque y crece el riesgo de una recesión económica global. ¿Por qué México no debe hacer cuentas alegres? Somos un país que tiene déficit en su balanza comercial energética. A los ingresos extra por venta de petróleo, debemos restar los gastos adicionales que tendremos que hacer en la compra de petrolíferos, como gasolina, diesel y turbosina. Al mes de julio esas importaciones sumaron 2,810 millones de dólares, un poco más de 90 millones diarios. ¿Qué pasa con Pemex? Esta empresa sí puede hacer cuentas alegres porque gana con el mayor precio del crudo de exportación y también gana más con la comercialización de los petrolíferos importados. No todo lo que es bueno para Pemex es bueno para México: habrá presión al alza en el precio de la gasolina para los consumidores y se incrementa la posibilidad de que la economía de Estados Unidos se desacelere”.

 

La ira de todos

Jorge Zepeda Patterson, El País: “¿Qué puede hacer un Gobierno “para el pueblo” cuando lo rebasan las demandas populares? El lunes una veintena de muchachos colapsaron la ciudad de Cuernavaca, en México, porque no recibirán o se retrasarán las becas del programa Jóvenes construyendo el futuro. Durante meses campesinos han bloqueado carreteras en demanda de los fertilizantes prometidos. Padres de niños aquejados de cáncer han sitiado hospitales públicos en protesta por la suspensión en la entrega de medicinas. Es un patrón que comienza a generalizarse y amenaza en convertirse en un frente inesperado contra “el Gobierno para los pobres” de Andrés Manuel López Obrador. Un frente que surge de entre sus propias filas o, en todo caso, de los sectores en teoría beneficiados por el Gobierno del cambio. La escasez de recursos no suele extraer lo mejor de los seres humanos. Más allá de algunas muestras de solidaridad aisladas, en situaciones desesperadas las personas ven por sí mismas y por la supervivencia de los suyos. Y no es algo que solo veamos en la literatura y películas distópicas del fin del mundo; lo observamos todos los días: la veintena de padres de familia que bloquean una vía rápida para exigir mejoras en una escuela pública, aunque en el proceso condenen a decenas de miles de ciudadanos a quedar embotellados; los vecinos de una colonia irregular que demandan agua potable a cambio de liberar la autopista entre Puebla y Ciudad de México y un largo etcétera. Hace una semana, en este espacio, hice referencia al éxito político del Gobierno de López Obrador con altos niveles de aprobación y un control del poder como no se había visto en México en varias décadas. Para su desgracia, decíamos, no ha gozado de un éxito similar en materia económica. Por el contrario, se perfila un crecimiento muy pobre o de plano una situación de estancamiento (las razones son diversas y escapan a este espacio). En plata pura, esto significa que una multitud de expectativas sociales dejarán de cumplirse pese a las mejores intenciones del soberano. Eso condena a la Administración a enfrentar el difícil equilibrio entre las necesidades de la gobernanza y la estabilidad, por un lado y, por otro, la libre expresión de las reivindicaciones y los derechos humanos en una sociedad tan enfurecida y exasperada como la nuestra. ¿Qué hace un Gobierno políticamente fuerte cuando las exigencias de la sociedad lo rebasan y ponen en riesgo la estabilidad? Por lo general las opciones más socorridas son: 1) Endeudamiento público para generar recursos adicionales y paliar las demandas más urgentes; algo que AMLO ha rechazado una y otra vez en aras de la estabilidad económica. 2) Redistribución social, quitar a unos para apaciguar a otros; un escenario imposible en México porque los ricos y las clases medias tienen aún mayor capacidad que los pobres para desestabilizar al país. 3) Control social y represión de los grupos inconformes; algo que el presidente ha rechazado incluso en los casos en los que los manifestantes han apaleado a las fuerzas armadas. (…) El Gobierno del cambio corre el riesgo de ser rebasado por la izquierda y las perspectivas que eso entraña no son saludables. Paradójicamente cuando eso sucede las sociedades terminan en un callejón con dos salidas opuestas: la radicalización (en nuestro caso, inviable porque somos un país demasiado interdependiente) o el Gobierno autoritario y militarizado que estabiliza por la fuerza. Ojalá que mucho antes de llegar a ese callejón el Gobierno de la 4T gestione esta impaciencia. No será fácil, pero mejor ahora antes de que sea demasiado tarde”.

