No a la paz corrupta; respaldan combate a huachicol

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 14 de enero 2019. ¡Ábranla, que ahí viene la Guardia Nacional!… El costo de la honestidad: Los huachicoleros ahora perforan los ductos no para ordeñarlos sino para prolongar el desabasto y obligar a la opinión pública a presionar al Gobierno para que suspenda el operativo en su contra… No a la paz corrupta; respaldan combate a huachicol…

Rayuela

Es mejor armarse de paciencia y de buen humor. No hay todavía para cuándo.

¡Ábranla, que ahí viene la Guardia Nacional!

Reforma, Templo Mayor, asegura que: “¡Ábranla, que ahí viene la Guardia Nacional! Pasado mañana inicia el periodo extraordinario de sesiones y, pese a las voces que advierten riesgos, todo indica que será aprobada la creación de este nuevo cuerpo policiaco-militar. Con el apoyo de sus satélites (PES, PT y PVEM), la bancada de Morena en la Cámara de Diputados cuenta con mayoría absoluta, peeero todavía le hacen falta votos para lograr la mayoría calificada a fin de poder hacer modificaciones a la Constitución. Y por lo que se ha visto en estos días, varios legisladores priistas y panistas están más que dispuestos a sumarse a la iniciativa. Al parecer lo que destrabó el asunto fue la aceptación por parte del gobierno para que el mando de la Guardia Nacional recaiga en un civil y no en un militar, que fue una de las principales exigencias de los gobernadores. Claro: falta ver que Mario Delgado y sus huestes cumplan con lo prometido, pues ya se sabe que los morenistas luego les da por cambiar lo acordado y meter por debajo de la puerta sus ‘ajustes’ a las iniciativas”.

El costo de la honestidad

Jorge Zepeda Patterson, en SinEmbargo, escribe lo siguiente: “Los huachicoleros ahora perforan los ductos no para ordeñarlos sino para prolongar el desabasto y obligar a la opinión pública a presionar al Gobierno para que suspenda el operativo en su contra. Un juego de vencidas entre criminales y autoridades, en el que los delincuentes pretenden tomar como rehén a los ciudadanos y su malestar. Todos despotricamos en contra de la corrupción y ese reclamo es uno de los factores que llevaron a López Obrador a la presidencia. La pregunta ahora es si estamos dispuestos a pasar por las incomodidades que implica limpiar la casa, sobre todo cuando descubrimos que esa limpieza exige levantar el piso y cambiar el drenaje. La respuesta hasta ahora es conmovedora y revela la entereza de la mayoría de los mexicanos. Según una encuesta del diario Reforma (que nadie podría acusar de lopezobradorista) a la pregunta: ¿Para usted que es preferible, acabar con el robo de combustible a Pemex aunque no haya gasolina por un tiempo o garantizar el abasto de gasolina, aunque haya robo de combustible a Pemex?, 73 por ciento optó por lo primero y 18 por ciento por lo segundo. Encuestas de otros medios de comunicación arrojan también una abrumadora aprobación. No obstante, la molestia que está provocando el desabasto pondrá a prueba ese apoyo. Primero, porque ese 18 por ciento de críticos seguramente aumentará cada día que se prolongue la escasez y resulte afectada de manera decisiva la vida cotidiana de los ciudadanos. Segundo, porque invariablemente una minoría que reprueba genera expresiones más intensas e impactantes que una mayoría que aprueba. El fenómeno de la viralidad de los mensajes de odio en las redes ha sido muy documentado; la presión que ejercen sobre la vialidad cien autos en doble línea haciendo cola en una gasolinera es inmensa aunque miles de otros autos circulen por un tercer carril. Tercero, porque la escasez de gasolina tiene efectos multiplicadores sobre otras áreas de la vida que quizá muchos de los que apoyan la medida no habían considerado y no están dispuestos a sacrificar: desabasto de otros productos, suspensión de clases, colapso del transporte público, etc. Por no hablar del impacto de los especuladores que intentan medrar con la crisis. Y cuarto, porque la ocasión está siendo aprovechada por los adversarios políticos y económicos de López Obrador, para provocar un estallido de impopularidad: grupos de “ciudadanos” que ejercen bloqueos en protesta por la falta de combustible, provocando el caos vial; amenaza de desabasto de artículos de primera necesidad. En suma, los huachicoleros podrían tener éxito si logran seguir saboteando a los ductos hasta invertir la respuesta a la pregunta del Reforma y conseguir que la mayoría prefiera tener gasolina a pesar de que se siga robando a Pemex. Al gobierno le resultará muy difícil mantener el operativo si amplios círculos de la población pasan a una resistencia activa”.

