¿Mala consulta o mala leche?… El chantaje de los mercados

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 29 de octubre de 2018. ¿Mala consulta o mala leche?… El chantaje de los mercados: la supuesta reacción de los mercados no debe fungir como criterio. Debe ser tomada en cuenta para blindar la decisión –cualquiera que sea– y ponerla en práctica en las mejores condiciones posibles… ¿Cómo la consulta cambiará la SHCP de Carlos Urzúa? En el tema del aeropuerto, el dilema fue: quién manda…

Rayuela

Es un día de luto para América Latina. El neofascismo regresa de la mano de Brasil y su Bolsonaro.

¿Mala consulta o mala leche?

Jorge Zepeda Patterson, escribe en SinEmbargo, que: “Poco o nada saben de aeronáutica la mayor parte de los que han votado este fin de semana respecto al nuevo aeropuerto para la Ciudad de México. Peor aún, ¿por qué habrán de determinar un asunto tan delicado miles de personas que ni siquiera han tomado un avión en su vida? ¿Por qué no dejar que quienes nos gobiernan decidan sobre estos asuntos estratégicos?. Epigmenio Ibarra ofrece una respuesta en un artículo reciente: porque los dineros que han de emplearse en la construcción de esa obra no pertenecen al gobierno. En efecto hay razones técnicas, pero también hay financieras, por no hablar de las ecológicas. Desde luego que es importante que los técnicos sopesen las ventajas y desventajas de cada una de las dos alternativas, Texcoco o Santa Lucía, pero en última instancia el tema remite a los dineros que habrán de destinarse al proyecto porque las necesidades son muchas y los recursos escasos. Se dice que el país nunca va a salir de su mediocridad si no apostamos por proyectos de relevancia mundial, que la Ciudad de México posee el peso y la importancia para tener un aeropuerto que sea un referente internacional. Es un buen argumento pero se neutraliza con otro. Parecería más vergonzoso que varios millones de mexicanos vivan en la extrema pobreza, que no exista agua corriente en las casas de tantos, que en las aulas de las escuelas públicas rurales falte lo más esencial. Se pide un aeropuerto que nos ponga a la altura de los mejores de Alemania o Singapur, pero sería aún más deseable no padecer las miserias en la periferia que nos emparejan con países africanos convulsionados por sus guerras civiles. (…) Resulta más difícil justificar la decisión por una consulta en la que muchos desconfían; unos porque le tienen inquina a las iniciativas de AMLO, otros por la manera en que fue organizada. Es loable que se palpe el sentir de la gente en un tema tan polémico, pero por lo mismo tendríamos que asegurar que lo que se está palpando es un reflejo aceptable de lo que en verdad siente y piensa la gente al respecto. Y eso es un asunto de metodología y procedimiento. El operativo desarrollado estos días muestra muy buena voluntad pero mucha improvisación y no podía ser de otra manera, al carecer de los tiempos, los recursos y la estructura técnica que requiere un ejercicio de este tipo. Todavía no está claro el resultado de este ejercicio ni de lo que pasará con el NAIM. De lo que no hay duda es que la experiencia ha lastimado el uso futuro de las consultas y referéndums al darle a sus detractores argumentos para denostarlas. Habría sido mejor una decisión política a partir de criterios sociales claros que una consulta improvisada cuyos resultados serán duramente cuestionados. Es cierto que muchas de las críticas parten de la mala leche, como bien dice AMLO, pero por lo mismo no habría que poner en mano del adversario las piedras con las que te tiran”.