 

En busca del crecimiento perdido

Enrique Quintana, El Financiero: “Si se hace un análisis meticuloso del documento Criterios de Política Económica 2020, se pueden encontrar dos escenarios de crecimiento del PIB para este sexenio. Por un lado, se encuentra el ‘crecimiento inercial’ y por otro un crecimiento deseado, supuestamente producto de los cambios que empujen el PIB durante este sexenio. En la página 112 del documento aparece el escenario macroeconómico derivado de la trayectoria inercial. El crecimiento del 2020, bajo este escenario, es el que estableció en el Presupuesto, calculado en un promedio de 2 por ciento. Del próximo año hasta el fin del sexenio, el crecimiento del PIB iría aumentando gradualmente hasta llegar a 2.7 por ciento en el 2024. Es decir, el crecimiento anual promedio del sexenio, bajo este escenario, sería de 2.1 por ciento, muy parecido a lo que hemos observado a lo largo de todo este siglo. Sin embargo, hay otro escenario, que supone que dan resultado las estrategias de crecimiento y que, por lo mismo, del 2 por ciento estimado para el próximo, se llega hasta un 4 por ciento para el cierre del sexenio. ¿Qué factores son los que supone Hacienda para que el crecimiento puede alcanzar esa tasa? Asómbrese: Estado de derecho; honestidad y combate a la corrupción; promoción de la certeza; eliminación de los privilegios; mayor capacidad recaudatoria; competencia; infraestructura; reducción de la pobreza; competitividad y acceso a mercados. Yo suscribo sin reservas la agenda de crecimiento propuesta por Hacienda. Y sin saber qué tasa de crecimiento pudiéramos alcanzar, tengo la certeza de que lograríamos un nivel mucho mayor que el planteado en el escenario inercial. Y, creo que la mayor parte de economistas y expertos suscribiría casi sin modificaciones está agenda. ¿Cuál es el problema? Que existe la duda de si el conjunto de las políticas públicas va a poder articularse en función de estas prioridades del crecimiento. (…) pareciera que hay un gran número de políticas públicas o incluso específicamente de decisiones presidenciales que no van con la agenda del crecimiento. No sé si haya la posibilidad de que en algún momento puedan ser alineadas las acciones del gobierno. Pero, creo que el escenario más probable es que sigamos con el escenario inercial. Y, por lo mismo, lo más importante para los próximos años es que se preserve la estabilidad. El efecto será mucho menor si tenemos un sexenio más de crecimiento modesto a si tenemos un periodo en el que de nueva cuenta hayan explotado las turbulencias”.

 

¿Habrá T-MEC antes de que termine el 2019?

Luis Miguel González, El Economista: “El receso legislativo de verano terminó y el futuro del acuerdo se definirá en los próximos dos meses. El camello ha engordado y no podrá pasar por el ojo de la aguja El ojo de la aguja se hizo más pequeño y el camello creció. Con esta frase, un congresista de Estados Unidos describió el estatus del T-MEC. El receso legislativo de verano terminó y el futuro del acuerdo comercial se definirá en los próximos dos meses. No hay acuerdo en los temas sustantivos, entre demócratas y republicanos. Cada vez pesa más la campaña presidencial del 2020. El camello ha engordado y no podrá pasar por el ojo de la aguja, si no pasa algo extraordinario. Argumentos a favor del acuerdo sobran, pero también abundan las razones para que los demócratas digan no. A favor está el hecho de que 12 millones de personas en Estados Unidos tienen un empleo que depende de las exportaciones a México o Canadá. A favor también está la circunstancia de que muchos de estos empleos se encuentran en distritos electorales que estarán en una lucha cerrada en las elecciones del año próximo. En contra, tenemos el cálculo político de los demócratas. Éste se expresa con claridad en la estrategia de la líder demócrata en la Cámara Baja, Nancy Pelosi. Ella exige modificaciones significativas en aspectos laborales; medioambientales y en la regulación del sector farmacéutico. Sabe que la Casa Blanca no puede ceder mucho. Su táctica es hacer explícitas sus objeciones al USMCA para convencer a la opinión pública de que el acuerdo logrado por Trump no es la gran cosa. Parte de esta táctica es extender por tiempo indefinido las negociaciones con el equipo de la Casa Blanca. Si le sale bien, conseguirá evitar que Donald Trump presente como un triunfo el T-MEC en la campaña del 2020. Si le sale perfecto, conseguiría que no se culpe a los demócratas por el no acuerdo. México ha hecho mucho en materia laboral, pero quizá no sea suficiente para persuadir a los líderes sindicales de Estados Unidos y Canadá. Algunos congresistas demócratas reconocen el esfuerzo mexicano y hablan a favor del acuerdo, pero no se puede contar con su voto porque allá también existe la disciplina partidista. (…) ¿Habrá T-MEC antes de que termine el 2019? En Estados Unidos predomina la cautela, pero en el gobierno de México la posición oficial es de optimismo. Así se expresa en el Paquete Económico 2020, en los comunicados de los organismos empresariales; en el mensaje de AMLO y en las palabras de Jesús Seade, subsecretario de Relaciones Exteriores: sólo falta voluntad política, dijo la semana pasada el que fuera negociador del acuerdo. Sólo falta ese detallito: que el ojo de la aguja se ensanche o que el camello se haga chiquitito”.

 

@loscabareteros

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