Un presidente con prisa…

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del viernes 25 de enero 2019. Un presidente con prisa: La velocidad con la que avanza López Obrador tiene un poco descolocados a los periodistas y a la comentocracia del país. El hiperactivismo del presidente y su microgestión acelerada producirán aciertos y desaciertos, propuestas y ajustes continuos. Espero que la afinación del Gabinete sea uno de ellos… Venezuela: un golpe para todos. ¿Cuándo ganará AMLO su guerra vs. el ‘huachicol’?

Rayuela

Controlar las aduanas fue siempre prioridad gubernamental. Es una fuente inagotable de riqueza mal habida.

Un presidente con prisa

Jorge Zepeda Patterson, en El País, escribe lo siguiente: “Si las crisis sirven para sacar lo mejor y lo peor de las personas, la del huachicol, tragedia de Hidalgo incluida, ha mostrado para bien y para mal las costuras del Gobierno de López Obrador. Por más loable que sea el propósito de atacar el robo masivo de combustibles, es obvio que la estrategia resultó apresurada y no se midieron cabalmente las consecuencias o los mecanismos necesarios para atenuarlas. Pero, por otro lado, ha resultado impresionante la velocidad y la capacidad de respuesta día por día, y casi hora por hora, de parte del presidente. Un rato después de la explosión López Obrador había acudido al lugar y conversado largo con los habitantes de la región. Y aquí habría que recordar que Enrique Peña Nieto nunca se atrevió a visitar Ayotzinapa en los cuatro años que siguió gobernando tras la desaparición de los 43 estudiantes. Prácticamente todos los días el presidente informa de un operativo nuevo o un ajuste del operativo aplicado 48 horas antes, respecto al tema del desabasto. Ataca por igual las necesidades inmediatas reforzando la vigilancia de los ductos con más de 5.000 soldados y policías que anunciando la compra relámpago de 571 pipas para ayudar a regular el desabasto. Dos días más tarde presenta un programa ambicioso, y de más largo plazo, para mejorar las condiciones sociales y las opciones productivas de la población ubicada en los corredores por los que pasan los ductos. Lo que hemos visto en estas últimas semanas es un ejercicio de Gobierno en tiempo real. Para cualquiera que esté sintonizando las llamadas “mañaneras” sabrá a qué me refiero. Producen la misma sensación que podría uno experimentar en un restaurante en el que se come acompañando al cocinero que trajina alrededor del fogón. (…) La velocidad con la que avanza López Obrador tiene un poco descolocados a los periodistas y a la comentocracia del país. En la medida en que esta conferencia de prensa nutre los temas noticiosos del resto del día, la edición en papel de los periódicos con la información del día anterior nace obsoleta. Los columnistas y editorialistas, acostumbrados a definir la agenda al desmontar matices y consecuencias de las acciones del soberano y a que sus comentarios reboten dos o tres días en tertulias y charlas, ahora descubren que cuando ellos van el presidente ya viene de regreso. Cuando apenas comienzan a discutir lo de las pipas adquiridas sin licitación, a las siete de la mañana el mandatario ya ha sacudido el día al informar de que los expedientes del CISEN serán destapados. El tiempo acelerado en el que vive López Obrador ya ha pasado factura a su equipo. Y no me refiero solo a las jornadas de 18 horas que están poniendo a prueba la resistencia de más de uno de sus octogenarios colaboradores. Otros de ellos han probado que no están a la altura de la encomienda, algo que en otro sexenio habría tomado años advertir. El director de Pemex, un agrónomo sensato y prudente, no tuvo tiempo de recorrer su curva de aprendizaje, algo que probablemente habría logrado si la crisis no lo hubiera alcanzado justo en el punto de partida. La secretaria de Energía, en cambio, es obvio que nunca iba a superar esa curva. Simple y sencillamente carece de nivel para encabezar un ministerio de Gobierno. Vaga en los detalles, desarticulada verbalmente, confusa; sus comparecencias en estas mañaneras se han convertido en un momento amargo para el propio López Obrador y basta ver su lenguaje corporal cuando ella toma el micrófono. El hiperactivismo del presidente y su microgestión acelerada producirán aciertos y desaciertos, propuestas y ajustes continuos. Espero que la afinación del Gabinete sea uno de ellos”.

