Zócalo (otra vez) repleto / Opositores: sesgo partidista

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Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 02 de diciembre 2019. Zócalo (otra vez) repleto / Opositores: sesgo partidista: Esa relativa evolución cuantitativa se logró a cambio de aceptar un sesgo que desnaturaliza la supuesta inspiración meramente ciudadana, no partidista, que habría caracterizado a estos intentos de organización cívica contra López Obrador: ya no fueron solamente los nada originales Chalecos de México, sino que ahora aceptaron la injerencia abierta de los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática…

 

Rayuela

“Un año de la larga y difícil travesía. Nunca los cambios han sido fáciles. Otra vez, templanza”.

 

Fox: un rey con nariz de cacahuate

Ricardo Raphael, El Universal: “La compulsión tuitera de Vicente Fox crece conforme su odio a “López” alcanza niveles cada día más enfermos. La jornada en redes sociales comenzó para el expresidente la tarde del 30 de noviembre cuando convocó: “Nos vemos mañana … La gran marcha por La Paz y la tranquilidad!!! En contra del engaño y la simulación!!!” En los asuntos humanos el tono lo es prácticamente todo: llamar a la paz y la tranquilidad escupiendo espuma es contradictorio. Minutos después reforzó el plañido: “Los del Ángel somos libres NO acarreados!! … No más dictadura perfecta y simulación Democrática.” ¿Quién se cree este sujeto para distinguir entre libres y acarreados? ¿Cómo se atreve este político en retiro a calificar de dictadura y simulación un régimen que cuenta con una amplia aprobación popular y, a la vez, fue electo mediante las reglas de la Constitución? Después de la marcha liderada por los argumentos estridentes de Fox, ese señor continuó con su bravata: “Cada vez somos más. En el Ángel, Libres NO Acarreados. En el zócalo, Sumisos, Agachados, Acarreados… Avanzamos al 2021… poniendo el freno al Caballo loco!!!” La arrogancia fue la peor consejera de ese presidente mientras gobernó: un político que le quedó todo a deber al país, por su falta de visión, por su carencia de compromiso con el cambio, por su frivolidad y también porque desde entonces dio la espalda a las personas que hoy desprecia con adjetivos propensos a la discriminación. Fox fue sumiso con los poderes económicos, agachado a la hora de reformar al Estado y acarreado por los consejos de Martha Sahagún. Lo que él llama avanzar es en realidad un retroceso…”

 

Zócalo (otra vez) repleto / Opositores: sesgo partidista

Julios Hernández López, La Jornada: “No fue sólo un tema de aritmética, pero la comparación numérica ayuda: el Zócalo capitalino estuvo repleto, con asistentes volcados en apoyo al Presidente de la República a quien corearon el ya usual estribillo ¡No estás solo!, mientras una difusa marcha de sus opositores caminaba del Ángel de la Independencia al Monumento a la Revolución, entre críticas e insultos contra el político tabasqueño que hoy ocupa la silla presidencial y, de paso, contra el comunismo, con leyendas en las que se incluyeron vivas a Cristo Rey e incluso hubo una manifestante que portó un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe. El Zócalo lleno no es una novedad para el obradorismo, que ha colmado la Plaza de la Constitución aun sin tener el poder. Cumplir un año en la Presidencia de la República potenció la disposición de sus seguidores a expresarse en el corazón político del país. Ahí, López Obrador desgranó los avances logrados a lo largo de un año y reconoció insuficiencias en el terreno económico. No hubo novedades declarativas fuertes ni hechos más sobresalientes que ese apoyo reiterado a AMLO, quien lo mismo dio gracias a Donald Trump que reivindicó el asilo dado al boliviano Evo Morales, con el ex presidente de Uruguay, José Mujica, como invitado especial. Las novedades estuvieron, en todo caso, en el flanco contrario. Hubo más participantes en la manifestación antiobradorista de ayer que en todas las organizadas a lo largo de este primer año histórico. No es que ahora hubiera masas movilizadas, pero sí fueron más manifestantes que nunca (la secretaría capitalina de seguridad pública consideraba una asistencia de unas 8 mil personas). Esa relativa evolución cuantitativa se logró a cambio de aceptar un sesgo que desnaturaliza la supuesta inspiración meramente ciudadana, no partidista, que habría caracterizado a estos intentos de organización cívica contra López Obrador: ya no fueron solamente los nada originales Chalecos de México (denominación usada en claro intento de apropiarse de la imagen de las protestas francesas en amarillo que han sucedido desde hace más de un año) sino que ahora aceptaron la injerencia abierta de los partidos Acción Nacional (estuvo su presidente, Marko Cortés) y de la Revolución Democrática (estuvieron algunos de los pocos cuadros más o menos conocidos de esta agrupación), además de presencias polémicas como la de Margarita Zavala, ex aspirante a una candidatura presidencial independiente, esposa de Felipe Calderón y promotores ambos de un nuevo partido político”.

