Seade, ¿pataleo de utilería?

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 16 de diciembre 2019. Seade, ¿pataleo de utilería?: Ayer, en una serie de tuits, Seade terminó sugiriendo que a fin de cuentas no es tan grave lo de los agregados. Ya habrá de verse si el gobierno mexicano rechaza de verdad la imposición de los cinco agregados laborales en tierra mexicana o todo queda en un forcejeo verbal en modo pataleo de utilería que sólo sirva para ir aceptando la nueva versión de los inspectores laborales…

Rayuela

“Alguien debe explicar sin paños calientes si nos vieron la cara o no”.

Que no hay letras chiquitas // Seade, ¿pataleo de utilería?

Julio Hernández López, La Jornada: “El entendimiento extraoficial (con la vista puesta en lo político y lo electoral) que han sostenido las administraciones Trump y López Obrador está a prueba en el tema de los agregados laborales que el gobierno estadunidense pretende imponer físicamente en territorio mexicano. En los momentos de controversia que podrían significar rupturas o desencuentros trascendentes, el gobierno mexicano ha recurrido al toque de la vieja escuela priísta del ahora canciller, Marcelo Ebrard, como fórmula para simular posturas nacionalistas y enrutar el debate por vías efectistas: por ejemplo, la retórica oficial refutó las pretensiones trumpistas de constituir a México en un tercer país seguro pero en los hechos se sometió, militar y aparatosamente, la política migratoria a las instrucciones de Washington. Y ahora se ha convertido (discursivamente) el tratado norteamericano de comercio en un celebrado motor de desarrollo favorable a los intereses mexicanos mientras en EU la lideresa de los demócratas en la Cámara de Representantes asegura que le comieron el lonche a México, con el tema de los agregados laborales como punto específico que festejan los republicanos. El personaje de la obra que ayer le tenía como héroe ovacionado y hoy le mantiene bajo recelosa mirada es Jesús Seade Kuri, un ingeniero químico por la UNAM, con maestría en economía por El Colegio de México, que ha significado el mayor signo de continuidad de políticas comerciales de la era preAMLO. Seade trabajó de manera intensa en la administración de Enrique Peña Nieto, particularmente en coordinación con Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo, en cuanto a la negociación del nuevo acuerdo para sustituir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte firmado cuando Carlos Salinas de Gortari presidía al país. El propio Seade comentó a David Páramo, en entrevista para el canal televisivo Imagen, que López Obrador lo eligió, sin conocerlo, para encabezar las negociaciones a nombre de la nueva administración: Oyó las recomendaciones de mi amigo Rogelio Ramírez de la O y de Carlos Urzúa (…) López Obrador sí escucha (https://bit.ly/2qUvQ8R). Así fue que el presidente López Obrador lo instaló como subsecretario en Relaciones Exteriores, sin depender del expansivo canciller pero, también, y por ello mismo, con apoyo institucional insuficiente para la responsabilidad encargada. El punto de los agregados laborales ha mostrado a Seade cuando menos en riesgo de parecer descuidado o inocente. Ha zigzagueado en sus explicaciones y ha dado pie a que opositores férreos al obradorismo aseguren que en el nuevo tratado se sacrificó en demasía el interés nacional. Ayer, en una serie de tuits, Seade terminó sugiriendo que a fin de cuentas no es tan grave lo de los agregados. Ya habrá de verse si el gobierno mexicano rechaza de verdad la imposición de los cinco agregados laborales en tierra mexicana o todo queda en un forcejeo verbal en modo pataleo de utilería que sólo sirva para ir aceptando la nueva versión de los inspectores laborales, ya porque así se hubiera aceptado en el tratado o sus agregados o porque así se hubiera convenido extraoficialmente”.