El chantaje de los mercados

Jorge G. Castañeda escribe en El Financiero sobre la posición de las calificadoras y los mercados entorno al NAIM: “Si estuviera en México, iría a votar y lo haría a favor de Texcoco. Como ya he escrito en estas páginas, no comparto la avalancha de críticas dirigidas por colegas y amigos contra la consulta per se de la 4-T, aunque debo reconocer que los organizadores de la misma parecen haber hecho todo lo posible para desacreditarla. Trabajan para el enemigo. Pero me irrita y me desconcierta mucho uno de los principales argumentos esgrimidos, también por colegas y amigos, a favor de Texcoco y en contra de Santa Lucía/Toluca/Benito Juárez. Se puede resumir en la advertencia estridente: “Aguas con los mercados”. Una columna tras otra explican cómo si López Obrador opta por Santa Lucía, se espantarán “los mercados”, se debilitará el tipo de cambio, subirá la tasa de interés, se pospondrán o se suprimirán inversiones. Además de la dificultad de saber exactamente quiénes son los mercados, y adivinar cómo se comportan, creo que decisiones de la naturaleza de la del aeropuerto deben tomarse a partir de otro tipo de criterios. Una vez tomada la decisión, en efecto conviene prepararse para atender las consecuencias de la misma: financieras, políticas, diplomáticas, hasta culturales. Pero los movimientos del tipo de cambio no constituyen los mejores consejeros para estas disyuntivas. Además de estas razones, sin embargo, existe otra, más poderosa. Hoy, se recurre a la amenaza del nerviosismo de los mercados –real o petate de muerto– para oponerse a una mala decisión: cancelar Texcoco. ¿Y qué tal si mañana los mercados se muestran rejegos con una buena decisión, por lo menos a ojos de quienes integramos la comentocracia? Hoy es muy sencillo invocar el riesgo de una reacción negativa de los mercados ante Santa Lucía, por mil razones válidas: no se cumplen compromisos de un gobierno a otro; se tira dinero a la basura; no hay claridad sobre la viabilidad y el costo de Santa Lucía, etc. ¿Y si mañana los mercados, con buenas razones, se oponen a mejores causas? Doy dos ejemplos, para no aburrir: la caravana y la legalización de la mariguana (y del cultivo de amapola). En ambos casos, como en muchos otros a lo largo de los últimos decenios, es muy probable que si México procede de una manera que desagrade a Washington, los “mercados” rechinarán. Pensarán –suponiendo que haya un sujeto único pensante– que un conflicto entre Peña Nieto y López Obrador con Trump, al no acceder los mexicanos a la exigencia norteamericana de impedir el paso de la caravana y deportar a los hondureños o ubicarlos en el equivalente de campos de concentración, sería dañino para los negocios. Habría represalias de la Casa Blanca, y eso siempre asusta a los mercados. Más aún, si como pienso yo, eso fue parte del arreglo con Trump sobre el TLCAN. (…) En ambos temas, el conflicto con Estados Unidos, como tantos otros en el pasado, provoca, para empezar, la histeria y el rechazo de muchos empresarios mexicanos, siempre atentos a lo que dice la embajada o el Tesoro o el Departamento de Estado. En segundo lugar, los adeptos de este tipo de decisiones suelen movilizarse poco, mientras que los adversarios sí. No es una cancha pareja, ni de poder real ni de capacidad de cabildeo o movilización. No es un buen argumento el de los mercados, aunque sea cierto. Se revierte muy fácilmente, o se vuelve contraproducente. (…) la supuesta reacción de los mercados no debe fungir como criterio. Debe ser tomada en cuenta para blindar la decisión –cualquiera que sea– y ponerla en práctica en las mejores condiciones posibles”.

¿Cómo la consulta cambiará la SHCP de Carlos Urzúa?

