Tlahuelilpan, el Ejército y la Guardia Nacional

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 21 de enero 2019. Tlahuelilpan, el Ejército y la Guardia Nacional: se acusa a las fuerzas armadas de incrementar la violencia, ¿Y por qué las intervenciones de las Fuerzas Armadas no son comparables a las de la Policía Federal? ¿Qué hay detrás de la rapiña? No nos engañemos, el responsable es el crimen organizado y la guerra que ha desatado aparentemente en contra del Gobierno federal, pero en realidad en contra de la sociedad en su conjunto, usan a la población literalmente como carne de cañón para encarecer los saldos de esta guerra.

Rayuela

Ignorancia y pobreza generalmente van de la mano. Por eso en el huachicol pocos son los que ganan y muchos los que pierden.

¿Qué hay detrás de la rapiña?

Jorge Zepeda Patterson, escribe en SinEmbargo lo siguiente: “No es casual que las tragedias se desaten en lugares impronunciables o inéditos para el resto de los citadinos. Ayotzinapa, Tlatlaya o ahora Tlahuelilpan terminan por convertirse en nombres familiares por las razones más siniestras, a golpe de muertos. Y tampoco es casual que sean nombres indígenas; los desastres suelen presentarse allá donde el hambre es mayor, donde los poderes reinantes son más salvajes y la vida de los personas es más vulnerable ante las fuerzas naturales o de las otras que los vapulean. Así como las grandes epidemias, las hambrunas o los genocidios tienen lugar en los sótanos del planeta, en las zonas atrasadas de África o de Medio Oriente, en nuestro país se ceba sobre nuestro tercer mundo local. (…) Las tragedias suelen atribuirse a muchos padres, dependiendo del lugar en donde estemos parados. Algunos aprovecharán el dolor y la indignación para cargarlo a la factura política de López Obrador, insistiendo en que esto no se habría presentado si el Gobierno hubiera encarado de otra manera la batalla contra las mafias que trafican con el hidrocarburo. Otros apuntarán el dedo flamígero contra el Ejército por no haber impedido que la gente convirtiera en una romería la fuga de gasolina. Otros responsabilizarán, en primera instancia, a la propia población que mire por donde se mire estaba cometiendo un acto de rapiña en contra de las órdenes de la autoridad. Y algún exigente, incluso, podrá argumentar que tampoco esto se habría presentado si los gobernadores de la región Centro Occidente no hubieran exigido tan categóricamente la reactivación de los ductos, a pesar de que el Gobierno federal no había terminado el operativo de revisión de fugas y blindaje de seguridad. Todos estos no son más que seudoargumentos. No nos engañemos, el responsable es el crimen organizado y la guerra que ha desatado aparentemente en contra del Gobierno federal, pero en realidad en contra de la sociedad en su conjunto. Los huachicoleros no sólo sabotean los ductos para provocar desabasto en las ciudades y desencadenar la indignación de los habitantes en contra de la campaña que el Gobierno ha puesto en marcha; además usan a la población literalmente como carne de cañón para encarecer los saldos de esta guerra. (…) ¿Cómo desandar la costumbre de esta rapiña generalizada? No será fácil. Pero si existe un camino ese comienza por arriba y en eso coincido con López Obrador. Los recursos públicos son de todos y los funcionarios son los primeros que tendrían que cuidarlos. Puede resultar ridículo ver al Presidente hacer cola en un avión de línea para hacer sus giras pero ese, como muchas otros similares, es un acto de un profundo simbolismo para cambiar el descompuesto sistema de valores en el que chapotea la vida pública en México”.