Si hubiera un gabinete…

Salvado Camarena, El Financiero: “Si hubieran involucrado a las secretarias de Trabajo y Economía en la negociación; si no hubieran regalado a Marcelo una parte del Ejecutivo que es fundamentalmente de Economía; si no hubieran dejado todo en manos de un solo negociador, por más amigo de Lighthizer que sea; si no fueran meros acatadores de la voluntad presidencial, en pocas palabras si hubiera un gabinete no estaríamos tan a merced de Estados Unidos. Todo presidente de México hereda un dolor de cabeza llamado relaciones con el vecino del norte. Todos los exmandatarios se han quejado, en memorias y otros documentos, de tan desiguales condiciones a la hora de negociar lo que sea. Todo político mexicano sabe que mucha de su fama se medirá por la manera en que sortee la relación con Washington. El presidente López Obrador le ha entregado toda la relación con Estados Unidos a Marcelo. Desde migración hasta libre comercio. Ebrard ha expandido su poder gracias a ese encargo presidencial, en donde le fue impuesto Jesús Seade, un experimentado negociador que ostenta un cargo que no ejerce a cabalidad: la subsecretaría de América del Norte. Hasta el martes pasado, día de flashes y sonrisas en Palacio Nacional con representantes canadienses y trumpistas, parecía que Seade había desquitado en unos cuantos días el sueldo de doce meses: se destrabó el T-MEC y la añorada señal de que México, incluso con López Obrador, es un socio confiable para negocios e inversiones, llegó. Salvo que horas después pasó lo que pasó. Washington no tiene amigos, se sabe desde siempre. Y Ebrard, Seade y López Obrador, fueron chamaqueados por los que ellos creían amigos. Claro, con la diligente ayuda del senador Monreal, que se pinta solo en eso de acátese sin chistar. El fin de semana fue el escenario de una (mala) comedia de enredos. Seade ya no sabe ni lo que negoció, Ebrard menos, AMLO pior y los senadores en babia. Las carcajadas en Washington deben haber sido de antología. El sainete pone de relieve las carencias del modelo de gestión gubernamental (no se rían) de López Obrador. Es un presidente sin un equipo de colaboradores integrado o funcional. El mandatario hace encargos que no admiten reparo, sus subalternos tratan de darle gusto, y el resto es cruzar los dedos a ver cómo responde la realidad al plan del habitante de Palacio Nacional. (…) No hay gabinete y cuando nos avasallan, pues la defensa hace agua, en la portería no hay nadie, en la media cancha todos ven a Marcelo correr por las bandas aspirando a la ídem mientras el presidente se dedica a su deporte favorito: pelear con la tribuna en vez de mandar un cuadro ordenado y eficiente a ponerle un alto a Trump”.

El Congreso de EU nos metió gol en offside

Enrique Quintana, El Financiero: “Menuda sorpresa se llevó el gobierno mexicano, cuando el viernes pasado conocimos la legislación de implementación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). En el documento enviado por el Comité de Medios y Arbitrios al Congreso norteamericano se incluyeron cinco ‘agregados laborales’ (attachés) que son empleados del Departamento del Trabajo y que desarrollarán su actividad en México. De acuerdo a los mecanismos del Congreso en EU, el tratado fue vertido en una Ley de Implementación que incluye los compromisos adquiridos, así como necesidades presupuestales derivadas del tratado y el rediseño de algunas instituciones. Es en esta legislación donde se establece la existencia de esos cinco agregados diplomáticos laborales de Estados Unidos en México, lo que provocó un rechazo directo del gobierno mexicano a través del subsecretario Seade. De acuerdo con lo dicho el día de ayer por Seade, México no aceptará el nombramiento de estos agregados laborales, cuya función no está clara y eventualmente podría tratarse de inspectores disfrazados, lo que está prohibido por la legislación mexicana. Claramente, la inclusión de esta figura, al margen de lo negociado, es un recurso usado por la mayoría demócrata para dar gusto a los duros dentro del Congreso que buscaban ir más allá en cuanto a las obligaciones de México en materia laboral. (…) No está suficientemente claro si este rechazo pone en riesgo al tratado mismo. Sin embargo, lo que sí queda claro es que no está dentro del documento que fue negociado y que ya fue aprobado por el Senado mexicano la semana pasada. Pareciera ser el intento de los demócratas de ‘meter un gol’ y satisfacer las exigencias de los duros que no quedaron satisfechos con los términos finalmente negociados. La posición mexicana ha sido perfectamente clara en el sentido de rechazar la designación de estos agregados laborales en la embajada de Estados Unidos en México. Lo ha expresado claramente el gobierno y el sector privado ha respaldado este rechazo. (…) Si se pensaba que la negociación ya había terminado, todo indica que tendrá que ser reabierta. El Congreso de EU nos metió un gol y ahora hay que argumentar que estaba en fuera de lugar y que tiene que ser anulado”.

