No fue el infierno… pero tampoco es el paraíso

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del sábado 30 de noviembre 2019. No fue el infierno… pero tampoco es el paraíso: hay pocos que hayan puesto la alerta por la pérdida de calidad de nuestro debate público. No se escuchan las razones. Lo que existe es el prejuicio. Ni México es hoy un desastre como parecen dibujar los críticos de AMLO, ni es el paraíso terrenal que pretenden ‘vendernos’ sus apologistas.

 

Rayuela

“La justicia podrida no sólo afecta a las mujeres, también desangra al país”.

 

Voluntad y realidad

Julio Hernández López, La Jornada: “Durante un año de ejercicio formal como presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha seguido siendo lo que siempre ha sido: un político en permanente combate, un activista todoterreno y un generador incesante de polémica viva. A diferencia del estilo visto durante décadas en cuanto a ocupantes de la silla presidencial, el tabasqueño ha atiborrado cámaras y micrófonos con su presencia informativa mañanera, las giras de fin de semana y la producción incesante de frases y ocurrencias, convertido en todo un fenómeno mediático además de lo netamente político. (…) López Obrador ha gobernado con grandilocuencia y optimismo, pero el entorno en que se mueve va más allá de sus intenciones y voluntad. Mago de las palabras, la realidad no se ha conmovido en demasía con el discurso del nacido en Macuspana. Ha sorteado los embates trumpianos en general, pero ha sucumbido en cuanto a política migratoria, convertida la Guardia Nacional en una Migra 4T. Mantiene al país discutiendo sobre recesión o estancamiento de la economía aunque las cifras de la discordia se mueven en décimas alrededor del cero. Los índices de criminalidad son mayores que nunca y se han producido episodios de escándalo internacional (Culiacán con el hijo del Chapo, más la barbarie contra parte de la familia LeBarón) pero aun así no se levanta la ola de indignación o hartazgo que sus adversarios supondrían y querrían (tampoco contra la rampante impunidad de muchos políticos corruptos, sobre todo los del sexenio peñista), vigente el bono de esperanza extendido en las urnas en 2018 y la convicción de que hoy se vive la acumulación de errores y abusos cometidos en las administraciones anteriores, en particular las de Felipe Calderón y Enrique Peña. En ese contexto, AMLO llegará este domingo a la consumición de la sexta parte de su calendario oficial de gobierno. Sigue fijando la agenda pública del día, cumple una agenda asistencial-electoral exitosa y mantiene niveles extraordinarios de popularidad, pero la fotografía (casi) fija comienza a variar. Habrá de verse lo que suceda este domingo en la marcha opositora a realizarse en la Ciudad de México. Es de suponerse que será aplastante la diferencia numérica en cuanto a asistentes: el Zócalo capitalino podrá estar rebosante de obradoristas entusiastas, pero sus contrincantes intentarán multiplicar sus escuálidas cifras anteriores y mostrar músculo con aspiraciones de masa. Participarán grupos de los partidos derrotados en 2018 y varios personajes de absoluta identificación partidista o de poder, que ahora pretenden asumirse como “ciudadanos” solamente. Les alienta en especial la campaña propagandística desplegada desde el episodio del hijo del Chapo en Culiacán hasta el caso de los LeBarón asesinados entre Sonora y Chihuahua, pasando por el discurso de inusual crítica desde lo militar pronunciado por un general en retiro. Un año. Quedan cinco”.