Lecciones de la tragedia

Enrique Quintana, en El Financiero, escribe lo siguiente: “Una tragedia como la que vivimos con la explosión de Tlahuelilpan nos debe dejar lecciones. Sería terrible que no aprendiéramos como país de un hecho tan costoso en vidas humanas. A mi juicio, las siguientes deben ser algunas de las lecciones. 1.-Debe haber una difusión mucho más amplia y directa, incluso cruda, del alto riesgo que existe en las fugas de combustible, que se han incrementado en los últimos meses por el disparo del robo en ductos. Más de una vez habíamos estado ya al borde de un hecho como el del viernes. (…) 2.-En Pemex o en las empresas que operen ductos debe haber absoluta conciencia de que, ante contingencias, lo fundamental es preservar la seguridad. Queda la interrogante de por qué ante una fuga de las proporciones que pudieron observarse en los videos no se tomó la decisión inmediata de cerrar el ducto. Se supone que el sistema SCADA permite detectar esas pérdidas. (…) 3.-En las comunidades cercanas a los lugares en los que hay robo de combustible se ha generado una actitud de tolerancia o incluso complicidad con los criminales que realizan dicho robo. Y, desde luego hay un desprecio a la autoridad. (…) La tarea del gobierno no sólo debe ser el crear oportunidades económicas para esas poblaciones, sino que se debe reconstruir el respeto a las leyes. (…) 4.-La tragedia pone el acento en la necesidad de hacer todos los esfuerzos necesarios para terminar con el robo en ductos. No sólo implica pérdidas para Pemex y el país, sino riesgo muy alto para la ciudadanía. No comparto la visión de quienes dicen que el uso de pipas será como tener bombas ambulantes. La realidad es que casi la totalidad de las gasolineras recibe el combustible en pipas. (…) 5.-A diferencia de la unidad que se generó tras los temblores de 2017, la tragedia en este caso polarizó a la sociedad. Hubo quienes culparon al gobierno, a las víctimas o al Ejército y hubo menos solidaridad. Hacer un diagnóstico adecuado para tomar acciones que aseguren que no vuelva a ocurrir no implica perder la empatía que requerimos ante el dolor de nuestros compatriotas”.

Tlahuelilpan, el Ejército y la Guardia Nacional

Eduardo Guerrero Gutiérrez, escribe en El Financiero, lo siguiente: “El gobierno de López Obrador hizo frente a su primera gran tragedia. Ocho decenas de muertos y contando. En las llamas de Tlahuelilpan quedó envuelta también la estrategia de combate al robo de combustible. Todavía no tenemos claridad sobre qué o quién causó la explosión. Sin embargo, la tragedia reitera lo que ya sabíamos: tenemos comunidades e industrias enteras con una terrible adicción al huachicol. Superarla no será fácil. Las filas en las gasolineras fueron sólo un preludio. La verdadera batalla será de muchos meses. La tragedia de Tlahuelilpan también nos lleva de vuelta al otro gran debate de los últimos días. El papel que debe desempeñar el Ejército en la conformación de la Guardia Nacional. En esta ocasión el Ejército no actuó con la brutalidad que se le suele achacar. Lo que pasó en Hidalgo fue que faltaron elementos para contener a una multitud de personas que estaban determinadas a llevarse todo el combustible posible. La Guardia Nacional se concibe y debate en términos de rechazo dogmático o confianza ciega en torno a las Fuerzas Armadas, incluso entre algunas de las mentes más brillantes del país. (…) ¿Por qué? Las intervenciones de las Fuerzas Armadas no son comparables a las de la Policía Federal. No son comparables porque el despliegue militar no ha sido aleatorio, sino que se concentra en aquellas regiones donde operan los grupos con más poder de fuego. Los militares también son enviados ahí donde las autoridades civiles ya tomaron la decisión de acabar, por cualquier medio, con un grupo criminal. Éste fue el caso de la intervención de la Marina en Veracruz en los primeros años del sexenio de Javier Duarte. En este contexto, los militares no necesariamente son más letales por cuestiones inherentes a su formación, su disciplina o su jerarquía, sino porque a ellos se les ha encomendado hacer el trabajo sucio. Por lo mismo, no basta la evidencia que existe y que Aguilar Camín –junto con muchos expertos, activistas y líderes de opinión– considera concluyente. Incluso el estudio de Laura Atuesta, en el que se establece que los homicidios aumentan en aquellos municipios donde se registran enfrentamientos entre fuerzas públicas (particularmente las Fuerzas Armadas) y presuntos delincuentes, no es evidencia suficiente. Atuesta utiliza una metodología de diferencias en diferencias, que efectivamente permite descartar que el incremento en la violencia sea ocasionado por características fijas de los municipios donde ocurren los enfrentamientos. Sin embargo, los municipios donde ocurren enfrentamientos entre el Ejército y los criminales no sólo son distintos del resto del país por características fijas. También son diferentes por factores coyunturales. Por ejemplo, es frecuente que los enfrentamientos sean precedidos por la llegada de un nuevo grupo criminal. Como resultado de la presencia de ese nuevo grupo, no sólo tiene lugar el enfrentamiento con la fuerza pública, sino que también suele haber un aumento generalizado de la violencia, que puede durar varios meses. Por lo tanto, la metodología de Atuesta podría atribuir a enfrentamientos con el Ejército aumentos en la violencia que en realidad fueron ocasionados por la llegada de un nuevo grupo criminal. Desafortunadamente, en México tenemos muy pocas certezas en materia de seguridad. Ante este vacío de información sólo podemos pedir que el diseño de la Guardia Nacional se haga sin posiciones dogmáticas, ni de repudio al Ejército ni de fobia a las policías civiles. Ojalá no nos quedemos en el asunto, que tal vez no sea el medular, de qué secretaría tiene el mando “administrativo” y cuál tiene el mando operativo. También hace falta repensar exactamente para qué queremos a este nuevo cuerpo, así como dónde y cómo podrá ser utilizado. Sobre todo, hace falta pensar cómo vamos a evitar que la Guardia Nacional replique los vicios de sus antecesores”.

