Políticos de cuerpo entero

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Diego Rentería 

Al iniciar de manera forma las campañas rumbo a la Presidencia de la República, con los ritos de abanderamiento de todos los candidatos, cada uno marcó, al menos en el discurso la que iba a ser su estrategia.

El caso del PRI, era un caso especial, pues, en palabras del propio José Antonio Meade, “por primera vez en su historia, el PRI tenía a un candidato honesto”, pero además, no era –ni es– un priista de cepa, es, según ellos, un ciudadano.

El mismo Meade dijo que su campaña sería de propuestas, no de ataques, que sería una campaña en positivo, que no se dedicaría a denostar ni a encabezar una guerra sucia en contra de sus adversarios.

Eso era al principio, cuando todos se creían con posibilidades de ganar, o al menos, de competir dignamente, pero hoy el discurso ha cambiado.

Hoy el PRI y José Antonio Meade, utilizan los espacios de radio y televisión con que cuentan, no para hacer propuestas ni hablar en positivo, sino para difundir una campaña de miedo en contra del candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador.

Lo mismo sucede, aunque de manera más mesurada, con Ricardo Anaya y el PAN, quienes contrastan su visión de cambio para México con la de AMLO y aseguran que la de éste último, es una visión de cambio con un salto al pasado.

Por su parte, el abanderado de la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel, ha respondido con un spot en que enumera las cifras de homicidios, secuestros y desaparecidos durante los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Pues bien, hoy estamos ante la parte de las campañas que tanto temíamos y que tanto odiamos: la guerra sucia.

Se comienzan a olvidar los argumentos, las ideas y las propuestas, comienzan a verse los ataques, las denostaciones y los insultos, siempre a la persona, nunca a los proyectos ni a las ideas.

Hoy los políticos comienzan a sacar lo peor de sí, hoy comienzan a recordarnos a los ciudadanos por qué odiamos la política: porque es la lucha del poder por el poder, no por transformar al país, porque todos persiguen privilegios para ellos y sus amigos, porque esa clase política no nos representa a los mexicanos, aunque en el fondo, loa ciudadanos seamos iguales: incapaces de responder con ideas y argumentos, siempre con ataques en cualquier discusión.

Hoy vemos a los políticos de cuerpo entero: como parte de un todo que no se clasifica dentro de la sociedad mexicana, ellos son unos, nosotros, los ciudadanos, somos otros, ellos trabajan para sí, ellos ven por sus intereses, y a nosotros… a nosotros que Dios nos bendiga.

¿Es esa la clase política que queremos?

¿Es esa la clase política que nos merecemos

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