Venezuela: un golpe para todos

Raymundo Rivapalacio, en El Financiero, escribe que: “El paisaje latinoamericano sigue escribiendo historia. Nuevamente es Venezuela, donde a las realidades objetivas de los últimos años, como la regresión democrática, el autoritarismo, la falta de libertades, la violación de derechos humanos y la cada día más increíble crisis económica, se le ha sumado la versión posmoderna de los golpes de Estado. La CIA ya no tuvo que desarrollar guerras psicológicas, inventar luchadores por la libertad o invadir abiertamente a una nación, sino inaugurar una modalidad que no se sabe si es más arrogante que las otras, pero sí más cínica: Un diputado, Juan Guaidó, se autoproclama presidente y minutos después el presidente Donald Trump lo reconoce como el líder interino de Venezuela, desconociendo al presidente Nicolás Maduro, reelecto de manera fraudulenta. Tras Estados Unidos, una decena de países americanos respaldan a Guaidó, junto con la Organización de Estados Americanos y el Banco Interamericano de Desarrollo. La maquinaria trata de crear las condiciones para que las Fuerzas Armadas rompan con Maduro y lo derroquen. Si no es así, advierte Trump, todas las opciones están abiertas. ¿Invasión? ¿Asesinato del presidente? Todas, hay que precisar, salvo que Maduro no deje el poder. Es cierto que las credenciales de Maduro son impresentables, pero no apoyar a Guaidó tampoco significa respaldar el régimen del presidente venezolano. Eso hizo México el miércoles y la turba cibernética se le fue encima al presidente Andrés Manuel López Obrador. La prensa en México también expresó mucha más crítica que apoyo, sin importar la ruptura transnacional del orden constitucional –Venezuela amaneció el jueves con dos presidentes– promovida por Estados Unidos. Cierto, como han señalado quienes desean, como muchos –incluido quien esto escribe–, que Maduro deje el poder, ¿cómo se puede romper el orden constitucional cuando Maduro lo rompió? La línea es muy fina y se cruza. La defensa de López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard es de ortodoxia constitucionalista, pero políticamente busca una tercera vía en donde, desde la neutralidad, se encuentre una salida pacífica a los diferendos en otras naciones. En las conversaciones que sostuvieron el miércoles López Obrador y Ebrard, no hubo duda sobre mantener la postura que expresó el subsecretario de Relaciones Exteriores para América Latina, Maximiliano Reyes, durante su estreno como representante en el Grupo de Lima, el 4 de enero, en la capital peruana, de excluirse de la petición a Maduro de que no asumiera su segundo mandato, y la disposición a abrir el diálogo con todas las partes, pero sin acciones que lo obstruyan. (…) La historia ayuda, y la Cancillería mexicana tiene experiencia en manejos de crisis y hasta dónde resiste y es útil la neutralidad. Si es cierto que los tiempos políticos no son los tiempos sociales, respaldar a Maduro o a Guaidó es anularse y cancela la posibilidad de agotar todas las instancias, como en los 80. La próxima semana llega a México el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y Venezuela estará en la agenda. En espera de confirmación, está la visita del secretario de Estado, Mike Pompeo, en esos días. La política de neutralidad no es pasiva, sino activa. No es estridente, sino discreta. No perdamos la perspectiva. ¿Nos gustaría que el presidente de Estados Unidos impusiera un títere para obligar al derrocamiento de un presidente en México? Habrá quien diga que sí, y que prefieren que un poder extranjero resuelva lo que internamente fueron incapaces de hacer. Es indigno. Hay quien dice no, que las luchas se dan adentro, y que si bien las condiciones internacionales contribuyen a los cambios, es el trabajo interno lo que construye la autodeterminación de los pueblos y la libertad. En eso estamos, pese a la radicalización nacional”.