En este pueblo sí hay ladrones

En Milenio, Carlos Marín, escribe que: “con poco más de 31 kilómetros cuadrados de superficie […], Tlahuelilpan es el municipio […] más pequeño de Hidalgo[…]. Según la encuesta intercensal del Inegi, en 2015 lo poblaban 19 mil 389 personas que habitaban cuatro mil 842 viviendas, que en su mayoría gozaban de todos los servicios. Contaba con 39 escuelas: 12 de preescolar, 13 de primaria, cinco secundarias, ocho de bachillerato, una de nivel superior y dos bibliotecas públicas, cuatro unidades médicas de la Secretaría de Salud estatal […] y redes de electricidad, agua potable, drenaje y alcantarillado que cubrían 98 por ciento de las necesidades de la población. Los tlahuelilpanenses viven en pobreza media, el Coneval no los considera entre los más pobres del país (como en Oaxaca y Chiapas). Ni un solo municipio de Hidalgo está proporcionalmente tan fregado como Ecatepec, en el Estado de México; la capital de Puebla, la alcaldía de Iztapalapa, León Guanajuato, y todo el estado de Baja California. Datos como los aquí expuestos explican quizás la facilidad con que familiares de las víctimas de la explosión del viernes inventan que sus parientes acudieron al sitio porque, a causa del desabasto, no tenían el energético para echar a andar sus coches y camionetas. La abundancia de bidones para el acarreo de combustible con que se vio a cientos de saqueadores antes del estallido, sin embargo, delata que tumultos de pobladores participan (o participaban) en el hurto que, como se sabe, termina en su mayor parte por beneficiar a delincuentes de cuello blanco en delictivas estaciones de servicio. A partir de esta catástrofe, sobre los huachicoleros pesa no solo el riesgo letal de chapalear en gasolinas o diesel, sino de perder las viviendas (de adobe y mampostería) en que almacenan lo que se roban, ya que el recién designado fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, se comprometió a que se les aplicará la conducente extinción de dominio. Por hipocresía no se dicen las cosas por su nombre […], y se les cuelga el alcahuete oficio de ‘que realizan esa actividad’, para no decirles delincuentes. Un destino semejante depara al ‘pueblo bueno’ y ‘sabio’ que “nunca se equivoca” en la imaginación del Presidente Andrés Manuel López Obrador, empeñado en lograr el milagro que ni siquiera Jesucristo, Buda, Mahoma, el Papa o el Estado Islámico se propusieron: ‘purificar’ la nación y terminar con la canija condición humana, soñando que todos nos portaremos bien…”.