Luis Miguel González, en El Economista, escribe que: “Ni Carlos Urzúa ni el próximo equipo de la Secretaría de Hacienda se han pronunciado públicamente sobre la consulta del aeropuerto. ¿Qué podrían decir? Su papel es uno de los más incómodos: no tienen forma de quedar bien. Si defienden Texcoco, corren el riesgo de confrontarse con los morenistas (dentro y fuera del Gobierno). Si expresaran apoyo a Santa Lucía, el desencuentro ocurriría de cara a la “clientela” tradicional de la SHCP: sector financiero, inversionistas institucionales, grandes empresarios, agencias calificadoras y organismos financieros multinacionales. ¿Qué papel jugará la próxima Secretaría de Hacienda, una vez que concluya la consulta? Ningún funcionario del próximo gobierno tiene tanto en juego con ella como Carlos Urzúa, con la posible excepción del ingeniero Javier Jiménez Espriú, que es el principal promotor de finiquitar la opción Texcoco. El proyecto de Carlos Urzúa en Hacienda podría convertirse en un “daño colateral” de la consulta. Este ejercicio pone en juego la percepción del riesgo México, un “intangible”, que tiene mucho que ver con el nivel del tipo de cambio y las tasas de interés. En caso de que gane Santa Lucía y se interrumpa Texcoco, es muy alta la probabilidad de que tengamos un periodo de volatilidad cambiaria. En octubre, el tipo de cambio del peso se ha depreciado 80 centavos, casi 4%, en buena medida por el nerviosismo que ha provocado la posible cancelación del aeropuerto. ¿Cuánto más podría moverse el tipo de cambio si gana Santa Lucía? Esta pregunta es muy relevante para Hacienda, para el sector financiero y para todo México. Una depreciación de 1 o 2 pesos adicionales es posible y tendría un impacto significativo en el presupuesto. Significa gastar más para pagar el servicio de la deuda externa y hacer mayores erogaciones en algunas importaciones ineludibles, como la gasolina. De cara al presupuesto 2019, esta turbulencia autoinflingida podría complicar la tarea de la “vicepresidencia económica”, que llevará Carlos Urzúa, apoyado por los subsecretarios Gerardo Esquivel y Arturo Herrera. Los ejercicios de ahorro de gasto podrían no ser suficientes para compensar los costos de un dólar más caro y, quizá, tasas de interés más elevadas. Complicaría la asignación de recursos para la ejecución de algunos de los programas “insignia” de la próxima administración. Por lo pronto, habría que generar partidas presupuestales para pagar a los tenedores de bonos del nuevo aeropuerto y para enfrentar contingencias legales. El pequeño grupo de grandes constructoras podría “calmarse”, quizá, con un diálogo con AMLO, pero los inversionistas extranjeros e institucionales son otro tipo de “criatura”. Muchos de ellos cotizan en Bolsa y están obligados a llevar la controversia al terreno legal. Explicar la consulta y sus consecuencias es una tarea que ya empieza a afectar la agenda de la vicepresidencia económica. El mapa mundi está lleno de focos rojos: guerra comercial EU-China, Argentina, Turquía e Italia. La pregunta es: ¿México puede garantizar predictibilidad y certidumbre o se suma a los focos rojos? Nota al pie. La consulta transformará Hacienda. Más allá del impacto que pueda tener en las variables económicas, este tipo de ejercicios tiene potencial para afectar el proceso de toma de decisiones. Si se va a instalar una democracia participativa para revisar las grandes decisiones, Hacienda dejará de ser esa vicepresidencia todopoderosa e inapelable. En las urnas, los tecnócratas siempre serán minoría”.

En el tema del aeropuerto, el dilema fue: quién manda

Enrique Quintana, en El financiero, escribe sobre el fondo de la consulta: “Al momento de escribir este texto, desconozco cuál será el resultado de la consulta sobre el aeropuerto a la que convocó AMLO a partir del jueves pasado. El resultado será muy importante, pero lo será más aun lo que subyace en éste. El fondo no es el método de las consultas como un mecanismo para la toma de decisiones por parte del presidente; tampoco se trata de que se ignoren las normas legales que regulan las consultas, para hacer éstas al gusto. No, lo más relevante es que AMLO quiso poner de manifiesto frente a los grandes empresarios y los mercados financieros, quién tiene la autoridad. (…) La incógnita es si el asunto del aeropuerto puede significar el comienzo de un cambio en la percepción de los hombres del dinero respecto a AMLO. Creo que los críticos de López Obrador exageraron el posible impacto que podría tener la cancelación en los mercados y en las inversiones. Pero al mismo tiempo, AMLO ha minimizado el hecho de que podría terminar lo que algunos llamaron “la luna de miel” con el sector empresarial. Regreso a la explicación que el viernes daba López Obrador: el tema de fondo es la autoridad del Estado. López Obrador no quiere que los inversionistas o los empresarios le impongan prioridades. Quiere dejar claro que en la relación con ellos las cosas serán diferentes. Y aun en el caso de que al final de cuentas se optara por Texcoco, cambiarían las condiciones. Insisto, no es el tema de las consultas, aunque veamos otras en el futuro, sino la definición de quién tiene la sartén por el mango, lo que se define en el caso del aeropuerto”.

¿Qué trama Poncio Pilatos?