México: mediación en Venezuela

En La Jornada, Julio Hernández López, escribe que: “cuando la diplomacia mexicana gozaba de consolidado respeto pudo ayudar, mediante labores de mediación, a atemperar o evitar las aristas más explosivas o violentas de conflictos internacionales […] La recuperación de la doctrina Estrada (postulada en 1930 por el mazatleco Genaro Estrada, quien era secretario mexicano de relaciones exteriores durante el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, en pleno maximato callista) ha permitido al gobierno de López Obrador (a pesar de la andanada de descalificaciones de sus adversarios políticos, en especial la derecha que está en fase histérica contra Nicolás Maduro) la recuperación de la capacidad de incidir positivamente en coyunturas delicadas como la que hoy se vive en Venezuela. Las graves consecuencias que podría generar la escalada golpista impulsada desde Washington y secundada por buena parte de los gobernantes sudamericanos, con el brasileño Bolsonaro como entusiasta ariete, podrían frenar provisionalmente o conjurarse si avanza la propuesta de negociaciones políticas que han lanzado México y Uruguay, al formular un llamado a todas las partes involucradas, tanto al interior del país como al exterior, para reducir las tensiones y evitar una escalada de violencia que pudiera agravar la situación. La posibilidad de establecer un diálogo con sus opositores, encabezados por el autoproclamado Juan Guaidó, fue aceptada por Nicolás Maduro, quien así respondió a los gobiernos de López Obrador y el médico Tabaré Vázquez: Les digo públicamente que estoy de acuerdo. Ayudar al diálogo y tratar de evitar un conflicto que podría involucrar fuerzas expansivas de varios continentes es un objetivo más importante que la simple suma de México al conjunto de países latinoamericanos que en consonancia con la Casa Blanca han desconocido al gobierno de Nicolás Maduro, criticable y lesivo en varios aspectos, pero no al grado de promover y aplaudir un acto más de intervencionismo estadunidense. Sin embargo, la búsqueda desesperada de banderas políticas por parte de la oposición a López Obrador hace que ignoren la importancia de esta posibilidad de mediación, en aras de eventuales réditos forzados e inmediatistas”.

¿Cuándo ganará AMLO su guerra vs. el ‘huachicol’?

Héctor Aguilar Camín, en Milenio, escribe lo siguiente: “Uno de los pozos sin fondo de la «guerra contra las drogas” de Felipe Calderón, fue que nunca pudo decir cuándo iba a dar por terminada su guerra. Recuerdo las columnas de Ciro Gómez Leyva en MILENIO preguntando cuántos muertos faltaban para que terminara la guerra. Nadie pudo poner esa cifra ni delinear las condiciones aceptables de una declaratoria de fin de la guerra, es decir: una suspensión de los operativos del Ejército y de la militarización de la seguridad. En eso seguimos. Creo que Calderón no supo nunca con claridad de qué tamaño era su guerra (nosotros tampoco) ni con qué indicador o bajo qué condiciones podría darla por terminada y cantar victoria. Algo parecido empieza a sucederle al presidente López Obrador con su declaración de “guerra al huachicol”. Volvió su “guerra” una explicación del desabasto que sufre el país. Preso en sus palabras, no puede dar por terminado el desabasto sin antes mostrar que ha derrotado a los huachicoleros. Sabemos ahora que el desabasto de gasolinas no viene de los huachicoleros, sino de la falta de previsión y de las compras insuficientes de gasolinas en las semanas finales del gobierno anterior y en las primeras de este. Pero la explicación del Presidente es que el desabasto lo producen los huachicoleros, que mantienen con el nuevo gobierno una especie de guerra de resistencia: a ver quién se cansa primero, como dice el Presidente. Creo que la premisa del Presidente es falsa y comprometedora. No le deja otro camino que seguir esgrimiendo esa razón para seguir explicando el desabasto, al tiempo que se presenta como un gobierno dispuesto a combatir, al precio que sea, al huachicol que debe combatir. En esto también recuerda al presidente Calderón. Lo sensato, entonces como ahora, sería fijar los límites de la batalla, establecer criterios convincentes del momento en que debe suspenderse el esfuerzo de la guerra y declararla ganada. Un indicador de victoria del presidente López Obrador sería restablecer la normalidad del abasto de gasolina para todo el país. Para eso, creo, no haría falta sino abrir los ductos que ordenó cerrar”.