Tragedia y polarización

En Milenio, Héctor Aguilar Camín, escribe que: “hay algo muy tóxico en el ánimo público cuando una tragedia como la de Tlahuelilpan adquiere de inmediato el carácter de una batalla política contra el gobierno o a su favor. El antigobiernismo es una pasión bien sembrada por muchas décadas en la opinión pública mexicana. Con buenas razones, quizá, pero con efectos desmesurados. Echarle la culpa al gobierno de todo lo que sucede es una especie de reflejo pavloviano de nuestra cabeza […]. Le gritaron asesino por la muerte en un accidente aéreo del matrimonio Moreno Valle: la gobernadora de Puebla, Erika Alonso, y el líder del PAN en el Senado, Rafael Moreno Valle. Han empezado a culparlo por inacción en la tragedia de Tlahuelilpan, donde la explosión de un ducto de Pemex mató a 85 e hirió a otros tantos […]. No existe todavía el peritaje del accidente aéreo ni el de la explosión de Tlahuelilpan, pero en ambos casos el gobierno ha sentido ya la mordida ciega del antigobiernismo, que en su momento ayudó a formar y utilizó cuanto pudo. Los defensores del gobierno han salido al paso con una serpentina conspirativa igualmente ciega: atribuyen ambas tragedias, y las críticas al gobierno, a un proyecto de desestabilización orquestado para resistir, por todos los medios, los cambios que propone el nuevo gobierno. Lo común a estos dos polos de imputación de culpas es que les importa poco la tragedia. Solo tienen ojos para ver cómo puede usarse la tragedia para defender o atacar al gobierno. Nada tienen que ver tales reflejos con la crítica ni con el intento genuino de saber lo que sucedió. Tienen que ver con la inhumanidad política y con la ceguera maniquea, típica de la polarización. Mientras no se demuestre lo contrario, y contra la pulsión de sospechar que corroe nuestra confianza pública, un accidente es un accidente y una tragedia, una tragedia”.

Una tragedia producto de la impunidad

En Excélsior, Jorge Fernández Menéndez, asegura que: “no hay ninguna épica en la tragedia. La explosión de Tlahuelilpan que ha ocasionado, hasta el momento de escribir estas líneas, 85 muertos […] no fue el resultado de una lucha épica contra el robo de combustible, sino de la improvisación y la falta de previsión. En otro plano, consecuencia de un discurso que ha hecho de la violación de las normas y la legalidad un mérito, una cualidad del llamado pueblo bueno. No entiendo por qué el Presidente López Obrador aseguró ayer que ‘pedía disculpas si el combate a la corrupción causa sacrificios’. ¿Qué tiene que ver esta tragedia con sacrificios o lucha contra la corrupción? Al contrario, es consecuencia de convertir en norma la ignorancia de la ley y la orden dada a policías municipales, estatales, federales y militares de no impedir ningún acto masivo, aunque esté fuera de la ley […]. Por supuesto que, en ese contexto, no se puede responsabilizar de la tragedia exclusivamente a pobladores que, por la razón que fuera, estuvieron durante horas saqueando la fuga de combustible […]. Tampoco nada justifica que no se haya llamado a policías municipales y estatales para que apoyaran a los soldados a establecer ese cerco de seguridad o que éstos no se presentaran. No se hizo porque nadie se quiere comprometer, porque desde la cúpula del poder se le sanciona, porque apenas la semana pasada cuando tres militares, muy cerca de donde ocurrió la tragedia, trataron de frenar otra fuga de combustible fueron secuestrados, golpeados y amenazados con ser quemados vivos por un grupo de pobladores. […]. Si la norma es la impunidad, si la misma se justifica y en ocasiones, incluso se premia, no hay forma de que ninguna fuerza de seguridad pueda hacer cumplir la ley. La suma de errores, faltas de previsión, de negligencia, de impunidad y de irresponsabilidad social es lo que provocó la tragedia en Hidalgo, no la lucha contra el huachicoleo, mucho menos lo fue una represión que jamás siquiera se intentó […]. Hay que cambiar todo, hay que generar una cultura de la legalidad desde arriba, en eso también la escalera se limpia de arriba hacia abajo, como dice López Obrador, si no tragedias como ésta o como cualquier otra seguirán generándose, con o sin Guardia Nacional, militarizada o civil”.

Comportamiento ejemplar

En Excélsior, Frentes Políticos, asegura que: “el viernes por la tarde, en cuanto se detectó la fuga en Tlahuelilpan, Hidalgo, lo primero que hizo el Ejército mexicano fue pedir a la población retirarse para evitar riesgos. No hicieron caso. La horda arribó a la zona de la tragedia, calculan alrededor de 800 personas, queriendo robar combustible, en un país en el que el agandalle es sinónimo de triunfo. Hay quienes acusan a los militares de inacción. ¿Qué más podían hacer ante una multitud enardecida? Para quienes dicen que el Ejército no hizo nada, un video confirma cómo pobladores apedrearon a los militares porque no los dejaban pasar. No hay que culpar a la pobreza. No nos engañemos”.