A periodicazos traen a Palacio Nacional

Raymundo Rivapalacio, El Financiero: “El martes 10 de diciembre fue el mejor día del joven sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador. Se firmaron los protocolos del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, que facilitaría la ratificación en el Capitolio en Washington y el Parlamento en Ottawa, y se detuvo en Dallas al exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna. Día feliz para el Presidente. Inyectaría algo de certidumbre a las inversiones y tenía el argumento perfecto para disfrazar su desastre en materia de seguridad pública echando la culpa de todo al pasado y, de paso, buscar el aniquilamiento político de su principal enemigo, el expresidente Felipe Calderón, con quien García Luna trabajó estrechamente. Todo lucía perfecto hasta que comenzó a salir información de que aquella jornada, más bien, podrá ser una más de ignominia. De la secuela de ese día se recoge la conferencia del subsecretario de Relaciones Exteriores, Jesús Seade, responsable de la negociación, quien después de la ceremonia en Palacio Nacional donde los tres países firmaron los protocolos con el Presidente de testigo, dijo que se “acababa de enterar” que Estados Unidos nombraría cinco agregados laborales en su embajada en México para supervisar la implementación del acuerdo en ese capítulo, que no había sido consultado con México. Seade mintió o sencillamente nunca supo qué estaba firmando. Pero no es un novato en negociaciones comerciales, y extrañamente excluyó a todos, embajada y sector privado, del tramo final de la negociación de la concesión. El mismo martes 10 de diciembre, horas antes de que se firmaran los protocolos en Palacio Nacional, el Comité de Procedimientos y Arbitrios de la Cámara de Diputados, por donde pasan las legislaciones para implementar el acuerdo en Estados Unidos, dio a conocer públicamente un resumen ejecutivo de lo que se había negociado, en cuyo primer capítulo, referido a la vigilancia sobre México, decía textualmente: “Los attachés (agregados) laborales tendrán como base México y proveerán información in situ sobre las prácticas laborales en México”. Nada para decirse engañado. Si Seade no entendió ni explicó, por lo que ahora el gobierno se dice sorprendido, también hay responsabilidad del Presidente, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y todos aquellos que, por omisión, comisión o ignorancia, aceptaron las exigencias demócratas anunciadas en Washington. La mañana del mismo día, la captura de García Luna provocó reacciones a lo largo de la intensa jornada. El mensaje que se daba era que venían acompañando la investigación, reforzada por informaciones de funcionarios federales que empezaron a señalar que el gobierno de López Obrador había sido informado con anterioridad de la captura. Como en el caso de Seade, no es cierto, pero a diferencia del tema comercial, en el caso de García Luna sí fue mantenido el gobierno mexicano totalmente al margen de la investigación. Tras una reconstrucción de lo que sucedió aquel día en Palacio Nacional, se puede afirmar que el gobierno mexicano no tenía absolutamente ninguna idea de lo que se cocinaba en el Departamento de Justicia de Estados Unidos. La embajada de México nunca fue informada de lo que venía hasta minutos antes de que se diera la detención en Dallas. No es un procedimiento usual que informen de ello, por lo que esto no debe extrañar –la embajadora Martha Bárcena, incluso, iba volando a la Ciudad de México cuando se realizó la detención–, pero recibir una comunicación del Departamento de Estado minutos antes de que se concretara la acción en Dallas, no puede ser tomado como una consideración. La captura sacudió al gobierno, que apenas ese día, por el comunicado de prensa de la Fiscalía de Brooklyn, en Nueva York, supo que la orden de aprehensión se había girado desde el 4 de diciembre. (…) Aquél 10 de diciembre glorioso y espectacular para el gobierno, se ha venido desmantelando ante las evidencias que al reloj que marca el tiempo a la vida en México, se le da cuerda en Washington”.

@loscabareteros

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