Déficit en cultura democrática

Alejandro Moreno, en El Financiero, escribe lo siguiente: “El reporte sobre el estado de la democracia que dio a conocer recientemente la revista británica The Economist (“Democracy Index 2018: Me Too? Political Participation, protest and democracy”), arroja una buena noticia a nivel global, y una muy mala noticia para México. La buena noticia es que, a pesar de las ansiedades que ha generado la reciente literatura académica sobre la posible muerte de la democracia, el índice que elabora la revista registra una estabilización a nivel global, luego de un periodo de declive. Sí ha habido algunos deterioros, pero también mejorías en algunos países y ausencia de cambios notables en otros. Es decir, ha habido un poco de todo. Quizás la ansiedad puede estar ligada a que el deterioro de los últimos años se ha registrado en Europa, una de las regiones más democráticas del mundo y, por lo mismo, donde cualquier indicio de reversión magnifica el sonido de las alarmas. La mala noticia para México es que el Indicador de Democracia que elabora The Economist registra su quinto año consecutivo a la baja. En 2018, México obtuvo el nivel más bajo de democracia desde que inició el seguimiento de este indicador, en 2006, con un score de 6.19. Eso nos ubica como el país número 71 de una lista de 167 países que encabeza Noruega, con un score de 9.87, y que sitúa a Corea del Norte en la retaguardia, con apenas 1.08. Entre 2006 y 2013, México registró primero una mejoría y luego estabilidad con scores de por lo menos 6.90 en los últimos años del gobierno de Felipe Calderón, pero, a partir de 2014, durante el gobierno de Enrique Peña, el indicador de democracia entró en una espiral descendente. En términos nominales, el semanario califica a la mexicana como una de las 55 “democracias defectuosas” que hay actualmente en el mundo, con rezago en su desarrollo democrático frente a las 20 “democracias plenas”, pero en mejor posición que las 39 “democracias híbridas”, y mucho mejor que los 53 “regímenes autoritarios”, así clasificados por la revista. ¿Cuáles son las principales fallas de la democracia mexicana, según esa publicación? El índice se obtiene de calificar a cada país en las siguientes cinco categorías: Libertades civiles, cultura política, participación política, funcionamiento de gobierno, y proceso electoral y pluralismo. Según los scores específicos de cada rubro, México destaca en proceso electoral y pluralismo (8.33), y nos va bien en participación política (7.22), lo cual refleja los esfuerzos de varios años por invertir y construir un sólido andamiaje electoral.

Las cuentas de la 4T

En Milenio, Carlos Puig, escribe que: “he escrito aquí más de una vez que en los últimos años el país se había convertido en un experto en hacer cuentas de sus tragedias. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública es preciso y puntual en dar a conocer nuestra tragedia de violencia y delito. Construimos el Coneval, que nos recuerda la pobreza y la desigualdad en la que vivimos y no hemos podido comenzar a remediar. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación pública el duro diagnóstico de nuestros alumnos y nuestras escuelas. Sabemos, tenemos los datos. Detrás de muchos de estos esfuerzos y haciendo muchísimos más desde hace muchos años con un profesionalismo ejemplar, está el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Inegi, que lo cuenta todo […] una conferencia de prensa del director del Inegi, Julio Santaella, en la que entre otras cosas anuncia que los proyectos que no podrán realizar por el recorte presupuestal en el nuevo gobierno son:

Encuesta Nacional Agropecuaria

Encuesta Nacional de Gasto en los Hogares

Encuesta Nacional de Consumidores de Sustancias Psicotrópicas

Encuesta Nacional de Calidad Regulatoria e Impacto Gubernamental en Empresas

Encuesta Nacional de Micronegocios

Encuesta Nacional de Población Privada de Libertad

Encuesta Nacional del Trabajo Infantil

Encuesta sobre Confianza del Consumidor con cobertura regional

Encuesta Nacional de los Hogares.

Ya sabemos que el censo para programas de bienestar se había mandado a hacer por fuera, que el gobierno empezó a hacer sus propias cuentas de víctimas, que quiere desaparecer el INEE… y ahora el Inegi. Creo que, en el fondo, además de lo de la austeridad hay un asunto de confianza. Desde Palacio Nacional estas instituciones se ven como parte del pasado que detestan, sin matices ni distinciones. Fueron construidas en el “periodo neoliberal” que hay que enterrar a cuatro metros de profundidad. Pero me pregunto: ¿cómo se transforma algo que no se conoce con precisión? ¿Y cómo se mide el avance de esa transformación? En fin, preguntas de un viernes”.