Raymundo Rivapalacio escribe en E Financiero sobre la consulta y su resultado: “Es absolutamente irrelevante el resultado final sobre la consulta ciudadana que resolvió, en primera instancia, en dónde se levantará el Nuevo Aeropuerto Internacional de México. De principio a fin, era una ruta que tenía sólo dos pistas de aterrizaje. Si era Santa Lucía, era la consecuencia directa de la promesa de campaña de Andrés Manuel López Obrador y a donde se había inclinado todo su próximo equipo de gobierno. Si era Texcoco, entonces era la coartada perfecta para que el Presidente electo, que dijo que respetaría la voluntad popular, decidiera sobre lo que él ha definido como “el pueblo sabio”. La consulta fue cuestionada desde un principio como ilegal. Sin embargo, no se puede ubicar en el marco de la legalidad cuando es organizada por quien no representa nada, ni está en funciones de gobierno ni de nada, ni tampoco utilizó recursos públicos. Un partido (Morena) organizó una consulta con coperachas (un millón y medio aportados por sus legisladores) para darle cuerpo a los deseos de su jefe político, que lo único que había dejado claro era su falta de compromiso con una decisión que, como Presidente electo, políticamente tenía que asumir: construir o cancelar la obra en Texcoco. (…) Un millón de personas aproximadamente, de 130 millones de mexicanos, fueron incentivadas para decidir el futuro de una obra de casi 300 mil millones de pesos. Incurría la consulta en una abominable falta de representatividad, que durante la semana había levantado objeciones. Estudios, impactos y riesgos se pusieron sobre la mesa, y López Obrador insistía que sería la voluntad del pueblo la que regiría sus acciones. Daba igual que ganara Santa Lucía o Texcoco porque cualquier resultado tenía el mismo origen, el andamiaje propagandístico para que López Obrador, como Poncio Pilatos, se lavara las manos y fijara en la gente, mucha de la que participó ni tenían idea de lo que estaban votando, la coartada para su decisión. La decisión sobre dónde quedará el nuevo aeropuerto, relevante en términos económicos, de conectividad y de confianza entre inversionistas, no lo era para el próximo gobierno en términos de lo que desnudó la consulta ciudadana: cómo va a gobernar López Obrador. No asumir la responsabilidad es una irresponsabilidad. Si bien la consulta no tenía ningún valor legal, el haberla hecho vinculante modificó el ecosistema político. Un presidente no delega las responsabilidades para las cuales fue electo, las asume y paga sus consecuencias. (…) El método para su toma de decisión sobre dónde quedará el nuevo aeropuerto, es lo que preocupa a los analistas extranjeros. Su declaración del viernes, de que todos nos vayamos acostumbrando porque las consultas ciudadanas serán su herramienta principal para decidir políticas públicas y el rumbo del país, los debe haber alterado mucho más. Pero no adelantemos vísperas. López Obrador ha mostrado con el paso de los años que aplica, quizás empíricamente, los siete pasos clásicos para tomar decisiones: identificar que tiene que hacerla, tener la mejor información posible, identificar las alternativas, sopesar la evidencia sobre cada una, escoger entre las alternativas, tomar acción, y revisar la decisión y sus consecuencias. Es decir, siempre controla el proceso, que siempre ha sido político. La consulta ciudadana es como el plantón en Reforma en 2006 o las marchas de Tabasco a la Ciudad de México en los 90, que le sirvieron para abrir válvulas de escape social sin ser desbordado”.