Verdades y mentiras en el caso de la gasolina

Enrique Quintana, en El Financiero, escribe lo siguiente: “Robbie Whelan, reportero de The Wall Street Journal, que escribió, junto con Rebecca Elliot, una historia sobre la reducción de las importaciones de gasolina, escribió un tuit el sábado para aclarar el sentido de su texto. “Muchos twitters en México está retuiteando la historia (de WSJ) como una evidencia de que AMLO causó la crisis de la gasolina con el propósito de recortar las importaciones de combustible y crudo ligero usando el combate al huachicol como un pretexto. Urjo a que se suscriban al WSJ porque eso no es lo que la historia dice”. Cosa de no mezclar causas y efectos. La lentitud, en días recientes, en la descarga de barcos que traen importaciones de gasolina en el Golfo de México, deriva del problema causado por el cierre de ductos, que ha generado lentitud en el transporte, y es evidencia de la insuficiente infraestructura de almacenamiento que tenemos, pero no quiere decir que el combate al huachicoleo sea un pretexto para encubrir los efectos de la decisión de reducir las importaciones de gasolinas, decisión que simplemente no existe. AMLO desmintió la afirmación de que las importaciones se hayan reducido, pero no ofreció ningún dato, como no lo ha hecho Pemex. (…) La realidad es que, sin duda en el caso de la distribución de gasolinas hubo incompetencia y también una curva de aprendizaje, pero se inventó el desabasto. Pero en el caso del combate al huachicoleo, hay que reconocer que ningún gobierno anterior asumió su combate frontalmente y hubo un cierto grado de tolerancia a esta actividad ilegal por los costos sociales y políticos que representa enfrentarlo. Quizás el error más serio de todos, y el que hace factible que haya críticas recurrentes hacia AMLO, tenga que ver con la comunicación. Simplemente con que Pemex o Sener dieran a conocer las cifras de importación disponibles y explicaran la dinámica que han tenido, sería suficiente para zanjar la polémica. El no hacerlo crea la sospecha de que hay algo que quiere ocultarse y desata las especulaciones. La palabra del presidente no es suficiente, se requiere que además, haya datos. ¿Será mucho pedir?”.

No a la paz corrupta; respaldan combate a huachicol

Julio Hernández López, en La Jornada, escribe que: “Vale preguntarse si el país puede y debe seguir funcionando así, sin sobresaltos ni esfuerzos, en la apariencia de una paz corrupta, en un esquema de complicidades múltiples y variadas, de las cuales uno de los puntos más oscuros y evidentes es el del robo de combustible. Así ha funcionado México y probablemente así podría seguir funcionando hoy, sin problemas de abasto en las gasolineras, pero con la diaria sangría millonaria que beneficia no solamente a los recolectores y vendedores hormiga sino a grupos políticos y a funcionarios de todo nivel en administraciones anteriores. La nueva administración federal ha dado un golpe a esa red mafiosa, la del huachicoleo, y ha generado una serie de complicaciones en la vida cotidiana de muchos mexicanos. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido, por ejemplo, en enero de 2017 con el llamado gasolinazo, ahora se ha vivido una mezcla de resignación y solidaridad, esperanzados los automovilistas en que detrás de los problemas vividos haya una estrategia firme y eficaz para reintegrar a la hacienda pública los miles de millones de pesos robados desde los ductos gasolineros. La actitud ante el combate al huachicol ha sido hasta ahora no socialmente violenta (se han producido riñas en algunos lugares específicos y obstrucciones viales de corta duración), pues representa una prolongación de la voluntad ciudadana que en julio pasado le entregó a Andrés Manuel López Obrador un enorme poder (no sólo el presidencial, sino también el del control de las cámaras legislativas y de varios estados de la República) para que moviera y removiera lo que le pareciese necesario en aras de, entre otros encargos, disminuir notablemente la corrupción. Ese enorme bono democrático está en juego actualmente. Requiere, para su buena conservación, de buenos resultados en los planos mediatos e inmediatos”.