De Guadalajara a Tlahuelilpan, pasando por Texmelucan

En El Universal, Salvador García Soto, escribe que: “la gasolina en México no sólo mueve al país y desata crisis sociales y económicas cuando escasea o cuando aumenta súbitamente de precio; también es la mensajera de la muerte injusta y dolorosa de los más pobres. La negligencia en su manejo, ligada casi siempre al robo de combustibles, se convierte en una bomba de tiempo que, asociada a la corrupción, lo mismo puede construir un millonario imperio criminal que edificar toda una red paralela de distribución en un mercado negro que, litro a litro, vacía y saquea el presupuesto público del país […]. La tragedia de Tlahuelilpan […], lamentablemente no es la primera ni […] será la última de su tipo. Mientras se mantenga vigente la práctica criminal de perforar ductos para robar combustibles y las redes de corrupción gubernamental, sindical y criminal que la fomenta y tolera, volveremos cíclica y dolorosamente a ver estos infiernos y estas imágenes dantescas en las que siempre las víctimas son los más necesitados […]. La escena de mujeres y niños cargando sus tambos y bidones para agarrar un poco de la gasolina que brotaba de la tierra, mientras hombres con el torso desnudo y un cubrebocas se bañaban en gasolina y respiraban sus vapores en el manantial que salía del ducto picado duró casi 4 horas, según el informe oficial. Desde las 2 de la tarde con 30 minutos y hasta pasadas las 6 de la tarde, nadie pudo impedir que todos esos pobladores, otra vez los más pobres, fueran y vinieran entre la lluvia de gasolina llenado sus improvisados recipientes con los que ganarían dinero del combustible robado […]. Entonces pasó lo que siempre pasa: una chispa, un fósforo, algún elemento de ignición que nadie nunca sabe. Y otra vez el infierno: cuerpos desesperados que corren en llamas, mientras su ropa se consume seguida de su piel […]. Luego el horror, la consternación, el dolor. Y los discursos oficiales que hacen el recuento de otra tragedia. Y la politización en las redes, y los mensajes que reparten culpas y buscan culpables en teorías conspiracionistas. Y los heridos que luchan por su vida y aumentan a cada hora los muertos. Y las familias que lloran y claman por ayuda y, si es posible, justicia. Todo igual y repetido. Hasta que pasen los días y el dolor disminuya y la tragedia deje de ser noticia. Hasta que venga otra vez ella, la gasolina robada y nos enseñe nuevamente el infierno en la tierra donde, tristemente, volverán a arder los pobres”.

Michou y Mau en Hidalgo

Milenio, Trascendió, asegura que: “ayer por la noche llegó el primer paciente hidalguense a la ciudad de Galveston, en Texas, para ser ingresado al Hospital Shriners para Niños. Se trata de Alan, de 15 años, quien es uno de los afectados por la explosión del ducto de combustible en Tlahuelilpan, y quien pudo llegar hasta EU por un convenio de trabajo establecido entre Hidalgo y la Fundación Michou y Mau. Es el primer herido trasladado al exterior desde la zona de desastre y su pronóstico es crítico, pero estable, informaron representantes de la fundación.”

Margarita, Libre

Reforma, Templo Mayor, asegura que: “Margarita dejó de deshojar la ídem y hoy solicitará ante el INE que su agrupación Libre sea registrada como partido político. Se da por descontado que con Margarita Zavala irá a su lado Felipe Calderón, así como una larga lista de panistas desencantados y, sobre todo, peleados con la dirigencia del PAN. Está por verse cuántos militantes de Acción Nacional se suman al nuevo partido, pero sea cual sea la cifra habrá que cargarla a la cuenta de Ricardo Anaya, que tanto se esforzó por apartar a los calderonistas. Una vez hecho el trámite ante el INE, vendrá la parte complicada: afiliar 234 mil ciudadanos y realizar 20 asambleas estatales o, al menos, 200 municipales, por lo que seguramente en los próximos meses Zavala no estará muy libre”.

Fraude en carros tanque y ambulancias

El Universal, Bajo Reserva, asegura que: “con la aspiración de ser la oposición al gobierno lopezobradorista, Margarita Zavala va por su segundo aire y hoy su plataforma, la asociación Libertad y Responsabilidad Democrática, acudirá al Instituto Nacional Electoral (INE) a informar su intención de constituir el partido político nacional Libre. Entre los militantes de la próxima nueva agrupación están ciudadanos sin partido, pero también ex militantes panistas que salieron cuando Ricardo Anaya se hizo de la candidatura presidencial. Así que viene la revancha… si es que consiguen el registro en 2020”.

@loscabareteros

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