 

Las memorias incómodas de Tatiana Clouthier

Jorge Zepeda Patterson, sin embargo: “Juntos Hicimos Historia, el libro publicado por la coordinadora de campaña de AMLO tiene el enorme mérito de hablar las cosas al chile, como podría haber dicho esta norteña claridosa. Eso y la peculiar cualidad de haber sido colocada en el centro mismo de la operación a pesar de ser una extraña a ese círculo íntimo, le permiten una mirada desde adentro a veces de extrañeza frente a los usos y costumbres de las tribus de Morena, en otras ocasiones incluso de reprobación, pero siempre honesta y bien intencionada. En ese sentido me parece que constituye un testimonio imprescindible para observar con todos sus claroscuros la verdadera naturaleza del líder y el grupo que le rodea. (…) Tatiana describe la manera en que a pesar de sus diferencias le va ganando la admiración y el respeto por López Obrador. Una y otra vez constata la arraigada sencillez y austeridad del candidato que a veces raya en lo absurdo: la modestia de hoteles y fondas que frecuenta, la infatigable manera en que saluda a los humildes y se toma la foto cien del día como si fuese la primera, la calidez del núcleo familiar del ahora presidente. Tatiana tiene una especial predilección por Beatriz Mueller y su texto ofrece ángulos desconocidos de la primera dama, que contrastan con la dura imagen que han proyectado los medios. Eso no quiere decir que estuviera de acuerdo con todas las posiciones de López Obrador. Le costó trabajo entender la alianza con el PES, el partido de las iglesias evangélicas y más aún la invitación a personas como Napoleón Gómez, el controvertido líder de los mineros o a Manuel Bartlett el hombre que a su juicio había congelado el sistema en la elección en la que compitió su padre. En ambos casos expresó su sentir y ahora lo publica, algo inusitado en una coordinadora de campaña. En otras ocasiones llamó la atención al propio López Obrador sobre aspectos puntuales: “Ya no le digas señora Calderón a Margarita Zavala, son cosas que tienes que cuidar”; deja de hablar de amnistía para los criminales, habla mejor del proceso de paz. Le pidió una y otra vez que no criticara a la sociedad civil como un todo ni se peleara con la iniciativa privada de manera indiscriminada; no todas las organizaciones civiles son malas ni todos los empresarios son mafiosos; muchos están con nosotros. En algunas cosas AMLO le hizo caso en otras no. Si los consejos deveras sirvieran habría fábricas para producirlos, dice Tatiana. A la postre concluyó que el hombre tiene años de experiencia y casi siempre sus intuiciones han mostrado ser correctas. El libro ofrece pasajes de oro molido sobre la corrupción de los hijos de Martha Sahagún, sobre la estrategia de empresarios como Germán Larrea o los hermanos Coppel en alianza con Enrique Krauze para hacer descarrilar la campaña de AMLO. Datos y anécdotas tras bambalinas que nos obligan a seguir leyendo. No hace falta espulgar entre líneas, porque como se ha dicho, la autora no tiene pelos en la lengua ni filtros en su pluma. En suma, un texto imprescindible de un personaje singular de nuestra fauna política”.

