Ruta 2018: Indecisos y tasa de rechazo a la encuesta…

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No cabe duda que en las encuestas el segmento denominado como “indecisos” suele ser un dolor de cabeza para todos. Para quienes van rezagados suele ser un “rayito de esperanza” porque consideran que el 100% de ese segmento se decantará por el candidato con más posibilidades de remontar, o por el más rezagado, y no es así. De hecho, hay un error común en el cálculo de los indecisos y su manera de decidir el voto es, normalmente, un reflejo de los porcentajes de la propia encuesta.

El otro dato que ha tomado relevancia es la tasa de rechazo a la encuesta. Este porcentaje, en todo caso, refleja de manera indirecta la tasa de participación de la ciudadanía en el proceso electoral mismo, y no se trata, como han querido vendernos estos días, de ciudadanos indecisos o que estén guardando su voto hasta el final. Se trata simplemente de los intentos de cada encuestador, cuando acude casa por casa, al domicilio de una persona a tratar de aplicar un cuestionario electoral o de cualquier otro tipo.

Primero, reflexionemos acerca de los “indecisos”. Aunque parezca increíble, aún no existe consenso en quiénes son y cómo se miden, y predomina la idea errónea de que los indecisos son todos los entrevistados que no responden la pregunta sobre preferencia electoral. Desde mi óptica, aquellos que no responden la pregunta electoral son tres segmentos: Ninguno, No sabe y No contestó. Hay encuestadoras que estos tres segmentos los agrupan en los indecisos. Desde un punto de vista técnico, el indeciso es el que solamente declara “No sé”. Punto.

En este sentido, cada encuestadora tiene criterios propios dónde clasificar a quienes declaran: “no me interesa” o “no te quiero decir, el voto es secreto”. De ahí que desde un punto de vista muy objetivo se sobreestima generalmente a los indecisos. Por ejemplo, un potencial voto nulo sería quien responde: “ninguno”; mientras que, un indiferente o que probablemente no esté interesado en política y no acuda a votar sea quien responda: “No contestó”.

En el actual proceso electoral la tasa promedio de indecisos (contemplando erróneamente Ninguno, No sabe y No contestó) oscila entre 15 y 25% si consideramos un promedio de todas las encuestas agregadas. De ese porcentaje, hay que determinar el voto nulo, el indiferente y el indeciso. Es claro que ese (pongámosle) 25% no se debe sumar masivamente a un candidato o contra un candidato. De hecho, suele comportase paralelo a la intención de voto reportado en la encuesta; es decir, un poco de todo.

Ahora bien, de acuerdo a los datos arrojados por la serie de estudios de El Financiero, demográficamente, los indecisos tienen un menor nivel de escolaridad que el elector promedio, son de mayor edad y las mujeres superan a los hombres en razón de casi dos a uno. Este perfil –a juzgar por los que mantienen la esperanza en los indecisos decidan la elección- podría lucir más priista que de cualquier otro partido, pero poco más de la mitad de ese 25% de indecisos son apartidistas. De acuerdo a series estadísticas históricas, los indecisos normalmente se abstienen de votar.

Segundo, la tasa de rechazo a la encuesta. Ahora resulta que están usando este dato como factor de incertidumbre y eso completamente erróneo y muestra un gran desconocimiento del tema estadístico.

Por ejemplo, la última encuesta de El Financiero reportó una tasa de rechazo a la encuesta de 47%. Esto quiere decir que de cada diez intentos de aplicar una encuesta política en domicilio, cinco o la mitad de las veces, los ciudadanos no quieren contestarla. La tasa normal de rechazo a una encuesta política es de 95%, es decir, nueve de cada diez ciudadanos es común que rechacen una encuesta política. Por tanto, lo que significa el porcentaje reportado por El Financiero, es que 53% de los ciudadanos aceptó contestar la encuesta política y, entonces, es altamente probable que acuda a votar el día de la elección. Como escribí en un principio, se trata de una forma indirecta de monitorear la participación ciudadana. Estas son buenas noticias para el proceso electoral porque lo que se espera es una participación nutrida –inclusive- histórica si tomamos en cuenta que es una elección presidencial.

Nunca va a dejar de ser controvertido usar el asunto de los indecisos como forma de autoengaño o presunción. Depende de quién va arriba o quien abajo en las preferencias. De hecho, las encuestas mismas siempre se ponen a debate. Sin embargo, para bien de la industria, me parece que este proceso se han cuidado de caer en el exceso propagandístico de elecciones pasadas. Veremos si los resultados electorales las respaldan.

La atención y foco hay que dirigirlas a las campañas, a las estrategias y a los intentos de cada cuarto de guerra por revertir o cambiar las tendencias. El problema no son las encuestas, sino el proceso mediante el cual el apoyo o rechazo por un candidato es producto de factores de descontento o desafección con la situación actual. Una encuesta lee un mercado objetivo. Que no se les olvide eso.

@leon_alvarez

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