 

Plan de inversión en infraestructura: la reconciliación AMLO-Slim y mucho más

Luis Miguel González, El Economista: “La fotografía AMLO-IP esta vez sí trajo torta bajo el brazo. Son 147 proyectos por un monto de 859,022 millones de pesos de inversión privada, a ejecutar en la administración AMLO. El anuncio puede ser el fin de un año de relaciones poco productivas entre el presidente y los principales empresarios mexicanos. El principio de un nuevo ciclo donde se rompa el maleficio del no crecimiento. No me refiero a los tres trimestres negativos del PIB, sino a la racha de 44 meses de la industria de la construcción. En esos tres años ocho meses, sólo ha habido un mes con crecimiento y 43 en números rojos. ¿Será suficiente para hacer crecer el PIB? En el 2020, la inversión sería de 431,000 millones de pesos. Esto supondría un incremento de 9% respecto a la ejercida en el 2019. Esto es muy relevante porque la baja de la inversión privada fue uno de los factores que explican la recesión. El otro “sospechoso” del “crimen” fue el no ejercicio del presupuesto público, a nivel federal, pero también en los gobiernos locales. Para los cuatro años posteriores, 2021-2024, los montos de inversión “comprometida” son menores. La apuesta es que el éxito del 2020 produzca apetito por otros proyectos y genere un círculo virtuoso, donde haya más inversiones. La clave es que los proyectos anunciados empiecen a ejecutarse pronto, coinciden banqueros, empresarios y analistas. ¿Cómo se dará seguimiento a la implementación de lo anunciado? De este “pequeño” detalle no se habló el día de la presentación ni después. Es significativo que las personas más informadas respecto a este plan mencionaran el riesgo de que algunas inversiones anunciadas no se materialicen. Entre el sueño y la realidad pueden interponerse factores técnicos, financieros o incluso sociales. ¿Debemos entender la presencia de medio gabinete y de AMLO como un compromiso de que no volverá a pasar lo del aeropuerto de Texcoco? Había mucho que festejar en torno al anuncio. Todo parece indicar que es una reconciliación en toda forma entre el ingeniero Carlos Slim y el presidente López Obrador, algo bueno para la Cuarta Transformación y también para México, porque a casi nadie conviene una ruptura entre el poder político y el poder económico. Había mucho que celebrar, quizá por eso nos quedaron debiendo información detallada de algunos proyectos controvertidos, por ejemplo, la conclusión del tren México-Toluca. Ya costó 64,000 millones de pesos y faltan, cuando menos, otros 25,000 millones. ¿Cómo funcionará aquí la inversión privada y cómo contará el dinero público que ya se invirtió? ¿Se contempla una Asociación Público Privada, créditos blandos de la banca de desarrollo u otra opción? ¿Habrá denuncias contra los responsables de los sobrecostos de este tren? Son 147 proyectos por un monto de 859,022 millones de pesos. ¿Cómo poner esto en perspectiva? La cifra es alta, pero 25% inferior a lo del sexenio pasado, revela un análisis de Intercam Casa de Bolsa. Para el periodo 2014-2018 eran 921,892 millones de pesos de inversión privada. En esa comparación quedan fuera los proyectos de energía, salud y desarrollo agrario. Los proyectos de energía se anunciarán en enero y ahí hay margen para detonar grandes inversiones, siempre y cuando haya un cambio de rumbo, ¿vendrá?

 