 

Felicidades, señor Presidente

Darío Celis, El Financiero: “Andrés Manuel López Obrador llega a su primer año de gobierno ciertamente con un buen nivel de aceptación entre la población, pero con claros signos de debilitamiento. Su lado flaco no es en sí él, sino el trabajo de gabinete de sus colaboradores, que demuestran malos resultados en los planos económico y de seguridad; es decir, de administración pública, pues. En el saque del segundo año de su gobierno, el de la Cuarta Transformación, ya no hay margen para errores atribuidos a la curva de aprendizaje: en lo sucesivo veremos voluntad o no para crecer. AMLO tendrá que decidir entre seguir siendo el candidato activista en campaña o el estadista por el que votaron 30 millones de mexicanos. El que le echa la culpa al pasado o el que mira adelante”.

 

No magnifiquemos el T-MEC

Enrique Quintana, El Financiero: “La semana pasada nos enteramos que el gobierno de Estados Unidos presentó a México y a Canadá los resultados de la negociación entre los representantes demócratas y la Oficina Comercial de la Casa Blanca con relación a los cambios que se demandan en el tratado comercial de México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), para poder ser ratificado en el Congreso. De acuerdo con lo señalado por el subsecretario Jesús Seade, los planteamientos, en términos generales son aceptables para México, aunque tendrán que ser revisados a detalle. Esto no significa que se reabra el documento que fue suscrito el 30 de noviembre de 2018, sino que se anexará un texto como fueron las Cartas Paralelas en el Tratado vigente. Aunque Seade señaló que el T-MEC podría ser ratificado en este mes de diciembre, pareciera que el escenario optimista sería que su ratificación ocurriera en los primeros días de enero del próximo año. Pero, ¿qué pasaría si por alguna razón no se logra esta ratificación? Se ha creado la impresión en México de que este hecho podría ser trágico para el país al mantenerse la incertidumbre por un lapso prolongado, ya que se sabe que, comenzando las campañas electorales, hacia finales de enero del próximo año, no podría ratificarse el documento durante 2020 y luego dependería del resultado electoral en 2021. Sin embargo, creo que hemos exagerado las consecuencias negativas que podría tener la omisión de la ratificación. La razón es que sigue vigente el Tratado de Libre Comercio (TLCAN) que opera desde 1994. Aunque no es imposible que en el fragor de la lucha electoral Trump nuevamente pusiera sobre la mesa la posibilidad de sacar a Estados Unidos del Tratado, es altamente improbable que lo haga por las implicaciones electorales que tendría. Una de las bases electorales más importantes para Trump son los estados del Medio Oeste dedicados fuertemente a la producción de granos y carne, estados que tienen en México a un gran cliente, de modo que amenazar con salirse del tratado implicaría darse un balazo en el pie en el intento de reelegirse. Bajo esta premisa, en caso de que no se ratifique el nuevo Tratado, seguiría vigente el TLCAN, lo que implica que la relación comercial y de inversión entre México y Estados Unidos permanecería sin cambios en cuanto a las reglas que la rigen”.