Gasolina: acostumbrémonos a la escasez

En El Universal, Salvador García Soto, escribe que: “en el arranque de la tercera semana de desabasto y escasez de gasolina y combustibles […], hay dos cosas ciertas en medio de tanta incertidumbre: la primera, que esta situación va a continuar por algunas semanas más, mientras no se reabra la red de ductos cerrada por el combate al robo de combustibles, porque la logística de pipas […] no logrará alcanzar ni la capacidad ni la rapidez para surtir de energéticos a las entidades afectadas; y la segunda, que a pesar de la desesperación de la gente y las afectaciones sociales y económicas que crecen ya no sólo en movilidad de personas y pérdida de productividad sino en el transporte de mercancías y productos, turismo y consumo, el costo político de esta medida aún es difícil de medir, dado el fuerte apoyo que conserva, según varias encuestas, el Presidente López Obrador en su cruzada contra los huachicoleros […]. Está claro que toda esta situación de insuficiencia en el abasto de combustibles […] se generó por la medida de cerrar de golpe, y sin un plan bien trazado y calculado para el traslado de los combustibles por tierra, que tomó el Gobierno Federal desde finales de diciembre […]. El Presidente López Obrador ha dicho que no hay un plazo aún definido para abrir el sistema de ductos hasta que no se tenga completamente terminada la estrategia de seguridad para disminuir y combatir el robo por perforaciones y saqueos, lo cual hace prever que seguirá la lentitud e insuficiencia en el traslado y abasto de gasolinas a las entidades afectadas […]. La apuesta del gobierno a continuar con su estrategia parte de que aún con las pérdidas económicas que crecen y la desesperación de la población, las encuestas le siguen dando un margen de respaldo (entre 60 y 72 por ciento) a la medida adoptada por el Presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque también la presión y la tensión de grupos de la sociedad inconformes y opositores políticos va en aumento. En el discurso y la propaganda gubernamental incluso comparan el combate al robo de combustibles con la expropiación petrolera del general Lázaro Cárdenas, en un intento por equiparar no sólo ambas acciones, sino el fenómeno de enorme apoyo popular que tuvo en su tiempo la nacionalización cardenista. En 1938 la gente aportó dinero, joyas, productos y hasta animales para apoyar la expropiación, ¿hoy cuánto y hasta cuándo estarán dispuestos a perder, económica y socialmente los mexicanos para apoyar la cruzada de López Obrador y su cuestionada estrategia?”.

Tour de Pemex para generar confianza costó 10 mil mdp al país

Carlos Loret de Mola, en El Universal, asegura que: “no puede hablarse de ninguna crisis en Pemex durante el actual sexenio sin poner en contexto. Enrique Peña Nieto entregó Pemex como la empresa petrolera más endeudada del mundo, con más de 2 billones de pesos de deuda. Su gestión fue desastrosa. Andrés Manuel López Obrador la recibió al borde del precipicio… y la ha ido empujando para que caiga. Aplica perfectamente el dicho de: si estaba sostenida con alfileres, ¿para qué se los quitan? Financieros de Pemex y de la Secretaría de Hacienda del actual gobierno federal realizaron una gira por Nueva York […], organizada por el banco multinacional Barclays. Se reunieron con inversionistas y analistas del sector para presentarles su plan de gestión en Pemex, para tratar de convencerlos de que confíen en lo que viene para Petróleos Mexicanos con la Cuarta Transformación. Fue un fracaso estrepitoso […]. Según el mismo cable, los analistas de Nomura Holdings y de Jeffries hicieron pedazos a los funcionarios mexicanos […]. El tour de los financieros de la 4T para generar confianza en Pemex… terminó generando desconfianza. Su mal desempeño se plasmó de inmediato en los mercados: la tasa de interés de los bonos de Pemex subió casi medio punto porcentual. ¿Qué quiere decir esto? Que Pemex va a tener que pagar más intereses. ¿Y de dónde saca su dinero? Es dinero de todos los mexicanos. […]. En un par de reuniones en Nueva York, Pemex perdió el doble de lo que se ahorró en dos semanas de sacrificio ciudadano contra el huachicoleo. Pemex está aún más al borde de que le bajen la calificación crediticia y con ello México pueda perder el grado de inversión, lo que sería una pésima noticia para la economía mexicana y para el Presidente AMLO. Ojalá no suceda, pero si sucede, la clave va estar en saber cómo responde el Presidente: si trata de mandar las señales adecuadas para rectificar como lo han hecho gobiernos de izquierda moderna o se instala en un discurso tipo bolivariano de conspiraciones internacionales.