La apuesta AMLO-Ebrard

En El Universal, el periodista Carlos Loret de Mola, escribe que: “mientras las calles de Venezuela ardían de fervor político y los gobiernos del mundo se pronunciaban sobre la situación y el régimen de Nicolás Maduro, el subsecretario para América Latina y el Caribe de la cancillería mexicana comía en Casa Bell, uno de los restaurantes más tradicionales de la Ciudad de México, también de los más socorridos por la élite mexicana. Un restaurante fifí, pues. A Maximiliano Reyes, brazo derecho del canciller Marcelo Ebrard para los asuntos de la región hermana, le tocó a las pocas horas salir a defender en medios de comunicación la posición del gobierno federal mexicano sobre la crisis venezolana desatada el miércoles a mediodía. El primero en fijar la línea fue el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas: estableció que México seguía reconociendo a Nicolás Maduro como presidente, alineado con Rusia, China, Bolivia, Cuba y Nicaragua, y en contra de Canadá, Estados Unidos, Argentina, Chile, Colombia, Brasil y la OEA, que reconocieron como presidente al autoproclamado Juan Guaidó. Luego la Cancillería emitió una posición en la misma dirección del vocero presidencial y en varias entrevistas el subsecretario la explicó. La postura de México encendió un reciclado debate en redes sociales y medios tradicionales […] Paralelamente, durante la mañana de ayer, el canciller Ebrard y su equipo debatieron endurecer un grado la posición de México sobre el régimen de Maduro, y hacerlo diplomática y oficialmente en la ventana que les ofrecía la sesión de la Organización de Estados Americanos (OEA). Al final no tomaron esa ruta. Por el contrario, México pidió a la OEA explicar su autoridad jurídica para desconocer al régimen de Venezuela (entre funcionarios mexicanos circuló mucho la copia digital de un documento del opositor Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela… ¡fechado en Washington!). Detrás de la posición oficial mexicana, me dicen fuentes gubernamentales allegadas a este proceso, subyace el mensaje que ha mandado el presidente López Obrador: no nos metemos en los asuntos de otros países porque no queremos que se metan en los nuestros. Esta posición ha sido gasolina en el debate interno en México”.

Diplomacia apremia

Yuriria Sierra, en Excélsior, escribe que: “ataviado con la banda presidencial, Nicolás Maduro fue al Tribunal Supremo y entregó su Ley contra la Corrupción. Y ahí, entre su gente, rodeado de integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente, que se hizo a medida, el representante del chavismo se dijo dispuesto a la salida que sugieren México y Uruguay, misma que va de la mano con lo que se ha expresado en Naciones Unidas. Tras repasar sus viajes a Estados Unidos, sus visitas a Nueva York, sus caminatas por la Quinta Avenida —mientras su pueblo hace largas filas para comprar a precios con niveles de inflación irracionales—, así, en un intento de aclarar su relación con el país norteamericano, no así con su gobierno, Maduro recurrió a sus instituciones para dar un mensaje de fortaleza; mensaje que, sabemos, hace resonancia en países como Rusia, Turquía, China, Bolivia o Nicaragua. Sin embargo, más allá de los símbolos como arma de seudovalidación, Maduro puso la mesa para que nuestro país demuestre su capital diplomático. Arropados por la Doctrina Estrada y por el apego a la Constitución, nuestro país no da un paso atrás y opta por la aceptación tácita de un régimen que ha costado muchas vidas. Lo reiteraron, ayer, Andrés Manuel López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard. Y esto, más lo dicho por México hace unos días, sobre mediar el conflicto, y lo expresado el miércoles por la tarde en un comunicado: “Compartimos, además, con la República Oriental del Uruguay el exhorto al diálogo entre las partes y, al igual que España y Portugal, hacemos votos por una salida política a la situación en Venezuela…”, exige que nuestra diplomacia detalle la ruta que habrá de seguirse para resolver la situación que afecta a millones de venezolanos […] México debe acelerar el paso para plantear los términos del proceso que sugiere. Maduro ya reaccionó a él. Y mientras más tarde nuestro país en presentar la ruta, será más tenso el ambiente internacional: Estados Unidos prometió ayuda humanitaria, reafirmó su intención de participar en la construcción de la nueva vida política de Venezuela… pero el otro eje, el que respalda a Nicolás Maduro, advierte como inaceptable la injerencia extranjera en lo que sucede en el país sudamericano, asegura, además, que de no detenerse acabará en un “baño de sangre”. ¿Olvidará el gobierno de Vladimir Putin que es justo de eso de lo que los venezolanos quieren escapar desde hace años? Y no sólo de eso, también de la pobreza y la desigualdad que viven mientras Maduro pasea por Central Park. México eligió la pasividad; la mesa ahora está puesta para que active su diplomacia”.

