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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del martes 23 de julio 2019. Mucha prensa: La división que existe en la sociedad mexicana se reproduce en su prensa. Hay mucha prensa en México. De muchos tipos. Incluso con diferentes propósitos. Hay mucha prensa. Pero si no se le defiende, a toda, en el derecho a informar sin presiones ni embates presidenciales, podría no haber la suficiente…

 

Rayuela

“Tiene razón el FMI: lo que necesitamos es dejar de intentar ser como ellos”.

 

Mucha prensa

Salvador Camarena, El Financiero: “La división que existe en la sociedad mexicana se reproduce en su prensa. Hay mucha prensa en México. De muchos tipos. Incluso con diferentes propósitos. Medios que no forman parte de un corporativo empresarial con negocios en múltiples campos de la actividad económica. Medios que nacieron desde consorcios con muchos intereses. Medios que sobreviven a presiones de grupos de interés, medios que son el rostro –discreto o descarado– de un grupo de interés. Hay, pues, muchos medios, mucha prensa, pero si algo escasea es el sentido gremial en la industria de la prensa. Los periodistas en México han sido incapaces de organizarse aun cuando enfrentan retos de vida o muerte. Ni la amenaza del crimen, que cercena reporteros y editores sistemáticamente, ni los embates desde el poder (de presidentes, gobernadores, ediles y empresarios) han logrado el milagro de que los periodistas, incluidos dueños de medios, establezcan el piso mínimo de las cosas que sí están dispuestos a defender para todos. Reclamar todos, por ejemplo, cuando el Presidente de la República califique o descalifique a cualquier medio de comunicación, atajarlo en público para que no avance inadvertidamente en su pretensión de arrogarse para sí y los suyos el derecho de nombrar la realidad. Si nadie reclama cuando es a otros a quienes se fustiga, el mapa del diálogo se hace más pequeño cada vez. Si acosan a Proceso, si pomposo el Presidente anuncia que ya no lee la revista desde que murió su fundador, que por cierto al momento de fallecer llevaba largos años sin dirigirla, si se golpea a Proceso en realidad se golpea al diálogo público. Si se descalifica a SinEmbargo.mx se socava la calidad de la conversación de todos. Si se descalifica a Reforma se quieren minar las defensas de la sociedad frente a la manipulación. Si se descalifica a un diario extranjero como Financial Times se pretende imponer límites a la pluralidad de las fuentes de información a las que pueden acceder los mexicanos. Y esos sólo fueron los embates de un solo día (de este lunes) por parte del mandatario contra la prensa. Desde siempre el poder pretende controlar la información. Ahora el poder quiere imponer un monólogo que es en realidad silencio: demanda atención mas no garantiza interlocución. A pesar de que el presidente López Obrador prometió que se guiaría por aquello de que la prensa controla a la prensa, hoy desde el atril vende la baratija de que el gobernante tiene derecho de réplica, cuando lo que un mandatario tiene, sobre todo, es la obligación de garantizar los derechos de los gobernados a la libertad de expresión y de prensa. (…) Hay mucha prensa. Pero si no se le defiende, a toda, en el derecho a informar sin presiones ni embates presidenciales, podría no haber la suficiente”.

 

La prensa que no se portó bien

Julio Hernández López, La Jornada: “En su mañanera conferencia de prensa de ayer, el Presidente de la República no se ahorró críticas para cuatro medios de comunicación: el diario Reforma, la revista Proceso y el portal Sin embargo, todos estos de capital y operación mexicanos, y el diario con sede en Londres, el Financial Times. A cada uno de ellos le acomodó un señalamiento rasposo. Al matutino creado y dirigido por la familia Junco de la Vega le reprochó que hubiera publicado una nota, titulada Vivirá en un Palacio, en uno de cuyos párrafos se asienta que por la historia, construcción, muebles y piezas de arte que alberga, López Obrador vivirá en un verdadero palacio (https://bit.ly/2LC84XU). A ellos, el político tabasqueño les contestó: “A los de Reforma les diría que no estoy acomplejado. Cuando ellos hicieron su edificio… ¿Conocen el edificio de Reforma? Es un palacio. Es un palacio… Yo diría que de mal gusto, porque también los fifís no tienen tanta sensibilidad para la arquitectura”. (…) Son erróneas y preocupantes las obsesiones correccionales de AMLO hacia la prensa (muy distantes del ánimo complaciente o cuando menos perdonador del mismo funcionario hacia una amplia franja de políticos y empresarios saqueadores de riqueza y recursos públicos). La palabra del Presidente de México sería muy bien aceptada en estos casos si más que consideraciones personales y subjetivas hubiera precisiones, desmentidos o aceptaciones de la materia de trabajo periodístico puesta a su consideración pues, en estos casos, la polémica menor suplió al esclarecimiento de hechos: sí vive la familia López Gutiérrez en un palacio, sí está el hijo menor en un campamento de alta tarifa en San Luis Potosí y sí es periodísticamente correcto preguntar si mantendrá como asesor a Ricardo Salinas Pliego a pesar de lo publicado en el tema Pemex-Fertinal. Y sí debería dar una entrevista (recurriendo a la figura de la amnistía, de ser necesario) al Financial Times. Haría bien AMLO si, respecto a críticas, manifestaciones y periodistas, se aplicara uno de sus remedios favoritos: tomarse un té (una infusión, dicho sea con propiedad) de flor de tila”.