Cuidar la democracia

Samuel Aguilar Solís, escribe en El Financiero sobre el proceso democrático porque hemos transitado y la necesidad de preservarlo, cuidarlo e incentivarlo en el marco de la constitución: “Nuestro país logró avanzar en su proceso democrático de manera muy lenta pero sin pausas desde hace ya casi cuatro décadas con aquellas reformas político electorales de 1977 en una dinámica de liberación política hasta alcanzar conformar un sistema de partidos, reglas claras y puntuales para el acceso al poder, instituciones sólidas para la organización y calificación de los procesos electorales hasta llegar a la alternancia política en la Presidencia de la República con una sociedad civil ya avanzada, que la época del desarrollo tecnológico y particularmente de las redes sociales ha venido a vigorizar en los últimos tiempos ,todo ello sin duda ha mostrado una sociedad plural cada vez más participativa y más exigente ante el poder público, frente a los temas que más nos han aquejado en los últimos años como el bajo crecimiento económico, la desigualdad social, la pobreza, la inseguridad y violencia, así como la corrupción y la impunidad, que sin duda, son a la vez la explicación del triunfo de Andrés Manuel López Obrador por el hartazgo social frente al actual gobierno y su partido pero también con el recuerdo aún fresco de los 12 años de fracasos panistas en los temas. Pero creo que quien habrá de encabezar el gobierno a partir de diciembre no debe de confundir las cosas y actuar como si se le hubiera dado un cheque en la blanco por parte de los electores y que hiciera con ello lo que se le pegara la gana, no eso no fue el mandato hasta donde puedo percibir el “trato” es ‘te doy mi voto para que me des respuestas puntuales y rápidas para resolver los graves problemas que nos aquejan pero respetando escrupulosamente la Constitución y las normas escritas y no escritas que nos hemos dado para una mejor democracia’. El hiperactivismo del presidente electo y a la vez la “aventada de toalla” que el actual aún presidente constitucional en funciones ha hecho del gobierno, es que tenemos una transición sui generis donde creo que quienes nos estamos viendo afectados somos los ciudadanos porque hay una especie de “pasmo” gubernamental que no resuelve ya problemas, o programas que están lentos o casi semi paralizados o simples trámites que ya están dándole largas la burocracia para que sea el próximo a gobierno el que los resuelva, en fin que el gobierno es aún MÁS deficiente amén de áreas que están ya sin titular por la amenaza de que se les reducirá su sueldo y prestaciones a esos funcionarios y estos han preferido adelantar su jubilación o su liquidación conforme a la ley, esto es lo que diariamente se observa y se padece ya en muchas áreas gubernamentales. Pero lo más dramático es la susodicha “ consulta” para definir si el proyecto del actual aeropuerto continúa en Texcoco o se cancela y se busca otra opción en lo que hoy es un instalación milita, esto de que el “pueblo opine” en un ejercicio como el realizado este fin de semana es violatoria a todas luces de la Constitución en su artículo 35 y además revive el fuego de la polarización en la sociedad, como no se había visto desde los días de la campaña electoral, amén de los “invitados incómodos “ que hará sin duda no un día de fiesta por la llegada de alguien legal y legítimamente al poder sino que la presencia de autócratas en nuestro país llevará a la manifestación y al repudio a de no pocos sectores sociales y alimentará el temor de que algo pueda suceder en México, porque la democracia se puede ir perdiendo con pequeños actos de ruptura constitucional y de reglas democráticas aunque quienes las rompan hallan llegado por la vía de respetar las reglas democráticas como le hemos visto justo en estos tiempos en países tan distintos como Venezuela, el Perú de Fujimori o los Estados Unidos de Norteamérica, Turquía o la Rusia de Putin, etc. Tener instituciones sólidas, reglas democráticas y un marco constitucional no son suficientes ni bastan para mantener la democracia es necesario y ahora más que nunca la participación de la sociedad porque una sociedad vigoriza es cimiento fundamental para cuidar la democracia que tenemos. Es por todo esto y más que las formas de la buena política no deben de olvidarse pero sobre todo el respeto de la Constitución y la búsqueda de NO polarizar aún más la sociedad Mexicana y si ocuparse con eficiencia, tolerancia y respeto legal a resolver los problemas que aquejan a la sociedad y no realizar más ruido de pirotecnia política”.