El bloqueo ferroviario, un ‘vacío jurídico’

En Milenio, Joaquín López Dóriga, escribe que: “el lunes, el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, me dijo que en el combate al robo de combustible existió un vacío jurídico, como lo deja ver el crecimiento de los volúmenes de producto sustraído, el número de tomas, más de 12 mil en 2018, y la utilidad, más de 60 mil millones de pesos el año pasado. Y me aseguró que ese vacío jurídico ha dejado de existir por la decisión del presidente López Obrador de enfrentar este delito y lanzar una ofensiva total en su contra, lo que, reitero, me parece muy bien, como a la inmensa mayoría de los mexicanos. Las declaraciones del fiscal Gertz las retomo porque en este momento, ya en la 4-T, se está dando otro vacío jurídico, y me refiero al colapso del sistema ferroviario del occidente del país, por los bloqueos de maestros de Michoacán a las vías del tren de Lázaro Cárdenas a Morelia y de Manzanillo a Ciudad de México, lo que ha provocado un desastre en la distribución de un millón de toneladas de todo tipo de productos, gasolina y diésel incluidos, que no pueden llegar a sus destinos. Hasta anoche eran 129 trenes y 8 mil 200 contenedores atrapados en este bloqueo, lo que, además de agravar el desabasto de cientos de productos, ha saturado las terminales de carga de los puertos de Lázaro Cárdenas y Manzanillo. Ante esta situación, ninguna autoridad del nuevo gobierno ha intervenido, siendo su responsabilidad constitucional el cuidado y operación de las vías generales de comunicación, como son las vías del tren. Mi pregunta es ¿hasta cuándo el gobierno federal va a intervenir y por qué no lo ha hecho? El que una empresa sea Ferromex, propiedad de Germán Larrea, no es motivo. La otra es Kansas City Southern de México. Porque los afectados pueden ser millones de mexicanos”.

Venezuela: dilema diplomático

El Universal, en su Editorial, analiza lo siguiente: “el jueves Venezuela amaneció con dos presidentes y el mundo dividido en torno a esa situación. Un grupo de al menos 12 países americanos, encabezados por Estados Unidos, dio su respaldo total a Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional, quien se proclamó presidente encargado de Venezuela. Otro grupo, conformado por Bolivia, Nicaragua, Irán y Turquía, con Rusia al frente, expresó su reconocimiento pleno a Nicolás Maduro, cuestionado mandatario que hace unos días inició un nuevo periodo presidencial. Sin reconocer de manera plena a Guaidó, la Unión Europea dio su apoyo a la Asamblea Nacional. ¿En este escenario dónde queda México? El gobierno federal ha fijado como política exterior la postura establecida en la Constitución de no intervenir en los asuntos internos de otros países y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Un principio basado en la Doctrina Estrada, formulada hace casi 90 años por Genaro Estrada, secretario de Relaciones Exteriores en 1930. México queda, entonces, del lado del gobierno de Maduro […] El régimen de Maduro no está muy alejado de los regímenes totalitarios del siglo pasado. Aunque en Venezuela se realizan comicios, los procesos electorales nunca han estado libres de la sombra de la duda. Las libertades han venido a menos, lo cual se ha sumado a una crítica situación económica que ha llevado a la nación sudamericana a niveles récord de inflación. La demanda mínima a la postura mexicana es que alce la voz en defensa de los derechos humanos del pueblo venezolano. Ayer Nicolás Maduro aceptó la intermediación de México y Uruguay para comenzar un “diálogo nacional”. Nuestro país está ahora involucrado en la búsqueda de solución a un conflicto externo. Si la intención era mantenerse al margen, ya no será así. Es probable que decida actuar como mediador, pero antes tendría que eliminar la imagen de un gobierno cercano e incluso simpatizante del desprestigiado régimen venezolano”.