 

Un año de AMLO: la continuidad del capitalismo de cuates

Leo Zuckermann, Excélsior: “Ha pasado un año desde que tomó posesión Andrés Manuel López Obrador como presidente. Una de sus relaciones más tirantes ha sido con los empresarios. Era lógico: al poder llegaba un político de izquierda, lo cual, en principio, nunca gusta a los capitalistas. Además, a lo largo de sus tres campañas presidenciales, López Obrador fue muy crítico con algunos a los que calificó como parte de la “mafia del poder”. Hoy, sin embargo, muchos han decidido cooperar con el gobierno y aplaudir todo lo que venga de Palacio Nacional, hasta las ocurrencias del Presidente. El más conspicuo es Carlos Slim. El otro día, un pequeño empresario me preguntó por qué “el ingeniero” apoyaba tanto a López Obrador. Le contesté lo obvio: porque es el que tiene más que perder o ganar con este (o cualquier) gobierno. Es el hombre más rico del país, el quinto del mundo, con una fortuna de 64 mil millones de dólares. Además, muchos de sus negocios dependen de su buena relación con el gobierno. Telcel y Telmex son empresas concesionadas por el Estado. Slim tiene constructoras que dependen de grandes contratos de obra pública y fabrica plataformas petroleras cuyo principal cliente es Pemex. Desde que fue electo, Andrés Manuel López Obrador afectó los intereses de Slim. Fue el más perjudicado por la cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco. Luego tuvo que renegociar el contrato de su empresa de ductos de gas natural porque el Presidente consideró que las condiciones eran “leoninas” para la CFE. López Obrador, además, ha prometido llevar Internet gratis a las comunidades más apartadas del país. Y, aunque estos mercados no son rentables para Slim, supongo que le preocupa que una empresa del Estado pueda convertirse en competidor potencial de América Móvil. Slim tiene la edad y la experiencia para saber que, a él, lo que le conviene es estar bien con los gobiernos. Ha procurado tener una relación positiva con todos ellos desde que Salinas le otorgó el mejor negocio de su vida…”

 

Todas las democracias son mortales

Héctor Aguilar Camín, Milenio: “La semana pasada estuvo en México Steven Levitsky, coautor, con Daniel Ziblatt, de un libro clave para nuestros días, tan exitoso como oportuno: ¿Cómo mueren las democracias? (Ariel, 2018).  Levitsky fue invitado por la Fundación de El Colegio de México, en el marco de la Cátedra Mario Ojeda, a impartir dos conferencias en la ciudad. Acudí a la primera, centrada en las debilidades y los riesgos de la democracia estadunidense en la época de Trump, pero llena de resonancias sobre las debilidades y los riesgos de la democracia en el mundo y, desde luego, en México. Hasta hace poco había entre los estudiosos de la política dos certezas indesafiables. Primero, que las democracias ricas no mueren. Segundo, que las democracias viejas no mueren. La historia reciente ha sacudido estas certezas llevándolas al polo contrario: aún las democracias ricas y viejas pueden morir, decaer, distorsionarse, al paso de sus propias debilidades y del ascenso de nuevas expectativas y exigencias de la sociedad, procesadas en el ámbito público por fuera de los filtros institucionales de la democracia moderna. En Estados Unidos, el panorama de este nuevo mundo incierto está cruzado por tres hechos históricos fundamentales: Primero, Estados Unidos muestra sus índices de desigualdad económica y social más altos del último siglo. Segundo, Estados Unidos vive una profunda transición histórica en la cual el grupo étnico blanco dominante ha perdido la mayoría política del país. Tercero, en parte como consecuencia de estas dos realidades, Estados Unidos ha elegido a un presidente populista, antielitista, nacionalista y caracterológicamente antidemocrático, Donald Trump, llegado al poder con estricto apego a las reglas democráticas. El ascenso de Trump ilustra cómo mueren las democracias hoy, incluso las ricas y las viejas. No por golpes de Estado militares como antes, sino a manos de gobiernos civiles elegidos democráticamente que avanzan hacia la construcción de gobiernos autoritarios por los escalones que la misma democracia provee, tal como lo ilustran en este siglo los casos de la Venezuela de Chávez, la Turquía de Erdogan, la Hungría de Orban, la Rusia de Putin, la Bolivia de Evo Morales y a medias, moderadamente todavía, matiza Levitsky, el México de López Obrador”.

 

@loscabareteros

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