 

La crítica y el debate

Yuriria Sierra, Excélsior: “A ningún presidente le gusta la crítica. Y no es lo ideal, en lo absoluto, pero seguramente es algo que no cambiará, al menos no a corto plazo. Lo ocurrido ayer en la conferencia mañanera entre Andrés Manuel López Obrador y Arturo Rodríguez, de la revista Proceso, lo dejó de manifiesto. No es algo nuevo. No estamos frente al primer presidente que sabe quiénes no aplauden. Sin embargo, también está ese otro lado, el de la crítica escandalosa, la que prefiere la estridencia a la razón, a la calidad argumentativa. La que desde cualquier esquina arremete a través del insulto, de la agresión. La crítica vacía, pero sonora, que resta espacios a aquella que tiene verdadero valor, la que sí opera como oposición, la que tiene fuerza y que es necesaria en contextos donde la realidad muchas veces se dibuja, de manera oficial, a cuentagotas y con la información que viene, en algunos de casos, de una única persona. Esa crítica que robustece el debate y genera discusiones y, sobre todo, ofrece detalles suficientes para pulir la imagen de la realidad que no puede, nunca, construirse sólo desde una perspectiva. Podremos estar o no de acuerdo con lo que dicen unos u otros, pero no podemos desacreditarlos desde la insensatez. Y la constante es la descalificación: que si es demasiado joven para saber, como lo menos ofensivo; pero también hay comentarios que rebasan la línea y se evidencia lo anquilosado del racismo. México urge por una crítica dura, pero saludable, y que sea la que más espacios abarque, que sea la que genere eco, la que provoque estridencias, sí, pero que éstas tengan la dirección y fuerza para impulsar los cambios en la narrativa, en la toma de decisiones. La falta de ésta es justo lo que empodera a los líderes que a través del adjetivo “esquivan” los señalamientos y las alertas, así vengan de personajes de partidos que no están en el gobierno –quienes tendrían que ser la verdadera oposición, pero que están hoy más que desdibujados– o de publicaciones de prestigio internacional como el Financial Times o The Washington Post. (…) A ningún presidente le gusta la crítica; les da lo mismo de dónde viene, jamás ha salido uno solo a aceptar que se tuvo razón al señalar sus errores, pero eso no debe ser motivo para no ser rigurosos y precisos en la manera en que la ejercemos. La diferencia entre aquella crítica escandalosa, pero vacua, y ésa otra también estridente, pero sustentada, es que una de ellas es útil para la vida democrática de cualquier país”.

 

La re, re, ¡represión que viene!

Jairo Calixto Albarrán, Milenio: “…dadas las declaraciones de Amlove sobre algunos medios de comunicación que en lo general “no han sido buenos con nosotros”, ¿es previsible que antes de que regrese Mike Pompeo (siempre que oigo ese apellido me acuerdo del fotógrafo estelar de Playboy, Pompeo Posar, por las vías de las desviaciones generacionales) a ponernos orejas de burro, la prensa mexicana sea tomada por asalto y convertida en una sucursal del Granma? ¿Hay indicios para pensar en que tomando en cuenta que hay gente que no le aplaude a Andrés Manuel, este, en venganza, los meterá a tochos morochos en un tambo de máxima seguridad como el del Chapo para que nunca más vuelvan a ver la luz del sol hasta que no juren rendirle culto y llevar su retratito en su cartera? Seguro que sí. Son tiempos oscuros para la libertad de prensa, ya ven que casi nadie puede decir lo que piensa, aunque lo haga como lo que queda de Jorge Berry, ese extraño coctel que combina lo mejor de Ricky Alemán, Esteban Arce y Carmelita Salinas. A lo mejor la cosa se pone peor y para acabar de chamuscar a Reforma, Proceso y Sin Embargo, los van a acusar de estar metidos en la Caja Libertad. Por supuesto, no faltarán los resentidos sociales que afirmen que ahora hasta quienes llevaban años abominando de Proceso se están suscribiendo”.