No hay atajos: debe aplicarse la ley

En Excélsior, Pascal Beltrán del Río, escribe que: “he sostenido aquí que muchos de los problemas que tiene el país son producto de no respetar la ley. Le doy un ejemplo reciente: Si los profesores de Michoacán están convencidos de tener la razón legal sobre los adeudos que tiene con ellos el gobierno del estado, lo que tendrían que hacer es acudir ante instancias judiciales y conseguir la orden de un juez para que aquél les pague. Así no habría necesidad de bloquear las vías del tren con la consiguiente afectación a industrias para las que trabajan miles de personas. Esos bloqueos son una violación al Estado de derecho y no hay autoridad que quiera retirar a los manifestantes de las vías. Eso quita certidumbre al clima para invertir. Si no hay inversión, no hay empleo ni desarrollo ni posibilidades reales de elevar de forma sostenida el nivel de vida de los habitantes del país. La cosa es que se quiere resolver ese problema a la antigüita, con una presión que afecta a muchas personas que no son autoridades. No es sino cuando los empresarios comienzan a protestar, que el gobierno de Michoacán pide prestado dinero al gobierno federal –como un adelanto de sus participaciones– y dice que pagará. Los ciudadanos no nos enteramos qué tan real es el adeudo y qué tan legítima es la exigencia de pago […] Yo me pregunto qué tan eficaz será ese gasto, pues 1) la idea de comprar las pipas es depender menos de los ductos, ¿o no?, 2) el propio presidente Andrés Manuel López Obrador ha distinguido a los huachicoleros de los pobladores que participan en el robo de gasolina “por necesidad”, es decir, aquéllos no van a dejar de perforar los ductos por que les den una beca, y 3) no se puede esperar que los pobladores se conviertan en soplones de la autoridad a cambio de un beneficio económico del gobierno, pues eso pone en peligro sus vidas. Hay resistencia a aceptarlo, pero la única solución real, la que produce efectos duraderos –de mejoría para la convivencia social y para la economía– es aplicar la ley. Para ello, la autoridad se puede apoyar en la tecnología disponible, pero tampoco hay atajos: es un trabajo duro y de resultados lentos. Pero hay que hacerlo. Alguien, eventualmente, tendrá que hacerlo”.

Caleidoscopio

En Reforma, Sergio Sarmiento, escribe que: “ayer compartí mesa con Michael Dell, fundador de Dell Technologies, mientras que cerca se encontraba Martin Sorrell, fundador de WPP, el mayor conglomerado de empresas de publicidad y relaciones públicas del mundo. Un empresario estadounidense me contó que hace años estuvo conversando con un joven mexicano que le pareció brillante; cuando le preguntó qué hacía, el mexicano respondió que trabajaba en el gobierno. “¿Y qué puesto tienes?”, insistió. “Soy presidente de México”, respondió Enrique Peña Nieto. Un elemento importante del almuerzo es que Lally pide a varios de sus invitados una visión de unas cuantas palabras de lo que está pasando en sus países o en el mundo. Las intervenciones ofrecen una imagen caleidoscópica de la situación actual. El ex primer ministro británico Tony Blair dijo ayer que estuvo hace unas semanas en un país africano muy pobre y al tratar el tema del Brexit el Presidente se conmiseró: “Pobres de ustedes”. Blair expresó la importancia de seguir promoviendo un nuevo referéndum para cancelar el Brexit. Ginni Rometty de IBM advirtió que “Nadie gana una guerra comercial”, mientras que, ante los temores que genera la inteligencia artificial, apuntó que algunos algoritmos ya están previendo el Parkinson, lo que permite una acción temprana para detenerlo. Sheryl Sandberg de Facebook reconoció los errores que ha cometido su empresa y advirtió: “Necesitamos un internet donde no pueda colocarse cualquier cosa, pero tampoco que caiga en la censura”. Algunos de los gobernantes promovieron abiertamente sus países. Iván Duque afirmó que Colombia “está abierta para hacer negocios” y enfatizó que ha impulsado una reducción de impuestos. El nuevo canciller austriaco, Sebastian Kurz, de apenas 32 años, habló de su reforma laboral que ha hecho de Austria un destino más competitivo para las inversiones. Sergio Moro, el juez de hierro de la Operación Lava Jato de Brasil, hoy ministro de Justicia y Seguridad, habló de su intención de acabar con la corrupción en su país […] Siempre aprendo algo en Davos, pero el caleidoscopio del almuerzo de Lally pone las cosas en perspectiva”.

