Tolerancia mutua y contención…

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Como en todo sistema normativo, existen las reglas escritas y plasmadas en códices, códigos o constituciones que son la base de la convivencia, el equilibrio y control de los apetitos del fuerte contra el débil, del triunfo “a cualquier precio”, o la contención/contrapeso de un poder absoluto. De modo que si están escritas y son acordadas, significa que son Ley. Sin embargo, hay dos reglas básicas que no están escritas en las normas pero que son cruciales para la convivencia entre diferentes: tolerancia mutua y contención.

En términos políticos, la tolerancia mutua es el acuerdo de los partidos rivales a aceptarse como adversarios legítimos; y la contención, es la idea de que los políticos deben moderarse a la hora de desplegar sus prerrogativas institucionales. Estas dos normas “no escritas” son como de “etiqueta” y sirven como sustento de ese concepto tan desgastado y tan vilipendiado como lo es la democracia.

Giovanni Sartori, en su libro “Democracia en 3 Lecciones”, definió la democracia desde dos vías: la primera, es la Óptica realista, que desde el punto de vista de Nicolás Maquiavelo es observar y entender lo que se ve y sucede en los hechos: La política no obedece a la moral; la segunda, es la Óptica racionalista: la política se construye deductivamente a partir de posiciones políticas, utopías, ideas y, posteriormente, para buscar “sociedades ideales”. ¿Por cuál optamos?

Ahora bien, la salud de la democracia es el tema del momento “en el mundo”, no solo por lo que ocurre con Donald Trump, el Brexit o lo que sucede en Latinoamérica, concretamente, en México con el vuelco electoral hacia un Movimiento de Regeneración Nacional denominado MORENA que se hizo del poder contundentemente en 2018. Con base a datos de Latinobarómetro 2018, en promedio, en América Latina entre 1995 y 2018 se ha deteriorado la afinidad por la democracia a grado tal que nos ubicamos en 48% de afinidad, el nivel más bajo en los últimos 23 años. El asunto es que la afinidad por un régimen autoritario gana terreno (15%), mientras que 28% se mantiene como indiferente.

Esto es producto del efecto combinado no solo de una diversidad étnica creciente, sino también del estancamiento del crecimiento económico, la gran brecha salarial en la mitad inferior de la distribución de rentas y la creciente desigualdad económica.

Para muchos “inconformes con la democracia actual”, los cambios económicos de las últimas décadas han enfatizado una menor seguridad laboral, jornadas laborales más largas, menos perspectivas de ascenso social y, en consecuencia un mayor resentimiento social. Lo peor del asunto es que ese resentimiento social atiza la polarización. El enemigo número uno de las reglas no escritas de cualquier sistema normativo.

Una manera de abordar esta división cada vez más acentuada entre ciudadanos, partidos y gobiernos –y ahí está el problema-, es abordar y atender esas preocupaciones cotidianas de segmentos de la población generalmente olvidados, sea cual sea su condición socioeconómica.

Hoy que –otra vez- estamos inmersos en una campaña política en lo local, bien vale la pena recordarles y enfatizar esto entre los que buscan un cargo público en Durango. No se requieren actos de magia, declaraciones demagógicas y mucho menos promesas grandilocuentes. Necesitamos soluciones prácticas a problemas cotidianos y olvidarnos de conflictos polarizantes que dañan el tejido social más que cualquier “acto delincuencial” en nuestras calles. Mucho menos necesitamos competidores dispuestos a ganar o competir “a como dé lugar”, eso es más peligroso, incluso, que la polarización.

Al respecto, por aquello de las “Alianzas Fatídicas” que solo han generado estancamiento a la hora de gobernar, me viene a la mente la historia de “El caballo, el ciervo y el cazador”, que se ubica dentro de las Fábulas de Esopo más famosas e interesantes. Cuenta esta fábula la historia de un caballo que decidió vengarse de cierto venado que lo había ofendido y emprendió la persecución de su enemigo. Pronto se dio cuenta que de que sólo no podría alcanzarlo y, entonces, pidió ayuda a un cazador. Se la recomiendo. No escatima un ápice el momento actual que vivimos.

@leon_alvarez

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