Guanajuato a Texas por combustible… ¿Será?

Milenio, Trascendió, asegura que: “hablando de la crisis por el desabasto de gasolina, hoy sale el Gobernador de Guanajuato, Diego Sinhue, con destino a Houston, Texas, donde ayer dijo que ya tenía pactadas cuatro citas con empresas petroleras para acelerar el envío de gasolina al estado, donde la cosa ya se ha puesto complicada por las afectaciones económicas. La población empieza a desesperarse, y ya se dieron al menos unas cuatro manifestaciones que por la pronta intervención de la autoridad no tuvieron consecuencias mayores, de estas han sido dos en Irapuato y al menos dos en León, un bloqueo en el libramiento Morelos y una pequeña marcha ayer”.

Cada loco con su tema… musical

Milenio, Carlos Marín, escribe sobre la situación que enfrentan en las gasolineras de la Ciudad de México y comparte que: “desde la semana pasada, supongo que por el asunto del huachicol, cargo con la letra de la pegajosa ‘Por las calles de México’, que en los años 60 lanzó […] la Sonora Santanera […]. Aunque la letra se refiere a la pérdida y búsqueda de un amor […], lo que viene a la medida del problema que se vive en varias entidades pero en particular a la capital del país está en los versos: Todo México me ha visto/ Calle arriba y calle abajo/ Por doquiera te he buscado/ En mi desesperación. Y en la parte más movida: Camino por Narvarte, Polanco y Coyoacán/ Mi anhelo de encontrarte/ Me lleva al Pedregal/ Y busco por Guerrero, La Villa, y Tizapán/ Por la colonia Obrera/ Y no te puedo hallar/ No me explico todavía… Y es que para mucha gente sigue siendo inexplicable que un propósito tan loable como acabar con el robo de combustibles repercuta en largas filas de todo tipo de vehículos para abastecerse de diesel o gasolinas, y esperar por horas, como un taxista que a las 11 de la noche del sábado me comentó que estaba formado […] Los reproches generalizados de consumidores y organismos empresariales a la estrategia del Presidente Andrés Manuel López Obrador, sin embargo, contrastan con el abierto respaldo expresado por el Fondo Monetario Internacional y por el ex Secretario del Trabajo y de Gobernación del gobierno peñanietista, Alfonso Navarrete Prida. Obvio: terminar con el saqueo merece todo el apoyo. Confiemos en que esta inesperada época de secas acabe antes de convertirse en una piedra en el zapato, que simplemente se acomoda y nos acostumbremos al desabasto y el racionamiento. Y aun así no bastará: falta se informe con precisión de los peces gordos y flacos que han socializado en incontables municipios la industria de la rapiña…”.

Congelan cuentas a huachicoleros

El Universal, Bajo Reserva, asegura que: “hoy el Presidente Andrés Manuel López Obrador dará a conocer algunos pormenores de cuentas congeladas de personas ligadas al robo de combustible, además de los problemas que ha tenido la estrategia por los sabotajes a ductos de Pemex que han impedido, en algunos casos, que se abra el suministro de combustible. Nos hacen ver que ha llegado la hora de que el mandatario comience a dar nombres de las personas y empresas que se benefician de la compra de gasolina robada, es decir que le ponga rostro y nombre a aquellos que combate y que son los responsables de las molestias que causa a los ciudadanos el desabasto de combustibles y del inminente impacto que esta medida tendrá para la economía del país”.

Nueva era

Excélsior, Frentes Políticos, asegura que: “todos los días, en cada región del país, se detectan las irregularidades que ha traído el robo de combustible. En meses anteriores se hablaba del número de pipas robadas y ahora la información que surge nos plantea la real dimensión de este desfalco a un bien público del país. Ayer, elementos de la Secretaría de Marina-Armada de México, coordinados con la PGR y por Seguridad Física de Pemex, catearon tres viviendas donde presuntamente almacenaban combustible ilícito en el municipio de San Blas Atempa, en el Istmo de Tehuantepec. La Semar y las Fuerzas Armadas, como siempre, velando por los mexicanos. Habrá un antes y un después”.