No fue el infierno… pero tampoco es el paraíso

Enrique Quintana, El Financiero: “Si usted pregunta a los partidarios de Andrés Manuel López Obrador por el desempeño del gobierno durante el primer año del sexenio, recibirá casi exclusivamente aplausos y reconocimientos y le dirán que es un régimen que finalmente está haciendo justicia y creando un ambiente de libertad y democracia. Si pregunta a los críticos de AMLO por el mismo lapso, le contarán que el país es poco menos que un desastre, donde la inseguridad está desbordada, la economía en ruinas y además nos encontramos en el umbral de una dictadura. Cuando uno no coincide ni con los apologistas ni con muchos de los críticos, se lleva ‘pamba’ de todos. (…) Yo tengo casi 32 años escribiendo esta columna. Y estoy curado de espanto. No me asombra la polarización. Desde el sexenio de Miguel de la Madrid, cuando comencé con Coordenadas, había discrepancias, y uno era sujeto de aplausos y mentadas. Pero, ni en los momentos más intensos, como en la elección de 1988, percibí una polarización como la que hoy tenemos. Quizás sea el efecto de las redes sociales, que antes no existían. Tal vez sea el comportamiento de una nueva generación, más impaciente e intolerante. No lo sé. Pero lo que sí es manifiesto es que hoy la mayor parte de las reacciones en torno al presidente se dan con las vísceras y no con el cerebro. Uno de los problemas más serios que tenemos hoy en México, y que no se ha puesto de manifiesto, es que el debate público es conducido por las emociones y no por las razones. Y no hablo solo de los apologistas de AMLO, sino también de la mayoría de sus detractores. Hay grupos que se preocupan por la pérdida de legitimidad de la CNDH. Tienen toda la razón. Son los mismos, que con toda justicia han levantado luces amarillas respecto a una ofensiva de Morena contra el INE. Que, entre paréntesis, no tiene el menor sustento. Pero hay pocos que hayan puesto la alerta por la pérdida de calidad de nuestro debate público. No se escuchan las razones. Lo que existe es el prejuicio. (…) Ni México es hoy un desastre como parecen dibujar los críticos de AMLO, ni es el paraíso terrenal que pretenden ‘vendernos’ sus apologistas. ¿Será tan difícil encontrar el equilibrio para ver las cosas en la dimensión que realmente tienen?

 

Las bases de apoyo a AMLO

Alejandro Moreno, El Financiero: “Al terminar su primer año de gobierno, el presidente López Obrador obtiene 68 por ciento de aprobación ciudadana, de acuerdo con la encuesta publicada por este diario el martes pasado. Aprovechemos para hacer un corte de caja y revisar cómo se han movido sus números de aprobación entre subgrupos poblacionales. Según el seguimiento de encuestas de El Financiero, el apoyo que hombres y mujeres expresan al Presidente ha sido muy similar a lo largo del año, si acaso abriendo algunas brechas momentáneas en las que las mujeres han expresado un mayor nivel de aprobación que los hombres. No obstante, en la primera encuesta realizada en diciembre 2018, el apoyo entre ambos grupos era 77 por ciento, mientras que en la última de noviembre se registró 69 y 68 por ciento, en este caso con las mujeres un punto abajo. El saldo general es que no hay brecha de género en la aprobación presidencial, por lo menos no en el primer año. Con respecto a la edad, también ha habido momentos en que se observa una brecha generacional, con los más jóvenes (de 18 a 29 años) siendo los más críticos del Presidente, y los de mayor edad (de 50 años o más) los que más apoyo expresan. Sin embargo, en este caso también hay pocas diferencias entre la primera y última encuestas: apenas un punto de diferencia entre los grupos de edad en diciembre pasado, y cuatro puntos en este noviembre. En resumen, el sexo y edad casi no diferencian niveles de apoyo, pero cuando lo hacen, aunque sea momentáneamente, los más críticos son los hombres y los jóvenes. Mirando los niveles de apoyo, según el nivel de escolaridad, sí se observa un efecto diferenciador mayor. Al inicio del gobierno los tres grupos (educación básica, media y superior) básicamente apoyaban a AMLO al mismo nivel, con un punto de diferencia entre ellos. Sin embargo, el grupo de más escolaridad, los universitarios, ha quitado más rápidamente algunos puntos de apoyo al Presidente, mientras que los de educación básica lo apoyan más hoy que a la mitad del año. Esto significa que se ha venido abriendo una brecha educativa en el apoyo al Presidente, con los universitarios siendo los más críticos de la labor presidencial. En la encuesta de noviembre la brecha se amplió hasta 20 puntos. Regionalmente también parece ir abriéndose una brecha en apoyo: el sur, por lo general más generoso en niveles de aprobación al Presidente, ha mantenido su apoyo por arriba de 70 por ciento, e incluso en la última encuesta registró 79 por ciento. La región centro-occidente es donde menos apoyo se registra, con 61 por ciento en noviembre. La brecha regional de apoyo en este mes alcanzó 18 puntos, mientras que al inicio era tan sólo de 7 puntos. Resumiendo, los mexicanos más escolarizados y los que viven en los estados del centro-occidente son los que menos apoyan a AMLO, mientras que los que tienen escolaridad básica y viven en el sur han sido los más leales al mandatario. (…) Por lo visto, la aprobación de AMLO permanece alta y estable, por lo menos en la superficie. Debajo de las aguas plácidas del 68 por ciento de apoyo, las encuestas revelan corrientes que se mueven hacia lados contrarios, de una manera, hay que decirlo, polarizante”.