Dijeron ser diferentes y han resultado ser iguales o peores

Leo Zuckermann hace un recuento de los hechos que han puesto a pensar si verdaderamente habrá un cambio con López Obrador: “Ellos, no, nosotros, dijeron que ejercerían el poder de manera diferente. Fue parte del éxito para conseguir el 53% de los votos: más de 30 millones los eligieron para gobernar al país. Machacaron el discurso de la regeneración nacional, de evitar las trampas, de terminar, de una vez por todas, con las chocantes simulaciones que tanto daño le han hecho a este país. Pero no han cumplido. Por el contrario, y antes de tomar posesión, han demostrado ser iguales o peores. Les gusta abusar del poder. Doy no uno, no dos, no tres, no cuatro, sino cinco ejemplos y propongo un sólo criterio para juzgar estas acciones: ¿qué tal si eso mismo lo hubiera hecho el PRI y Enrique Peña Nieto en lugar de Morena y Andrés Manuel López Obrador? Primero. Deciden ayudar a los damnificados de los sismos del año pasado. Para tal efecto, constituyen un fideicomiso, fuera del partido, pero en la misma dirección legal que éste. El Instituto Nacional Electoral encuentra que militantes morenistas depositan varios millones de pesos en efectivo que luego retiran también en efectivo. Una verdadera lavandería de recursos. (…) Segundo, la alianza política con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Aquí lo bueno es que ni siquiera nos debemos de imaginar el criterio propuesto porque el propio Peña y el PRI efectivamente se aliaron al PVEM, como también, en su momento, lo hizo Fox y el PAN. Y es que el Verde siempre se vende al mejor postor. (…) Tercero, el rechazo del Presidente electo a reformar el artículo 102 constitucional para tener una Fiscalía General auténticamente autónoma y capaz para, sobre todo, perseguir los delitos de la corrupción, una demanda de varias organizaciones de la sociedad civil. (…) Cuarto, la reforma a la ley de adquisiciones en Tabasco. Una mayoría de Morena en ese estado aprobó que no se lleven a cabo licitaciones para “obras estratégicas”, sino que se asignen de manera directa. Lo que hoy es una simulación, como han demostrado México Evalúa y el IMCO, que la mayoría de los contratos de obra pública son asignados, se ha legalizado en la entidad donde se construirán el Tren Maya y una nueva refinería. ¿Qué dirían los morenistas si esto mismo lo hubieran hecho los priistas en el Estado de México donde se construyó el tren entre la CDMX y Toluca? Llego a la quinta: la farsa de la “consulta popular” de dónde construir el Nuevo Aeropuerto de México. La organiza y financia Morena sin ningún tipo de control para evitar prácticas fraudulentas. La localización de casillas es caprichosa y favorece a las áreas donde Morena tiene mayor presencia electoral. La aplicación para evitar que se vote más de dos veces falla, la tinta indeleble se borra y, por tanto, se puede votar varias veces. No hay mamparas para asegurar que el voto sea secreto. Las urnas las controlan operadores del partido que se las llevan a sus casas en las noches. El conteo lo hacen morenistas. No hay representantes opositores. Nadie sabe bien a bien quién es el árbitro que cuenta y agrega los votos. Apliquemos el criterio propuesto: ¿qué diría AMLO y Morena si esto mismo lo hubiera hecho Peña y el PRI? Pero ellos dicen ser diferentes. Piensan que tienen la “autoridad moral” para realizar las mismas prácticas fraudulentas, corruptas y oportunistas del pasado. Sus fanáticos así lo presumen y lo justifican en las redes. Están en su derecho. Seguramente habrá muchos mexicanos que se los crean. Pero habrá otros que lo dudarán porque, a final de cuentas, en algo tiene razón López Obrador: la gente no es tonta”.

Consulta aterrizada // Decisiones e impugnaciones

Julio Hernández López, escribe en La Jornada sobre la consulta de López Obrador: “A la hora de redactar la presente columna no se tenían resultados oficiales de la consulta sobre el tema del aeropuerto que impulsó el presidente electo ni se había producido el mensaje dominical anunciado sobre el tema. El futuro coordinador de comunicación social, Jesús Ramírez Cuevas, informó al final de cada uno de los tres primeros días de esa jornada de auscultación sobre el número de sufragantes en cada ocasión, sin entrar en mayores detalles. Ayer, ya a punto de cerrar las mesas receptoras de votación, redondeó en un millón el cálculo de participantes. El laxo diseño de ese ejercicio, denominado consulta, le restó la contundencia jurídica y política que un tema de tal magnitud requeriría. Opositores al lopezobradorismo aprovecharon la oportunidad para lanzar críticas de diverso calibre y, en particular, personajes de los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática anunciaron que presentarán impugnaciones por la vía judicial (ya antes, como se informó en esta columna, cuatro estudiantes de derecho del Instituto Tecnológico Autónomo de México habían solicitado a la justicia federal que se invalide la consulta en mención). En estricto sentido jurídico, el citado sondeo queda sujeto a la resolución judicial que podría llevarse un par de semanas. Más allá del aspecto meramente procesal y del desenlace judicial que se produzca, lo importante es que el presidente electo asumirá como propio el resultado que se anuncie. Concebida como una fórmula para aminorar el costo político de la decisión a tomar sobre los aeropuertos, esa consulta permitirá a López Obrador enfrentar, con cargo a la democracia, el enojo de sus seguidores si el desenlace oficial apunta a la continuidad del proyecto de Texcoco, o de los empresarios y grandes capitalistas si fuera lo contrario y se decidiera avanzar por la ruta tripartita del actual aeropuerto capitalino, el de Toluca y dos pistas en la base militar de Santa Lucía”.