La tentación militar

En Milenio, Héctor Aguilar Camín, escribe que: “el viraje más preocupante que ha dado como Presidente López Obrador es su repentina apuesta por el Ejército en materia de seguridad. Pasó de la crítica frontal a las fuerzas armadas y la promesa de regresarlas a sus cuarteles, al diseño de una reforma constitucional para crear una Guardia Nacional que equivale a ‘constitucionalizar la militarización’ del país, según la precisa expresión de Pedro Salazar […]. El Presidente atendió el clamor y concedió un cambio de gran importancia: que el mando de la Guardia sea civil y no militar. No es poco escuchar y hay que reconocer al mandatario su cambio de enfoque, asumido luego por el Secretario de Seguridad Pública y por la bancada de Morena en la Cámara de Diputados. No es poco cambio, pero está lejos de ser suficiente para evitar la militarización constitucional de México. Si el cuerpo de la Guardia sigue estando radicada en Sedena, y se desarrolla bajo un criterio de disciplina y protocolos militares, de poco o nada servirá el mando civil, será un mando nominal. Lo mismo si no se establecen normas estrictas de transparencia y rendición de cuentas en materia de ejercicio del presupuesto, uso de la fuerza y respeto a los derechos humanos. Lo mismo si no existe un mecanismo político civil, democrático, que pase por el Congreso, para establecer la necesidad pública y la temporalidad de los operativos de alto impacto. Yo celebro la disposición y el valor del nuevo gobierno para tomar riesgos en esta materia y jugarse en ella su capital político, al punto de haber cambiado su proyecto, quizá porque, ya vista de cerca, la situación es más grave de lo que se pensaba. Pero entregarle la seguridad al Ejército, o a una policía militar radicada en el Ejército, es probablemente la peor decisión que pueda tomar este o cualquier otro gobierno. No hay más que hacer un poco de memoria. Mañana: un poco de historia”.

El gobierno capituló

Eduardo Guerrero Gutiérrez, en El Financiero, escribe lo siguiente: “El gobierno capituló. Al menos aparentemente. Ni siquiera dio la batalla para defender su proyecto original de Guardia Nacional adscrita a Sedena. Dos meses de escuchar hasta el cansancio elogios al Ejército. Sin embargo, ninguno de los artífices del proyecto salió a explicarlo o defenderlo. No se explicó lo que algunos quisimos entender. Que la Guardia Nacional es una pieza crítica dentro de un plan más grande. Que operaría en sintonía con el aparato de gestoría social del gobierno, lo que permitiría diseñar operativos más eficaces y con menos afectaciones a las comunidades. Sin tiempo siquiera para procesar las audiencias públicas, Alfonso Durazo anunció que la Guardia Nacional estará adscrita a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. (…) Mientras estos grupos cuasi militares ronden las brechas, rancherías y los pueblos del país, México no hará frente a una crisis convencional de seguridad pública. Serán necesarios recursos extraordinarios y, hasta ahora, el único recurso extraordinario a la mano ha sido el despliegue del Ejército y la Marina. El uso indiscriminado de este recurso lógicamente preocupa a muchos mexicanos. Sin embargo, los gobernadores y los alcaldes, independientemente de su signo político, prácticamente nunca han estado dispuestos a prescindir de él. (…) Tampoco es necesario inventar nuevos conceptos ni reformar la constitución para justificar este recurso extraordinario. En algunas regiones del país los grupos criminales son una clara amenaza a la seguridad nacional. Se han apoderado de territorios completos, que han quedado por meses fuera del control de las instituciones del Estado. También han lesionado la gobernabilidad democrática (ahí están las decenas de atentados y homicidios de candidatos durante el último proceso electoral). (…) Por el momento, estamos en la incertidumbre sobre el camino que seguirá la Guardia Nacional. Una primera alternativa es que el gobierno opte por dejarla morir (ya sea de negligencia burocrática o de inanición presupuestal). También podría reducir su calado. Así como la Gendarmería de Peña Nieto terminó por ser una pequeña división dentro de la Policía Federal, podríamos terminar con un pequeño cuerpo de guardias nacionales, prestados de otras dependencias. El Ejército y la Marina continuarían indefinidamente como el pilar en el combate a los grupos delictivos de mayor peligrosidad. En mi opinión, ésta sería la peor alternativa. Una segunda alternativa es que el gobierno busque darle la vuelta a la restricción del mando civil. Que la Guardia Nacional quede adscrita a la Secretaría de Seguridad, pero que para todo efecto práctico se trate de una corporación militar. Esta salida tendría desafíos y costos. Por una parte, la difícil convivencia entre la lógica burocrática de una dependencia civil, y la estructura jerárquica y prácticas de los militares. Por otra parte, el engaño sería evidente, y no se disiparía el rechazo a la Guardia Nacional que se escuchó con fuerza en los últimos días. Una tercera alternativa, la que a mi juicio sería la más conveniente, es que se aproveche la oportunidad para replantear a fondo el proyecto. Que se atiendan las preocupaciones de orden constitucional y humanitario en torno a la Guardia Nacional, pero que también se escuchen otras voces y otras preocupaciones. Que se convoque también a las personas que conocen la dimensión de nuestros grupos criminales, y también a los mandos mexicanos y de otros países que saben de táctica y de disciplina en operaciones de alto riesgo. Sobre todo, que se deje de lado la pretensión de construir una solución definitiva a los problemas de seguridad pública. La Guardia Nacional no puede subsanar todas las deficiencias de nuestras policías. Lo que hace falta es pensar en el tipo de institución que nos podría permitir, de manera eficaz pero también con el menor riesgo de abusos, avanzar en los próximos diez o veinte años hacia la pacificación del país”.