Tiempo de alternancia

En Milenio, Trascendió, asegura que: “el empresario Jorge Hank Rhon aseguró que en Baja California “ya es tiempo de alternancia”, pero no vendrá encabezada por su partido, el Revolucionario Institucional, sino por Morena, por lo que ya dio su bendición al senador Jaime Bonilla, afín a Andrés Manuel López Obrador, quien busca acabar con la hegemonía de 30 años de Acción Nacional en ese estado”.

AMLO arma tianguis de camionetas blindadas

El Universal, Bajo Reserva, asegura que: “las camionetas blindadas que estaban asignadas al Estado Mayor Presidencial para el uso del jefe del Ejecutivo e integrantes del gabinete fueron trasladadas al estacionamiento de Palacio Nacional para poder prepararlas y venderlas en un tianguis que organizará la Presidencia de la República. En la práctica, nos dicen, se prepara una subasta para recaudar fondos y seguir adelante con las medidas de austeridad del nuevo gobierno federal. Nos dicen en el equipo presidencial que únicamente tres camionetas sin blindaje quedarán asignadas para los traslados que realiza el presidente Andrés Manuel López Obrador a los estados. Por supuesto, nos aclaran, el mandatario seguirá usando su auto Jetta blanco para moverse por todos los rincones de la Ciudad de México. ¡Quién da más por las trocas blindadas del desaparecido EMP!”.

Pipas

Reforma, Templo Mayor, asegura que: “¿para qué quiere el gobierno de Andrés Manuel López Obrador las leyes si les va a pasar por encima con 671 pipas de gasolina? La pregunta viene al caso porque la compra “urgente” de los carros tanque levanta suspicacias. Y es que el Presidente ampara dicha transacción bajo el paraguas de su buen nombre y de la honestidad valiente que lo caracteriza… pero eso no alcanza para rendirle cuentas al pueblo de cómo se está gastando el dinero de todos los mexicanos. Para empezar, no hubo licitación con el pretexto de la seguridad nacional. Y luego los contratos se amarraron y firmaron en Nueva York, así que nadie sabe si estarán regidos por las leyes mexicanas o norteamericanas. Pero lo más grave está en la transacción en sí misma: originalmente se había anunciado la compra de 571 pipas, a 149 mil dólares cada una. Pero de pronto aparecieron ¡otras 100! por sólo 7 millones de dólares extra. Puede sonar a que es una ganga, pero, ooobviamente no es cortesía. ¿Dónde está el truco? Ese es el problema: que al ser una compra tan opaca, no hay manera de saber dónde quedó la bolita. O, mejor dicho, la lanita, pues ni siquiera se conoce de qué dependencia saldrá el dinero para la compra”.

Juicio histórico

Excélsior, Frentes Políticos, asegura que: “la Sala Constitucional del Poder Judicial de Veracruz determinó “sobreseer”, es decir, calificar como improcedente, la controversia constitucional que pretendía suspender el decreto que faculta al Congreso estatal para remover al fiscal Jorge Winckler Ortiz. Lleva dos días en audiencias en el Congreso de Veracruz por dos demandas de juicio político. Mientras se decide su destino, muchas personas están obteniendo su libertad mediante sentencias absolutorias, pues les fabricaron delitos. Esto tendrá un costo económico para la entidad, pues se les tendrá que resarcir el daño. Todo indica que ni sus amigos ni sus influencias lo salvarán de su remoción. Está en la antesala de su destitución. Ayer, hasta se le borró la sonrisa”.

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