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 Por: Diego Rentería

No es una novedad que siempre han existido los políticos que siempre creen merecer más: el que es diputado local cree merecer una diputación federal, o una alcaldía; el que es senador cree que merece ser gobernador, el que es alcalde cree que merece ser senador, y así, las combinaciones son infinitas.

Muchas veces, sus gestiones son grises, sin nada trascendente, pero a ellos no les importa, sólo piensan en el hueso que sigue, incluso, ni siquiera les importa terminar sus cargos, en cuanto se presenta la oportunidad, buscan agarrar un nuevo “hueso”.

Tampoco es nuevo que una parte importante de la ciudadanía, de los votantes, esté inconforme con ese arte denominado atinadamente como “chapulineo”, tan es así, que la pasada elección local hubo políticos que se comprometieron a cumplir cabalmente con el cargo que asumían en ese lejano 2016, era una promesa que enmarcaba a una nueva ola de políticos que encabezaban el fenómeno de la alternancia en el estado.

Pero hoy, esa promesa de terminar la gestión es una promesa olvidada, por una u otra razón diputados locales, alcaldes y funcionarios públicos han abandonado sus puestos para ir en busca del tan ansiado nuevo “hueso”, y es que, pareciera que los políticos nunca están conformes, que siempre tienen ambición de poder, de más poder, de uno y otro, otro y otro “hueso”, y así sucesivamente. Es una carrera sin fin en la que van dejando tras de sí, una estela de cargos inconclusos, promesas incumplidas y gestiones a medias.

Pero, mientras los políticos, aunque se denominen “ciudadanos”, un eufemismo que se ha puesto de moda entre ellos, se preocupan por ver qué nuevo “hueso” pueden agarrar y dejar a medias sus gestiones, nadie mide con exactitud los daños que causan y que nos afectan a todos:

Cero concentración: Por estar atentos para ver qué nuevo “hueso” agarran, muchas veces ni siquiera se toman en serio su papel como funcionarios, diputados o alcaldes, es decir, no hacen su chamba por estar pensando en el “hueso” que perseguirán antes de concluir sus mandatos.

Interrupción de programas, obras o acciones: Muchos de los políticos “chapulines” que ya abandonaron sus cargos han anunciado obras que ni siquiera han arrancado, con su huida del cargo se corre el riesgo de que esas obras anunciadas nunca se conviertan en realidad, o bien, que los programas arrancados se interrumpan, y es que, quedan a la voluntad de quienes ocupen los cargos vacantes.

Utilización de los recursos humanos y materiales gubernamentales: Si bien, no siempre sucede, hace falta ser demasiado inocente como para creer que los trabajadores que estuvieron bajo el mando del político “chapulín” no sean presionados para apoyarle en campaña o, simplemente, se sientan comprometidos y lo hagan por voluntad, aunque, francamente, creo más en el primer escenario.

 

Por todo lo anterior, es necesario que en Durango, y en México, se legisle para detener la práctica del “chapulineo”, para que los diputados, alcaldes y funcionarios no dejen sus cargos a medias, que cumplan sus promesas y terminen las tareas que les fueron encomendadas.

IRONÍAS DE LA VIDA: En 2015 Felipe de Jesús Enríquez, hermano del doctor José Ramón Enríquez, presentó en el Congreso Local una “ley anti-chapulines”, de hecho, el mismo galeno criticó en campaña y en diversas ocasiones la práctica del “chapulineo”, hoy todos sabemos en qué acabó esa historia…

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