 

Las polémicas de la aprobación presidencial

Francisco Abundis, Milenio: “Un año de gobierno de la presente administración, el dato de la aprobación presidencial nuevamente es motivo de análisis y debate. En algo en lo que coincidimos los que estamos haciendo las mediciones es que es un porcentaje alto. Sobre todo si se toman en cuenta todas las controversias que se han dado en temas tan diversos que van de la pertinencia de la estrategia de seguridad al diseño de programas sociales, por mencionar un par. Pero más allá de las coincidencias parece que son más las diferencias sobre el porcentaje de aprobación, de qué se sostiene, cuál es su tendencia, y sobre todo para dónde va. A partir de estas diferencias se pueden inferir escenarios muy distintos para el país. (…) ¿Cuál es la aprobación presidencial? Hoy una pregunta frecuente de corresponsales extranjeros y diplomáticos es: la aprobación es de 58 por ciento como sugieren algunos diarios nacionales y las encuestas de internet o está entre 72 y 75 por ciento como lo dice la encuesta de Enkoll-La Silla Rota o Parametría. Una diferencia de más de 15 puntos no es un tema menor. O la aprobación puede estar más alrededor de 68 por ciento como dice la medición telefónica de El Financiero. Cuando la medición se hizo con diferentes métodos la diferencia es fácil de explicar. Una medición telefónica solo considera a la mitad de los hogares con ese servicio. Una medición de internet solo contempla a 65 por ciento que tiene acceso a este. Las mediciones cara a cara son las únicas que pueden capturar la opinión de toda la población. Las diferencias son comprensibles si se excluye a la base social del Presidente, que es naturalmente la de menos ingresos, por ello tanto las mediciones de internet como las telefónicas subestiman el apoyo presidencial entre 5 y 15 puntos dependiendo del momento y la pregunta. La tendencia Otra diferencia notable entre las series es la tendencia. Mientras algunas series son muy estables en los últimos meses otras presentan fuertes caídas en los días o meses recientes. Prácticamente todas registran una caída desde el inicio de la administración de entre 10 y 15 puntos, pero en la mayor parte de las series esta caída se dio hace algunos meses, en algún punto del verano. Este sería el caso de la serie de Reforma, El Financiero o la propia de Parametría. Las dos últimas aún después de los eventos de Culiacán o del trágico hecho de Sonora que involucró a la familia LeBarón. Pero otras series como la El Universal presentan una pendiente a la baja pronunciada, de tal manera que reportan una caída de 10 puntos en el último trimestre. De acuerdo con la interpretación del periódico, esta caída se debe a los recientes eventos de inseguridad. En esa interpretación es pertinente observar que en una serie trimestral suceden muchos eventos entre una medición y otra, por ello es más difícil atribuir de manera causal un movimiento de opinión a un solo hecho. De hecho es un análisis especulativo en el mejor de los casos. Comparación entre sexenios Hay dos posiciones en este análisis. Una es que el presidente López Obrador tiene una aprobación muy similar a la de anteriores mandatarios desde que se tiene registro de la aprobación presidencial. La otra posición es que el Presidente está arriba o muy por arriba de gestiones anteriores en estos momentos. No se puede o debe comparar entrevistas cara a cara con las hechas por internet como lo hace Consulta. Por ello es fácil concluir que el Presidente está por arriba de otros ex presidentes”.

 

@loscabareteros

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