El periodista que votó tres veces

Salvador Camarena, en El Financiero analiza el papel del periodismo para “ventilar” las fallas de la consulta: “Cuando se escriba la Historia, con mayúscula, de los terribles años para el periodismo durante la crisis de violencia surgida en México a finales del sexenio de Vicente Fox, el nombre de Javier Garza Ramos tendrá un lugar destacado. Culto, divertido, regionalista como pocos al hablar de su adorada comarca lagunera, pero también reportero global que ha trabajado en Estados Unidos donde además estudió becado, Javier es (todavía) un joven periodista que le dará mucho a su país. En medio de la pesadilla de violencia que azotó a Coahuila y Durango en el periodo de Felipe Calderón, Javier condujo con valentía y serenidad a la redacción del Diario de Torreón, periódico que sufrió, por parte de narcotraficantes, atentados contra sus instalaciones y reporteros. Pero hasta los más inteligentes se equivocan. La semana pasada, Javier –ahora dedicado a su programa de radio y a ocasionales más pertinentes columnas en Animal Político y El País–, votó tres veces en la consulta lanzada por el Presidente electo para recoger opiniones, y suponemos que tomar un parecer, con respecto al futuro de la aviación comercial de México. Dice Javier que “poner a prueba la consulta parecía algo sensato porque su posible falta de credibilidad dañaría un objetivo tan loable como involucrar a la ciudadanía en decisiones de gobierno”. Algunos ciudadanos hicieron lo mismo que Javier. Con lo mismo quiero de decir que, como él, votaron varias veces y, como él, lo presumieron en las redes sociales. Los periodistas no somos ciudadanos. O somos algo distinto –mucho más en términos de obligaciones– que los ciudadanos. Si una persona revela que el sistema de Morena falla y puedes votar, los periodistas 1) tratamos de verificar la denuncia, y de ser así 2) lo reportamos. Pero nuestra obligación va mucho más allá de eso. En ese escenario, la verdadera cuestión es dimensionar las implicaciones del fallo, no sólo la contradicción entre lo que dijo Morena y la realidad. ¿Es ese “fallo” deliberado, para que Morena pueda acarrear votantes y manipular el resultado? ¿O ese fallo está siendo aprovechado por alguien ajeno a Morena en una escala relevante? ¿Esa vulnerabilidad se corrigió en las siguientes horas, siguió durante días, realmente pone en duda el resultado aritmético –o el político– del ejercicio? En pocas palabras, es ese fallo tan importante como para que un periodista importante haga ese miniperiodismo gonzo. La consulta alegal emprendida por López Obrador da para muchos cuestionamientos –su legitimidad democrática está viciada por la deliberada exclusión que se hizo de demasiadas poblaciones, por ejemplo–, pero todos fuimos un poco como Javier la semana pasada, privilegiamos las anécdotas: qué barbaridad, la tinta indeleble no es tal. Si el 1% o el 2% o el 10% de la ciudadanía burló la consulta, ¿la consulta no sirve? Dicho de otra manera, si el cuestionamiento más ruidoso a la consulta no es sobre las enormes franjas de discrecionalidad sino sobre anécdotas, flaco favor hacemos los periodistas quedándonos al nivel que cualquier ciudadano. No que la vulnerabilidad no sea un tema, pero no pudimos establecer su escala. Ayer en la urna ubicada en el Parque Escandón una señora preguntaba en la mesa de votación si se cancelarían los votos duplicados. “No se preocupe, somos más los honestos”, le contestaron. ¿Son más los honestos? Imposible de saberlo. Porque para empezar ¿quién va a contar a los honestos? ¿Morena que es juez y parte? Mmmh. De lo que sí no tengo ninguna duda es de que Javier es además un periodista honesto. Y uno que con su ejercicio, fallido o no, ayudó a recordarnos la dimensión del reto que supondrá copar con las veleidades de alguien como AMLO en Palacio Nacional. Los ciudadanos sí podrán permitirse responder como les plazca a las ocurrencias del Presidente, los periodistas no”.

@loscabareteros

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