RÍOS PITER O LA PROSTITUCIÓN DE LA POLÍTICA «CIUDADANA»

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Diego Rentería

Desde que se anunció la Reforma Electoral que permitía la incursión de cualquier ciudadano, sin necesidad de ser abanderado por algún partido político, en los procesos electorales, hubo quienes festejaron ese logro como una conquista importante en la lucha contra el pequeño grupo en el país que se ha adueñado de la tarea de gobierno y que, de paso sea dicho, lo han hecho mal; los políticos.

Sin embargo, nadie contábamos con la astucia y las mañas de los políticos: en vez de que las candidaturas independientes fueran utilizadas por ciudadanos comunes y corrientes, con un trabajo cualquiera, activistas, etc., fueron utilizadas por los mismos políticos.

Priístas o panistas, hacían –hacen– berrinches en sus institutos políticos porque no les dan tal o cual candidatura y entonces renuncian y buscan forzosamente ser candidatos, pero ahora por la vía “independiente”.

Ese ha sido el caso de “El Bronco”, de Margarita Zavala y, un poco antes, de Armando Ríos Piter, “El Jaguar” que resultó un gatito.

Cuando Río Piter renunció al PRD, dijo que era para hacer política ciudadana, que su otrora partido se había alejado de sus principios, más aún, cuando anunció que buscaría ser candidato “independiente” a la Presidencia de la República, dijo que representaría los intereses de los ciudadanos. “El Jaguar” siempre me pareció un perfil rescatable de la mal llamada izquierda mexicana, era un tipo que hablaba las cosas de frente y decía, sin pelos en la lengua, lo que se tenía que decir sobre la toma de decisiones en este país.

Pero todo lo que logró en su carrera política y “ciudadana” lo echó por la borda el día de ayer cuando decidió unirse a la campaña de Pepe Meade, el candidato “ciudadano” del Partido Revolucionario Institucional, y que, en honor a la verdad, poco tiene de “ciudadano”.

Y es que, ¿esa es la sociedad civil?, ¿esa es la política “independiente” que tanto pregonaba Ríos Piter?, ¿esa es su independencia partidista?

En fin, lo de Armando Río Piter sólo se puede definir con una palabra: DECEPCIÓN.

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