¿Qué con el IEPS a la gasolina?

¡Comparte!

Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on reddit
Share on pinterest
Share on google
Share on email
Share on whatsapp
Share on print

El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) es básicamente un regulador del precio al consumidor de la gasolina (y otros productos). No es un subsidio –aunque funcionaba como tal- hasta antes del 2017, cuando el gobierno decidió expandirlo por la crisis de producción de crudo y, tengo para mí que, por la presión de los “potenciales” inversionistas y la urgencia de dar buenos resultados en el sexenio, es que trataron al IEPS como incentivo de mercado para “lustrar” la Reforma Energética de Peña Nieto.

Varias preguntas quedan ahí para al análisis concienzudo: ¿Había incentivos para los privados si se mantenía un IEPS que limitaba el precio de los combustibles? ¿Por qué hasta que se “concretó” la Reforma Energética el gobierno se volvió responsable con el medio ambiente y decidió liberar el precio “real” de los combustibles, que beneficiaba solo a los ricos –porque son los que tienen coche-, e incluso, contra su propia popularidad? ¿No hubo un impacto del brutal incremento de precio en gasolinas “en un solo acto y de una sola vez” sobre las canasta básica?… En fin. Creo que con la liberalización anticipada de precios se jugaron su última carta en el sexenio de Peña, y no les salió la apuesta. Sin embargo, analicemos el contexto de ese impuesto.

El uso del IEPS sigue una estrategia que combina un objetivo recaudatorio con una reducción del impacto de la volatilidad (y la estacionalidad) de los precios de la gasolina importada.

En las últimas semanas el precio del petróleo en los mercados internacionales ha registrado incrementos sustanciales. Ello dio origen a diversas opiniones y reportes en medios de información de que esa evolución de los precios del crudo otorgaría mayores márgenes a las finanzas públicas en 2019 y 2020, en particular, para financiar los programas de gasto de la nueva administración. Sin embargo, la situación actual de la industria petrolera nacional señala que previsiblemente no será el caso: producción de petróleo a la baja (aunque anunciaron que hay nuevos yacimientos) y, en el mejor escenario, estancada en los próximos dos años; importaciones crecientes de petrolíferos, en especial de gasolinas y diésel; y, por tanto, una balanza petrolera cada vez más deficitaria. A lo anterior se suma que la combinación de mayores precios del petróleo-mayores precios de la gasolina, con menor producción de crudo-mayores importaciones de gasolinas, generará presiones para definir la política de precios de los combustibles que aplicará la próxima administración, que será muy relevante para identificar si se amplían, se mantienen o se reducen los márgenes del presupuesto federal y de los estados, dado que el impuesto a las gasolinas es parte importante de la recaudación participable.

Se estima que la producción de crudo se reducirá de 2,429 millones de barriles diarios (mbd) en 2014 a cerca de 1,850 mbd en 2018. En contraste, el volumen de exportación se ha mantenido relativamente constante: 1.143 mbd en 2014 y se estima en 1.199 mbd para este año. En el mejor escenario, para 2019-2020 los niveles de producción y exportación se mantendrían en los registrados en los últimos meses de 2018 (1,820 y 1,180 mbd, respectivamente). En las gasolinas, la situación de la producción es peor. En 2018 se producirán sólo 222 mil barriles y se comprarán al exterior 586 mil, lo que implicará que casi tres cuartas partes de la gasolina será importada. Esa evolución de las exportaciones de petróleo crudo y de las importaciones de gasolinas han implicado una balanza comercial petrolera crecientemente deficitaria (de 20 mil millones de dólares en 2018).

El aumento de los precios del crudo ha traído aparejado un incremento del de las gasolinas. El precio de la gasolina importada en dólares aumentó 12% en este año respecto a 2017. Como consecuencia del comportamiento previsto para 2019-2020 de los precios del petróleo en los mercados internacionales (niveles superiores a 2017 pero a la baja) y de las gasolinas en EU (niveles elevados y estables), y su cercana relación con el precio de exportación de la mezcla mexicana y con el precio implícito de las importaciones de gasolinas, es previsible que en los próximos dos años se incremente la diferencia (negativa) entre el ingreso por exportaciones de petróleo y el gasto por importaciones de gasolinas.

Por otra parte, como ya lo dije líneas arriba, el IEPS funciona como regulador del precio de venta al público de las gasolinas; es decir, –cuando aumenta el precio internacional o el costo de adquisición de las gasolinas se reduce el IEPS para mitigar el impacto en los precios internos-, ha seguido al precio implícito de las importaciones (y al precio en EU). De tal suerte que se ha mantenido una estrategia que combina un objetivo recaudatorio con una reducción del impacto de la volatilidad (y la estacionalidad) de los precios de la gasolina importada.

En ese contexto, el aumento de precios del petróleo no sólo no generará un margen en las finanzas públicas sino que implicará presiones adicionales de gasto por mayores precios de las gasolinas importadas. A su vez, ello se traducirá en mayores complicaciones para definir la política de precios de las gasolinas: ¿ajustarlos con la inflación esperada y perder recaudación del IEPS? ¿Seguir con la estrategia de la administración anterior e incumplir promesas de campaña? ¿Gasolinazos administrados en el año?

Lo que nos muestra que es complicado depender ampliamente de la importación de combustibles. Pero también, la enorme desinformación propiciada por todos los gobiernos para mostrar lo que realmente hay en nuestra industria petrolera y la paraestatal insignia: PEMEX, nuestra gallina de los huevos de oro.

@leon_alvarez

¡Comparte!

Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on reddit
Share on pinterest
Share on google
Share on email
Share on whatsapp
Share on print