Una Guardia Nacional sin modelo policial

En el Excélsior, Jorge Fernández Menéndez, escribe que: “el giro de 180 grados que dio el Gobierno Federal con la propuesta de la Guardia Nacional es una demostración de que, cuando quiere, escucha otra voces, sobre todo cuando son de sus aliados, pero también que el diseño institucional propuesto no había sido […] suficientemente meditado. El ‘va porque va’ puede servir para muchas cosas, pero no para establecer políticas de Estado. Crear una Guardia Nacional que estuviera bajo mando militar, ya lo hemos dicho, en principio no está mal. El verdadero problema es que no se ha explicado qué se quiere hacer con el modelo de seguridad. Se quiere crear la Guardia Nacional, pero no se sabe si es para la seguridad pública e interior, para ambas o sólo para la segunda; no se sabe qué va a pasar con la Policía Federal, injustamente denigrada por el propio Presidente. No hay propuesta alguna para las policías estatales y municipales, no se especifica qué poder tendrán los coordinadores de las 155 zonas en las que se dividió al país para fines de seguridad, no se sabe qué papel jugarán en ello los gobernadores y presidentes municipales […]. Las preguntas son innumerables y ninguna ha sido respondida. Ahora, antes de que concluya la consulta sobre el tema y a un par de días del periodo extraordinario que buscaba cambiar 14 artículos constitucionales para crear la Guardia Nacional y ponerla bajo mando militar, adscripta a la Sedena, se vuelve a cambiar de posición y Alfonso Durazo anuncia que la Guardia Nacional tendrá mandos civiles y que dependerá de la oficina que él encabeza, la Secretaría de Seguridad […]. Está bien, es más sencillo, quién sabe si más funcional hacerlo así, pero tampoco existe explicación alguna, mucho menos una autocrítica […]. Porque incluso como han quedado las cosas no se le ve sentido a crear una guardia nacional. Que se incorporen todos esos elementos a la Policía Federal, una institución que por supuesto tiene fallas, pero que ha costado más de una década construir y consolidar, que ya tiene una división que se encargaría hipotéticamente de lo que se tendría que encargar la Guardia Nacional que es la gendarmería, que se hagan todos los cambios internos que se tienen que hacer y que se la ponga a trabajar, sin tener que perder ni siquiera un día en el Congreso. Hoy, la Policía Federal, incluyendo todos sus elementos, no tiene idea de cuál será su futuro […]. Insisto en un punto, más allá de Guardia Nacional militar o civil, lo importante es qué se va a hacer con el modelo policial en todo el país […]. Las pocas policías locales que actúan con normas y sentido, con fuerzas unificadas y numéricamente importantes, desde la policía capitalina a la de Mérida (la de todo Yucatán en realidad) o de otros lugares del país, lo demuestran. Claro que se puede hacer y es ahí, más allá del nombre que tenga la Guardia Nacional o la Policía Federal, es en el modelo donde se debe poner el esfuerzo y el acento”.

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