 

Pequeña historia de la «Cartilla moral» de Alfonso Reyes

Héctor Aguilar Camín, Milenio: “Si alguien va a leer la Cartilla moral que el nuevo gobierno ha hecho suya, debe leer la pequeña gran historia de esa cartilla que ha escrito Nicolás Medina Mora.  Nicolás recrea el momento en que Alfonso Reyes escribió la famosa cartilla, la rapidez inspirada con que procedió a redactarla y el fondo melancólico que hubo en su vendimia. Era el año de 1944, Reyes estaba harto de escribir notas que le pedían con urgencia muchas publicaciones prestigiadas del orbe hispánico, en un año particularmente oscuro de su siglo. Recibió entonces una petición más, ahora de su más joven amigo Jaime Torres Bodet, entonces secretario de Educación, para que escribiera una guía moral para niños y jóvenes que se imprimiría y repartiría por millones entre los estudiantes de las escuelas públicas de la época. Un anticipo de lo que sería después (1958) el libro de texto obligatorio. Dados los nubarrones de la época, y para establecer un canon de conducta sano para niños y jóvenes, Torres Bodet pedía un texto sencillo y clásico sobre los principios universales, diríamos, que guían o deben guiar la conducta de un niño, de un joven, de un ciudadano, ante su familia y ante la autoridad. Reyes asumió la novedad del encargo con dos de sus especialidades admirables: la prestancia amistosa y la elegancia intelectual. En muy poco tiempo tenía listo el texto para su amigo el secretario de Educación. Nicolás Medina Mora hurga de dónde le vino a Reyes la inspiración rápida y el diseño preceptivo de la obra. Creo no traicionar el secreto de esta filología, más bien quiero invitar a frecuentarla, si digo que la Cartilla moral de Reyes estuvo inspirada en una cartilla militar que su padre, el general Bernardo Reyes, hombre de armas y de letras, guardaba en su librero con notaciones favoritas. El concepto que rige la Cartilla moral de Reyes es el del respeto: del niño al padre, del padre a la comunidad, de la comunidad a la autoridad. Se trata, sugiere Nicolás, de una transfusión de valores nacida del principio de la obediencia que rige el espíritu militar. Un texto notable, aquí: (https://bit.ly/32IOgrk)”.

 

El problema es el plan, no el neoliberalismo

Luis Carlos Ugalde, El Financiero: “López Obrador necesita un plan si quiere desmantelar el régimen neoliberal y hacer la cuarta transformación. Los discursos y las arengas sirven para contar una historia y contagiar entusiasmo; pero cambiar de modelo económico requiere objetivos claros, metas cuantificables, estrategias, escenarios y estimaciones presupuestarias. Hasta hoy, el gobierno ha delineado nueve programas sociales, tres proyectos de infraestructura y su estrategia de seguridad pública. Pero carece de un plan global para orientar la ejecución de su gran tarea histórica. El 12 de junio se publicó el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2019-2024. Se perdió una oportunidad para trazar una hoja de ruta sólida y creíble de un cambio de régimen. Esta es la primera vez que el Poder Legislativo participa en la revisión, discusión y aprobación del PND y no hizo su trabajo: aprobó un documento que no es un plan y al hacerlo violentó la ley de planeación, que exige que el plan contenga los objetivos específicos, las estrategias, los indicadores de desempeño, las metas y los programas sectoriales que deberán ser elaborados. (…) Que haya planes bien trazados no significa que se cumplan: muchas propuestas y programas de los gobiernos “neoliberales” fueron letra muerta. Pero sin plan es altamente probable que cunda el desorden y la improvisación. Un gobierno que diseñará y ejecutará políticas prácticamente sobre las rodillas. Las grandes transformaciones no sólo requieren de mucha pasión, sino también de números, datos, estrategias y metas para saber si el plan va por buen camino”.

 

@loscabareteros

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